domingo, 30 de junio de 2019

La Deuda



El evento cultural del año está por comenzar, Katrina Cassell, la cantante de ópera más famosa de México, dará un concierto para celebrar Nochebuena, la élite cultural espera, ansiosa, para escuchar la etérea voz de la intérprete.

Hasta hace poco nadie la conocía, la señorita Cassell saltó a la fama cuando alguien compartió un video de sus ensayos en Facebook, en cuestión de horas se volvió viral y Katrina salió del anonimato hacia los escenarios más importantes, su pasión por el canto la convirtió en estrella y su voz hacía que la gente peleara por el privilegio de escucharla cantar.

Si tan sólo supieran el costo de llegar hasta ahí.

El detective Daniel Montero lo sabía, investigó a Katrina por meses a petición de una amiga suya, que creía que la cantante era víctima de Martín Jordán, su representante; investigó a Katrina, a Jordán, e indagó entre sus conocidos, pero lo único que había logrado obtener del caso era la responsabilidad de salvarla del destino oscuro que la aguarda.

Oriente de la Ciudad, domingo por la noche.

Martín Jordán camina por el pasillo oscuro y solitario, que corre del jardín de la casa de Katrina hasta la calle, él nunca ha sido supersticioso ni creyente, de modo que caminar a oscuras en un espacio pequeño a las 3 de la madrugada no le preocupa.

Abre la puerta y el alumbrado público ilumina el quicio del zaguán, Martín mira hacia la calle, no ve más que perros dormidos y un gato negro merodeando un poste, enciende un cigarro y empieza a fumar recargado en el marco de la puerta.

Maldita consentida, si no fuera tan miedosa no tendría que estar aquí; la salva su talento para el canto, y la esperanza que tiene Jordán de cobrar algo como su supuesto representante.

Mientras observa al gato negro trepando al poste, Martín se da cuenta que alguien está detrás de él, cuando voltea queda paralizado por el miedo, de haber podido contarlo, habría hablado de la piel blanca, repleta de cicatrices y heridas; de los ojos sin vida; del aliento pestilente que salía de la boca sangrante que le sonreía; habría hablado de todo eso si su alma no hubiera abandonado su cuerpo y dejado espacio para el ente que se le había acercado aquel día.

La respuesta a todas las invocaciones y juegos que Katrina llevaba años jugando.


Las luces bajan de intensidad y el concierto comienza, las miradas de los asistentes están fijas en la estrella, que desciende de su cielo y asombra al mundo con su voz; el detective empieza a dudar, llega a creer que se equivocó y su investigación son sólo datos falsos y malas suposiciones; se convence que no hay nada malo con Katrina y que Jordán es sólo otro imbécil que busca su veinte por ciento.

Entonces percibe un movimiento en la parrilla sobre el escenario, alguien parece moverse al compás de la música que acompaña la voz de Cassell, no puede reconocerlo, pero está seguro que es Martín Jordán.

¿Qué diablos hace allá arriba?

El detective observa las luces, una cuelga sobre Katrina, si cayera sobre ella, la mataría sin problemas.

Restaurante Azul y Oro, Ciudad Universitaria, jueves por la tarde.

La siguiente entrevista de Montero era con Jessica Aldama, una amiga de Katrina cuya vida se había alejado de ella y de Jordán tiempo atrás, la chica se toma su tiempo para ordenar mientras Montero dispara la primera pregunta:

- ¿Por qué te alejaste de Katrina?
- Vaya, no pierde el tiempo, ¿verdad?
- En este negocio no puedo darme ese lujo.
- ¿Quién dice que lo mandó?
- Paola Nogal
- La última en dejar el barco, ¿verdad?
- Si consideramos a Katrina un barco del que hay que huir, sí.
- Pues con el tiempo ella se convirtió en el barco del que había que saltar.
- ¿La estás comparando con un naufragio?
- No, más bien con el Mary Celeste, el barco que apareció en alta mar sin ocupantes y sin señales de lucha; todos los que iban a bordo desaparecieron; siempre pensé que debieron ver algo que los hizo arrojarse al mar.
- ¿Hablas de fantasmas, tal vez?
- O algo peor, detective, algo que podría hacerle tomar la estúpida decisión de dejar un yate por una chalupa en medio del océano.
- ¿Estás diciendo que algo demoniaco acecha a Katrina?
- A ella, a sus actuaciones, a sus compañeros, a Jordán, a todo lo que tiene contacto con ella; algo peor que tirarse al mar sin esperanzas de sobrevivir.


