Estación Tacuba
Martes,
19:30 horas…
Manuel
camina lentamente, el largísimo traslado entre líneas siempre lo ha fastidiado,
si lo sigue haciendo, es por pura costumbre, francamente…
Pasa junto
a una banda que toca una exquisitez, mal interpretada, obviamente, y él voltea
a ver el reloj mientras aprieta el paso, metros y metros de pasillos pasan bajo
las suelas de sus zapatos, al dar la vuelta al pasillo la acústica le revienta en la cara una de las frases de la canción…
“…parece que otro día va a comenzar, otra vez;
Pero a mí no me verán hasta el anochecer”
Hasta
parece que Dios quiere jugar rudo con él, luego de años y años de aguantar esa
situación, cada vez que vuelve a pasar, cada que él deja que de nuevo venga el
tornado y se lleve algo de su vida que de verdad le importaba, y sólo le deje
otro poco de destrucción y locura, piensa en todas las pequeñas señales que,
como dardos, el Destino, Dios, La Mole o como quieras llamarlo, le arroja todos
los días a la cara…
Y para
acabarla de fregar, ya se le hizo tarde…
Después de
que ella lo abandonara por aquél pelmazo, habían pasado años, tranquilos,
adorables, pacíficos, deliciosos, literalmente, sin saber absolutamente nada
del huracán Mariana…
Claro que
para los ojos de muchos (Manuel incluido) ella era algo especial, increíble y
pocas veces visto, pocos podían librarse del hechizo que su forma de ser dejaba
en las personas, claro que había más de uno que, como si no fuera nada, la
habían botado, y cada vez que la chica se despeñaba, ahí estaba él para recoger
los pedazos…
Por
supuesto que la cosa con el chico de la dimensión paralela no había funcionado
(como que ella también venía de otro puto planeta, ni dudarlo) y ahora tenía
alerta de huracán cada maldita semana, salvo aquellos días que algunos incautos
le hicieron el paro de capotear con la tormenta, pero, obvio, pocos se
aventaban el tiro de vivir al lado de un huracán (sólo a él se le ocurría,
francamente) y la ventisca siempre terminaba cayendo sobre él de nuevo…
Cada vez
era más tarde, Manuel apretó el paso, venía corriendo desde el andén de la
línea 7, ya casi, ya casi estaba el andén de la línea 2, sólo era cosa de dar
vuelta al recodo y llegar a donde Mariana lo espera desesperada…
Sólo que
Manuel quedó petrificado, a pocos metros de él, la chica huracán, que al
parecer se adelantó demasiado a su llegada, se besuquea descaradamente con otra
chica, el pobre diablo no puede pensar en nada, salvo en desandar el camino
andado, sin poder siquiera reclamarle…
Los
primeros 100 metros son de asombro… ¿qué
hice mal?...
Los
siguientes 200 metros son de tristeza… ¿cómo
pudo pasar?...
Los
siguientes 300 metros son de depresión… ¿porqué
a mí?...
Los
siguientes 400 metros son de enojo… ¿pues
qué se cree esta pinche vieja?...
Los
últimos 500 metros son de realidad… ¿indeciso
yo? ¡Indecisa tu chingada madre!...
La banda
vuelve a interrumpir los pensamientos de Manuel, ahora tocan otra exquisitez,
pero esta vez no le parecen tan malos, los escucha con las manos dentro de los
bolsillos, justo cuando la canción termina se da cuenta que la vocalista de la
banda es muy bella, la mira azorado y de pronto sus miradas se cruzan...
Basta ese
breve momento para que, cuando el teléfono de Manuel repiquetea, y aparece
incesantemente en la pantalla el nombre “Huracán”
el chico desvié su mirada de la bella cantante sólo lo suficiente para arrojar
el celular (por lo demás uno muy sencillo) hasta el otro lado del pasillo, la
chica lo mira asombrada y curiosa, Manuel vuelve a cruzar miradas con ella y le
sonríe, la sonrisa es devuelta…
Una
historia de amor acaba de comenzar en el trasbordo…
martes, 23 de octubre de 2012
En el Metro II
Metro Tlatelolco
Jueves,
23:15 horas
El anciano
muestra la credencial al policía, el amable servidor público lo deja pasar sin
pagar, el hombre agradece con una ligerísima inclinación mientras toca su
elegante sombrero de fieltro, negro, de gran calidad como los que su padre
solía comprar, una voz grave, imponente, resuena cuando pasa junto al policía:
- Muy
amable, joven…
Con paso
lento, pero erguido y seguro de sí mismo, el anciano desciende las escaleras,
se apoya en su bastón y rechaza cortés pero firmemente la ayuda que le ofrece
un muchacho, el hombre viste traje negro de tres piezas, camisa blanca
inmaculada, corbata negra, camina apoyado en un bastón de caoba quemada, duro y
fuerte, el sombrero impecable, que lo hace lucir como un detective o un viejo
gángster, completa el señorial cuadro…
No le
gusta regresar tan tarde a casa, pero ese día se había retrasado por tener que
atender algunos pendientes, tampoco le gustaba mucho subirse al metro en esa
estación, pero no quedaba más remedio, el anciano llega al andén semivacío, en
dirección sur, consulta su reloj de cadena, el mismo reloj que su padre,
militar de larga carrera, le regalara en su lecho de muerte…
El hombre
voltea a ambos lados, no se ve a nadie a menos de 50 metros, y el metro que no
llega, a su espalda está la publicidad de un candidato a la Presidencia, que
sonríe afablemente, el anciano, al percatarse, deja escapar un bufido y camina
hasta dejar atrás la sonriente fotografía, prefiere solazarse viendo la
publicidad del candidato conservador, que está frente a él… ah, que tiempos
aquellos, cuando había orden y paz, cuando nadie cuestionaba las decisiones de
los que sí saben cómo hacer las cosas…
Un ruido
sutil, furtivo, pero muy claro, distrae al anciano de sus reflexiones, voltea
hacia su izquierda, no detecta a nadie, pero juraría que escuchó algo, el
hombre ve como el metro se acerca, por fin podrá llegar a casa, otro ruido lo
sobresalta, voltea ahora hacia su derecha y no ve absolutamente nada, el metro
entra en la estación a toda velocidad, el anciano lo observa tranquilo, hasta
que de pronto siente un empujón por la espalda, y escucha claramente una voz
joven que le grita:
- ¡Toma
por ojete, cabrón!
El anciano
no puede detenerse y cae a las vías mientras el metro pasa haciendo su ruido
característico, el conductor no puede hacer nada y arrolla al anciano, la
persona que lo empujó hacia las vías corre, logra pasarse del lado contrario en
medio de la confusión y escapa hacia la unidad habitacional…
El
periódico muestra esta nota al día siguiente:
“Ayer, alrededor de las 23 horas, un joven que no
ha podido ser identificado arrojó a las vías del metro, en la estación
Tlatelolco de la Línea 3 al Capitán Manuel Rodríguez, retirado, el Capitán
estuvo en activo en el Ejército entre 1964 y 1988, cuando se jubiló, según los
archivos de la Secretaría de la Defensa Nacional. Se cree que el Capitán tuvo
relación con el infame Batallón Olimpia, que tomó parte de la masacre del 2 de
octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco…”
En el Metro
(Nota: todos los cuentos publicados con este título forman parte de una serie, un proyecto que apenas ahora estoy iniciando y que seguramente me llevará años terminar... eso si el Gobierno de la Ciudad de las Obras Viales no decide hacer otra línea.)
Estación El Rosario
Viernes, 12:30 horas…
…Ramiro corre desesperado, brinca las escaleras de dos en dos, empuja a un par de muchachos que vienen frente a él, el sudor corre copiosamente sobre su frente, llega a la cúspide de la escalera como quien sube el Monte Everest sin oxígeno, jadeante, corre despavorido, derribando a su paso a un hombre de traje negro, el sujeto le grita algo, Ramiro no tiene oídos para nadie en ese momento, da una vuelta equivocada, retoma el camino correcto y llega como rayo a los torniquetes, con la mochila tira el café que está tomando el policía que cuida la entrada, el guardián de la ley y el orden sólo alcanza a gritar:
- ¡Hijo de la…!
