miércoles, 9 de enero de 2013

El Encuentro

- Hoy es el gran día, Fernando…
- Lo sé.
- Nos ha costado mucho llegar hasta aquí…
- También lo sé.
- Pero ahora cosecharemos todo lo que sembramos…
- Eso también lo sé, me queda perfectamente claro.

Fernando Montes se ajusta las mancuernillas, la corbata y el reloj, se mira en el espejo, todo está perfecto, Miranda Iriarte, su esposa y principal colaboradora, lo mira de arriba abajo y le dice:

- Perfecto como siempre, Fernando…
- Ajá.

Los minutos se enlazaron, Miranda estaba molesta y finalmente dejó salir aquello:

- ¿No estás contento acaso, Fernando?...
- Mucho, Miranda.
- ¿Entonces porqué no celebras?...
- Festejaré cuando haya acabado la ceremonia y tenga puesta la banda, Miranda.

Clásico de Fernando, siempre tan seco y tan nervioso, nunca se daba el tiempo de celebrar, de disfrutar, ahora que nada se interponía entre ellos y el sueño que habían acariciado largamente, buscaba razones hasta en las piedras para estar nervioso, Miranda suspiró, se encogió de hombros y le espetó a su marido:

- Nada se interpone entre la banda y tú, mi amor…
- Nunca se sabe.

Horas después, del otro lado de la ciudad, el Doctor Ramírez y su esposa Rita esperan afuera del Congreso de los Diputados a que salga el nuevo Presidente, ambos votaron por él y apoyaron en la campaña, ahora tenían lugares de primera fila para poder saludarlo en la caminata que haría desde el recinto legislativo al Palacio Presidencial, una vez concluida la ceremonia, Rita le dice a su marido:

- Esto es emocionante, ¿no mi amor?
- Así es, Rita, bastante emocionante.
- ¿Todo bien, Arturo?
- Si, Rita, todo bien.
- No debe tardar mucho, la ceremonia debe estar por concluir…
- Lo sé, mi vida.

Rita se extrañó, no sabía qué diablos le pasaba a su esposo, todo la mañana había estado como ensimismado, imposible saber qué pasaba por su cabeza.

El ruido de la banda de guerra la distrajo, Fernando Montes, el flamante Presidente de la República, sale del recinto con la banda presidencial colocada, en el trayecto que lo llevó de la Tribuna del Congreso al exterior del Palacio Legislativo ha tenido tiempo de ponerse la banda bajo el saco, y ahora saluda despreocupado a la multitud que lo vitorea y que ha conseguido a precio de oro uno de sus más cercanos colaboradores, Miranda, como siempre, está a su lado, Rita sigue a la pareja en todo su trayecto a través de la tribuna, está emocionada y sonríe, Montes y su esposa se acercan cada vez más, y Rita, con la emoción, no ve a su esposo ponerse la mano bajo el saco…

El Presidente llega hasta donde están algunos de los que colaboraron en la campaña, busca de inmediato a la simpática Rita, que tanta ayuda les brindó y que tan buenas migas hizo con su esposa, la localiza al lado de su marido, que también echó la mano con el proselitismo en la capital, Fernando jala a su esposa para que ambos saluden a la pareja, Rita está emocionadísima y es toda sonrisas para el Presidente y su esposa, ninguno de los dos ve al Doctor Ramírez, que se acerca un poco más y saca la mano que tenía bajo el saco…

El Doctor Arturo Ramírez está a punto de pasar a la Historia por el asesinato del Presidente de la República y su esposa, Fernando Montes y Miranda Iriarte.

Pero esto, que es el final de otra historia, empezó mucho antes…

En las épocas en que Fernando sólo era un ambicioso Senador, y su esposa Miranda una despiadada empresaria, ambos manejaban negocios comunes, los cuales eran administrados por Jorge Luis Bonilla, cuya joven esposa, Juliana Luján, trabajaba dando clases en la Universidad Nacional, un buen día, en la prensa de izquierda aparecieron sórdidos detalles de los negocios de los Montes, Fernando y Miranda creyeron que la promisoria carrera política del Senador se iría por el caño, pero en el Partido le dieron la solución: arréglalo a la antigüita, tú bien sabes quién te puso en este aprieto.

Días después, los cuerpos sin vida de Jorge Luis y Juliana aparecieron en un tiradero, el asunto estuvo difícil y casi muy al final el pendejo de Bonilla sacó un revólver, el tiro casi le da a Fernando en la cabeza pero salió desviado, luego de perder el arma y antes de morder el polvo, el joven sentenció:

- Me las van a pagar, hijos de la chingada, más temprano que tarde, ojetes.

Fernando, en la cima del triunfo que significaba el resurgimiento de su carrera, dijo antes de jalar el gatillo:

- Cuéntaselo a los gusanos, hijo.