Montero subió por una escalera y detrás de una puerta encontró a Jordán disfrutando de la etérea voz de Cassell, que produce un eco intenso en esta parte del foro, trata de acercarse sin alertarlo, el representante tiene una espada en las manos, lista para cortar las cuerdas que sostienen la luz que cuelga sobre Katrina, Montero no se preocupa, sólo necesita una oportunidad, sólo tiene que acercase un poco y…

En ese instante Jordán lo miró y se paralizó, nunca ha visto una mirada tan fría y tan falta de vida como esa, sus pupilas eran un abismo que se abría para tragarse al detective; entonces supo que lo que veía no era humano, no sabía si era algo diabólico, pero algo era seguro: no había vida dentro de esa mirada.

El representante no se inmutó, se limitó a murmurar, en ese instante Montero quedó inmóvil, no podría mover un músculo, no podía cambiar de posición, no podía siquiera desviar la mirada de lo que sea que estaba frente a él. Una voz, grave, oscura y sin entonación, lo sentenció:

- Eres justo la persona que estaba esperando, ahora tengo a quien culpar por lo que va a pasar.

Oriente de la ciudad, viernes por la noche.

Katrina termina la invocación, la vela sigue arrojando luz sobre los símbolos en el suelo, la mujer siente el aliento de una persona en su nuca, unas manos heladas la toman por los hombros, una voz grave, oscura y sin entonación resuena en la habitación:

- ¿Qué buscas? ¿Qué quieres? ¿Qué es lo que más deseas?
- Lo quiero todo, quiero fama, fortuna, que la gente me escuche, que mi voz los atraiga, que sea un arma para encontrarlos y atarlos para siempre.

Una sombra surgió frente a ella, un par de ojos negros, profundos y sin vida la miraron a través de la flama, Katrina sintió una presencia dentro de su mente, alguien que trataba de encontrar algo que no sabía que estaba ahí, empezó a sentirse mareada, estaba a punto de vomitar, la sensación dentro de su cabeza era insoportable, justo cuando sintió ganas de gritar, de liberarse de lo que fuera que estaba en su interior, la sensación se detuvo y la voz habló de nuevo:

- Que se cumpla tu deseo.


Mientras Jordán sigue disfrutando de la música, Montero empieza a mover el brazo, sólo tiene que ponerlo en el ángulo adecuado y podrá salvar a Katrina, al empezar la última melodía Jordán desenfunda la espada sin dejar de acompañar la música y se prepara para cortar de tajo la unión entre la lámpara y la parrilla.

El detective se concentra en vencer a la fuerza invisible con la que lucha, las dulces notas de la voz de Katrina llegan a sus oídos junto con el estruendo de la orquesta, Montero coloca la mira entre los ojos de Jordán, no necesita ver, siente que el arma está apuntando al lugar correcto.

Mientras Martín levanta la espada para terminar con la vida de Katrina, un disparo suena en las alturas, la gente en primera fila observa un destello y la espada queda clavada sobre el escenario, a menos de treinta centímetros de Katrina.

Dos policías suben corriendo y encuentran a Montero inclinándose sobre el cadáver de Jordán, una bala de calibre respetable le atravesó la cabeza limpiamente, lo que sea que estuviera dentro de su cuerpo se había ido.

O al menos eso pensaba el detective.

La orquesta siguió tocando, no paró ni cuando empezó a caer sangre en el escenario cerca del director, Katrina dejó de cantar y se acercó a donde la sangre de Jordán formaba un charco, el público se levantó de sus asientos para observar mejor y Montero se asomó para asegurarse que Katrina estuviera fuera de peligro.

Justo en ese instante, el director desenfunda un revólver y dispara sobre Katrina.

El director lleva el revólver a su sien y dispara la última bala, Montero supo después que su hija era la cantante estrella de Bellas Artes, Katrina la había relegado al segundo lugar, su ego no pudo soportarlo y se había quitado la vida antes del concierto, el director decidió vengarla al finalizar la presentación más importante en la fugaz vida de Katrina Cassell.

Esa es la versión que todo el mundo cuenta, la que los medios difundieron y la que dio la vuelta al mundo, Montero, sin embargo, podría jurar que tanto los ojos del director como los de su hija parecían vacíos, sin vida, pozos oscuros en los cuales cualquier alma quedaría perdida.

Se veían iguales a los ojos de Martín Jordán.

sábado, 25 de mayo de 2019

Un encuentro casual

Viernes, 06 de diciembre.

Sentado en la esquina más lúgubre de su despacho, el Fiscal acaba de dar el golpe que había estado evitando toda la semana, si por él fuera no cedería a los medios, pero la presión ya empezó a llegar de arriba, y a pesar de ser un profesional de la justicia, el Fiscal no deja de ser un político con experiencia.