Ramiro sigue corriendo, impulsado por una fuerza ajena a él, más grande que su cansancio, más grande incluso que sus ganas de no correr, más grande que su apatía y su hueva, más grande incluso que él mismo, al llegar a la tercera salida baja corriendo las escaleras, tira en su carrera a otro joven que viene distraído, sigue corriendo mientras su mirada otea el horizonte cercano, tratando de verla, asume que ella ya está en el camión que está por salir, aprieta el paso (si es que esa expresión es posible al ir corriendo como poseído) mientras grita desesperado:
- ¡María!, ¡María!, ¡No te vayas, María, tengo que hablarte!, ¡María!...
El chofer del autobús, que viene escuchando la radio, ni ve ni oye al chico que corre tratando de alcanzar el camión, Ramiro no alcanza la puerta a tiempo y el camión empieza a tomar velocidad, el joven golpea las ventanillas mientras continúa con su desesperación:
- ¡María! ¡Por favor! ¡No te vayas!...
El pasillo se termina, el camión acelera más y empieza a dejar atrás a Ramiro, quien sigue golpeando las ventanas sin poder verla y sigue derramando su desolación sobre los asombrados pasajeros del autobús:
- ¡María! ¡No te vayas! ¡Nooooo!...
Es inútil, el camión acelera y lo deja muy atrás, Ramiro acaba de perderla por tardarse sólo un minuto más de la cuenta, por el rostro sudoroso del chico empiezan a correr gruesas lágrimas, derrotado más allá de todo entendimiento humano, empieza el largo regreso a la estación, va con la cabeza gacha, no mira a nadie y nadie lo mira, tan evidente es su estado de ánimo, sube lentamente las escaleras que hace unos minutos descendió como una avalancha, contando los escalones como los condenados suelen contar los escalones del cadalso, al llegar a la cima, rendido y cansado, su hombro derecho golpea el hombro izquierdo de una chica que viene del metro, ambos se miran, por un segundo con rencor, después asombro, luego incredulidad, y finalmente pensando que el destino sabe cómo hacer las cosas…
- ¿Ramiro?
- ¿María?... ¿Qué haces aquí?
- Bueno, tú sabes… aquí tomo el camión...
- Cierto, lo olvidaba…
- ¿Y tú que haces aquí?
- ¿Yo?, eh… nada…
- ¿Seguro?...
- ¿Tú vienes del metro?
- Eh… sí.
- ¿Porqué?
- Pues… por nada…
Los dos jóvenes se miran, a esa edad, todos los sabemos, no es tan sencillo reconocer que corriste despavorido para evitar que esa persona tan especial, en la que piensas en esas largas noches de rock, revolución y desmadre, se escape de tus manos… casi tanto como no es sencillo decirle a esa persona que piensas en ella cuando no está, ni lo mucho que disfrutas su compañía… temes perder la amistad, pero en esa época romántica eso es casi una nimiedad… en fin, siempre hay alguien que tiene que dar el primer paso, jugársela al todo por el todo, rifársela como los grandes…
- La verdad es que… - dice María
- … quería hablar contigo – termina Ramiro
Las miradas se cruzan, el tiempo parece detenerse, los gritos, la música, la cacofonía estridente del transporte público parecen callarse, ambos se miran a los ojos, y casi creen adivinar qué hay en la mirada del otro, se acercan, casi sin darse cuenta, cada vez más y más, ambos buscando los labios tan largamente anhelados, dejando que esa fuerza natural, titánica, que los impulsó a correr, fluya desde su interior hacia sus bocas, y ambos se acercan más y más, cada vez más cerca… más cerca… un poquito más cerca…
Estación El Rosario
Viernes, 12:30 horas…
…Ramiro corre desesperado, brinca las escaleras de dos en dos, empuja a un par de muchachos que vienen frente a él, el sudor corre copiosamente sobre su frente, llega a la cúspide de la escalera como quien sube el Monte Everest sin oxígeno, jadeante, corre despavorido, derribando a su paso a un hombre de traje negro, el sujeto le grita algo, Ramiro no tiene oídos para nadie en ese momento, da una vuelta equivocada, retoma el camino correcto y llega como rayo a los torniquetes, con la mochila tira el café que está tomando el policía que cuida la entrada, el guardián de la ley y el orden sólo alcanza a gritar:
- ¡Hijo de la…!
Ramiro sigue corriendo, impulsado por una fuerza ajena a él, más grande que su cansancio, más grande incluso que sus ganas de no correr, más grande que su apatía y su hueva, más grande incluso que él mismo, al llegar a la tercera salida baja corriendo las escaleras, tira en su carrera a otro joven que viene distraído, sigue corriendo mientras su mirada otea el horizonte cercano, tratando de verla, asume que ella ya está en el camión que está por salir, aprieta el paso (si es que esa expresión es posible al ir corriendo como poseído) mientras grita desesperado:
- ¡María!, ¡María!, ¡No te vayas, María, tengo que hablarte!, ¡María!...
El chofer del autobús, que viene escuchando la radio, ni ve ni oye al chico que corre tratando de alcanzar el camión, Ramiro no alcanza la puerta a tiempo y el camión empieza a tomar velocidad, el joven golpea las ventanillas mientras continúa con su desesperación:
- ¡María! ¡Por favor! ¡No te vayas!...
El pasillo se termina, el camión acelera más y empieza a dejar atrás a Ramiro, quien sigue golpeando las ventanas sin poder verla y sigue derramando su desolación sobre los asombrados pasajeros del autobús:
- ¡María! ¡No te vayas! ¡Nooooo!...
Es inútil, el camión acelera y lo deja muy atrás, Ramiro acaba de perderla por tardarse sólo un minuto más de la cuenta, por el rostro sudoroso del chico empiezan a correr gruesas lágrimas, derrotado más allá de todo entendimiento humano, empieza el largo regreso a la estación, va con la cabeza gacha, no mira a nadie y nadie lo mira, tan evidente es su estado de ánimo, sube lentamente las escaleras que hace unos minutos descendió como una avalancha, contando los escalones como los condenados suelen contar los escalones del cadalso, al llegar a la cima, rendido y cansado, su hombro derecho golpea el hombro izquierdo de una chica que viene del metro, ambos se miran, por un segundo con rencor, después asombro, luego incredulidad, y finalmente pensando que el destino sabe cómo hacer las cosas…
- ¿Ramiro?
- ¿María?... ¿Qué haces aquí?
- Bueno, tú sabes… aquí tomo el camión...
- Cierto, lo olvidaba…
- ¿Y tú que haces aquí?
- ¿Yo?, eh… nada…
- ¿Seguro?...
- ¿Tú vienes del metro?
- Eh… sí.
- ¿Porqué?
- Pues… por nada…
Los dos jóvenes se miran, a esa edad, todos los sabemos, no es tan sencillo reconocer que corriste despavorido para evitar que esa persona tan especial, en la que piensas en esas largas noches de rock, revolución y desmadre, se escape de tus manos… casi tanto como no es sencillo decirle a esa persona que piensas en ella cuando no está, ni lo mucho que disfrutas su compañía… temes perder la amistad, pero en esa época romántica eso es casi una nimiedad… en fin, siempre hay alguien que tiene que dar el primer paso, jugársela al todo por el todo, rifársela como los grandes…
- La verdad es que… - dice María
- … quería hablar contigo – termina Ramiro
Las miradas se cruzan, el tiempo parece detenerse, los gritos, la música, la cacofonía estridente del transporte público parecen callarse, ambos se miran a los ojos, y casi creen adivinar qué hay en la mirada del otro, se acercan, casi sin darse cuenta, cada vez más y más, ambos buscando los labios tan largamente anhelados, dejando que esa fuerza natural, titánica, que los impulsó a correr, fluya desde su interior hacia sus bocas, y ambos se acercan más y más, cada vez más cerca… más cerca… un poquito más cerca…
martes, 7 de agosto de 2012
Amistad
Ya era
noche cerrada, la chica, de unos veinte años, caminaba tranquila hacia su casa,
al oriente de la capital, cuando estaba a unos metros de llegar notó una sombra
pequeña, más negra que la noche, que luchaba por protegerse de la lluvia pegada
a un portal, la chica de inmediato supo que se trataba de un perro, al notar la
respiración pesada del animal, sin pensarlo dos veces, llegó a su casa y salió
de nuevo con agua y un poco de comida, se acercó al portal junto al cual
descasaba el animal y delicadamente le dijo:
- ¡cht! ¡cht! ¡Perrito!, ¡perrito!, ¡ven acá bonito!