Los Montes siguieron su camino y nadie recogió el arma, que fue a dar a manos de un policía; cuando Fernando era Gobernador, la vendió a uno de sus superiores, el cual, meses después, cayó en medio de un escándalo de corrupción; cuando Fernando fue Secretario de Seguridad, un secuestrador compró el revólver y murió antes de poder dispararlo; cuando Fernando ganó las elecciones, un comprador de chueco lo adquirió y fue a la quiebra; él fue quién lo vendió al Doctor Ramírez antes de la toma de posesión, el Doctor coleccionaba armas, y la había colocado, sin probarla, en una repisa…

Eso era lo que el Doctor acababa de sacar de entre su ropa, mientras el nuevo Presidente saludaba a su esposa y Miranda estaba cerca de ellos, platicando animadamente…

El Doctor apuntó el arma contra Miranda y disparó desatando el caos e hiriendo a la mujer en el cuello y el pecho, el Presidente se quedó pasmado al ver caer a su esposa medio muerta, los Guardias del Estado Mayor, en cambio, reaccionaron rápidamente, uno de ellos le apuntó al Doctor, quien pareció no notarlo e hizo fuego contra Fernando, una bala le dio en la rodilla, cuando cayó hincado, el Presidente recibió otro tiro en el muslo izquierdo, al caer de espaldas, recibió un balazo en el estómago y otro en el pecho, debajo del corazón, finalmente, y mientras recibía cuatro balas del guardaespaldas, el Doctor pudo hacer un último disparo que impactó en el cuello del Presidente, cortándole la yugular, sus últimas palabras fueron:

- Te dije que me las iban a pagar, ojete.

Fernando miró asombrado al Doctor Ramírez, el cual cayó de frente hacia la calle, para esos momentos Miranda ya era cadáver, y el Presidente sucumbió por sus heridas en la ambulancia que lo llevaba al Hospital Militar.

Al día de hoy las investigaciones no han podido explicar porqué el Doctor, que apoyó incondicionalmente a Fernando Montes antes, durante y después de la campaña Presidencial, decidió asesinarlo el día de la toma de posesión.

El Fin de los Tiempos

La parte frontal del lujoso automóvil aún humea, la carrocería, brillante y negra, refleja la luz del poste que acaba de caer tras el accidente, el coche de los perseguidores se encuentra más atrás, golpeó una barrera de contención y los cuatro ocupantes yacen muertos en su interior, el conductor del BMW negro, a diferencia de ellos, sí tuvo la precaución de ponerse el cinturón de seguridad, lo cual salvó su vida… por ahora.

Antes de que alguien tenga tiempo de informar a las autoridades del accidente que acaba de cimbrar la Avenida Tlalpan, una de las prostitutas que trabaja en esa parte de la avenida se acerca por curiosidad al BMW, segundos antes del accidente, ella acababa de quitarse de ahí, la chica, llamada Nadia Ramírez, observa azorada al conductor del lujoso auto, quien, a pesar de estar golpeado, parece seguir consciente...

- ¿Me vas a ayudar o no?
- ¿Ah?

Nadia estaba tan asombrada con el accidente y su buena suerte que ni siquiera había escuchado al conductor cuando le habló por primera vez, algo molesto, el ocupante del BMW bufó:

- ¡Carajo!, ¡Olvídalo, si no quieres ayudar, mejor quítate!

La chica se da cuenta que el sujeto forcejea con el cinturón de seguridad, sin hacer caso del grito, ni del enojo patente del chico, Nadia extrae un cuchillo de su bolso (tiene que protegerse, y la pistola no sirve para cortar), de un ágil salto mete medio cuerpo en el vehículo y con una agilidad asombrosa, corta de un tajo el cinturón de seguridad en dos puntos, lo que permite que el conductor salga del auto, asombrado, el chico la mira en cuanto pone un pie en el suelo y dice:

- Creí que no habías entendido.
- Si entendí, solamente estaba asombrada por el choque…
- No estás lastimada ¿o sí?
- No, solamente fue la impresión, yo estaba parada ahí hace unos segundos…
- Ya veo… ¿cómo te llamas?
- Nadia, ¿y tú?
- Miguel, ¿conoces algún lugar donde pueda esconderme, Nadia?
- Sí, mi departamento no está lejos, no es la gran cosa, pero servirá…
- Muchas gracias, ¿vamos?

Y así, sin mayor preámbulo, Nadia y Miguel abandonan el lugar del accidente, la policía se entera parcialmente de lo sucedido cinco minutos después…

- ¿Cómo que no pueden encontrarlo?
- No sabemos que ocurrió después del accidente, Fernando y los demás murieron en el acto, y ninguno de los testigos que reportaron el accidente sabe nada, tenemos a dos prostitutas que estaban en el lugar, pero no dicen mucho y ambas niegan haber visto a Miguel por la zona, ¿Qué desea que hagamos, señora?

Sandra le da la espalda a Genaro, su ayudante… ¿Qué desea que hagan?, lo que ella realmente quiere sólo se puede expresar de una manera, y así se lo dice a su mano derecha…

- Quiero que encuentren a ese pendejo, quiero que recorran toda la faz de la tierra buscando a ese cabrón, quiero saber donde está… ¡y quiero saberlo ya!

Genaro observa el gesto airado de su jefa, y contesta:

- Yo me encargaré, señora…

A la mañana siguiente, el amanecer tiñe la ciudad de tonos naranjas, el frío de diciembre cala hasta los huesos, pero Miguel no lo siente, fuma tranquilamente, observando el horizonte, deleitándose con la belleza del día que empieza, sonriendo ante la ironía de esa espectacular vista natural mezclada con los tinacos, las jaulas, los tendederos y los cilindros de gas de la azotea, mientras reflexiona sobre lo que había pasado, no se da cuenta que Nadia está a su lado, mirando el panorama envuelta en una cobija, pareciera que el frío no la afecta, a pesar de la escasa ropa que la cubre debajo del cobertor, ella le sonríe y el chico la ignora para volver a sus reflexiones, Nadia deja de sonreír, da media vuelta y regresa molesta hacia su penthouse, mientras dice:

- Al menos podrías tratar de ser agradecido, pendejo.