- Tienes que afrontarlo, no estás ni cerca de resolver el caso, y sí de comprarnos una bronca.
- Señor, con todo respeto, no creo que esté evaluando bien la situación.
- La evalúo perfectamente, tu teoría no sirve, y tu conferencia de antier está provocando pánico.
- Creo que tenemos que advertir a la gente del peligro.
- ¿Cuál, el que corren al salir a la calle?, siguen teniendo la misma posibilidad de morir que antes.
- Usted sabe que eso es mentira.
- Puede que sí, pero la Presidencia no quiere que la gente entre en pánico tan cerca de las fiestas, y siendo sinceros, ¿cómo podemos advertir a la población si no sabemos el patrón de tu asesino?
- Yo creo que estamos cerca de identificarlo, Licenciado…
- También estudié criminología Díaz, tu supuesto asesino mata hombres y mujeres; mutila a unos y a otros los ejecuta con una bala; les quita una prenda o se lleva una parte del cuerpo; asesina en periodos de 15 o 9 días; tira los cuerpos en barrios bajos o los deja donde los mató; ¡ese modus operandi no tiene sentido!

El comandante Díaz no quiere reconocerlo, pero sabe que el Fiscal está en lo cierto, un asesino en serie puede ir variando un poco su rutina, acelerar o detener sus ciclos, cambiar alguna vez sus trofeos, pero no puede ir cambiando entre asesinatos ni retomar sus patrones cuando parece haberlos abandonado.

Domingo, 08 de diciembre.

KillerBee: ¿entonces?
RipperJack: tuve que escapar, salí volando antes de que el policía llegara.
KillerBee: ¿alguien te vio?
RipperJack: no, revisé la calle y no había nada.
KillerBee: menos mal.
RipperJack: apenas terminé, cinco minutos más y el puerco se habría sacado la lotería.
KillerBee: ¿grabaste todo?
RipperJack: ¡claro! ¿con quién crees que tratas, niña?
KillerBee: una nunca sabe, quizás se te olvidó lo más importante
RipperJack: ja, muy graciosa.
KillerBee: ¿cuándo voy a poder disfrutar de tu nueva obra?
RipperJack: pronto, niña, apenas estoy editando
KillerBee: no se te olviden los planos que te encargué
RipperJack: eres difícil de complacer, por eso me caes bien.
KillerBee: ¿qué tiene?, ¿no tengo derecho de ser exigente?
RipperJack: nadie dijo que no.
KillerBee: entonces no andes de quejumbroso y cúmpleme, ¿quieres?
RipperJack: a la orden, miss.
KillerBee: por cierto, ¿tienes algo planeado para estos días?
RipperJack: ¿acaso me vas a invitar a salir?
KillerBee: no mames, preguntaba si tienes trabajo pendiente
RipperJack: valía la pena intentarlo.
RipperJack: de momento nada, fuera de editar tu video y buscar locación para el mes que entra.
RipperJack: estoy libre.
KillerBee: ¿te gustaría hacerme un favor?
RipperJack: lo que gustes.
KillerBee: el mamón de Stan no quiso entrarle porque dice que está a mitad del ciclo y que si lo presiono arruino su creatividad.
RipperJack: típico de ese cabrón.
KillerBee: el caso es que tengo una locación, pero nadie que atienda el negocio, ¿le entras?
RipperJack: ¿de dónde la sacaste?
KillerBee: de mi trabajo, sin riesgo.
KillerBee: ¿entonces?
RipperJack: me aviento el negocio, mándame los datos.
KillerBee: Por eso te adoro, guapo, mañana te mando todo.

Jueves, 26 de diciembre.

El hombre disfruta de las luces de la ciudad desde la azotea de su edificio, su departamento es el único que ocupa el último piso, así que puede descansar en un cómodo sillón con una copa de vino, seguro de que nadie va a molestarlo.

Su celular vibra, sin soltar la copa el hombre sostiene el teléfono y mira el mensaje, envía su respuesta mientras sonríe, está a punto de convencer a su próxima víctima.

Desde que se unió al foro de KillerBee ha tenido la oportunidad de realizar todas sus fantasías, sin importar lo violentas que sean, y ahora recibe grandes cantidades de dinero por grabar y editar videos en los que muestra su agresiva creatividad, para el disfrute personal de los elegidos.

Para él todo el proceso es algo natural, orgánico, no puede imaginar su vida sin esos impulsos y menos pensar en resistirlos, lo han acompañado siempre, y a pesar de que por mucho tiempo se sintió fuera de lugar ahora ha aprendido a vivir con eso, es parte de él, y negarlo resulta estúpido desde donde lo mires.