- ¡cht! ¡cht! ¡Perrito!, ¡perrito!, ¡ven acá bonito!
El animal,
que seguía respirando pesadamente, levantó un poco la cabeza y olisqueó la
comida que le ofrecían, movió la cola visiblemente pero sin dejar su lugar a la
sombra de la puerta de los vecinos, la chica insistió:
- ¡Ven
bonito!, ¡come un poco, has de tener hambre!, ¡ven, bonito!
El perro,
al ver que la invitación era segura, movió más la cola, se levantó y caminó
lenta y pesadamente hacia la chica, cuando el animal dejó la oscuridad, la
muchacha se llevó la impresión de su vida, el perro era mestizo, negro, de ojos
expresivos y tristes, pero eso, por supuesto, no la asombró, sabiendo como
sabia que los lugareños no eran muy cuidadosos con los perros que digamos, lo
que la dejó anonadada fue el tamaño del animal, la chica no recordaba haber
visto a un perro más grande que ese en toda su vida, el animal tomó agua y
comió pegado a la chica, que no salía de su asombro, cuando el animal terminó
de comer la joven se dio cuenta que el animalito estaba herido, tenía cortadas
en los costados y mordidas en el cuello y pecho, en cuanto se dio cuenta, la
muchacha llevó al perro al veterinario que estaba ahí cerca.
El
veterinario atendió al enorme perro negro, curó sus heridas y le dijo a la
chica:
- Esas
heridas se las hizo por pelear, me temo, estimada, que este perrito era
utilizado en peleas…
La chica
se sintió asqueada, ni por un momento sintió miedo, sólo compasión por el
gigantesco animal, que ahora reposaba tranquilamente en la mesa del
veterinario, la joven decidió adoptarlo, para evitar que le pasara algo malo en
la calle...
Durante
los días, semanas y meses que siguieron, el perro (a quien la chica llamó Blackie) fue acostumbrándose poco a poco
al buen trato, no ladraba mucho y pasaba las tardes echado al sol, cuando la
chica regresaba a casa, el animal daba brincos de gusto y la recibía con
alegres y graves ladridos, durante los paseos diarios, el animalito era el
centro de atención de los chiquillos de la cuadra, que lo acariciaban y
mimaban, el enorme perro se dejaba hacer, como si después de haber sufrido
tanto maltrato, aquellos mimos y risas sirvieran para curarlo, la joven, por su
parte, se encariñaba cada vez más con el amistoso gigante que cuidaba su casa,
cuando ella tenía que salir en la noche a comprar algo, siempre se hacía
acompañar por Blackie, el cual, manso
y educado, acompañaba a su dueña siempre atento de cualquier sombra que le
pareciera peligrosa, pero moviendo la cola alegremente si se topaba a alguno de
sus pequeños amigos, los cuales hasta en la noche consentían al enorme animal.
La
orgullosa dueña de Blackie, por otra
parte, jamás se preguntó si el dueño original del perro viviría por los
alrededores, siempre supuso que el cobarde habría dejado abandonado al perro
luego de que éste sufriera esas graves heridas, seguramente el imbécil pensaba
que Blackie no se recuperaría y lo
dejó a la intemperie esperando que el frío y el hambre terminaran el trabajo…
qué suerte para el enorme perro que ella viviera allí cerca.
La
cuestión del dueño original de Blackie
y su verdadera naturaleza quedaron de manifiesto una de aquellas noches en que
la chica salió a comprar víveres, mientras regresaba a casa acompañada de su
gigantesco chambelán, la joven no reparó en los dos muchachos que la seguían de
cerca, Blackie, en cambio, percibió
algo, ya que se movía inquieto y no dejaba de voltear hacia su espalda, la
muchacha no le dio mayor importancia hasta que los asaltantes trataron de
agarrarla…
Dicen los
vecinos de la zona que el incidente fue espeluznante en un principio (nunca se
supo a ciencia cierta si los jóvenes pretendían asaltar a la chica o violarla)
después se tornó una increíble coincidencia (la policía encontró las evidencias
más tarde, uno de los asaltantes tenía perros a los que ponía a pelear) y al
final terminó envuelto en ese estatus mitológico y legendario que suelen
alcanzar los hechos no del todo claros, cuando suceden en la ciudad de los
puentes y las obras…
Los dos
sujetos trataron de someter a la chica, el perro empujó a uno de ellos, los
efectos de la droga no lo ayudaban y el animal lo derribó fácilmente, el otro
muchacho sacó una navaja mientras el perro ladraba y enseñaba los colmillos,
defendiendo a la chica derribada, que lloraba detrás de él, de pronto, el animalito
calló al igual que el joven, el otro asaltante, que se había puesto de pie, le
gritó:
- ¿Qué
esperas? ¡Chíngate al perro de una vez!
Pero el
chico no hizo el menor movimiento que indicara que pensaba clavar la navaja en
el cuerpo del gigantesco perro, parecía mirarlo como si no entendiera, el
perro, serio, seguía sosteniéndole la mirada, de pronto, el chico de la navaja
dijo:
- ¿Negro? ¿Eres tú Negro?
El perro
lo miró sin mostrar ninguna emoción, el chico continuó:
- ¡Soy
yo!, ¿qué no me reconoces, pinche Negro?
El perro
respiraba pesadamente, pero seguía sin mostrar emoción alguna, el asaltante
dijo:
- Quítate,
Negro, deja me chingo a esta vieja y
te llevo de regreso a casa… ¿Recuerdas la casa?... ¿Recuerdas cuando te daba de
comer pollo y huesos de res que sobraban del caldo?... ¿Te acuerdas?...
Quítate, perro…
El enorme
animal reconoció a su antiguo dueño, dio un paso hacia atrás y volteó a mirar a
la chica, mientras chillaba, la joven no dijo nada, pero sonrió como si
comprendiera, el perro se apartó un poco y el chico de la navaja se acercó a la
joven que yacía en el suelo…
- Ahora
sí, chiquita, sabrás lo que es bueno…
Segundos
después, un grito aterrador rompe la calma de la colonia y provoca la venida de
los representantes de la ley y el orden…
- ¡AAAAH!
¡No mames! ¡No, estúpido perro! ¡Suéltame! ¡AAAAAAAH!
Segundos
después, el cómplice de quien ahora recibía su castigo trataba de escapar, el
animal no le dio oportunidad, lo derribó antes de llegar a la esquina y le
mordió una pierna, desde ese día cojea, pero no se queja; por lo menos eso le
dice a quienes preguntan; porque al menos puede comer, no como su valedor, contesta…
La chica
conservó a Blackie durante algunos
años todavía, los niños de la cuadra, que se hicieron más grandes, seguían
acariciando y mimando al enorme perro que había salvado a su dueña, él,
mientras tanto, siguió siendo manso y tierno con todos y especialmente con la
chica que lo había rescatado, cuando las fuerzas lo abandonaron y pasaba la
mayor parte del día echado, tomando sol, los niños, los adultos, los jóvenes y
su agradecida dueña lo cuidaban, veían por él y le regalaban todo tipo de
cosas, finalmente, cuando Blackie durmió
en paz, la chica y los vecinos hicieron un gran agujero en la entrada de un
parque cercano, y enterraron al perro allí, una gran cruz indica, a todos
aquellos que quieran saberlo, que ahí reposan los restos de un noble y muy
cariñoso amigo del hombre...
