martes, 3 de noviembre de 2015

¿Podemos hablar un momento?

“Mientras caminan por las catacumbas lúgubres y oscuras de la ciudad de París, cobijados por el sonido de sus propios pasos, Sophie y Jean trataban de contener la respiración, después de que Lo-Que-Sea se llevara a Marie y a Alain ambos sabían que las posibilidades de salir con vida de ahí eran cada vez más escasas, caminaban tomados de la mano, sin saber lo que estaba por venir, escuchando esas voces descarnadas, los gritos que no venían de ninguna garganta y los sonidos chirriantes que indicaban que Lo-Que-Sea estaba cada vez más cerca de ellos.

Cada paso que daban despertaba ecos siniestros por toda la caverna, y pronto ambos empezaron a sentir, a intuir quizá, que algunos de esos ecos no respondían al ritmo de sus pisadas.

Un viento frío, cortante y violento interrumpe su marcha, los gritos se alejan y se acercan volando a la par del caprichoso viento, Jean empieza a sentir que algo se acerca a él, las imágenes de sus muchos pecados empiezan a revolotear alrededor de su mente como buitres, y sabe, incluso antes de que Sophie empiece a temblar como una hoja, que él es el siguiente…”

Tocan a la puerta.

Esta vez estoy seguro que alguien llamó a mi puerta.

Me levanto furioso, ya que detesto que me interrumpan cuando estoy trabajando, camino hacia la entrada de mi despacho, enciendo la luz, abro la puerta y de un tirón dejo el paso franco hacia el pasillo.

No hay nada

Sólo oscuridad, la negrura de la noche, y nada más.

Son mis nervios que me juegan una mala pasada, me digo, seguramente es la presión de terminar con la más reciente aventura de Sophie Deveraux, los fans, mis editores, mi agente, y prácticamente cada imbécil en este planeta con la capacidad suficiente de leer una oración de corrido me piden, me ruegan, me exigen que les entregue una nueva edición de las aventuras de su detective paranormal favorita, y yo, como buen payaso de circo que soy, cumplo sus caprichos, dándoles otro fragmento más de escritura barata y decadente.

Quiero terminar con esto lo más rápido posible, necesito concentrarme en ultimar los detalles de la publicación de mi otro libro, Spikehead, el cual tuve que escribir bajo seudónimo para lograr que la tomaran en serio, de otra forma todos me habrían pedido otro libro más de Sophie antes de leer mi verdadera novela favorita.

Pasé meses en un bloqueo creativo, nada me inspiraba para agregarle más entradas a las descabelladas aventuras paranormales de la detective parisina, que empezó como un juego de borrachera, y acabó por zamparse la mitad de mi cerebro y un cuarto de mi talento de una sentada, para mí, ella era igual que los espantajos y monstruos de película Serie B que combatía: insaciable, poderosa, irresistible… y al mismo tiempo soberanamente convencional y anodina, tan débil que el más ligero ventarrón podría hacerla pedazos.

El día que me avisaron que Spikehead vería la luz (aunque fuera con otro nombre) me di cuenta que el ventarrón era real, que el huracán que podía destrozar a Sophie Deveraux y alejarla para siempre de mi vida era una posibilidad, estaba ahí, al alcance de mi mano.

Ese día terminó mi bloqueo, y aunque tuve que reescribir todo el libro, había encontrado la ruta fatalista que todo autor conoce; iba a conducir a mis personajes, con la mano firme y cruel que sabiamente recomendaba Quiroga, desde el inicio de esta aventura hacia su único final posible…

Todas estas ideas cruzaron mi mente mientras miraba estúpidamente la noche que invadía el pasillo de mi casa, convencido como estaba que sólo se trataba de la noche y nada más, cerré la puerta de golpe y volví la mirada hacia mi escritorio.

Ahí estaba.

Sentada frente a mí, real.

Viendo el lugar desde donde le di vida, donde inventé su historia, donde la convertí en la chica famosa que ahora es.

Sólo que ella nunca ha existido.

Al sentir mi mirada, Sophie volteó para mirarme a los ojos, y dijo:

- ¿Podemos hablar un momento?

Me sentía paralizado, pero pude impulsarme lo suficiente como para rodear el escritorio, cuidando de no acercarme mucho a sus mortíferas manos, y tomar asiento en mi lugar de siempre.

- Claro, ¿de qué quieres hablar?
- Sobre lo que está escribiendo, Mr. Crown.
- ¿Te refieres a La Oscuridad de las Catacumbas?
- En efecto, Mr. Crown.
- ¿Tienes algo que decirme al respecto, Sophie?
- En realidad si, Mr. Crown.
- Te escucho, entonces.

Sophie tomó aliento, se acomodó en el asiento, presumiendo su curvilínea figura al moverse, en ese momento recordé a la chica que usé para modelar su apariencia, tuve que reconocer que se parecía bastante a la original.

- ¿Por qué quiere deshacerse de mí, Mr. Crown?
- Escucha, Sophie…
- No diga nada, no se lo pregunto sólo para escuchar la respuesta, quiero entenderlo realmente… quiero comprender cómo un escritor de segunda, sin mucho talento que ofrecer, quiere deshacerse de su único producto decente, el único que lo hará inmortal.
- ¿De qué demonios ha…?
- Ya te dije que no pregunto sólo para escuchar tu respuesta, quiero entender tus motivos para hacerlo, los reales, no los que les dices a todos, sino los que sabes que son ciertos, quiero que me digas de frente porqué quieres perder lo único valioso que has hecho, porqué quieres deshacerte de mí y sumirte en el olvido y la mediocridad para siempre…

Los minutos se enlazan, clavo la mirada en Sophie, frente a mí tengo el manuscrito, las benditas palabras que la llevarán al sitio del que nunca debí sacarla, sin pensarlo mucho, le arrojo el cuaderno.

- ¿Qué es esto?
- El final de tu existencia Sophie, léelo, por favor.

Ella pasa las hojas hasta casi el final del cuaderno, justo cuando creo que va a empezar a leer, levanta la mirada y clava de nuevo sus enormes ojos verdes en mí:

- ¿Y esto de qué va a servir?
-Ahí está todo lo que quieres saber. Léelo, por favor.

Mi vacua y falaz detective preferida empieza a fijar su mirada en el texto, leyendo cómo después de ganar una épica batalla contra Lo-Que-Sea descubre que acaba de vencer a Mr. Sonneilon, su gran enemigo; al mismo tiempo se da cuenta que sus heridas son fatales, pero que ha dado la vida por proteger a la humanidad, que fue lo que siempre la impulsó a combatir a los espantajos de feria que puse como sus rivales.

Mientras ella está absorta en el texto, yo tomo algo de mi escritorio, y sin distraerla mucho empiezo a hablar:

- ¿Qué te está pareciendo, Sophie? ¿Te gusta la forma en que ganas la batalla? ¿Esa es la forma en que deseabas derrotar a Mr. Sonneilon? ¿Te hace sentir mejor saber que darás tu vida por los humanos de ese universo paralelo que inventé para ti?

Sin levantar la vista del texto, Sophie reclama:

- Esto es maravilloso, épico, pero sigue sin responder a mis preguntas, Mr. Crown.
- ¡Tus preguntas!, es cierto, lo había olvidado; verás Sophie, La Oscuridad de las Catacumbas es tu última aventura por una simple y sencilla razón.