Miguel se queda de una pieza, abandona sus reflexiones y la vista para fijar su atención en la silueta que se aleja de él indignada, balanceando las caderas con ímpetu, y alzando el mentón orgullosa, para ser puta, tiene bastante dignidad… Miguel apaga el cigarro y regresa al diminuto departamento para pedir perdón a su anfitriona…

Las horas pasan y nada se sabe, Sandra es muy consciente de un solo hecho: Miguel puede escaparse en cualquier momento, el cabrón es talentoso y conoce su trabajo, si quiere atraparlo para hacerle pagar por lo que hizo, tiene que apresurarse e ir por todo…

- Llévame con las prostitutas que vieron el accidente, Genaro.
- Claro señora, ¿algo más?
- Sí, dile a Ricardo que venga, ¿quieres?
- Sí, señora…

Genaro sabe ahora que las chicas que vieron el accidente hablarán de una u otra forma…

Miguel y Nadia comen algo sentados en la terraza, el amanecer anaranjado que él había contemplado se había convertido en un clásico día caluroso de fin de año en la Ciudad de los Renegados, desde el incidente que lo tenía al borde de la muerte, Miguel no había dejado de pensar en escapar de ahí lo más pronto posible, de correr tan lejos como pudiera, de escapar de la larga mano de Sandra, mientras corría por su vida a lo largo de Tlalpan, el día anterior, había ofrecido sacrificios impensables a dioses desconocidos y conocidos, para lograr salir de esa con vida, para lograr tener algo de ventaja, para lograr escapar de la muerte que se obstinaba en seguirlo… todo eso y más pensó mientras jugaba a la F1 en su BMW, pero después de que Nadia se cruzó con él, algo lo retenía junto a ella, sabía perfectamente que cada minuto que se quedaba ahí era un minuto menos de vida, pero no se sentía capaz de abandonar a la chica así como así…

Ella, por su parte, se había sentido atraída por Miguel, le parecía un chico guapo, fuerte y duro, alguien en quién podrías confiar, alguien que podría ayudarte en caso de que lo necesitaras, además, haber tenido una experiencia cercana a la muerte (recuerda que ella estaba parada junto al poste que derribó el BMW de Miguel) la hacía apreciar más la vida, y todas las vueltas que siempre vienen con ella, por eso se había sincerado con el tipo, y le había contado toda su vida, el hecho de que el solitario Miguel no hubiera interrumpido su relato sólo había aumentado su confianza y locuacidad, y antes de sentirlo, él sabía todo sobre ella…

- Bueno, basta de hablar de mí por un segundo…
- ¿Eh?
- Seguramente estás harto de escucharme hablar todo el tiempo, ¿o no?
- No, en realidad no.
- Pues yo si estoy harta de monopolizar la conversación, apuesto que tienes algo interesante que contar, como por ejemplo: ¿Por qué te perseguían anoche?

La mirada y el gesto de Miguel se vuelven iracundos, justo como cuando lo vio dentro del auto, Nadia se da cuenta que está furioso, él se levanta de un salto y regresa hacia el penthouse mientras dice:

- Eso es algo que no te importa, pendeja.

La chica primero siente que metió la pata, después se siente ofendida, luego ella también enfurece… ¿Quién se creía ese imbécil para hablarle así?, ¿Acaso el haberle ayudado no le da derecho a saber?, ahora iba a conocer a Nadia en su peor momento…

Miguel apenas está recogiendo sus cosas cuando escucha que la chica entra al pequeño cuarto, justo se da la vuelta para salir cuando ella le da una tremenda cachetada, mientras le grita:

- ¿Quién te crees para hablarme así, imbécil?, ¿Acaso haberte ayudado no me da derecho a saber porqué querían asesinarte cuatro gorilas el día de ayer?
- ¿Qué?, ¿Crees que el haberme sacado del coche fue un gran favor?, siento decepcionarte, tontita, pero yo hubiera podido salir sin problemas…
- ¡Pero no lo hiciste, idiota, además estabas tan asustado que jamás habrías podido encontrar el botón del cinturón de seguridad!

Miguel trató de dar por terminada la discusión saliendo del departamento, pero Nadia saltó y lo tomó de los hombros, derribándolo, ambos empezaron a forcejear en el piso, ella pataleaba y lanzaba débiles puñetazos contra él, que más que evitarlos trataba solamente de someter completamente a la feroz chica, el combate no dura mucho, ambos terminan sudando, con la respiración agitada, Miguel dice:

- No quise ofenderte, Nadia, simplemente no quiero hablar de eso…
- Está bien, cuéntame otra cosa entonces…

El chico no lo piensa mucho y dice:

- Nunca había conocido a una chica tan fuerte como tú.

Ambos ríen con el comentario, Nadia mira a Miguel directo a los ojos y dice:

- Sé que habrías podido salir del coche sin mi ayuda, pero ¿cómo esperas que deje a un chico tan guapo como tú andar solo sin que nadie te cuidara?

Los dos sonríen, Miguel acaricia torpemente la mejilla de Nadia, ella acaricia tiernamente su cabello, ambos se miran, y sin mayor trámite, se besan, primero dulcemente, como dos colegiales; luego apasionadamente, como si estuvieran deseos de entrar en el espacio del otro, y antes de que el reloj alcance las tres de la tarde, ambos hacen el amor en el piso del penthouse de Nadia…

-…Así que el par de pendejas por fin hablaron, ¿no, Ricardo?
- Así es, tengo el nombre y la dirección de la puta que le dio cobijo a Miguel.
- ¿Puedes encargarte de esto o quieres que mande a mi gente?
- Es un trabajo sencillo, señora, puedo hacerlo por la tarifa normal si quiere.
- Si quiero, Genaro te dará la mitad ahora, el resto cuando regreses con las pruebas… ¿y te puedo pedir algo, Ricardo?
- Por supuesto, señora.
- Haz que el imbécil sufra hasta su último aliento, y que ella sea un ejemplo para los que quieran meterse en mi camino…
- Délo por hecho, señora.