lunes, 20 de febrero de 2012
La Novia
La chica observa la luna a través de la ventana, es la única iluminación que hay en la pequeña casita, todo el lugar está a oscuras, pero curiosamente ella no siente miedo, las lágrimas que corrieron por sus mejillas momentos antes se han secado, y sólo quedan un par de líneas oscuras como testigos de su melancolía, sobre sus piernas está recostado su novio, el amor de su vida, el único chico que ha sabido tratarla de entre toda la galería de imbéciles con los que ha salido, sus ojos, su sonrisa, sus labios, su nariz, ese hermoso rostro al que tanto ama, la mira con infinita felicidad, ella, sonriendo, observa a su novio iluminado por la luna llena, enternecida, acerca sus labios a los de él y lo besa, y ambos se dan un apasionado y tierno beso…
Meses antes de esto, la feliz pareja tenía problemas que podrían calificarse de insalvables, él había sido todo para ella, pero había (siempre hubo) un problema, no fue el hecho de que ella lo botó por otro en más de una ocasión, tampoco lo fue su vicio de andar persiguiendo experiencias nuevas, a costa de lo que fuera, tampoco lo era el hecho de que después de andar vagando de relación en relación, ahora que la chica sentía que la juventud se le escapaba rápidamente, quisiera regresar con él… o no, la verdadera razón (aunque las otras también pesaban) por la que él ya no quería verla ni tener relación alguna con ella era su maldita adicción a las drogas…
Pero ahora nada de eso importaba, luego de que él la rechazara, gritándole en medio de aquél centro comercial que dejara de acosarlo, que dejara de buscarlo, que lo dejara ser libre y hacer su vida, él había ido hasta la pequeña casita de la chica, y ahí habían podido, por fin, resolver todos sus problemas, ahora, nada se interponía entre ellos y la felicidad eterna…
Él fue paciente, intentó primero que ella reconociera que tenía un problema, y se ganó de esa forma sus primeros cuernos, ella le dijo que la dejara en paz y el chico obedeció, hasta aquella madrugada en que lo despertó una llamada de auxilio, la chica no sabía donde estaba, ni cómo había llegado ahí, ni mucho menos con quién estaba, pero si sabía que estaba aterrada y en medio del peor viaje de toda su vida, cual caballero andante, él fue a rescatarla, logró que la chica aceptara ir a rehabilitación, pero pocos meses después, ella se dio de alta sola, por unos cuantos días, el novio tuvo la vana ilusión (que siempre da el amor) de que ella ya estaba curada…
Ahora, los ojos de ambos no dejaban de mirarse, embebidos de amor, ella empezó a arrullarlo como solía hacerlo cuando dormían juntos, sonreía, y una felicidad inacabable inundaba su corazón, nunca pudo apartar los ojos de ese chico, él era su mundo, y ahora estarían juntos por siempre, la chica le dijo:
- Te amo y siempre te amaré… - y gozó hasta el llanto cuando escuchó la voz de su chico contestar:
- Yo también…
Ambos siguieron mirándose sonreír…
Con la segunda recaída, el chico le lanzó un ultimátum, y se ganó sus segundos y terceros cuernos, ella, convencida de que necesitaba libertad sin límites y que al lado de ese desabrido y aburrido muchacho no la encontraría jamás, optó por abandonarlo de nuevo y lanzarse a la aventura, cinco años pasaron de este modo, ella tropezó de relación en relación, de amante en amante, de droga en droga, de borrachera en borrachera… de vicio en vicio, hasta que una mañana se percató de su situación, la pequeña casita estaba ocupada por gente que ella ni conocía, todos los rincones estaban llenos de mugre y suciedad, la casa en general parecía abandonada y estaba llena de adictos, fue cuando se dio cuenta del horrible estado en que la había sumido su idea de libertad, fue cuando empezó a buscarlo, a pedir su ayuda, a pedirle perdón, a rogarle que le diera otro chance, que la ayudara a rehacer su vida, que no la dejara morir, porque sin ti, querido, voy a morir en menos de lo que te imaginas…
- ¡Deja de estarme fastidiando! ¡Estoy harto de ti, tuviste mil oportunidades y todas las echaste a la basura, estúpida! ¡Deja de acosarme! ¡Déjame hacer mi vida!...
- Pero mi amor, yo no puedo vivir sin ti…
- ¿Que no puedes vivir sin mí? ¿Cuántas veces me dijiste que no me necesitabas?, además, ¿Ya te viste en un espejo? ¿Ya te diste cuenta de la forma en que arruinaste todo lo bello que había en ti? – ella, al borde del llanto, dijo:
- Pe-pero…
- ¡No quiero escucharte decir nada más! ¡Desaparece! ¡Lárgate de mi vida! ¡Ahora soy yo quien quiere ser libre y no volver a verte nunca más! ¿Qué te parece eso?...
Ella sabía, sin embargo, que todo era un error, y quería enmendarlo, de modo que mandó a una de sus amigas a que lo convenciera de visitarla, luego de una semana de estar ahuyentando a sus amigos adictos, y arreglando la casa lo mejor que pudo, esperaba poder convencerlo de darle una última oportunidad…
Cuando el chico llegó hasta la casita donde había dormido tantas veces con ella entre sus brazos, de inmediato notó el abandono y la mugre que lo dominaba todo, se asombró de encontrar objetos que obviamente no pertenecían a la chica, abandonados como si sus dueños hubieran escapado de repente…
La casa estaba iluminada por velas, ella estaba de pie, con los brazos detrás de la espalda, parecía una niña dispuesta a escuchar un regaño de sus padres, él siempre le había dicho que cuando adoptaba esa postura parecía una linda chiquilla traviesa y juguetona, era la misma postura que adoptaba cuando quería pedirle un favor a alguien, o cuando quería que la perdonaran, fue la misma postura que adoptó cuando se conocieron, cuando ella derramó su café por accidente sobre el traje favorito del chico, durante años sintió un intenso cariño al evocar esa imagen, ahora, en medio de la mugre y debido al estado de la chica, la imagen le provocaba ciertas dosis de asco y vergüenza, algo había, sin embargo, en la amplia sonrisa de la chica…
Ahora los dos reposaban, ella seguía arrullándolo, todo estaba bien, ahora todo estaba bien, la chica lo miró a los ojos, habían platicado por horas, las velas se habían extinguido hacía mucho, pero ya todo estaba bien, lo miró a los ojos y dijo:
- Ahora sí podremos estar juntos por siempre…
- Así es mi amor, me di cuenta de lo mucho que me amas, y ahora podremos estar juntos por siempre…
Y una profunda sonrisa, repleta de amor y felicidad, cruzó el rostro de la chica…
Y una profunda sonrisa, repleta de alucinada felicidad, cruzó el rostro de la chica, porque allí, en medio de la sala oscura y tenebrosa, rodeada de velas extinguidas, iluminada horrendamente por las luces de las patrullas, que, alertadas por los gritos, acaban de llegar al lugar, permanece sentada arrullando a su amado, un cuchillo descansa, manchado de sangre fresca y sangre seca, junto a su mano derecha, los policías que empiezan a entrar a la propiedad no pueden creer lo que ven, restos humanos por todas partes, los cuerpos de los “amigos” de la chica, que los asesinó cuando regresó de su último encuentro con su amado, en la cocina, con la cabeza destrozada y metida dentro de la estufa, yace el cuerpo de la amiga que había ido a buscar al chico, la había asesinado antes de que él llegara, estaba tan drogada que jamás se dio cuenta que había vivido rodeada de cadáveres en casa de su amiga durante una semana…
Los policías se acercaron con cautela a la sala, donde la chica, empapada en sangre, seguía sentada arrullando el cuerpo sin vida de quien había sido el más fiel de sus novios, el único hombre que de verdad la quiso, la única persona en este mundo que de verdad se preocupaba por ella, en cuanto él llegó la chica lo había degollado, arrullando su cadáver por horas y horas, ahora la luna iluminaba la aterradora escena, los policías escucharon claramente a la chica, que acabó sus días encerrada en un hospital siquiátrico, mientras observaba arrobada los ojos muertos de su chico y repetía:
- Ya todo está bien… ya todo está bien ahora, amor… Te amo… ahora podremos estar juntos para siempre… juntos para siempre… por siempre…