Otro mensaje, RipperJack sonríe, la cita quedó lista para el día siguiente, y todo está preparado para cumplir con el encargo de su adorada KillerBee.

Sábado, 28 de diciembre.

En el Mirador ubicado al sur de la Ciudad de México hay dos autos estacionados, un Mercedes Benz 250 SE azul y un Chevrolet Camaro negro, ambos reciben los primeros rayos de la mañana rodeados de policías y decenas de curiosos, en el centro del círculo, los cadáveres de dos jóvenes, hombre y mujer, yacen hincados, uno recargado en el otro, desangrados en medio de la soledad y el frío de la madrugada que acaba de terminar.

Cuando el reloj marca las 8 de la mañana llega el investigador del caso, todos lo conocen, la mayoría lo respeta y más de uno le teme, nadie quiere meterse en su camino después de que el Fiscal lo relevó del caso más importante de la Ciudad.

El comandante Díaz se abre camino entre el personal que recolecta evidencia, se acerca a los cuerpos y encuentra al jefe de técnicos:

- ¿Qué tenemos, Martínez?
- Yo creo que un pacto suicida, comandante, estos dos se acuchillaron mutuamente.
- ¿Pelea de novios?
- No creo que sean tan cercanos, llegaron en autos separados.

Díaz echó una mirada al Mercedes y le preguntó a Martínez:

- ¿Ya revisaron los autos?
- Claro que no, estábamos más preocupados por asegurar la escena de los buitres.
- ¿O sea que no los has abierto?
- Lo siento comandante, por el momento estaba concentrado en otra tarea, ¿por qué es tan importante?

Díaz dirige su mirada al Camaro mientras se inclina al lado de los cadáveres y contesta:

- ¿Cómo estás seguro de que llegaron en autos separados si ni siquiera sabes si son suyos?

Martínez se dio cuenta que había dejado pasar un detalle importante mientras Díaz metía una mano enguantada dentro del bolsillo de la chica, del cual sacó un juego de llaves con un llavero de Mercedes, Martínez hizo lo mismo y sacó del abrigo del sujeto una llave electrónica con el logo de Chevrolet, apuntó hacia el Camaro y con un toque quitó la alarma.

- Pues a menos que esas llaves no abran el Mercedes, creo que si llegaron en autos separados.

Díaz se levanta sin dejar de ver la escena, hasta la posición de los cuerpos parece forzada, empieza a caminar hacia el Mercedes mientras le ordena a Martínez:

- Abre la cajuela del Camaro, quiero ver qué hay adentro.

Dos forenses toman fotografías de las placas de ambos autos, un toque de la llave electrónica y un giro de muñeca abren los seguros, Díaz y Martínez abren los maleteros al mismo tiempo.

Un par de gritos resuenan en la zona del Mirador, tres casos acaban de resolverse.

lunes, 31 de diciembre de 2018

El Aquelarre

1 de noviembre, al atardecer.

Un auto negro se estaciona afuera de un pequeño café en una colonia de moda de la Ciudad de México, un hombre baja del coche y entra al negocio.

- ¿Está aquí?
-  Si, en la terraza.

No requería esfuerzo saber por quién preguntaba, el lugar había abierto apenas y sólo había un cliente, un joven de unos 30 años que tomaba café helado mientras dejaba que el sol de otoño calentara los moretones que tenía en el rostro y que trataba de ocultar con unos anteojos oscuros, entró cojeando al café y hablaba con dificultad, era evidente que había sufrido una golpiza reciente.

El hombre sube a la terraza y observa a quien está buscando, ahí lo tiene, el joven en persona, descansando las heridas de batalla a la luz del atardecer.

Nadie lo habría creído si lo hubiera contado, pero aquél joven que descansaba en el sillón había logrado algo que nadie creía posible, había conseguido acabar con algo que les había tomado siglos enfrentar y que siempre los había derrotado.

Aquél joven, tan insignificante en el gran esquema del universo, había destruido al Consejo.

Parque Deportivo del Seguro Social, 1 de noviembre de 1985.

La Ciudad es un abanico de ruidos, tan variados y dispares que los oídos de sus habitantes ni siquiera lo notan; las bocinas, los motores, los gritos, las escuelas y las oficinas generan tanto ruido que los que entran a la urbe por cualquiera de sus accesos sólo pueden percibirlo como un rugido que satura los nervios, al cual no queda más que acostumbrarse, porque no puedes esperar que 8 millones y medio de personas guarden silencio para calmar tus nervios.

Excepto que esta noche si están guardando silencio.