Mi mano derecha vuela hacia Sophie. El revólver plateado que me regaló mi esposa para practicar tiro apunta a su cabeza.

- ¡No pienso seguir cargándote sobre mis hombros! seas mi único éxito o no, sea considerado un escritor de segunda o no, seas un golpe de suerte o no ¡tienes que irte, desaparecer, esfumarte… morir!

Las seis balas del revólver cruzan el escaso espacio que hay entre la boca mortal del arma y el cuerpo frágil y pequeño de Sophie, cada tiro le provoca movimientos espasmódicos que la hacen bailar sobre su asiento, la sangre salpica sus libros, el manuscrito, la transcripción de Spikehead, la pantalla de la computadora y mi rostro.

El cuerpo inerte de mi ex estrella yace ahí, bañado en sangre, descargo el revólver, tomo la caja de balas del cajón y empiezo a cargar de nuevo el arma, mientras pongo cada bala en su sitio, hablo con voz severa y tono autoritario:

- No tengo idea de cómo pasó esto ni que desviación de la realidad permitió que ella viniera hasta acá a reclamarme, pero sí se esto: si alguno de ustedes pretende venir  y hablar conmigo de nuevo, ya sabe la bienvenida que le daré.

Cuando el revólver estuvo cargado, reintroduje el tambor al arma con una sacudida de mi muñeca, me dirijo de nuevo a mis libros, mis manuscritos, mis pruebas de edición, y hablo a mis adorados personajes:

- Aquí no se admiten cuestionamientos, ni preguntas, ni solicitudes de ningún tipo; aquí, yo mando, ustedes sólo responden; aquí, yo soy Dios, el Diablo y el Mundo; aquí, Yo soy el puto amo… ¡¿Quedó claro?!

El silencio invade de nuevo mi despacho, no hay cadáver por supuesto, es sólo mi imaginación que me juega malas pasadas y me presiona para terminar con la novela.

Sin más, limpio la sangre de la pantalla de la computadora y sigo escribiendo.

domingo, 26 de julio de 2015

Desesperanza

La lluvia azota las montañas, los rayos golpean en la sólida roca y arrancan sonidos que hacen pensar a cualquiera en el fin de los tiempos, la tormenta está en su apogeo, pero eso no implica que la patrulla que ahora ronda la carretera abandone su deber, las luces iluminan el camino, resbaloso y brillante por la lluvia, mientras pasan lentamente a través del bosque, el camino es conocido, pero en condiciones como estas hay que tomar siempre precauciones, pronto, los faros iluminan un cartel que indica la entrada del pueblo: “Esperanza”.

El vehículo oficial avanza con cuidado por la calle principal, deja atrás el almacén, la iglesia y los demás negocios del centro, dobla a la derecha frente al ayuntamiento, y recorre varias casas hasta llegar a la más humilde y pequeña de todas, el jefe de la policía local acaba de terminar su turno, el pueblo, al menos por ahora, está seguro.

Apenas desciende del auto, el oficial alcanza a observar una sombra juguetona que se asoma por las ventanas, segundos después, su hermosa esposa abre la puerta y le sonríe, sus dientes perfectos, su mirada tierna y amorosa, junto con los labios carnosos y la nariz pequeña y espigada, despiertan en él una gran ternura, el policía observa a su mujer por un momento, y la saluda mientras camina hacia la parte trasera del automóvil:

- ¿Qué tal estuvo tu día, amor?, ¿Tranquilo?, ¡espero que así haya sido, porque con este clima parece que las montañas se van a derrumbar!, por cierto, hoy traigo un pequeño regalo para ti.

El oficial abre la cajuela y observa el interior, curiosamente, justo en ese instante lo asalta un pensamiento recurrente, la idea de qué hubiera sido de su vida si no hubiera conocido a su adorable esposa...



Las nubes se espesan, el viento arrecia, el cielo se pinta de negro, haciendo más grandes las sombras que cubren el lugar donde se ocultan, ambos lograron escapar del establo y trataron de obtener ayuda entre los habitantes del poblado cercano, sólo para encontrar que las pocas personas que aún lo habitaban no eran propensas a prestar ayuda a nadie, en medio de la desesperación, cada uno tomó algo que podía servir como arma y decidieron hacer una carga suicida sobre la casa, para ambos es muy obvio, o salvan a los demás o mueren en el intento.

Aprovechando las sombras, y maldiciendo cada rayo que arroja luz sobre sus movimientos, los dos hombres se dirigen hacia la casa, uno va armado con un bate, y el otro con una botella cortada, ambos deciden que lo más estúpido sería cargar por la puerta principal, así que deciden intentarlo por atrás, dan la vuelta a la propiedad, cuidando que la Mujer no los vea.

Después de unos instantes, los hombres alcanzan la puerta trasera de la casa, ambos deciden impulsarse al unísono para derribarla, y sin pensarlo demasiado, corren hacia la casa, golpean la puerta al mismo tiempo y también se dan cuenta que el exceso de fuerza no era necesario, los goznes de la puerta trasera, oxidados por la falta de uso, saltan al impulso de los dos cuerpos sin mucha resistencia, la madera podrida se quiebra al instante y ambos se precipitan escaleras abajo.

Dentro del sótano, la sorpresa da paso al enojo cuando ambos caen e interrumpen lo que pasaba, por una extraña coincidencia, su desesperada carga contra la Mujer dio un extraño resultado, ya que la puerta, en su viaje hacia el fondo de la casa, golpeó a la Mujer, haciendo que tirara el arma que tenía en sus manos, lo cual provocó un feo corte en el brazo derecho de uno de los hombres, pero permitió al otro hacerse con el control del objeto.

En medio de la humedad, sucia y podrida del sótano, estaba a punto de suceder una carnicería, en una mesa del centro, sujeta al mueble por cadenas, yace una mujer que grita desesperada:

- ¡Rápido, libérennos!

Una rápida mirada descubre lo retorcido de la ceremonia interrumpida, los otros cuatro acompañantes de la mujer y los dos hombres, amigos todos desde tiempo atrás, están sujetos a la pared con gruesas cadenas y enormes candados, todos observan horrorizados el centro de la habitación, la Mujer estaba a punto de destazar a la chica que yace en la mesa.

La Mujer se recupera y trata de derribar a uno de los hombres, el que sostiene la sierra eléctrica en las manos, el otro trata de liberar a la chica, tarea que se complica más aún por tener un brazo incapacitado, los demás gritan horrorizados y tratan de escapar sin conseguirlo, aumentando la tensión de la escena.

En la pelea por la sierra eléctrica, la Mujer saca la peor parte, es derribada y observa impotente mientras el chico que la sostiene se acerca lentamente a ella, no pudo apagar la sierra, que era su objetivo, y sabe que el joven la matará sin dudar un instante, a menos que…

Un golpe seco distrae al chico, mientras su amigo logra liberar una de las piernas de la joven que está atada a la mesa, una mirada le basta para reconocer el celular de su novia, la imagen que aparece en el teléfono llama su atención, por uno de esos tontos procesos mentales que todos padecemos alguna vez, el chico olvida el peligro en el que se encuentran todos para concentrarse en la fotografía que no reconoce, al acercarse, con la sierra aún funcionando, se da cuenta de quienes aparecen en la imagen…

- ¿Qué estás esperando, imbécil?, ¡corta a ese espantajo por la mitad!

El joven observa a su amigo asombrado, jamás se hubiera imaginado que él y Diana…

- ¿Estás sordo acaso, idiota?, ¡Acaba con esto de una vez!