Meses antes de esto, la feliz pareja tenía problemas que podrían calificarse de insalvables, él había sido todo para ella, pero había (siempre hubo) un problema, no fue el hecho de que ella lo botó por otro en más de una ocasión, tampoco lo fue su vicio de andar persiguiendo experiencias nuevas, a costa de lo que fuera, tampoco lo era el hecho de que después de andar vagando de relación en relación, ahora que la chica sentía que la juventud se le escapaba rápidamente, quisiera regresar con él… o no, la verdadera razón (aunque las otras también pesaban) por la que él ya no quería verla ni tener relación alguna con ella era su maldita adicción a las drogas…
Pero ahora nada de eso importaba, luego de que él la rechazara, gritándole en medio de aquél centro comercial que dejara de acosarlo, que dejara de buscarlo, que lo dejara ser libre y hacer su vida, él había ido hasta la pequeña casita de la chica, y ahí habían podido, por fin, resolver todos sus problemas, ahora, nada se interponía entre ellos y la felicidad eterna…
Él fue paciente, intentó primero que ella reconociera que tenía un problema, y se ganó de esa forma sus primeros cuernos, ella le dijo que la dejara en paz y el chico obedeció, hasta aquella madrugada en que lo despertó una llamada de auxilio, la chica no sabía donde estaba, ni cómo había llegado ahí, ni mucho menos con quién estaba, pero si sabía que estaba aterrada y en medio del peor viaje de toda su vida, cual caballero andante, él fue a rescatarla, logró que la chica aceptara ir a rehabilitación, pero pocos meses después, ella se dio de alta sola, por unos cuantos días, el novio tuvo la vana ilusión (que siempre da el amor) de que ella ya estaba curada…
Ahora, los ojos de ambos no dejaban de mirarse, embebidos de amor, ella empezó a arrullarlo como solía hacerlo cuando dormían juntos, sonreía, y una felicidad inacabable inundaba su corazón, nunca pudo apartar los ojos de ese chico, él era su mundo, y ahora estarían juntos por siempre, la chica le dijo:
- Te amo y siempre te amaré… - y gozó hasta el llanto cuando escuchó la voz de su chico contestar:
- Yo también…
Ambos siguieron mirándose sonreír…
Con la segunda recaída, el chico le lanzó un ultimátum, y se ganó sus segundos y terceros cuernos, ella, convencida de que necesitaba libertad sin límites y que al lado de ese desabrido y aburrido muchacho no la encontraría jamás, optó por abandonarlo de nuevo y lanzarse a la aventura, cinco años pasaron de este modo, ella tropezó de relación en relación, de amante en amante, de droga en droga, de borrachera en borrachera… de vicio en vicio, hasta que una mañana se percató de su situación, la pequeña casita estaba ocupada por gente que ella ni conocía, todos los rincones estaban llenos de mugre y suciedad, la casa en general parecía abandonada y estaba llena de adictos, fue cuando se dio cuenta del horrible estado en que la había sumido su idea de libertad, fue cuando empezó a buscarlo, a pedir su ayuda, a pedirle perdón, a rogarle que le diera otro chance, que la ayudara a rehacer su vida, que no la dejara morir, porque sin ti, querido, voy a morir en menos de lo que te imaginas…
- ¡Deja de estarme fastidiando! ¡Estoy harto de ti, tuviste mil oportunidades y todas las echaste a la basura, estúpida! ¡Deja de acosarme! ¡Déjame hacer mi vida!...
- Pero mi amor, yo no puedo vivir sin ti…
- ¿Que no puedes vivir sin mí? ¿Cuántas veces me dijiste que no me necesitabas?, además, ¿Ya te viste en un espejo? ¿Ya te diste cuenta de la forma en que arruinaste todo lo bello que había en ti? – ella, al borde del llanto, dijo:
- Pe-pero…
- ¡No quiero escucharte decir nada más! ¡Desaparece! ¡Lárgate de mi vida! ¡Ahora soy yo quien quiere ser libre y no volver a verte nunca más! ¿Qué te parece eso?...
Ella sabía, sin embargo, que todo era un error, y quería enmendarlo, de modo que mandó a una de sus amigas a que lo convenciera de visitarla, luego de una semana de estar ahuyentando a sus amigos adictos, y arreglando la casa lo mejor que pudo, esperaba poder convencerlo de darle una última oportunidad…
Cuando el chico llegó hasta la casita donde había dormido tantas veces con ella entre sus brazos, de inmediato notó el abandono y la mugre que lo dominaba todo, se asombró de encontrar objetos que obviamente no pertenecían a la chica, abandonados como si sus dueños hubieran escapado de repente…
La casa estaba iluminada por velas, ella estaba de pie, con los brazos detrás de la espalda, parecía una niña dispuesta a escuchar un regaño de sus padres, él siempre le había dicho que cuando adoptaba esa postura parecía una linda chiquilla traviesa y juguetona, era la misma postura que adoptaba cuando quería pedirle un favor a alguien, o cuando quería que la perdonaran, fue la misma postura que adoptó cuando se conocieron, cuando ella derramó su café por accidente sobre el traje favorito del chico, durante años sintió un intenso cariño al evocar esa imagen, ahora, en medio de la mugre y debido al estado de la chica, la imagen le provocaba ciertas dosis de asco y vergüenza, algo había, sin embargo, en la amplia sonrisa de la chica…
Ahora los dos reposaban, ella seguía arrullándolo, todo estaba bien, ahora todo estaba bien, la chica lo miró a los ojos, habían platicado por horas, las velas se habían extinguido hacía mucho, pero ya todo estaba bien, lo miró a los ojos y dijo:
- Ahora sí podremos estar juntos por siempre…
- Así es mi amor, me di cuenta de lo mucho que me amas, y ahora podremos estar juntos por siempre…
Y una profunda sonrisa, repleta de amor y felicidad, cruzó el rostro de la chica…
Y una profunda sonrisa, repleta de alucinada felicidad, cruzó el rostro de la chica, porque allí, en medio de la sala oscura y tenebrosa, rodeada de velas extinguidas, iluminada horrendamente por las luces de las patrullas, que, alertadas por los gritos, acaban de llegar al lugar, permanece sentada arrullando a su amado, un cuchillo descansa, manchado de sangre fresca y sangre seca, junto a su mano derecha, los policías que empiezan a entrar a la propiedad no pueden creer lo que ven, restos humanos por todas partes, los cuerpos de los “amigos” de la chica, que los asesinó cuando regresó de su último encuentro con su amado, en la cocina, con la cabeza destrozada y metida dentro de la estufa, yace el cuerpo de la amiga que había ido a buscar al chico, la había asesinado antes de que él llegara, estaba tan drogada que jamás se dio cuenta que había vivido rodeada de cadáveres en casa de su amiga durante una semana…
Los policías se acercaron con cautela a la sala, donde la chica, empapada en sangre, seguía sentada arrullando el cuerpo sin vida de quien había sido el más fiel de sus novios, el único hombre que de verdad la quiso, la única persona en este mundo que de verdad se preocupaba por ella, en cuanto él llegó la chica lo había degollado, arrullando su cadáver por horas y horas, ahora la luna iluminaba la aterradora escena, los policías escucharon claramente a la chica, que acabó sus días encerrada en un hospital siquiátrico, mientras observaba arrobada los ojos muertos de su chico y repetía:
- Ya todo está bien… ya todo está bien ahora, amor… Te amo… ahora podremos estar juntos para siempre… juntos para siempre… por siempre…
Ilusiones
Bruno no podía creerlo, la llamada que acababa de recibir lo había dejado boquiabierto, la voz al otro lado del teléfono lo llamaba sin éxito:
- Yo sé que es una muy mala noticia, pero tienes que aceptarlo, Ana está muerta...
Pasaron los días, luego las semanas, y finalmente, los meses, sin que Bruno pudiera hallar consuelo en ninguna parte, por lo que decidió retirarse unos días a una casa que él y Ana habían comprado a las orillas de un lago en el corazón de aquella región alejada de la capital.
Para él la pérdida de su amada había resultado devastadora, Ana era la única persona a la que Bruno había amado, con ella había aprendido los secretos del amor y habían compartido la vida durante mucho tiempo.
Pero lo que lo tenía sin dormir era la forma en que Ana había muerto...