La noche desciende por la Ciudad de los Túneles, Miguel y Nadia la contemplan arrobados, sólo la luna ilumina el departamento, luego de hacer el amor, se mantuvieron abrazados, ella aferrada al único hombre que parecía interesado en ella, él aferrado a la única persona que lo había impresionado en la vida, al llegar la noche y viendo el día desperdiciado, ambos empezaron a sentir escalofríos, ella por el frío, él por la muerte que sabía más cercana cada vez, ambos se abrazan para matar el frío nocturno, y lentamente, sin darse cuenta, se quedan dormidos uno en brazos del otro…

Pasado un tiempo prudencial, Ricardo empieza a avanzar hacia el departamento, el sicario, vestido completamente de negro, llega hasta el interior del cuarto sin problemas, ve el bulto que supone son Miguel y Nadia recostados, sin mayor trámite, apunta el cañón de la escopeta hacia el bulto y dispara…

En ese momento se hace la luz en el cuarto, Miguel y Nadia están cerca de la puerta, Ricardo se percata al instante de la trampa y hace fuego al mismo tiempo que Miguel, el escopetazo vuela el vidrio, una bala de revólver perfora el hombro derecho del sicario, ambas armas disparan nuevamente, esta vez, el fuego de la escopeta da de lleno en el cuerpo de Miguel, quien cae al suelo muy malherido, el fuego de la pistola apenas roza la mandíbula de Ricardo, quien se lleva la mano al rostro por el dolor, mientras Nadia empieza a llorar y trata de detener el sangrado de Miguel, algunas palabras dulces cruzan el espacio entre ellos, pero Ricardo no las percibe, sin darle mayor importancia al asunto, le apunta a Nadia mientras dice:

- Para que aprendas a no ayudar a los que están muertos, puta…

Ricardo amartilla la escopeta, sin percatarse que Nadia tensa los músculos de la espalda, cuando el experimentado asesino está por jalar el gatillo, la chica da media vuelta y le dispara, la primera bala le da en el estómago y lo hace disparar al aire, la segunda bala le da en el brazo derecho y la tercera en el pecho, justo debajo del corazón, Nadia vuelve a estrechar a Miguel entre sus brazos, tratando de detener el sangrado, mientras le dice:

- No pasa nada, corazón, vas a estar bien, ya verás cómo te recuperas y nos fugamos juntos, mi vida…

Nadia se inclina para besar a Miguel, los labios se encuentran en un beso perfecto, cariñoso, apasionado y lleno de amor, de ése tipo de amor que puede salvar la vida de cualquiera, de ese amor que hace milagros…

Ninguno de los amantes se da cuenta del momento en que Ricardo saca algo del bolsillo de su saco, sin hacer ruido, el sicario quita la espoleta de la granada y la sostiene entre sus manos, sabe perfectamente que morirá, pero por nada del mundo piensa partir solo…

Los amantes terminan su beso, el sicario deja de respirar…

Los periódicos del día siguiente comparten la noticia principal: Tres personas mueren al explotar una granada en un edificio cerca de Tlalpan.

martes, 23 de octubre de 2012

La Luz en sus ojos (Halloween Special)

Manuel se levanta, su despertador, exacto como siempre, lo saca de la cama a las seis de la mañana, el joven inicia su rutina, arregla la cama, entra al baño, se baña, se prepara el desayuno, come y después se viste, el traje, perfectamente colgado en el armario; la camisa blanca, impecable, cuelga junto al traje; la corbata está extendida sobre la cama recién hecha, junto al cinturón; los zapatos, perfectamente pulidos y relucientes, una vez que comprueba que todo está en su lugar, Manuel toma el reloj, se lo pone, después toma el celular y la cartera, los coloca en sus respectivos bolsillos, toma las llaves de la casa, toma su maleta y sale del departamento, echa los ocho cerrojos y guarda las llaves, camina hacia el elevador y saca las llaves del coche mientras baja al sótano, sale del elevador y aborda su auto, en el momento en que la pluma se levanta para dejarlo pasar, a la salida del condominio, han pasado exactamente cincuenta y cinco minutos desde que se levantó, es tan exacto, tan obsesivo, que el policía que cuida la entrada tiene su reloj ajustado en base a la rutina del joven…

En la oficina, Manuel es el encargado de atender al público que acude al lugar a realizar algún tipo de trámite, revisa sus documentos y les indica lo que tienen que hacer, no pocas veces alguno de ellos ha perdido la paciencia, y la ha tomado contra el muchacho, la razón por la que sus jefes lo mantienen en ese puesto es que jamás ha perdido la calma, y con toda amabilidad ha logrado controlar a los clientes más ariscos que acuden a la oficina…

Todos los días, exactamente a las 14:05 horas, Manuel sale de la oficina a comer, nunca come con sus compañeros de trabajo, que lo tienen por un colega amable, pero reservado, él prefiere llevar algún refrigerio que preparó la noche anterior, y lo toma en la misma banca en el parque todos los días, observa a los niños que juegan después de haber salido de clases, las madres de muchos de esos chicos lo saludan, en más de una ocasión ha llevado dulces para compartir con los pequeños, y es muy amable con ellos, aunque los chiquillos no suelen acercarse mucho, si le sonríen, y lo tienen por alguien amable y simpático, cuando Manuel termina su refrigerio, fuma un par de cigarrillos y luego saborea unas pastillas refrescantes, es también justo la hora en que los alumnos de la preparatoria que está frente al parque salen de clases, Manuel observa atentamente a todos los muchachos, las chicas siempre llaman poderosamente su atención, muchas le sonríen coquetas sólo por jugar, él devuelve la sonrisa e inmediatamente fija su mirada en algún otro punto, las chicas y chicos lo consideran algo extraño, pero inofensivo…