Mientras la sierra sigue chirriando, el joven ignora la orden y observa a sus amigos, se da cuenta que todos rehúyen su mirada, y de pronto una idea horrenda llena su cabeza… todos lo sabían.

- ¡Oye estúpido!, ¿Qué esperas, la navidad?, ¡Deshazte de esa enferma y escapemos!

Los gritos de su amigo están rebotando por todo su cerebro, el dolor de saberse traicionado por Diana y Alfonso se confunde horriblemente con la idea de salvarlos a todos de la Mujer, el dolor y el deber debaten en el fondo de sus pensamientos, si tan sólo le dieran un minuto para respirar y meditarlo, sólo un minuto para asimilarlo y continuar, sólo un minuto…

- ¡HAZLO DE UNA VEZ!

Sus ojos, inundados de lágrimas, llenos de rencor y dolor, se topan por un instante con los de la Mujer, por primera vez la mira como lo que es, y se encuentra con una mirada asustada y suplicante, que mira desesperada al chico, la sierra, el celular, a Diana y a Alfonso, todo al mismo tiempo y con una gran desesperanza…

- ¿¡QUÉ ESPERAS?! ¡MÁTALA DE UNA VEZ!

El chico percibe algo en la mirada de la Mujer, desvía la mirada un instante y observa algunas fotografías pegadas a la pared, las de sus amigos y su novia están tachadas con plumón rojo, la de él no; la luz se hace por un instante entre los rugidos de Alfonso, el joven mira a la Mujer y murmura:

- ¿Tú lo sabías?

La Mujer asiente ligeramente, los gritos de Alfonso llenan la habitación:

- ¡MÁTALA!, ¡Haz lo que tienes que hacer, maldito idiota!

Diana y los demás perciben algo en la actitud del chico, algo que los deja helados e impulsa a Diana a decir:

- Alfonso, creo que deberías dejar de gritar…
- ¿Por qué?, ¡Martín la tienen a su merced!

El chirrido de la sierra llena la habitación, todo lo demás está en silencio, antes de que Martín tome la decisión, su cuerpo ya se prepara para la acción, los músculos de sus hombros están tensos, los brazos firmes, las piernas preparadas para impulsarlo, un solo golpe y todo habrá terminado…

Alfonso se acerca a él, susurrando:

- ¿Ya vas a terminar con esto, o tenemos que…?

En un segundo el horror golpea a Alfonso, literalmente, Martín gira ágilmente y hunde profundamente la sierra en el estómago de su amigo, la sangre y la piel empiezan a volar en todas direcciones, Diana y los demás empiezan a gritar horrorizados, Alfonso trata de gritar, de decir algo, pero Martín empuja la sierra hacia arriba, cortando las costillas y los pulmones de su ex amigo, haciendo que una bocanada de sangre sea todo lo que salga de su boca, la sierra se atora, y Martín aplica toda su fuerza para hacerla subir más y más, la vida abandona al pobre diablo antes de que Martín decida que ya cortó lo suficiente, cuando la sierra se atora de nuevo con el hombro de Alfonso.

La sierra sigue chirriando, hiriendo el aire de la habitación, los ojos de los aterrados espectadores ven como el cuerpo destrozado y sin vida de Alfonso cae lentamente al piso, donde empieza a vaciarse como lo haría un animal en un matadero, las miradas lentamente se concentran en Diana, que sigue atada a la mesa, los ojos de la chica suplican piedad a Martín, quien la mira con odio y rencor absolutos, ella al menos tiene tiempo de decir algo:

- Mi amor, Martín, te juro que…

Un veloz movimiento acaba la conversación, Martín encaja la sierra con fuerza en el pecho de Diana, las costillas crujen como madera vieja, la sangre de nuevo sale proyectada hacia las paredes, el techo, hacia la cara de Martín, más trozos de piel se desprenden y salpican a todos con lo que hasta hace unos momentos era el cuerpo de Diana.

Los dientes de la herramienta se hunden con saña en la carne suave y delicada de la mujer, Martín mueve la sierra de lado a lado, haciendo aún más daño al cuerpo tantas veces amado y acariciado, la pobre mujer grita sin descanso, mientras la inclemente sierra se abre camino a través de ella, hasta que un sonido más familiar llena la estancia, la sierra atraviesa el cuerpo de la mujer y penetra la madera, la fuerza de Martín hace que la máquina se hunda en la madera con rapidez y se atasque al golpear el suelo, Diana lanza un chillido agudo de dolor cuando la dentadura mecánica se detiene.

Martín empieza a actuar como un loco, desesperado, trata de hacer funcionar de nuevo la sierra, cada intento fallido hace que Diana grite más y más, los esfuerzos son vanos, y gruesas gotas de sudor empiezan a mezclarse con la sangre que cubre el rostro del chico, un sonido metálico lo toma desprevenido y hace que su pulso se detenga por un instante…

Al voltear, encuentra a la Mujer sosteniendo un enorme machete, pensando que tal vez acaba de cometer el último error de su vida, Martín aferra la sierra con más fuerza, la Mujer no dice nada, solamente camina hacia donde la exhausta Diana dejó caer la cabeza, la chica aún tiene fuerzas para dar un alarido cuando la Mujer corta su cuello sin decir palabra alguna, la sangre cubre el bello rostro de Diana en un instante, sus gritos cesan y el movimiento espasmódico de su cuello va cesando poco a poco, hasta que un chorro del líquido  vital escurre del cabello de Diana hacia el piso, formando un enorme charco que en segundos se encuentra y se mezcla con la sangre que aún emana del cuerpo de Alfonso.

Una forma macabra de estar juntos, piensa Martín, la Mujer lo toma de la mano sin avisar, él se sobresalta pero la mira, ella le pasa el machete y toma un cuchillo de una mesa cercana, ambos voltean hacia los cuatro amigos que restan, y en minutos acaban con el sufrimiento de sus pobres almas…



Al abrirse la cajuela, dos pares de ojos miran aterrados a Martín, cazó a este par de imbéciles en la carretera utilizando el confiable truco de la patrulla, y ahora se los lleva como un regalo a su adorada esposa, para que ambos recuerden juntos el día en que se conocieron; para que Martín nunca olvide el maravilloso día en que su verdadero amor floreció.

Una Mirada

Prólogo

Las luces de cientos de cámaras apuntan hacia su rostro, cientos de micrófonos tratan de recoger sus palabras, decenas de flashes, disparados al mismo tiempo, lo dejan ciego por unos instantes, camina entre la multitud, pero a nadie escucha, sabe que hablan, que le preguntan cosas, pero él se siente incapaz de contestar nada, el rugido de los miles de reporteros reunidos para la ceremonia no llega a sus oídos, lo único que puede escuchar es el latido de su corazón, lento, pausado y ensordecedor, retumbando dentro de su cabeza como un mazo pulverizando piedras, da algunos pasos, se siente mareado, y cuando está a punto de desistir por enésima vez, alcanza a ver a La Estrella, la Diva del Siglo XXI, como acaba de bautizarla un reportero, la actriz más famosa del planeta, la protagonista principal de su más reciente película.

Ahí está, contestando a los reporteros con frases ingeniosas sacadas de su repertorio particular, puede ver los rostros deformados por las carcajadas, los cuales adquieren una forma grotesca gracias al maquillaje y los retoques que tratan de esconder la edad, todos ríen, todos celebran las ocurrencias de Eve, todos caen rendidos por su encanto, todo el maldito y miserable universo ha sido conquistado por ella… por esa cosa.