Después de que él había salido aquella noche del departamento en el que vivían, alguien, a quien nadie pudo identificar, entró en su hogar mientras ella dormía, y sin la menor piedad o remordimiento, la asesinó a puñaladas...
Pese a las investigaciones de la policía, fue imposible dar con el homicida, quien al parecer había logrado evadir el largo brazo de la justicia.
Durante varios días, Bruno se dedicó a descansar, todo su organismo lo pedía por lo prolongado de sus llantos, que acudían a él cada que algún recuerdo de Ana lo asaltaba...
Sin embargo, una noche, después de una amarga pesadilla, Bruno se despertó bañado en sudor, su perturbador sueño lo había llevado a saber que Ana se esforzaba por comunicarle algo importante, su espíritu no encontraría descanso hasta lograrlo.
Mientras fueron pasando los días, Bruno se daba cuenta de la cantidad de fenómenos extraños que llenaban el entorno, él sabía su significado, estaba convencido de que pronto el asesino de Ana vendría por él para tomar su vida... ella estaba tratando de advertirle... quizás Bruno podría detener al homicida para que ella pudiera encontrar el descanso eterno...
Una noche, pasados unos días, la luna llena iluminó con toda su belleza la ribera del lago, el agua reflejaba cada destello de la luz del astro, dándoles un toque extraordinario a los argentinos brillos de aquellas tinieblas.
Los fenómenos ocurridos aquél día tenían a Bruno alterado, pero la llegada de la noche, con sus múltiples ruidos, resultaba particularmente tenebrosa, las voces que Bruno escuchaba, y que asumía eran enviadas por Ana, le había dicho que por fin conocería el ansiado secreto... ¡oyut áres aditrap im ed oterces le, oím roma, ehcon. atse!... si, la voz lo estaba guiando claramente... evalc al àres zul al... evalc al áres zul al... evalc al áres zul al... no cabía duda...
Las horas se enlazaron, Bruno perdió la noción del tiempo, tenía la impresión de que llevaba toda la vida esperando ese momento, sabía que, en esos instantes, toda su existencia se comprimía hasta esos espantosos minutos.
Vinieron a él todo tipo de visiones... sensaciones... presencias...
Cuando la luna llegaba a su cenit, la voz lo guió claramente...
...onitsed ut a náravell et ...solletsed sus...
Salió de la casa...
Frente a él, posado en la ribera del lago, estaba un hombre...
Sacó el cuchillo que llevaba...
Un grito llenó la oscuridad de la noche...
Destellos lunares bailaban sobre un cuerpo amorfo...
Acompañando un rugido animal a la orilla del lago...
Al ritmo de aquellos gritos que nadie olvidaría jamás...
Aquella vivienda permanece abandonada, los habitantes de la región le temen a lo que habita en las proximidades, muchos suponen que es algún tipo de superstición levantina de aquellos pequeños hombres envueltos en su propia lógica, algunos más creen que dicha superstición se encuentra relacionada con lo que se encontró, hace mucho tiempo, a la orilla del lago, frente a aquella propiedad, que ahora es sólo un fantasmal remedo de una casa, otros más, los menos cabe aclarar, dan plena validez a los relatos de los asustadizos hombres de la región, y aseguran, al igual que ellos, que en las noches de luna llena seres luminosos provenientes del infierno ejecutan bailes macabros alrededor de aquella casa y aseveran que extrañas grabaciones se han conseguido en aquél lugar...
El día despuntó, y con sus rayos el sol iluminó todo el lago...
Varios campesinos encontraron un cuerpo...
Se encontraba terriblemente mutilado...
Al parecer, se había lastimado a sí mismo con el cuchillo.
- Yo sé que es una muy mala noticia, pero tienes que aceptarlo, Ana está muerta...
Pasaron los días, luego las semanas, y finalmente, los meses, sin que Bruno pudiera hallar consuelo en ninguna parte, por lo que decidió retirarse unos días a una casa que él y Ana habían comprado a las orillas de un lago en el corazón de aquella región alejada de la capital.
Para él la pérdida de su amada había resultado devastadora, Ana era la única persona a la que Bruno había amado, con ella había aprendido los secretos del amor y habían compartido la vida durante mucho tiempo.
Pero lo que lo tenía sin dormir era la forma en que Ana había muerto...
Después de que él había salido aquella noche del departamento en el que vivían, alguien, a quien nadie pudo identificar, entró en su hogar mientras ella dormía, y sin la menor piedad o remordimiento, la asesinó a puñaladas...
Pese a las investigaciones de la policía, fue imposible dar con el homicida, quien al parecer había logrado evadir el largo brazo de la justicia.
Durante varios días, Bruno se dedicó a descansar, todo su organismo lo pedía por lo prolongado de sus llantos, que acudían a él cada que algún recuerdo de Ana lo asaltaba...
Sin embargo, una noche, después de una amarga pesadilla, Bruno se despertó bañado en sudor, su perturbador sueño lo había llevado a saber que Ana se esforzaba por comunicarle algo importante, su espíritu no encontraría descanso hasta lograrlo.
Mientras fueron pasando los días, Bruno se daba cuenta de la cantidad de fenómenos extraños que llenaban el entorno, él sabía su significado, estaba convencido de que pronto el asesino de Ana vendría por él para tomar su vida... ella estaba tratando de advertirle... quizás Bruno podría detener al homicida para que ella pudiera encontrar el descanso eterno...
Una noche, pasados unos días, la luna llena iluminó con toda su belleza la ribera del lago, el agua reflejaba cada destello de la luz del astro, dándoles un toque extraordinario a los argentinos brillos de aquellas tinieblas.
Los fenómenos ocurridos aquél día tenían a Bruno alterado, pero la llegada de la noche, con sus múltiples ruidos, resultaba particularmente tenebrosa, las voces que Bruno escuchaba, y que asumía eran enviadas por Ana, le había dicho que por fin conocería el ansiado secreto... ¡oyut áres aditrap im ed oterces le, oím roma, ehcon. atse!... si, la voz lo estaba guiando claramente... evalc al àres zul al... evalc al áres zul al... evalc al áres zul al... no cabía duda...
Las horas se enlazaron, Bruno perdió la noción del tiempo, tenía la impresión de que llevaba toda la vida esperando ese momento, sabía que, en esos instantes, toda su existencia se comprimía hasta esos espantosos minutos.
Vinieron a él todo tipo de visiones... sensaciones... presencias...
Cuando la luna llegaba a su cenit, la voz lo guió claramente...
...onitsed ut a náravell et ...solletsed sus...
Salió de la casa...
Frente a él, posado en la ribera del lago, estaba un hombre...
Sacó el cuchillo que llevaba...
Un grito llenó la oscuridad de la noche...
Destellos lunares bailaban sobre un cuerpo amorfo...
Acompañando un rugido animal a la orilla del lago...
Al ritmo de aquellos gritos que nadie olvidaría jamás...
Aquella vivienda permanece abandonada, los habitantes de la región le temen a lo que habita en las proximidades, muchos suponen que es algún tipo de superstición levantina de aquellos pequeños hombres envueltos en su propia lógica, algunos más creen que dicha superstición se encuentra relacionada con lo que se encontró, hace mucho tiempo, a la orilla del lago, frente a aquella propiedad, que ahora es sólo un fantasmal remedo de una casa, otros más, los menos cabe aclarar, dan plena validez a los relatos de los asustadizos hombres de la región, y aseguran, al igual que ellos, que en las noches de luna llena seres luminosos provenientes del infierno ejecutan bailes macabros alrededor de aquella casa y aseveran que extrañas grabaciones se han conseguido en aquél lugar...
El día despuntó, y con sus rayos el sol iluminó todo el lago...
Varios campesinos encontraron un cuerpo...
Se encontraba terriblemente mutilado...
Al parecer, se había lastimado a sí mismo con el cuchillo.
Lo que no se ve
- Estás jodido…
El perro levantó las orejas, alzó la cabeza y fijó la vista en un punto frente a él, desde su lugar preferido, en el respaldo del sillón café al lado de la ventana, donde el sol acaricia su piel, Benicio lo mira con desdén, un poco más abajo Diana dormita hecha un ovillo sobre el asiento del sillón, con los ojos entrecerrados.