A las 16:05 exactas regresa a la oficina (Manuel es tan exacto, tan obsesivo, que el policía que cuida la entrada del edificio tiene su reloj ajustado a la hora de llegada del joven) durante las siguientes dos horas el joven se dedica a revisar los trámites que se recibieron, los clasifica y los turna con una eficiencia pasmosa, los jefes al principio temían que reclamara un ascenso, pero luego se dieron cuenta que el chico era paciente, y no tenía prisa por subir, por lo que era muy apreciado en la oficina…

Con la misma exactitud rutinaria del día a día, Manuel sale de la oficina a las 18:05, sube a su auto y regresa a casa, el trayecto elegido siempre es el mismo, el tiempo empleado siempre es igual, le tomó mucho tiempo encontrar una ruta que siempre fuera igual, pero al final lo había logrado, al principio, como cualquier obsesivo, sufría con los horarios variables que el tráfico le imponía, ahora sabía perfectamente el tiempo que empleaba en regresar, de modo que podía calcular el tiempo libre del que disponía sin dificultad, eso era fundamental para él, nada importaba más que saber en qué y cómo se emplea el tiempo, controlar el tiempo, controlar todo, eso era (es) lo más importante…

El reloj marca las 19:00 horas cuando Manuel regresa a casa, se cambia de ropa, cuelga a la perfección el traje, la corbata y el cinturón, deja los zapatos en su lugar, dobla su camisa y la coloca en el cesto de la ropa sucia, arregla su ropa para el día siguiente, prepara el refrigerio que tomará al día siguiente en el parque y cena en el comedor, mientras escucha música (el nunca ve la televisión), este día, al sentarse, mira hacia el frente, y empieza a hablar…

- Fue un largo día hoy, vinieron un par de clientes muy molestos, por suerte no fueron difíciles de controlar, un par de idiotas llevaron sus expedientes sin fotografía, ¿puedes creerlo?, a veces me aterra lo desorganizada que es la gente, otro tipo, por ejemplo, antes de cerrar la ventanilla, llegó sin los talones de pago, ¿te imaginas?, ¡Solicitar un trámite y no pagarlo!, es de locos, realmente…¿Cómo estuvo tu día?... ¿Bien?, ¡Me alegro!, no sabes cuánto te envidio… tú si puedes ver las estrellas a toda hora, lo único bueno es que esa luz, la luz de las estrellas, se refleja en tus ojos, y es lo único bello que vale la pena en este mundo… hoy vi dos chicas que me coquetearon al salir de clases, las chicas de hoy creen ser muy aventadas, obviamente estaban jugando, pero ya sabes, son muy inocentes para saber lo que es realmente la vida… por cierto, esos dos niños, Mario y Mariana, vinieron otra vez a que les diera dulces, les platiqué de ti y no lo creen… ¿Qué curiosos son los niños, no crees? Les dije que si se portaban bien, podría darles una fotografía de la luz que hay en tus ojos, espero que así me crean, muy curiosos esos niñitos… ¿Dices que sería demasiado? ¿Por qué? Tienen que saber que la vida tiene momentos mágicos y cosas bellas, ¿Qué tendría de malo que vieran tus ojos?... bueno, quizás tengas razón, no todos comprenden la belleza que ahora habita en ti, no todo mundo está preparado para ese milagroso brillo…

El chico termina su cena, dobla la servilleta y la coloca sobre el plato y cruza los cubiertos encima, mientras termina de masticar, fija la mirada en la persona con quién ha estado platicando...

Solo que no hay ninguna persona, lo que hay es el cadáver de una mujer de la misma edad de Manuel, de cabello largo, abundante y negro, que fue cortado después de la muerte de la chica por él para crear un fleco que se corta justo sobre los ojos, exacto como si hubiera sido hecho con un escalpelo; el cadáver está amarrado a la silla, vestido de negro, con un vestido largo, elegante; los ojos del cadáver están en el congelador del refrigerador de Manuel, en su lugar hay dos cristales que reflejan el brillo de la lámpara de la cocina, el cuerpo tiene casi un mes en aquél lugar…

- ¿Sabes?, Últimamente he notado que la luz en tus ojos ha menguado, quizás sea momento de que te renueves, mi amor…

Los cristales reflejan la macabra sonrisa del asesino, que mira tiernamente los cristales, los “ojos” de su amada, captando cada brillo, cada destello de esa hermosa luz que ilumina su mirada, no puede dejar que ese resplandor desaparezca… no puede permitir que se extinga… no puede permitirlo... no debe dejar que se termine… jamás…

Atrapado (Halloween Special)

 
Rodrigo no puede creer en su buena suerte, justo cuando viene saliendo de una relación con una pobre tonta que nunca lo comprendió, su ex novia, Mariana, lo invita a su casa para que vea algunas de las pinturas que ha terminado, él necesita compañía y justamente ella se aparece, tan oportuna como siempre.
 
El día señalado para la cita se baña y se viste a conciencia, pretende parecer despreocupado, pero no descuidado; quiere causarle una buena impresión a Mariana y al mismo tiempo que sepa que la relación que acaba de terminar no significó gran cosa para él, pero tampoco quiere darle esperanzas de un imposible regreso; así que la tarea, titánica y casi imposible, queda cumplida justo a tiempo: él, como siempre, llegará quince elegantes minutos tarde, para que ella vea que no lo tiene dominado.
 