¿Cómo nombrarla ella, cuando el bien sabe lo que esconde?, ¿Cómo reconocer su humanidad si para él no es misterio que nada tiene de humano?, la desesperación lo hizo caer muy bajo, pero este chiste, diabólico y depravado, está a punto de terminar.

Todo pasa en cámara lenta dentro de su cabeza, el hombre mete la mano derecha dentro de su saco mientras camina decidido hacia su objetivo, algunos notan su actitud decidida y esperan que se produzca alguna escena desagradable a las que los ha acostumbrado, pero nadie espera que, a pocos pasos del sitio donde Eve habla con los reporteros, Michael Knight desenfunde un revólver y lo apunte directo al sitio donde tiene clavada la mirada… la nuca de La Estrella.

Todo pasa en un instante, los reporteros apenas empiezan a gritar, los flashes oportunos capturan las fotografías que serán portada en los diarios del día de mañana, Knight aprieta ligeramente el gatillo del arma, el sensible percutor se dispara, golpea el fondo del casquillo y hace volar la bala a través del cañón, la velocidad considerable y el tamaño del proyectil son irrelevantes, ya que la cabeza de Eve está a menos de quince centímetros de la boca del revólver.

El instante mismo del disparo queda inmortalizado en una fotografía, la única del instante fatal, que se hará famosa en los años venideros, y que será expuesta junto con otras fotos, más antiguas pero igual de impactantes, en todas las exposiciones relativas al fotoperiodismo; cuando el flash se apaga, todo el incidente ha pasado a la Historia, los reporteros comienzan a balbucear, los más inteligentes ganan aplomo y pueden dar la noticia, que a partir de ese momento incendiará todas las redes y se volverá viral en menos de una hora, para cuando el sol vuelva a despuntar, todo el mundo sabrá lo que ha pasado.

Michael Knight, el director de Desesperación, la película del año, asesinó a Eve Knickerbrocker minutos antes de que comenzaran los Oscares.

Para muchos, esto era el inicio de una asombrosa noticia que daría para semanas y semanas de información, Knight sabía, sin embargo, que esto era el final lógico para la historia de Eve Knickerbrocker…

Primer acto

Eran las dos de la mañana cuando sonó el teléfono, Michael sabía por experiencia que es la hora que siempre escogen los artistas para molestar; él mismo se permite considerarse uno de ellos, sin embargo, nunca ha tenido la falta de tacto necesaria para importunar a alguien a esas horas, tarda más de la cuenta en despertarse, malhumorado, estira el brazo para tomar el teléfono, lo descuelga y la persona que está al otro lado del aparato empieza a hablar sin esperar a que responda…

Unos segundos después, pega un brinco y cae de la cama, le acaban de dar la peor noticia que ha escuchado en toda su carrera, ni siquiera sabe qué decir, los gritos de su agente lo sacan del trance, sólo se le ocurre externar con un grito lo que inunda su mente en ese momento:

- ¡¿Cómo diablos dejaste que pasara eso, Bill?!

A la mañana siguiente, todavía malhumorado, Michael toma café mientras observa cómo la noticia de su humillación recorre el mundo de lado a lado, Mila Howard, la actriz principal de su nuevo proyecto, había decidido utilizar la cláusula de salida en su contrato para dejar la película a la mitad, la misma cláusula que el insistió en eliminar y que el agente de Mila logró conservar negociando con los productores, a espaldas de Michael.

No hay nada que hacer, es lo que Bill le había dicho… malditos imbéciles, nunca van a ser capaces de entenderlo, su maldito descuido acaba de tirar su proyecto, el homenaje que tenía planeado no va a completarse, y para Michael ya no existe la opción de empezar de cero; es el último de su especie, y pronto ésta morirá con él.

Michael Knight, el último director de cine tradicionalista, va a culminar su gloriosa carrera con una película incompleta, que tomará su lugar junto al Quijote de Orson Welles y acompañará al Napoleón de Stanley Kubrick en el apartado de las mejores películas que nunca se hicieron… Desesperación no verá la luz, y dejará un vacío permanente.

¿Es que acaso a nadie le importa?, ¿En serio están tan absorbidos por el vacío que prefieren cazar fantasmas a tener algo real?, ¿La humanidad ya cayó tan bajo como para hacer de la perversión del arte la norma?, ¿Les importa esto, de todos modos?, ¿Alcanzan a entender la diferencia entre la película hecha con actores reales, y las fantasías generadas por computadora que ahora todos aman?

Ya nadie hace cine como es debido, todo lo que se escribe, lo que quiere contarse, se procesa por medio de computadoras, ellas son las que se encargan de dar “vida” a todos los proyectos actuales, ya no son necesarias las locaciones, el vestuario, las luces, los técnicos… tampoco es necesaria la cámara, y mucho menos los actores, se ha refinado tanto esta tecnología, que la gente no distingue entre un programa de computadora y la realidad filtrada a través de una cámara de cine.

Con los años, incluso el oficio de director dejó de ser fundamental en la película, ahora son más editores que otra cosa, las tomas salen a la primera, todo es perfecto desde el principio, hoy sólo es necesario tomar las piezas generadas por las máquinas y armar el rompecabezas… corren rumores, cada vez más certeros, de que algunos incluso acomodan las piezas de acuerdo a lo que la máquina dicta.

Hace muchos años, esto hubiera sido una aberración, y sin embargo, empezó a hacerse más y más común, hasta que un grupo de disidentes, de los que Knight era el último superviviente, había decidido ir contra la norma y seguir haciendo todo como los grandes, sin importar el esfuerzo, el trabajo infernal y el dinero que fuera necesario.

¡Ah, y las cosas que lograron hacer!, revivir las glorias de Hitchcock, Kubrick, Tarantino, Aronofsky, Anderson, Von Trier y una larguísima lista de grandes hombres que dedicaron su vida a plasmar sus sueños, sus obsesiones, sus demonios y hasta sus pesadillas, para que todos participaran de ellas.

Pero el tiempo es omnipotente y con el paso de los años, uno por uno, los miembros de este grupo de nostálgicos fueron cayendo, fuera por retiro, enfermedad, muerte o cansancio, el exclusivo club de tradicionalistas fue disminuyendo más y más, hasta que Knight fue el último de sus apóstoles, el único que jamás había cedido al avance imparable de la perfección, a diferencia de varios de sus compañeros.

El jamás había utilizado la tecnología para suplir al alma, y nunca lo haría.

Segundo Acto

Michael lleva horas mirando estúpidamente el vaso que tiene frente a él, el bar está semivacío y los pocos parroquianos que quedan lo ignoran abiertamente, el mundo entero lo rechaza, no por desprecio hacia él o su trabajo, sino hacia el aura de humillación que desprende, sin que ninguno de los presentes lo sepa, la vida de Knight está a punto de cambiar.

La puerta se abre, algunos observan a un hombre alto, vestido con un traje azul impecable, que observa a todos los presentes hasta fijar la vista al fondo de la barra, donde Michael bebe sin consuelo, decidido, el hombre de azul camina hasta él, toma asiento a su lado, y empieza a hablar sin que nadie se lo pida.

- ¿Mr. Knight?