- ¿y tú que sabes, huevón? – ladró Roscoe.
Por toda respuesta, Benicio se levanta, eriza la espalda y clava sus ojos amarillos en el perro, mientras maúlla con sorna:
- Soy mejor cazador, ¿recuerdas?, además, si quieres sacar a esa araña de debajo del refrigerador deberías buscar atrás, al lado derecho…
Roscoe estaba molesto, llevaba media hora tratando de atrapar a esa maldita araña, que lo picó cuando estaba conciliando el sueño, más por fastidiar a Benicio que por otra cosa, el perro se asomó al lado del refrigerador, para su asombro, la araña, grande, negra y peluda, se movía en dirección a la recámara de la ama, de un salto, Roscoe logró aplastar con su pata derecha al animalejo, luego de lo cual restregó la pata en el borde de la pared, eliminando los restos de la araña de sus garras, satisfecho, regresó a la alfombra y se echó frente al sol para quitarse el frío, entonces se dio cuenta de que Benicio lo veía fijamente…
- ¿qué?
- ¿y bien?
- ¿y bien qué?
- ¿en qué momento vas a decir: “lo siento Benicio, tenías razón”?
- sabes que jamás voy a decirlo… –ladró Roscoe
El gato, por toda respuesta, se molestó e irguió la cabeza, levantando las orejas, se preparaba para maullar cuando Roscoe remató:
- …aunque sea cierto.
La sonrisa del perro hizo que Benicio bajara la cabeza y volviera a enrollarse, ronroneando y con su característica sonrisa irónica en los labios, después de un rato, junto con Diana y Roscoe, se quedó dormido…
Fue Diana la primera en percibirlo, de pronto un escalofrío recorrió su espalda, lo que la hizo sentarse y maullar, creyendo que la puerta o la ventana estaba abierta, se asombró al percibir el sol de la tarde que daba de lleno a la casa y el agradable calorcillo que se sentía en la estancia, por la posición del sol, sabía que faltaba poco para que el ama regresara, volvió a maullar porque no sabía porqué había sentido ese escalofrío y se sentía incómoda...
- Benicio… Benicio…
- ¿Qué pasa?
- ¿Sientes eso?
Por instinto, el gato miró hacia el frente, al sillón que estaba de espaldas a ellos y que dominaba la entrada del departamento, al ver a la sombra sentada en el sillón se erizó y sacó los colmillos, Roscoe, acostumbrado al mal temperamento de sus amigos felinos, levantó la mirada sólo para ver a Benicio erizado y decirle:
- ¿Qué, otra rata?
- No – dijo Diana –esto es más raro…
Roscoe movió la cabeza para observar en la misma dirección que los gatos, sólo para levantarse y ladrar en la misma dirección segundos después, la sombra no sólo no se inmutó, sino que una voz trató de callar a los animales:
- ¡Shh!
- ¿Y éste quién se cree para darnos órdenes? – maulló Benicio en el colmo del enojo
Por toda respuesta, como si el aumento de ladridos y maullidos que levantó su intento por que los animales guardaran silencio no tuviera importancia, la sombra, que ahora sabían era una persona, levantó la mano derecha, con tres dedos levantados, en uno de ellos refulgía un anillo dorado, de pronto una voz atronadora dijo:
- ¡Que se callen!
Benicio, Diana y Roscoe no podían creerlo, sabían a quién pertenecía ese anillo, sabían de quién era esa mano y a quién correspondía la voz que acababa de hablar, temblando de miedo, Diana preguntó:
- ¿Qué pasa?
- No puede ser… -dijo Roscoe –no puede ser… ¿verdad que no puede ser, Benicio?
- Te diría que no, pero no se quién más podría ser si no es él…
Los tres animalillos, acobardados un poco, y extrañados por la aparición de una persona que sabían que no podía estar allí, y que sin embargo, y como a veces pasaba con los humanos o con algunos de sus amigos, estaba sentada frente a ellos, dándoles la espalda, se acurrucaron cerca de la puerta que daba al balcón del departamento, Diana dijo entonces, a media voz…
- Es el Amo…
- Claro que es el Amo –dijo Benicio –ese anillo se fue con él, después de su partida no volvimos a ver el anillo, ¿recuerdan?
- Y su voz es inconfundible, siempre me dio confianza, desde que la escuché por primera vez, allá en el refugio, supe que siempre reconocería esa voz… -dijo Roscoe.
Los animales se quedaron sin saber qué hacer, sobre todo cuando su dueña entró por la puerta justo en ese momento, el Amo, que desde su posición podía ver perfectamente a la chica, levantó los brazos y dijo:
- ¡Hasta que al fin nos vemos de nuevo!
La chica no sólo no escuchó al Amo, sino que, y esto es obvio, ni siquiera tenía idea de que estaba en la casa, los animales se le acercaron y se soltaron a un coro de exclamaciones:
- ¡El Amo está aquí!
- ¿Qué no lo ves?
- ¿Qué no lo sientes?
- ¿Querrá algo de ti?
- ¿A qué ha vuelto?
La chica se desvivió consintiendo a sus animales, sin saber porqué ese coro de maullidos y ladridos, que ahora acompañaban su llegada, le dio de comer a los animalillos y los acarició, trató de jugar un poco con ellos pero los tres estaban demasiado excitados, después de unas cuantas horas, se fue a dormir…
Los tres animales custodiaron toda la noche al Amo, viendo que no se levantara de la silla, ante lo misterioso de su llegada, tenían miedo que tratara de hacerle daño a su dueña, sin embargo, y por más que Roscoe aguantó, pasada la media noche dio un par de vueltas alrededor de la alfombra y se echó, no se dio cuenta que Diana ya dormía panza arriba y que Benicio estaba acurrucado debajo del sillón que daba a la ventana…
A la mañana siguiente, los vecinos de aquél departamento se levantaron como todos los días, amantes de los animales, tenían varios gatos que normalmente no hacían nada, pero que esa mañana ya estaban esperando del otro lado de la puerta, en cuanto vieron a su dueño salir por la puerta de la recámara, acompañado por su mujer, los cuatro gatos de la casa prorrumpieron en maullidos de alegría, Cosme, el más viejo de todos, dijo:
- Salud, hermanos, que nuestros amos amanecieron con bien…
Un par de horas después, cuando ambos estaban por salir del departamento, la chica abrió la puerta para recoger el periódico del día, entonces vio algo que llamó su atención en el pasillo…
- Oye, hay un gato en el pasillo…
- ¿Qué?, ¡pero si acá están todos!
- No seas menso, uno que no es nuestro, ¡está muy bonito!
El chico salió al pasillo y encontró a Benicio maullando frente a la puerta del departamento de junto, escuchó unos débiles sonidos, que le parecieron quejidos emitidos por un perro, y maullidos lastimeros, alargando la mano, trató de acariciar a Benicio, quien dejó que el desconocido le acariciara el lomo, pero cuando trató de tocar su pecho, el gato le tiró una mordida…
- ¡Auch!, estúpido felino, no quiero hacerte nada, tonto…
Sin embargo, a los vecinos les llamó la atención la insistencia con que el gato maullaba y rascaba la puerta del departamento, no sabían que la chica pálida y callada de junto tuviera animales en casa, suponiendo que el gato habría escapado o salido sin que la dueña se percatara, la chica se acercó hasta la puerta y trató de tocar para ver si la dueña estaba en casa…
La puerta cedió sin ninguna resistencia…
Frente a ellos, con los ojos abiertos, yacía el cadáver de la vecina, la chica, menuda, de cabello rubio, pálida y ojerosa, parecía haber sufrido un infarto, en el momento en que abrieron la puerta, el perro aulló desesperado…
Las autoridades se llevaron el cuerpo y dictaminaron que la mujer había muerto de un paro cardiaco, los animalillos iban a ser sacrificados, pero Kiara, Kimi y Enzo, como ahora se llamaban, fueron adoptados por los amables vecinos…
El perro levantó las orejas, alzó la cabeza y fijó la vista en un punto frente a él, desde su lugar preferido, en el respaldo del sillón café al lado de la ventana, donde el sol acaricia su piel, Benicio lo mira con desdén, un poco más abajo Diana dormita hecha un ovillo sobre el asiento del sillón, con los ojos entrecerrados.