Hace poco más de un mes el mundo como los habitantes de la Ciudad lo conocían se vino abajo, un terremoto borró de un plumazo lo que había tomado décadas levantar, las calles se saturaron, los servicios fallaron, el transporte quedó suspendido y miles de familias quedaron incompletas.

Los habitantes de la metrópoli guardan silencio mientras se recuperan y reúnen fuerzas para empezar de nuevo.

Sólo que para Angélica no existe ese nuevo comienzo.

La lucha que comenzaron ese año se había perdido, creyeron tener una posibilidad de pelear, pero la verdad es que su gran oportunidad terminó antes de comenzar, el terremoto les había quitado esa opción.

Raúl estaba cerca del Hotel Regis cuando colapsó, una de las vigas le cayó encima.

Renata vivía en la colonia Roma, estaba profundamente dormida cuando todo colapsó.

Carolina estaba en el Centro Médico, había terminado allí por tratar de conseguir la Llave.

Los encontró una semana después del terremoto, entre los cuerpos sin identificar dentro del Estadio del Seguro Social, los planes que tenían para el 31 se hicieron humo cuando los encargados le mostraron los cuerpos de sus amigos, la casualidad los había alineado uno junto al otro.

A estas alturas ella ya no creía en las casualidades, todo pasaba por una razón y todo tenía un motivo, la forma en que los encontró era la forma del Consejo de burlarse de los intentos del grupo por derrotarlas.

Angélica ya no quería seguir pensando en eso. Ya no quería pensar en nada. El silencio de la noche la confortaba, pero también la dejaba a merced de esa maldita sensación de derrota.

Ahora todo estaba por terminar.

Llegó a la esquina, al punto más bajo de la barda que rodea el estadio donde aparecieron sus compañeros de aventura luego del terremoto, era el lugar perfecto para el final.

Dejó su mente en blanco, y sin pensar en nada apuntó el revólver hacia su cabeza y disparó.

31 de octubre, al atardecer.

Los rayos del sol acarician la Torre de Humanidades en Ciudad Universitaria, la Maestra Vania Basurto termina de sermonear al último de los estudiantes que cometió el error de pedirle que revisara su tesis, su secretaria espera a que la especialista en química le autorice salir, lo cual hace al ver el reloj, son las 7 de la noche.

En cuanto se queda sola empieza a prepararse para el Ritual, tiene todo lo que necesita para llevarlo a cabo en la caja fuerte de su oficina, sabe que Mariana, Lola y Aidé estarán listas.

El Ritual, el cual llevan a cabo todos los años la noche del 31 de octubre, sirve para refrendar su poder, agradecer los bienes recibidos, ajustar cuentas con sus enemigos y dejar en claro a los que las sirven quién manda, es un ritual de ajuste y corrección, por así decirlo.

Sin embargo, pocos saben que en ese preciso momento las cuatro se encuentran en su punto más vulnerable, cualquiera que deseara deshacerse de ellas podría hacerlo si las alcanza a todas al mismo tiempo durante el Ritual.

Por eso jamás lo realizaban en el mismo lugar.

Vania no podía recordar cuándo fue la primera vez que lo hicieron, ni el momento en que el Grupo trató de detenerlas por primera vez, ya no podía ni siquiera recordar qué eran todos ellos cuando empezó la estúpida guerra, pero sabía muy bien una cosa: las cuatro tenían que completar el Ritual cada año o estarían en graves problemas.

El reloj marcó las 11 de la noche, tenían que empezar quince minutos antes de las 12 y concluir diez minutos después, tenía el tiempo justo de preparar todo.

Trazó los Símbolos en el suelo, sacó el Objeto de su escondite dentro del escritorio y se preparó para empezar.

Plaza de las Tres Culturas, 02 de octubre de 1968.

Los disparos habían cesado hacía horas, pero los gritos de los soldados y policías seguían, estaba escondida dentro de un departamento vacío, cada ruido y cada luz que pasaba frente a la ventana la aterraba, pero no podía hacer nada.

Raúl había tratado de convencerla, le había dicho que había que concentrarse en el Consejo, pero Renata nunca pudo resistirse a una buena revuelta, después de mucho esfuerzo convenció a Angélica y a Carolina de acompañarla al mitin para que vieran en persona cómo era el Movimiento.

Así fue como terminaron en la terraza del Edificio Chihuahua, en la Unidad Habitacional Tlatelolco, el día 02 de octubre de 1968.

Justo cuando el helicóptero estaba arrojando las bengalas, Angélica vio a Raúl en la Plaza, enfrente del Chihuahua, cuando los soldados de guante blanco comenzaron a disparar, Raúl fue uno de los primeros en recibir un disparo.