Michael lo observa por un segundo y se refugia de nuevo en el fondo del vaso que tiene frente a él, murmura:

- ¿Quién quiere saber?
- Mi nombre es Maximilian Berg, y tengo una propuesta para usted de parte de un cliente muy importante.
- ¿A sí?, ¿Y puedo saber quién es ese hombre tan importante que no pudo venir en persona?
- Con gusto le diré su nombre, Mr. Knight, aunque estoy seguro que no le dirá nada; mi cliente es Walter H. Collins, y él desea ofrecerle su ayuda para salir del problema en que está metido.
- ¿Walter H. Collins?, ¿Quién es él y qué interés tiene en ayudar a un paria como yo?
- Una cosa a la vez, Mr. Knight, permítame hablar con usted en un lugar más privado, y terminaré con todas sus dudas… ¿Acepta hablar con nosotros?

Michael no sabe que decir, pero sabe perfectamente que no tiene nada que perder, y sería imposible que las cosas empeoraran.

- ¿Por qué no?, súmense a la fiesta y tomen lo que quieran, estamos de oferta hoy.

Tercer Acto

- Muy bien Mr. Knight, ¿Qué le parece?

Michael está asombrado, Berg acaba de poner ante sus ojos la solución de todos sus problemas, está ahí, mirándolo con esos ojos extraños, él sabe que están vacíos, carecen de alma o de sustancia, pero esta sombra, por primera vez en la vida de Knight, tiene algo dentro de ella que no es posible definir, y que la distingue de todas las que ha visto hasta ahora.

- ¡No es posible!, ¿cómo lograron hacerlo?
- Ya se lo dije, Mr. Collins es un tipo extraordinariamente talentoso, ahora que está por culminar el proyecto de su vida, quiere una prueba de que su esfuerzo valió la pena, ha seguido sus instrucciones al pie de la letra, y por su reacción, puedo ver que Mr. Collins estará más que satisfecho con el resultado.

Michael no puede creerlo, lo que sus ojos registran no es lo que su mente conoce, y el conflicto lo deja a la deriva, sin pensar mucho en esto, dice:

- ¿Puede dejarme a solas un momento con ella?
- Por supuesto – contesta Berg – si quiere hablarle, sólo diga su nombre: Eve.

Una vez que todos habían salido, Michael rodea a la creación magna de Walter Collins, se maravilla con el rostro magnífico, las proporciones ideales y la sensación de calma y tranquilidad que transmite, sin embargo, lo que más roba su atención son los ojos, y esa misteriosa energía que irradia de ellos…

- ¿Eve?
- ¿Si?
- Hola, yo soy…
- … Michael Knight, tu eres el famoso director de cine, ¿no es así?
- Yo no diría que famoso…
- ¿Qué?, ¡Pero claro que lo eres!, tu talento y lo que has logrado hasta ahora pasará a la Historia, ¿para qué la modestia, entonces?

Eve se veía tan agradable, tan real, tan verdadera como cualquier cosa que Michael hubiera hecho en su vida, fue en ese momento que lo supo, la Revelación golpeó su mente y ya no lo dejó tranquilo.

Epílogo

Por supuesto que Michael Knight nunca enfrentó acusación o juicio alguno por lo que hizo aquella noche, la ceremonia de los Oscares se llevó a cabo como estaba planeado, los votos ya no podían ser cambiados a raíz del incidente, y justo como se esperaba, Desesperación se llevó los premios más importantes, los rumores señalan que sólo uno de los sobres que fueron abiertos esa noche era diferente al resto, el cambio de última hora obedeció, dicen, al disparo que recibió Eve Knickerbrocker, se dice que la Academia no iba a permitir que el premio fuera para ella a raíz de lo que se reveló esa noche.

Michael recibió el premio a mejor director y se convirtió en el último tradicionalista en ganar el premio, no estuvo presente para recibirlo, y le fue entregado al día siguiente, cuando salía de la oficina del Sheriff del condado de Los Ángeles, Knight colocó el premio en su repisa al llegar a casa, y acto seguido se sentó frente a su vieja computadora, y redactó la última declaración de su carrera:

… la decisión la tomé el día en que me presentaron a Eve, Mr. Berg asegura que Walter Collins solamente siguió mis instrucciones, pero Mr. Collins logró imprimir algo en la mirada de Eve que me convenció de dos cosas: primero, el grado de perfección que había en ella era inalcanzable para el resto de nosotros; segundo, ella era la demostración final de lo bajo que ha caído la sociedad, perseguimos tantas sombras que dejamos de apreciar lo real, y ahora incluso logramos falsificarlo, eso hace que mi oficio se vuela irrelevante, siendo su objeto principal la creación de realidades alternas que parezcan reales, aun cuando son falsas.

¡Felicidades a todos!, ahora tienen sombras y fantasmas a los que pueden abrazar y llamar “reales”, eso es a lo que su mediocridad e ignorancia los ha llevado, el único consuelo que me llevo, aparte de haber culminado mi obra final, es saber que, cuando las sombras cubran la Tierra, la de Eve Knickerbrocker no estará entre ellas.

Ese maldito androide regresó al lugar de donde Collins lo hizo surgir, e imagino que nunca volverán a ver algo parecido, espero de todo corazón, que así sea.

Atentamente
Michael Knight”.


El Discurso

El hombre en el estrado clava la mirada en el fondo del auditorio, siente como el sudor empieza a correr por su frente, no es debido a lo que acaba de ver, sino a que las luces hacen que el calor se concentre en donde está parado; a su lado está el premio que acaba de recibir, el hombre se da un respiro, toma un trago de agua y aclara su garganta, la audiencia está en silencio, expectante.

- ¡Wow! ¡No sé qué decir, de verdad!, todos han sido muy amables al darme este premio, el cual, debo decir, no merezco en realidad… sé que muchos de ustedes me admiran por la obra que hemos llevado a cabo en esta ciudad, sé que me consideran una especie de héroe, de benefactor, de santo, inclusive… debo decir que eso me abruma, no es necesario que les diga de nuevo lo que eso me hace sentir, muchos de ustedes se han acercado a mí para expresar todo esto, y les he hablado muchas veces de cómo me siento cuando los escucho hablar de esa manera.

¿Qué les puedo decir?, durante más de 15 años hemos estado juntos, trabajando por este proyecto, esforzándonos cada día por hacerlo más y más grande, y ayudar a más y más personas… muchos de ustedes han dado más de lo que cualquiera puede pedir, ayuda, apoyo, tiempo, dinero, esfuerzo… todo en un gran impulso para mi causa (nuestra causa ahora), la cual han hecho crecer más allá de mis sueños más ambiciosos… ¿Quieren saber cómo me hace sentir eso precisamente hoy, que recibo este premio?

La audiencia murmura un callado “Sí”

- Eso pensé… justo hoy, recibir este premio y verlos a todos aquí, ver sus rostros, su ilusión, sus miradas cargadas de esperanza… ¿saben qué me inspira?...

El auditorio completo guarda silencio expectante, el Filántropo del Año está por terminar su discurso, y está por hacerlo de una forma que resultará inolvidable para todos los que lo escuchan:

- Me inspira. El más completo. Y absoluto. DESPRECIO.