- ¿y tú que sabes, huevón? – ladró Roscoe.
Por toda respuesta, Benicio se levanta, eriza la espalda y clava sus ojos amarillos en el perro, mientras maúlla con sorna:
- Soy mejor cazador, ¿recuerdas?, además, si quieres sacar a esa araña de debajo del refrigerador deberías buscar atrás, al lado derecho…
Roscoe estaba molesto, llevaba media hora tratando de atrapar a esa maldita araña, que lo picó cuando estaba conciliando el sueño, más por fastidiar a Benicio que por otra cosa, el perro se asomó al lado del refrigerador, para su asombro, la araña, grande, negra y peluda, se movía en dirección a la recámara de la ama, de un salto, Roscoe logró aplastar con su pata derecha al animalejo, luego de lo cual restregó la pata en el borde de la pared, eliminando los restos de la araña de sus garras, satisfecho, regresó a la alfombra y se echó frente al sol para quitarse el frío, entonces se dio cuenta de que Benicio lo veía fijamente…
- ¿qué?
- ¿y bien?
- ¿y bien qué?
- ¿en qué momento vas a decir: “lo siento Benicio, tenías razón”?
- sabes que jamás voy a decirlo… –ladró Roscoe
El gato, por toda respuesta, se molestó e irguió la cabeza, levantando las orejas, se preparaba para maullar cuando Roscoe remató:
- …aunque sea cierto.
La sonrisa del perro hizo que Benicio bajara la cabeza y volviera a enrollarse, ronroneando y con su característica sonrisa irónica en los labios, después de un rato, junto con Diana y Roscoe, se quedó dormido…
Fue Diana la primera en percibirlo, de pronto un escalofrío recorrió su espalda, lo que la hizo sentarse y maullar, creyendo que la puerta o la ventana estaba abierta, se asombró al percibir el sol de la tarde que daba de lleno a la casa y el agradable calorcillo que se sentía en la estancia, por la posición del sol, sabía que faltaba poco para que el ama regresara, volvió a maullar porque no sabía porqué había sentido ese escalofrío y se sentía incómoda...
- Benicio… Benicio…
- ¿Qué pasa?
- ¿Sientes eso?
Por instinto, el gato miró hacia el frente, al sillón que estaba de espaldas a ellos y que dominaba la entrada del departamento, al ver a la sombra sentada en el sillón se erizó y sacó los colmillos, Roscoe, acostumbrado al mal temperamento de sus amigos felinos, levantó la mirada sólo para ver a Benicio erizado y decirle:
- ¿Qué, otra rata?
- No – dijo Diana –esto es más raro…
Roscoe movió la cabeza para observar en la misma dirección que los gatos, sólo para levantarse y ladrar en la misma dirección segundos después, la sombra no sólo no se inmutó, sino que una voz trató de callar a los animales:
- ¡Shh!
- ¿Y éste quién se cree para darnos órdenes? – maulló Benicio en el colmo del enojo
Por toda respuesta, como si el aumento de ladridos y maullidos que levantó su intento por que los animales guardaran silencio no tuviera importancia, la sombra, que ahora sabían era una persona, levantó la mano derecha, con tres dedos levantados, en uno de ellos refulgía un anillo dorado, de pronto una voz atronadora dijo:
- ¡Que se callen!
Benicio, Diana y Roscoe no podían creerlo, sabían a quién pertenecía ese anillo, sabían de quién era esa mano y a quién correspondía la voz que acababa de hablar, temblando de miedo, Diana preguntó:
- ¿Qué pasa?
- No puede ser… -dijo Roscoe –no puede ser… ¿verdad que no puede ser, Benicio?
- Te diría que no, pero no se quién más podría ser si no es él…
Los tres animalillos, acobardados un poco, y extrañados por la aparición de una persona que sabían que no podía estar allí, y que sin embargo, y como a veces pasaba con los humanos o con algunos de sus amigos, estaba sentada frente a ellos, dándoles la espalda, se acurrucaron cerca de la puerta que daba al balcón del departamento, Diana dijo entonces, a media voz…
- Es el Amo…
- Claro que es el Amo –dijo Benicio –ese anillo se fue con él, después de su partida no volvimos a ver el anillo, ¿recuerdan?
- Y su voz es inconfundible, siempre me dio confianza, desde que la escuché por primera vez, allá en el refugio, supe que siempre reconocería esa voz… -dijo Roscoe.
Los animales se quedaron sin saber qué hacer, sobre todo cuando su dueña entró por la puerta justo en ese momento, el Amo, que desde su posición podía ver perfectamente a la chica, levantó los brazos y dijo:
- ¡Hasta que al fin nos vemos de nuevo!
La chica no sólo no escuchó al Amo, sino que, y esto es obvio, ni siquiera tenía idea de que estaba en la casa, los animales se le acercaron y se soltaron a un coro de exclamaciones:
- ¡El Amo está aquí!
- ¿Qué no lo ves?
- ¿Qué no lo sientes?
- ¿Querrá algo de ti?
- ¿A qué ha vuelto?
La chica se desvivió consintiendo a sus animales, sin saber porqué ese coro de maullidos y ladridos, que ahora acompañaban su llegada, le dio de comer a los animalillos y los acarició, trató de jugar un poco con ellos pero los tres estaban demasiado excitados, después de unas cuantas horas, se fue a dormir…
Los tres animales custodiaron toda la noche al Amo, viendo que no se levantara de la silla, ante lo misterioso de su llegada, tenían miedo que tratara de hacerle daño a su dueña, sin embargo, y por más que Roscoe aguantó, pasada la media noche dio un par de vueltas alrededor de la alfombra y se echó, no se dio cuenta que Diana ya dormía panza arriba y que Benicio estaba acurrucado debajo del sillón que daba a la ventana…
A la mañana siguiente, los vecinos de aquél departamento se levantaron como todos los días, amantes de los animales, tenían varios gatos que normalmente no hacían nada, pero que esa mañana ya estaban esperando del otro lado de la puerta, en cuanto vieron a su dueño salir por la puerta de la recámara, acompañado por su mujer, los cuatro gatos de la casa prorrumpieron en maullidos de alegría, Cosme, el más viejo de todos, dijo:
- Salud, hermanos, que nuestros amos amanecieron con bien…
Un par de horas después, cuando ambos estaban por salir del departamento, la chica abrió la puerta para recoger el periódico del día, entonces vio algo que llamó su atención en el pasillo…
- Oye, hay un gato en el pasillo…
- ¿Qué?, ¡pero si acá están todos!
- No seas menso, uno que no es nuestro, ¡está muy bonito!
El chico salió al pasillo y encontró a Benicio maullando frente a la puerta del departamento de junto, escuchó unos débiles sonidos, que le parecieron quejidos emitidos por un perro, y maullidos lastimeros, alargando la mano, trató de acariciar a Benicio, quien dejó que el desconocido le acariciara el lomo, pero cuando trató de tocar su pecho, el gato le tiró una mordida…
- ¡Auch!, estúpido felino, no quiero hacerte nada, tonto…
Sin embargo, a los vecinos les llamó la atención la insistencia con que el gato maullaba y rascaba la puerta del departamento, no sabían que la chica pálida y callada de junto tuviera animales en casa, suponiendo que el gato habría escapado o salido sin que la dueña se percatara, la chica se acercó hasta la puerta y trató de tocar para ver si la dueña estaba en casa…
La puerta cedió sin ninguna resistencia…
Frente a ellos, con los ojos abiertos, yacía el cadáver de la vecina, la chica, menuda, de cabello rubio, pálida y ojerosa, parecía haber sufrido un infarto, en el momento en que abrieron la puerta, el perro aulló desesperado…
Las autoridades se llevaron el cuerpo y dictaminaron que la mujer había muerto de un paro cardiaco, los animalillos iban a ser sacrificados, pero Kiara, Kimi y Enzo, como ahora se llamaban, fueron adoptados por los amables vecinos…
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