Toman un café, la conversación es agradable y amable como siempre, luego de un rato Mariana invita a Rodrigo a su casa para que vea las pinturas recién terminadas; al llegar, cosa rara, no encuentran a nadie, el joven inquiere a Mariana al respecto y ella se limita a decir que sus padres están de viaje y regresarán la semana entrante, sus hermanos aprovecharon la ocasión para pasar unos días con sus noviecitas…
 
El joven entra en la casa tantas veces visitada, los gatos que allí viven lo reciben como siempre, lo olfatean y se restriegan en sus piernas, pero esta vez no lo dejan solo un segundo, Rodrigo no presta demasiada atención en ello y Mariana lo acompaña hasta su pequeño estudio, donde las pinturas se están secando todavía…
 
Los trazos histéricos, frenéticos, obsesivos, acentuados por toda la gama de colores oscuros y sombríos mezclados con el rojo chillante que estalla en los ojos, las figuras humanas deformadas, torcidas, torturadas, que le recuerdan las pinturas de Francis Bacon (sobre todo la que Mariana llamó El Emperador, indudablemente inspirada en el pintor inglés), todo este cambio en el arte de la chica con la que compartió su vida durante tanto tiempo deja a Rodrigo de una pieza, no es que antes no pintara cosas tenebrosas, pero en su mayoría eran lienzos mediocres (no es nada personal, Rodrigo siempre es muy imparcial en sus análisis) inspirados vagamente por los grabados de Doré y Goya, pero nada que llegara a la maestría del español, ahora podía ver que Mariana al fin había captado algo de esa grandeza en otro cuadro (La Pesadilla) con alusiones tan claras a la locura, que parecía que el sueño del torturado personaje del cuadro iba a estar presente en el descanso nocturno del espectador.
 
- ¡Esto es increíble! ¿Cómo lograste estos tonos? ¡Son únicos!
- No fue fácil, querido, pero lo logré con mucho esfuerzo.
- ¿Y los temas? ¿Cómo lograste estas imágenes majestuosas? ¿Te dejaste llevar por la influencia de Goya y Bacon?
- No precisamente, me inspiró bastante, corazón, pero no me basé en eso…
- Lo que no deja de fascinarme es el tono de la pintura roja de El Emperador, estoy seguro que este color no es fácil de encontrar… ¿me equivoco?
 
La artista mira seriamente a su ex novio, cuando Rodrigo empieza a pensar que cometió una equivocación, Mariana dice:
 
- ¿De verdad quieres saber de dónde lo saqué?
- ¡Claro!
- Muy bien, creo que todavía quedó algo en mi armario, yo voy por un refresco y te alcanzo allí, ¿va?
- Ok, acá te veo.
 
Mariana va hacia la cocina, Rodrigo, todavía fascinado por los cuadros, entra en el cuarto de su ex, lo conoce a la perfección, pasó más de una noche ahí y está perfectamente familiarizado con el cuarto…
 
Pero no con la nueva decoración, figuras tenebrosas, afiches de películas violentas, gore y demás, muchas de las cuales Rodrigo jamás ha visto a pesar de su amplia experiencia cinéfila, imágenes de cuadros tenebristas y aterradores, las imágenes lo sobrecogen, un escalofrío recorre su espalda, y piensa que seguro esta vez no se queda a dormir en ese cuarto, justo entonces abre la puerta del armario, busca en el suelo y no ve ningún bote de pintura, da unos pasos hacia atrás y se da cuenta del par de botas negras que están entre los zapatos de Mariana, no son de su talla, y además parece que…
 
En ese momento el horror lo golpea, literalmente, desde adentro del armario cae un cadáver, el olor y la apariencia le dan a entender a Rodrigo que el muerto lleva ahí varios días, al arrojar el cuerpo al suelo cree distinguir en sus rasgos putrefactos el rostro de otro de los ex novios de Mariana, no recuerda el nombre del tipo, pero sí su rostro cuando se da cuenta que sobre la cómoda está una foto de él junto a la mujer, además hay una de ella con sus hermanos y unas chicas que Rodrigo supone las cuñadas de su ex novia, en otra foto aparece ella con otro sujeto desconocido, y finalmente está la de ellos dos, no sería raro, de no ser porque los rostros de las fotografías fueron tachados con marcador negro...
 
Rehén del horror, Rodrigo levanta la mirada, sólo para descubrir a Mariana armada con un martillo, que lo mira mientras sonríe sádicamente, sin poder gritar, comprende perfectamente que su vida ha terminado cuando su ex novia le dice:
 
- Ahora ya sabes de donde proviene el color. Querido.

El Valor de la Vida (Halloween Special)

Juan Manuel sale de su oficia, está atardeciendo en la Ciudad de México y el sol acaricia los edificios de oficinas de la transitada avenida, los coches, que durante el día recorren el infatigable río de asfalto y los puentes que se encuentran nueve pisos debajo de la oficina del joven, ahora se encuentran totalmente parados, haciendo ver toda la zona como un gigantesco estacionamiento, afortunadamente, el oficinista sólo tiene que caminar unas cuantas cuadras para alcanzar la estación del metro más cercana, y así poder llegar con más rapidez a casa…
 
Mientras camina sobre el enorme atolladero, al lado de otra avenida que cruza la ciudad de oriente a poniente, Juan Manuel repara en una chica alta, de cabello corto y rubio, que rodea bellamente su cabeza, sólo puede verla de perfil, alcanza a distinguir unos enormes ojos azules, melancólicos, que miran al horizonte, hacia las bestias mecánicas detenidas a sus pies, pensativa y serena, su nariz es recta, pequeña y altiva, aguileña, al respirar se hincha ligeramente, dando la sensación de que su dueña trata de aspirar más aire del que le permite el tamaño de su nariz, la boca es pequeña, de labios carnosos, la chica no está maquillada y aún así es hermosa, el chico se siente impulsado a hablarle, y cuando se da cuenta ya está junto a ella, diciendo:
 
- Disculpa mi intromisión pero, ¿estás bien?
 