Todos los asistentes se miran asombrados, nadie puede creer lo que acaban de escuchar, por un momento, todos piensan que es una especie de broma, así que unas curiosas sonrisas estúpidas adornan sus rostros, el hombre pasea la mirada lentamente por el salón, clavando los ojos en todos y cada uno de los presentes, sabe que se niegan a aceptar lo que escucharon, de modo que tiene que continuar:

- Todos ustedes son personas patéticas, débiles y despreciables… cada día de los últimos 15 años he tenido que esforzarme más allá de lo que sus pequeñas y pusilánimes mentes pueden imaginar, he tenido que aguantar las ganas de gritar, de destrozarlos, de borrar de sus estúpidas e insulsas caras esas mediocres sonrisas que las adornan.

Todo el día, todos los días, he tenido que resistir el impulso de partirlos por la mitad y eliminarlos, he resistido la tentación de darles una pequeña probada del mundo real, de hacerlos pedazos y enseñarles, en el último glorioso instante, sus corazones arrancados de sus pechos, justo antes de que dejen de latir, para así mostrarles el horror que adorna la vida REAL.

Pero durante estos 15 años he resistido esa tentación, y déjenme decirles: ¡ha sido un esfuerzo heroico!, todo el día, todos los días, he tenido que luchar contra mis instintos y contra mi naturaleza; pero ahora que lo saben, tengo que decirles porqué lo soporté, y porqué valió la pena aguantarlo; los conozco bien, y sé que seguro están pensando: “debe estar loco”, pero una vez que sepan lo que he hecho, y les aseguro que lo sabrán, a detalle, más pronto de lo que imaginan, recibirán por fin, eso que tanto anhelé darles… un gran platón de realidad, una cubeta de agua helada de terror y asco que recorrerá sus espaldas por años y años.

Los hombres que están al fondo del salón, a los que pueden ver si deciden voltear hacia allá, son miembros de un grupo especial de investigación de la Policía Metropolitana; el hombre que está en medio del grupo, aquél que no me quita la mirada de encima, es el Inspector González, él les dirá, una vez que esto haya terminado, todo lo que he hecho, todos los horrores que he desatado, y todos los productos infernales que salieron de este cerebro enfermo.

Pero antes de llegar a eso, quiero darles un último regalo, mi último presente, mi testamento, si quieren llamarlo así: la culminación de una magna obra que me ha tomado 15 años montar, y que hoy se representa por única ocasión… sólo para ustedes.

Este último detalle se los confirmará la Policía, si es que no me lo creen, claro; sé que en este momento están repasando frenéticamente los últimos 15 años de sus vidas, buscando desesperados indicios que les digan que todo esto es una broma macabra… pero para este momento ya se dieron cuenta, los indicios que sus mentes les dan no apoyan la idea de la broma, más bien confirma lo que están escuchando.

¿Están listos? ¿De verdad?, vamos, un par de segundos más de reflexión… ¿Ya? ¿Listos para escucharlo?... muy bien, aquí va: la fundación, esta obra magna por la que me han dado premios, me han elogiado, me han elevado a alturas increíbles y me han dado su confianza durante todos estos años, es un fraude… no un fraude sencillo, claro que no; el punto nunca fue obtener dinero, o favores políticos, o el aprecio de sus vacuas mentes… No, no, no, el objetivo final fue obtener carne fresca, víctimas que alimentaran mis necesidades, animales para sacrificar en el matadero.

¡Así es! ¡Ahora lo saben! ¡El dinero, la ayuda, el esfuerzo, todo ha servido para alimentar una enorme trituradora de carne!, ¡Y TODOS SON CULPABLES! ¿Creyeron que lavaban sus culpas de ese modo?, ¿Pensaron que su tan llamada “ayuda” limpiaba todos sus pecados?, pues les tengo noticias: ¡Sus pecados sólo aumentaron gracias a mí!

El silencio, expectante unos cuantos minutos antes, ahora cae como una losa sobre las cabezas de todos los presentes, sus mentes, ahora lo sabe el hombre en el estrado, empiezan a torturarlos, y seguirán haciéndolo por muchos años más.

- La obra está completa… en fin, no me queda más que decirles, salvo, tal vez, que me recuerden siempre que puedan, y algo me dice que lo harán por mucho, mucho tiempo; nada me queda, pues, más que agradecerles por todo su apoyo y ayuda para culminar mi magna obra, y despedirme de ustedes con un gran final, digno de este extraordinario esfuerzo que hemos protagonizado juntos.


Sin que nadie tenga tiempo de reaccionar, el hombre en el estrado levanta el brazo derecho, que estaba oculto, en su mano hay un revólver de gran calibre, el Inspector González corre hacia el escenario pero ya es tarde, ágilmente, el hombre apunta el revólver a su sien y dispara.

domingo, 1 de febrero de 2015

La Rosa

1

El rugido de la ciudad envuelve el ambiente, 25 millones de almas se ponen en movimiento, como todas las mañanas; las nubes cubren por completo el cielo y amenazan con desatar una lluvia temprana que dé al traste con los planes que los esclavos tienen; mientras los ciudadanos se lanzan velozmente a las calles, una mujer, joven y de apariencia tímida, camina con mucho cuidado por las calles resbalosas de la ciudad, trata sobre todo de no caerse mientras se equilibra sobre los largos tacones al pasar por las banquetas; al mismo tiempo, intenta que nada arruine su vestido nuevo, un estallido de color en medio del día gris, en la ciudad gris.

Una vez que el caos matutino se ha asentado, encontramos a nuestra joven en medio de un bosque de cubículos grises, la mayoría de los oficinistas, presionados y tensos como corresponde a empleados de un gigante corporativo, pasan casi sin mirarla frente a su escritorio; ella, consciente de ello pero dispuesta a no dejar que un detalle tan pequeño arruine su día, saluda amablemente a todos, con una enorme y bella sonrisa colgada siempre en los labios; como suele pasar en las grandes oficinas, donde todo es gris y apático, alguien como ella siempre destaca, y no pasa mucho antes de que algunos de sus compañeros, una vez pasada la tradicional racha matinal de estrés, empiecen a devolverle el saludo y a conversar con ella.

Su escritorio, decorado con pequeños detalles que le dan luz y color a un mar de paneles oscuros, empieza a ser frecuentado por más y más personas, ella a todos recibe, con todos conversa, a todos sonríe y los hace sonreír, es, cómo negarlo, el alma buena que le pone color a todos los días rutinarios del ejército empresarial.

A una chica como ella no le faltan pretendientes, pequeños soldados rasos del ejército que le dedican todo tipo de atenciones, las cuales ella es incapaz de rechazar; a todos los mira con ternura y con cariño, a todos los quiere y a todos los aprecia, su cubierta exterior hace creer a la oficina que ella es una niña de corazón dulce y noble, incapaz de desairar a nadie o de perder una amistad por algo tan trivial como una ilusión; por supuesto, la razón por la que conserva a su pequeño club de admiradores tiene que ver con esa necesidad siempre insatisfecha, ese algo que ha estado con ella desde que tiene memoria, todo ellos, hasta el último, alimentan la vanidad escondida de la mujer.

2

Las ruedas de la camilla emiten un rechinido estridente mientras pasan por el largo y oscuro pasillo hacia la sala de autopsias, los forenses y dos inspectores de la Policía Federal esperan dentro de la sala a que arribe el cadáver para poder examinarlo a fondo.

Los camilleros hacen el último esfuerzo y empujan el cuerpo, cubierto con una sábana blanca, dentro de la sala, uno de los doctores dice:

- Buenas noches, bienvenido al Servicio Médico Forense, esperamos que su estancia sea agradable...