Carolina gritó, y trató de desarmar al soldado, otro tipo que también tenía un guante blanco le disparó a Carolina y de inmediato cayó al piso con una bala en la cabeza, el que había matado a Raúl trató de dispararles, pero un balazo se estrelló en el balcón a su lado, las esquirlas y los trozos de cemento le lastimaron los ojos, cayó al suelo sangrando y gritando.

Angélica y Renata aprovecharon la oportunidad y salieron corriendo.

La Unidad era como un laberinto, se perdieron al instante y se escondían de cada luz, cada ruido y cada relámpago, el miedo las invadió en segundos, todo lo que querían era salir de ahí.

Al dar la vuelta en una esquina Renata vio un departamento con las ventanas tapiadas, trató de tomar el brazo de Angélica pero se dio cuenta que ya no estaba a su lado, corrió hacia la otra esquina del edificio sólo para escuchar un grito, un disparo y ver los anteojos de su amiga caer en un charco.

Sintió pánico, quiso gritar pero no pudo, huyó despavorida hacia el departamento.

Mientras repasaba lo sucedido, se dio cuenta que el Consejo los había derrotado otra vez.

En ese momento un soldado pateó la puerta, Renata estaba enfrente, encaró al hombre de verde que acaba de entrar, y le sostuvo la mirada mientras una luz la deslumbraba y el cañón de un rifle apuntaba a su cabeza.

Otro disparo retumbó en la noche de Tlatelolco.

31 de octubre, al atardecer.

El sol de octubre calienta los vidrios de la mansión, Mariana Valenzuela deja que el personal del servicio salga temprano, pone de pretexto su deseo de dejarlos disfrutar de la caminata de Halloween con sus hijos, pero la verdad es que necesita estar sola.

La mimada actriz, consentida de los medios, los reporteros y las televisoras del país gracias a su increíble apariencia juvenil (a pesar de su edad), prepara todo lo que va a necesitar para el Ritual, la casa está cerrada a cal y canto, las bandejas con dulces para entretener a los mocosos que sus vecinos dejan libres esa noche están listas y fuera de su casa, hace un par de años dos adolescentes entraron mientras realizaban el Ritual y hubo necesidad de desembolsar una buena cantidad para que se callaran, no volvería a cometer ese error.

Cuando está segura que tiene lo que necesita, se concentra en su rutina nocturna, mañana tiene una audición para un papel importante en una película, y los bálsamos que las cuatro fabrican han hecho maravillas por su apariencia, alejando el desgaste que los años y sus excesos deberían reflejar.

Al igual que Vania, ella tampoco recuerda cuándo empezó todo, ha tenido tantos triunfos que ya perdió la cuenta, ha hecho tantas cosas y ha estado en tantos lugares que ya ninguno la asombra, tiene vagos recuerdos de haber estado en sitios y en tiempos en los que no debería haber estado, sabe, sin embargo, que esos recuerdos son ciertos, tanto como sabe que su estatus y su carrera dependen de lo que va a realizar esa noche.

El reloj marca las 11:40 de la noche, los Símbolos están trazados en la estancia, los Materiales salieron de su escondite sobre la chimenea y se encuentran al centro, Vania debe tener listo el Objeto, y todo está listo para empezar.

Zócalo de la Ciudad de México, 13 de febrero de 1913.

Las tropas tenían ocupada la Ciudadela y la zona aledaña al Zócalo, Raúl no sabía donde habían quedado Renata, Carolina y Angélica, antes de que llegaran las tropas de Mondragón logró entrar al Palacio, sacó la Llave de su escondite dentro de su despacho y tomó algo de dinero, su plan era abandonar la Ciudad con las muchachas y viajar al norte, a las zonas controladas por los leales al General Villa.

Su plan se fue al traste cuando Bernardo Reyes y Lauro Villar se trabaron en una balacera afuera del Palacio, Reyes murió acribillado y Villar acabó herido, los rebeldes cercaron el Centro y los militares no lo dejaron salir.

Pasó los días siguientes sin tener noticias de las demás, sin embargo, el día anterior uno de los mensajeros que se jugaba la vida transmitiendo el parte de los enfrentamientos en la Ciudad le habló de la masacre de civiles en la Ciudadela, todo parecía indicar que los rebeldes habían ocupado la casa de uno de sus amigos, a donde había enviado a las demás para tratar de huir hacia Buenavista, según le contó el cadete, las tropas de Félix Díaz habían asesinado a todos los ocupantes de la casa.

El plan había fracasado de nuevo.

Después de oír la noticia, y sin posibilidades de escapar de Palacio Nacional, Raúl vagó por su interior, hasta tomar un descanso frente a la Puerta Mariana en el momento justo que una bala de cañón la voló en pedazos.