La chica se sobresalta un poco, mira azorada a Juan Manuel y sólo contesta:
 
- Sí.
- ¿Segura?, te notas algo preocupada…
- No es nada, ya se me pasará.
- ¿De verdad?, si quieres yo podría acompañarte al metro, o a algún lugar donde puedas ir a casa…

- ¿Quieres dejar de molestarme?, ¿No entiendes lo que quiere decir la palabra “no”?
 
Juan Manuel, pasmado por la frialdad de la mujer, asiente con la cabeza y murmura:
 
- Tienes razón, sólo estoy molestando, lo siento.
 
Dicho esto, el oficinista empieza a caminar hacia la estación del metro, piensa un poco en la belleza de la chica y mucho en su frialdad y grosería… ¿de verdad estaba molestando?, a él le parecía que sólo trataba de ser amable, después de todo, la chica parecía afectada por algo, claro que él no solía abordar así a las chicas, en ese momento comprendió que algo en ella le había dado mala espina, casi parecía que la chica estuviera a punto de…
 
- Oye…
 
Alguien jala del brazo gentilmente a Juan Manuel, cuando voltea, se percata que es la chica que acababa de dejar en el puente, tuvo que haber corrido un poco, porque sus mejillas se notaban enrojecidas y ella respiraba agitadamente, el chico dijo:
 
- ¿Si?
- Disculpa que te haya tratado de esa manera, fui muy grosera, comprendo que sólo querías ser amable, ¿Cómo te llamas?
- Juan Manuel Prado…
- Mucho gusto, Juan Manuel, yo me llamo Olivia Sonneilon…
 
Al ver el rostro de desconcierto del joven, Olivia le explicó que sus padres eran franceses, pero ella había nacido en México, dicho esto, la chica le preguntó si no le molestaría que lo acompañara, Juan Manuel aceptó y caminaron juntos hasta la estación del metro, Olivia iba más sonriente y amable de lo que había estado en el puente, pero seguía viéndose melancólica, el muchacho no quiso profundizar en este asunto hasta que el metro casi iba llegando a la terminal, Olivia le había dicho que cuando él la encontró, casualmente iba hacia su casa, cerca de la misma estación donde Juan Manuel bajaba, poco antes de descender, el oficinista le preguntó a la chica:
 
- Dime una cosa, Olivia, ¿Por qué estabas triste en el puente?
 
La mujer de nuevo adoptó una mirada fría y le espetó secamente:
 
- Eso es algo que no te importa, Juan Manuel.
 
Olivia no volvió a abrir la boca hasta que descendieron del metro, al salir de la estación se despidió secamente de su acompañante y se perdió entre las calles cercanas, Juan Manuel se quedó con la impresión de que había cometido una indiscreción y caminó hacia su hogar…
 
El día siguiente, sin embargo, traería una sorpresa a la rutina del oficinista, al salir de trabajar, encontró a Olivia en el mismo punto donde la halló el día anterior, por un segundo supuso que ella lo ignoraría, pero se equivocaba, la chica volteaba constantemente a ver a los que pasaban cerca de ella, y Juan Manuel dedujo que lo estaba esperando, cuando llegó hasta ella, esta duda se despejó:
 
- ¡Hola, Juan Manuel!
- Hola, Olivia…
- Oye, quería disculparme contigo, ayer fui demasiado brusca, no tienes porqué saber lo que pasó y es obvio que no tuviste mala intención… ¿te molesta si te acompaño de nuevo?
 
Juan Manuel estuvo a punto de decirle que no, que prefería irse solo, pero la presencia de la chica lo dejaba extrañamente fascinado, parecía que bajo esa mirada triste pero amable, latiera algún secreto inconfesable, y la curiosidad podía más que cualquier sensación de desagrado…
 
- Claro, Olivia, no hay problema.
 
Ambos comenzaron a caminar mientras conversaban más animadamente que la tarde anterior, abordaron el metro y platicaron todo el camino hasta la terminal, allí se despidieron, acordando verse al día siguiente de nuevo…
 
Así pasaron los días, Juan Manuel y Olivia se encontraban diariamente sobre el puente e iban conversando todo el camino hasta la terminal del metro, la conversación era cada vez más animada, cada vez más amistosa, cada vez más íntima...
 
Un buen día, Juan Manuel se encontró a su amiga algo más melancólica que de costumbre, la forma en que miraba al horizonte ese día le recordaba al chico el primer día que se encontró con Olivia, recordó en ese momento que lo que le dio mala espina la primera vez era que la mujer parecía dispuesta a…
 
- Hola, Juan Manuel…
- Hola, Olivia ¿todo bien?
- No, hoy es un día triste…
- ¿Por qué?
- Hoy se cumple un año de la tragedia…
- ¿Cuál tragedia, Olivia?
 