Su asistente y los inspectores, acostumbrados a las bromas macabras del Doctor Smith, no mueven un músculo, las potentes luces iluminan el centro de la habitación, donde los camilleros depositan la carga y salen de inmediato, ya se corrió el rumor por todo el Servicio de que la última víctima de Smiley no es un espectáculo agradable.

En cuanto los camilleros salen, el Doctor Ramírez se acerca al cuerpo y lo descubre en un ágil movimiento, los inspectores se sienten asqueados en el instante en que logran ver lo que quedó de la víctima, Smith, con su particular sentido del humor, choca las manos y prosigue con su bienvenida.

- ¡Válgame!, ¡Se ve que le han dado una muy buena! -Smith revisa el registro y continúa- de modo que se ha topado usted con Smiley...

Smith suspira y vuelve a mirar el cadáver, la posición del cuerpo no ha cambiado, sin embargo, el Doctor se siente inspirado a decir:

- No es necesario que se moleste, aunque parezca que estamos lejos, en realidad cada vez estamos más cerca de Smiley, no lo suficiente como para impedirle que le hiciera esto, pero sí lo suficiente como para que, con su ayuda claro, podamos evitar que vuelva a hacerlo.

Todos los presentes guardan silencio por unos segundos, mientras contemplan el rostro sin vida del cadáver... la mitad que quedó, al menos.

3

La noche desciende sobre la magna ciudad, los ciudadanos se lanzan de nuevo a las calles, al tráfico y al caos; nuestra vanidosa señorita, que detesta el tráfico abundante y aparentemente interminable de la capital, aprovecha las tardes para hacer algo de ejercicio, de modo que al acabar la jornada, y luego de despedirse de todos los amigos especiales que tiene en la oficina, se dirige al gimnasio más cercano.

Durante el trayecto, la mujer va sonriente, saludando a todos aquellos con los que se cruza, tratando de alegrar la tarde de los caminantes, y de paso tratando de llamar la atención y ser el centro de las miradas, aunque sea sólo por unos segundos.

Desde que era niña le gustaba la atención que recibía; al crecer, la necesidad de ser atendida aumentó, muchos pensarían que a una escala desproporcionada, pero ella sabía muy bien que era sólo un poco más vanidosa que las demás, sólo una pequeñísima fracción, algo diminuto, en realidad.

Al llegar a la Universidad esa necesidad aumentó, como es normal en todas las chicas al llegar a cierta edad; todos las hemos visto, coqueteando con alguno (o algunos) de sus amigos en el transporte público, sonriendo siempre, arrojando miradas tiernas y cargadas de ilusión a todo aquél que pase y que ellas crean que lo merece; con el tiempo, nuestra chica reunió un pequeño grupo de admiradores, el tipo de chicos a los que podías utilizar sin necesidad de hacerles mucho caso, entre todos, y con el paso de los años, hicieron crecer aún más el lado vanidoso de nuestra oficinista.

La vanidad, como todos sabemos, es un sentimiento natural, humano y perfectamente entendible, es la imagen perfecta que nos hacemos de nosotros mismos; la que tratamos de proyectar, siempre sin éxito, a todos los que nos rodean; es lo que queremos que los demás noten de nosotros, y que suele ser lo que siempre pasa desapercibido; con los años, dejamos de sentir la necesidad de ser observados y aplaudidos todo el tiempo, dejamos de ver nuestras virtudes como excepcionales y aceptamos los defectos, empezamos, por fin, a ser quienes somos en realidad.

Pero esa profunda necesidad no cesa en algunos casos, inclusive hay personas que lo ven como un defecto terrible e imperdonable...

La mujer llega al gimnasio, cambia su ropa y empieza a ejercitarse en los aparatos disponibles, conforme pasan los minutos, empieza a seguir con la mirada a algunos de los "deportistas" que llenan el lugar, de pronto, sus ojos se posan en un hombre alto, fuerte y bien formado, vestido por completo de negro, nada más llegar, el joven levanta un gran revuelo, muchos lo conocen, aunque sólo sea de vista, y lo saludan al pasar, cuando el hombre pasa frente a nuestra chica, le guiña un ojo tratando de llamar su atención.

A partir de ese momento, los ojos de la mujer no se despegan del joven.

4

Una vez concluida la autopsia, Smith deja que su asistente limpie la plancha y conduzca el cadáver a la cámara de refrigeración, mientras se lava, el Inspector Martínez le pregunta:

- ¿Algo nuevo, Doctor?
- Nada, la misma forma de muerte, la misma placa con la carita sonriente incrustada en el lugar que ocupaba el ojo, la misma tortura, el mismo proceso, aplicado mientras aún estaba con vida...

El Inspector Martínez enciende un cigarrillo y le ofrece uno al Doctor Smith, que niega con un gesto, mientras da la primera bocanada, su compañera, la Inspectora Gutiérrez, dice lo que los tres están pensando:

- Eso no ayuda, prácticamente no tenemos nada.
- ¿Lograron localizar al fabricante de las placas? - pregunta Smith
- Están hechas de la forma más común y barata que puedas imaginarte, pudo pedir mil iguales por menos de 500 pesos, y los pudo haber ordenado en cualquier parte de la ciudad...
- ¿Algo nuevo en el perfil?
- Por lo que vemos sigue el mismo patrón de siempre, la víctima desaparece de pronto, y nadie vuelve a saber de ellos hasta tres meses después, cuando llega la tradicional carta informando la ubicación.
- Seguimos igual, entonces.
- Hemos avanzado algo, sabemos que la mayoría de las víctimas desaparecieron al ir al gimnasio, sólo dos se perdieron después de salir del trabajo.
- ¿Algo sobre los motivos?
- Nada aún, todo es preliminar, no parece haber un patrón en cuanto a la apariencia física de las víctimas, es como si las escogiera al azar, aunque todos tienen algo en común...
- ¿El qué?
- Los pocos testigos que hemos entrevistado recuerdan que las víctimas destacaban entre todos los que iban a los gimnasios.
- ¿De qué manera?
- Por su vanidad, al parecer.

Smith suspira, se toma unos minutos para procesar la información que la Inspectora Gutiérrez acaba de darle, sin pensarlo demasiado, pregunta de nuevo:

- Entonces, ¿creemos que elige a sus víctimas por ser vanidosas?
- Al menos eso pensamos.
- ¿Porqué?, ¿Smiley considera la vanidad como algo terrible?
- Pueden ser muchas cosas- terció el Inspector Martínez- quizás lo considera una especie de pecado, o tal vez no pueda soportar a la gente vanidosa, en este punto, cualquier conjetura es buena.

Los tres hacen una pausa larga, el Doctor toma sus notas y suelta lo primero que le viene a la mente:

- ¿Podría ser que los asesina por considerarlos competencia?
- Tal vez, ¿por?
- Es sólo una idea, me vino a la mente por el odio que se adivina en la forma en que las víctimas murieron - los minutos pasan y nadie habla, Smith rompe el silencio:
- Este tipo está verdaderamente enfermo...

5

Justo cuando nuestra chica se encamina a las regaderas, luego de concluir su jornada de ejercicio, se topa en el camino con el joven de negro, no puede negar que es guapo y que hay algo en él que la atrae con más fuerza de la que quiere reconocer, el chico murmura unas cuantas palabras en el oído de la mujer, un estremecimiento recorre todo su cuerpo, nerviosa, pero al mismo tiempo bastante excitada, la chica asiente y se apresura para cambiarse de ropa.