Cinco días más tarde, cuando los rebeldes arrestaron a Madero y a Pino Suárez, un soldado de nombre Arturo Márquez recorrió todo el Palacio buscando algo, según sus compañeros parecía poseído, no dejó de buscar ni cuando sus superiores les informaron de la renuncia de Madero y del inminente ascenso al poder de Victoriano Huerta, momento en que la tropa se puso a celebrar, dos compañeros de su batallón lo vieron escombrando los restos de la Puerta Mariana, como si tratara de sacar algo debajo de aquél desmadre.

A la mañana siguiente, luego del circo que montó Huerta para justificar su ascenso al poder, la guardia que cuidaba el Palacio Nacional encontró un cadáver adicional en la esquina sur del Palacio, era el soldado Márquez.

El médico de la tropa lo examinó, y no encontró mejor opción que declarar que había muerto por un infarto, para evitar complicaciones, no hizo mención en su informe ni en el parte que dio a la comandancia de la expresión de pánico y terror que Márquez tenía en el rostro al momento de su muerte.

31 de octubre, al atardecer.

Para un observador obsesivo, el sol que se ponía sobre la Fuente de Petróleos parecía ir al ritmo del par de tacones altos que hacían sonar la acera que rodea Reforma con un ritmo peculiar, destinado a atraer la atención de los hombres que se cruzaran en su camino, eso normalmente la hace sentir especial, deseada, atractiva, pero hoy no está para juegos, tiene que llegar a tiempo a casa para poder completar el Ritual.

Una hora después, luego de atravesar la peligrosa avenida que divide la manzana en la que se encuentra su casa y la zona de la entrada a la estación del metro, Lola Cázares se cambia de ropa, deja de lado el maquillaje espectacular, el vestido entallado, las medias de nylon que acentúan sus hermosas piernas, la ropa interior que resalta su voluptuoso cuerpo, regresa a su forma más sencilla, pero igual de espectacular para sus admiradores.

Encerrada en su recámara, repasa de nuevo todo el Ritual: tiene todo lo que necesita, ya pintó los Símbolos y tiene la Llave, estuvo preocupada durante un par de semanas luego de que un par de imbéciles la asaltaron, desde la vez en que perdió la Llave, hacía tantos años, Aidé y las demás habían decidido que la llevara consigo en todo momento, esa era una de las razones por las que necesitaba tener seguidores que la cuidaran y la defendieran en caso necesario.

El reloj marcó las 11:40 de la noche, colocó la Llave en el centro de su habitación, el Objeto y los Materiales debían estar listos; se preparó para comenzar.

No sabía que le quedaba menos de media hora de vida.

Plaza de Santo Domingo, Ciudad de México, 11 de abril de 1649.

La macabra calesa verde de los frailes dominicos, que siembra el terror y el miedo en las buenas conciencias de la Ciudad, está al lado de la entrada del Tribunal del Santo Oficio, hoy la calesa va a descansar de su terrorífica misión, porque el miedo a Dios va a entrar en las almas de los habitantes de la capital de la Nueva España de una forma diferente.

Apenas amanece, la procesión sale de los calabozos llevando a los 13 detenidos que serían relajados y entregados a la misericordia del Señor esa tarde, entre ellos, 3 mujeres y un hombre que llevaban meses esperando su sentencia en las mazmorras, las crónicas oficiales no los toman en cuenta porque fueron cambiadas por influencia de algunos funcionarios del gobierno colonial, la Historia los recogió bajo los mismos cargos que al resto, pero esos 4 fueron capturados por practicar brujería.

Los alguaciles del Santo Oficio los habían detenido cerca de las ruinas prehispánicas en Tlatelolco, habían colectado 4 objetos que según ellos tenían propiedades mágicas y que pretendían destruir para terminar con un Consejo de brujas que celebraba aquelarres en la capital, esto habría bastado para desatar una cacería por toda la Ciudad, pero cuando les arrancaron los nombres de las brujas que formaban el supuesto Consejo, su destino quedó sellado.

Mientras el sol se oculta en la milenaria Ciudad de México, las llamas y las cenizas al rojo vivo iluminan la Plaza del Volador con un tono apagado, los cuerpos calcinados todavía humean y cubren todo el Centro con un olor nauseabundo, en una de las tantas mansiones de la zona, las esposas de 4 importantes funcionarios de la Colonia se reúnen para repartirse el Objeto, los Materiales, la Llave y el Ídolo, y acuerdan celebrar una nueva ceremonia de compromiso el 31 de octubre, tradición que mantendrían durante muchos siglos.