La chica no contesta, el joven siente un escalofrío que le recorre la espalda, de pronto Olivia dice:
 
- ¿Te molesta si nos vemos mañana?, Tengo que ir a los puentes gemelos a arreglar algo…
 
Ni siquiera lo había mirado al decir esto, Juan Manuel no tuvo más remedio que decir:
 
- Seguro, no hay problema… ¿segura que todo está bien?
- Sí, es sólo que… tengo que cerrar un ciclo…
- Bueno, hasta mañana entonces…
- Hasta mañana, mi muy querido amigo…
 
El joven se despidió de Olivia asombrado, el cambio operado en ella era notable, antes de irse alcanzó a ver que la chica tomaba un camión hacia la exclusiva zona residencial que se alza en el extremo poniente de la ciudad, sin poder quitarse de la cabeza la situación, Juan Manuel fue a su casa…
 
Le tomó unas cinco estaciones darse cuenta de lo que pensaba, primero, que Olivia estaba deprimida, seguramente por alguna tragedia personal, segundo, ese día se cumplía un año, tercero, que había ido a “cerrar un ciclo” a los “puentes gemelos”, le tomó otras cinco estaciones el conectar todas las ideas que le rondaban con lo que le dio mala espina el primer día que conoció a Olivia... la chica parecía estar a punto de saltar hacia el Periférico cuando la abordó, una rápida investigación en Internet en cuanto llegó a casa le reveló el misterio, al buscar pistas, Juan Manuel encontró la siguiente noticia:
 
“Suicida en Las Lomas.
El día de hoy la policía encontró el cuerpo sin vida de Gonzalo Romero, el cadáver fue hallado debajo de los puentes gemelos que cruzan la cañada que se encuentra a la altura de la calle de Bosque de Duraznos, en la exclusiva zona residencial de Las Lomas, las autoridades están convencidas que el joven se suicidó.”
 
El chico, desesperado, sale corriendo en dirección opuesta a la que acaba de recorrer, vuelve a la zona de su oficina, toma un camión a Las Lomas cuando la noche envuelve la Ciudad de los Palacios, y para el momento en que llega al puente de Bosque de Duraznos ya es noche cerrada, Juan Manuel corre hasta que encuentra a Olivia en el otro extremo del puente, recargada sobre el barandal que la separa de la barranca, las delicadas piernas balanceándose de un lado a otro, sin aliento, el muchacho llega hasta Olivia y grita:
 
- ¡No lo hagas!
 
Olivia lo mira sorprendida, al mismo tiempo que con una agilidad asombrosa, sube ambas piernas al borde mismo del barandal, mientras grita:
 
- ¡No te acerques, esto no es asunto tuyo!
- ¡Pero no vale la pena, Olivia!
- ¿Que no vale la pena?, ¿Qué demonios sabes tú sobre el amor? ¿Acaso has amado a alguien de la manera en que amaba… amo, a Gonzalo? ¡No quiero vivir sin él!
- ¡No hagas esto, Olivia!, quizás no sé mucho sobre lo que sientes, pero sé esto: tu vida no tiene porqué acabar junto con la de Gonzalo, tú debes superarlo…
- ¿Superarlo? ¿Cómo?
- Yo te ayudo a superarlo, buscaremos ayuda profesional, buscaremos por todos los medios la forma en que puedas dejarlo ir, no vale la pena terminar tu vida así, Olivia…
 
La chica lloraba, Juan Manuel se acercó lentamente a ella, la chica dejó de tensar los brazos y sollozaba, el chico la tomó por los hombros y la ayudó a bajar, ella se alejó del barandal y abrazó fuerte a Juan Manuel, mientras decía:
 
- Gracias, muchas gracias, amigo…
- De nada, Olivia, al contrario, gracias a ti por no haber saltado…
- No me agradezcas todavía, imbécil…
 
Juan Manuel apenas pudo digerir esas palabras, se separó de Olivia lo suficiente para ver la siniestra sonrisa que cruzaba su rostro, acto seguido, la chica lo soltó y lo empujó, el joven no se había dado cuenta de lo cerca que estaba del barandal y cayó de espaldas hacia el barranco, durante su caída no pudo quitar la vista de la mirada alegre y diabólica que Olivia le dedicaba, segundos después, su cuerpo se rompía al impactar el suelo, murió al instante…
 
Olivia miró en todas direcciones, nadie la había visto, sonrió, por fin había terminado un ciclo…
 
“Suicida en Las Lomas.
El día de hoy la policía encontró el cuerpo sin vida de Juan Manuel Prado, el cadáver fue hallado debajo de los puentes gemelos que cruzan la cañada que se encuentra a la altura de la calle de Bosque de Duraznos, en la exclusiva zona residencial de Las Lomas, las autoridades están convencidas que el joven se suicidó.”
 
Un par de meses después, otro joven oficinista, que utilizaba el mismo camino que Juan Manuel, repara en una chica alta, cabello a los hombros, negro, que rodea bellamente su cuello y hombros, sólo puede verla de perfil, alcanza a distinguir unos enormes ojos azules, melancólicos, que miran al horizonte, hacia las bestias mecánicas detenidas a sus pies, pensativa y serena, su nariz es recta, pequeña y altiva, aguileña, al respirar se hincha ligeramente, dando la sensación de que su dueña trata de aspirar más aire del que le permite el tamaño de su nariz, la boca es pequeña, de labios carnosos, la chica no está maquillada y aún así es hermosa, el chico se siente impulsado a hablarle y le dice:
 
- Disculpa que me meta, pero, ¿estás bien?
 
La chica se sobresalta un poco, mira azorada al muchacho y sólo contesta:
 
- Eso es algo que no te importa…
 
Luego de que el chico se disculpa, Olivia Sonneilon lo ve irse y sonríe, otro ciclo está por comenzar…