Minutos después, la mujer espera en su auto afuera del gimnasio a que el chico atractivo salga, cuando lo ve toca el claxon y lo saluda emocionada, el hombre se despide del amigo que lo acompaña y camina lentamente hacia el auto de la mujer, sabe de su belleza y no duda en explotarla, un ligero escalofrío recorre la espalda de la oficinista, cuando el hombre sube al auto, el aire se llena con la fragancia de la colonia que utiliza.

Mientras el auto avanza, la conversación se torna fluida, Raúl, tal es el nombre del chico guapo, le cuenta toda su vida a nuestra protagonista en un abrir y cerrar de ojos, ella habla poco, a pesar de estar acostumbrada a dominar las conversaciones, cada alardeo de Raúl remueve una sensación adormilada en el interior de la chica, un escalofrío más fuerte recorre su espalda.

Algo no está bien, definitivamente algo no va bien.

6

- En eso también hay avances.

El Doctor fija la mirada en la Inspectora Gutiérrez, la frase lo toma desprevenido y no puede evitar preguntar:

- ¿A qué te refieres?
- Digo que hay un cambio en el perfil, relacionado con lo que acabas de decir...
- ¿Quieres decir que...?
- Efectivamente Doctor, Smiley es una mujer, estamos casi seguros de ello...

7

La noche desciende sobre La Ciudad, la oscuridad se mete por cada ventana, azota cada puerta y toma cada rincón de la capital, los esclavos se preparan para descansar, esperando iniciar un nuevo día de trabajo la mañana siguiente; algunos, en cambio, aprovechan para dejar salir a los demonios...

Un auto compacto pasea por la zona industrial, nuestra chica vanidosa lo conduce mientras va recordando cómo la necesidad de atención de la adolescente dio paso a la necesidad de atención de una mujer adulta, es cierto que no era tan fácil como antes atraer todas las miradas, pero aún sabía lo que tenía que hacer para ser la consentida de la oficina, de su casa, de su familia, de todos los que llegaban a posar sus ojos sobre ella...

En el asiento del pasajero, un cadáver observa obstinado la noche fría a través del parabrisas, es el deportista que la chica conoció en el gimnasio, en el retrovisor, una pequeña medalla con una carita sonriente oscila junto con el auto, es idéntica a la que se encuentra encajada en el sitio que ocupó uno de los ojos del muerto.

Durante tres meses lo tuvo cautivo, fue su admirador personal, el que le prodigaba toda la atención que necesitaba, pero al mismo tiempo, como ella siempre había sabido, era una amenaza que también requería atenciones, cuando el ciclo se completó y ya no le fue útil, Smiley (que era como todos la llamaban ahora) dispuso de Raúl Aguilera para poder obtener una nueva presa.

Lo único que no soportaba, y nunca soportaría, era la competencia.

El Trato

Durante toda mi existencia he hecho miles de tratos con miles de personas, he hecho de todo, les he dado poder, dinero, influencia, belleza y talento, y hasta el día de hoy, prácticamente todos han terminado deseando no haberse encontrado conmigo jamás. La mitología, las religiones, las tradiciones, las artes incluso, me han vituperado, difamado y condenado sin escuchar nunca mi versión; claro que siempre supe a lo que me atenía, desde el día en que la Diferencia surgió entre nosotros, me quedó claro el lugar que me tocaría desempeñar en esta historia, lo que no deja de extrañarme es la forma en que me han retratado, siendo que sólo hago aquello que me piden, y sólo pongo al alcance de todos ustedes lo que más desean, el hecho de que todos… bueno, casi todos, lo echen a perder justo como tú lo hiciste, no es culpa mía.
 
Por ponerte un ejemplo… en alguna ocasión hice un trato con un alma en pena, el pobre había alcanzado una posición de poder y respeto inimaginables en vida, llegó a un punto en el que era reconocido como un símbolo viviente de la paz y la conciliación, a pesar de que los radicales de su propia nación veían esta actitud con malos ojos, él tenía el poder y el valor suficientes para revertir estas actitudes, acorralarlas y limitarlas al grado de cambiar para siempre su país, y quizás, de rebote, la Historia… todo eso le fue arrebatado cobardemente por un imbécil que lo mató por la espalda, ante todo, lo que más deseaba era regresar para poder terminar lo que había empezado, para poder traer la paz que siempre anheló al mundo, por supuesto que pude cumplir su deseo, justo como cumplí los tuyos, y lo hice volver por una segunda oportunidad, me tomó algo de tiempo, pero pude hacerlo coincidir en el país que siempre amó, y de nuevo tuvo un ascenso espectacular hacia la cumbre.
 
En esta ocasión, claro, no pude colocarlo en la posición humilde en la que vivió la primera vez, así que vivió una existencia completamente diferente, en un medio en el que la escasez y la pobreza no eran problema, pero la manipulación paterna y la mala fama sí lo eran, a pesar de eso, ese tipo de almas están predestinadas, y tarde o temprano empiezan a retomar lo que dejaron pendiente, este fue uno de esos casos, luego de mostrar su heroísmo en la guerra, y de la mano de la enorme fortuna y el manipuleo político de su padre, nuestro amigo pudo volver a la posición que ocupara en su anterior existencia, desde ahí ahora sí podría cambiar a un mundo cada vez más polarizado, y lo que es peor, más militarizado.
 
Así que, de vuelta en el poder, envió mensajes de paz y conciliación a su país y al mundo, trató de otorgar derechos a los que más lo necesitaban, algo que había dejado pendiente hacía mucho, también promovió la paz entre fracciones, luego de casi afrontar la guerra, y trató de terminar con la tensión dentro y fuera de su nación, estaba en el camino a lo más alto… hasta que fue a esa gira.
 
Aún hoy puedo recordarlo, paseando en la limusina frente a la gente, saludando y recibiendo muestras de apoyo de aquellos que hacía poco lo detestaban, pasó frente a mí, y mientras lo veía alejarse tuve que cumplir mi palabra y ponerlo en la mira, el primer tiro lo fallé, me temblaba el pulso pero tenía que controlarlo, así que hice fuego de nuevo y esta vez logré herirlo, sin embargo, sabía que la herida no era fatal, por lo que tuve que disparar nuevamente, y esta vez hice volar su cabeza, justo como le pasó al pobre en su primera existencia… después de eso sólo me bastó dejar el rifle junto al pobre imbécil que dormía sentado junto a la ventana y salir de ahí para concluir mi misión.
 
¿Ah?, ¿Qué dices?... ¿Porqué lo hice?... porque cumplo los deseos de todos, y tú bien lo sabes… el problema fue que él sólo me pidió regresar, jamás me preguntó si podría regresar a concluir la obra pendiente… nunca me dejó decirle que sus sueños se habían hecho añicos cien años atrás, tampoco le pude decir que aquellos en los que siempre confió eran en realidad sus mayores opositores, o que fueron ellos los que desde la sombra orquestaron su caída, que la nación que siempre soñó nunca existió, y que tratar de pacificar a los amantes de la guerra es como llevarle vegetales a los caníbales; si me hubiera dejado decirle todo esto, podría haber aceptado su destino y descansar, pero nunca me dejó hacerlo.
 
También había una diferencia fundamental, él sabía lo que quería, pero no sabía lo que necesitaba para obtenerlo… Johnson, en cambio, sí sabía lo que quería y sabía perfectamente lo que necesitaba para obtenerlo.