Rodeada por algunos de sus más fieles sirvientes, Aidé Solá se prepara para iniciar el Ritual, trazó los Símbolos igual que sus compañeras y tiene todo lo que hace falta para empezar, las palabras están listas, el Objeto, los Materiales y la Llave están en sus sitios, el Ídolo salió de la caja de seguridad del banco en el que reposa todo el año, esperando esta fecha para salir a cumplir su función.

La intervención de Aidé es la más corta de todas, siendo la jefa del Consejo, su único encargo es pronunciar las palabras finales, así que puede darse el lujo de ser más reflexiva que el resto de sus colegas.

Todos los años dedica los primeros quince minutos del Ritual a resumir en su mente todos los sucedidos del año, todos los bienes y favores recibidos y todos los favores y bienes que se entregaron; quienes están aún en deuda con el Consejo, los que la saldaron, los que apenas empezaron a pagarla; quienes entraron en la lista de enemigos y quienes en la de fieles servidores; los que sirven al Consejo por temor y los que lo sirven por convicción.

Con todo eso en mente, pronuncia las palabras que le tocan y el Ritual termina, el destino de todos los que están en el lado incorrecto de la lista queda sellado, y el de todos los que están del lado correcto de la lista queda atado irreversiblemente al de las cuatro grandes brujas de la Ciudad.

Ella, a diferencia de sus colegas, sí puede recordar cómo empezó todo, recuerda muy bien quién era y la posición que ocupaba cuando el Grupo trató de detenerlas la primera vez; ella puede recordar cómo se las arreglaron para detenerlos y destruirlos una y otra vez, en su mente giran todas las iteraciones por las que han pasado las cuatro brujas y las cuatro almas miserables que año con año tratan de detenerlas y fallan miserablemente.

Sólo que este año es diferente.

Mientras está encerrada en sus reflexiones, desconectada del mundo que la rodea, Aidé no se percata del ruido y del alboroto a su alrededor, reservó este pequeño fragmento del bosque desde hace meses como cada año, para que la naturaleza y la reserva natural del bosque la protejan y la ayuden a concluir lo que debe hacerse, sin embargo, esta vez esos mismos elementos la aíslan e impiden que se de cuenta de que algo salió mal hasta que es demasiado tarde.

Su periodo de reflexión termina, Aidé se levanta y toma el centro del círculo que forman los Símbolos, se coloca frente al Ídolo y alza los brazos hacia la luna llena y el aire helado de la medianoche de octubre:

- ¡Lara, Lara, la Diabla nunca santa, tráelos a todos al vuelo! ¡Nayla, Nayla, llévate lejos a todos los del entorno!

Justo al terminar la introducción de su invocación, Aidé vio una sombra agitarse frente al fuego que había surgido, como todos los años, alrededor de los Símbolos, esa presencia la distrajo, e hizo que olvidara la siguiente parte de la oración.

Fue en ese instante, el más vulnerable de su vida, mientras se esforzaba por recordar lo que había sido olvidado, que pudo ver a quién pertenecía la sombra: era Gonzalo, el novio de una de las chicas a las que el Consejo había tenido que retirar de la existencia.

Jamás había sentido un miedo tan grande como aquél, observó impávida mientras Gonzalo cruzaba el círculo de fuego como si no existiera, y no pudo hacer nada para evitar que llegara hasta ella y clavara un objeto en su costado.

- ¡Esto va por ella, maldita!

Aidé se dio cuenta que Gonzalo acababa de apuñalarla utilizando la Llave, en ese momento entendió porqué uno de los asaltantes que atacó a Lola un mes antes pasó sus manos por todo el cuerpo de la mujer, trataba de distraerla mientras el otro hacía la sustitución, si la Llave real estaba encajada entre sus costillas y acababa de perforar su pulmón, el Ritual había fallado desde el principio, y todo lo que estaba pasando sólo era consecuencia del error.

Mientras la sangre abandona su cuerpo por el camino abierto entre sus costillas, Aidé sabe que su larga existencia y toda su vida se vacían por la misma vía, su respiración empieza a detenerse, Gonzalo gira la Llave y abre aún más la herida.

- ¡También por mí!

Todo se concentra en un solo punto, la profunda herida que la Llave hizo en su costado, no puede respirar y su corazón late cada vez más lento, no pierde la consciencia sino hasta el instante final, en el que es plenamente consciente de lo que costó fallar, y de todas las vidas que ella y las demás habían alterado, consumido y destrozado para llegar hasta donde estaban, pudo ver como todo su imperio se reducía a cenizas.

También pudo sentir como una fuerza oscura destrozaba a sus compañeras.