lunes, 14 de mayo de 2012

La esencia de la Vida

El hombre está sentado con los hombros caídos, la mirada perdida, fija en el suelo de la camioneta, perdida entre los eslabones de las esposas que sujetan sus tobillos, frente a él, dos policías encapuchados y fuertemente armados, vigilan cada uno de sus movimientos, el capitán les dio órdenes específicas de evitar, a toda costa, que el sujeto cometa alguna locura, el Gobernador está empeñado en hacer un ejemplo de ese psicópata…


La marcha de la camioneta se detiene, el preso se lleva las manos a la boca, los policías no saben si reprimiendo un sollozo o un bostezo, uno de ellos le dice:


- Llegó la hora, Maximiliano…
- Lo sé…


El reo, que lleva el uniforme rojo de los delincuentes más peligrosos, aquellos cuyos crímenes han conmocionado al país, se pasa las manos por el cabello, dejando al descubierto un rostro afilado, una nariz recta aguileña, los ojos pequeños y huidizos, como de ratón, los labios delgados, que sonríen con ironía cuando la puerta trasera de la camioneta se abre y aparece ante los ocupantes otro par de policías, detrás de ellos, difíciles de distinguir individualmente entre la multitud, los reporteros de todos los medios de la nación aguardan para tener la mejor imagen del preso.


- Baje, señor Del Valle, si es tan amable…


El detenido sufre un poco para levantarse, las esposas que retienen sus manos y pies le impiden soportar el peso del chaleco antibalas que lo protege, el reo y los policías descienden del vehículo, Maximiliano da un vistazo alrededor, sabe que nadie tratará de atacarlo a menos que quisiera jugarle una mala pasada al Gobernador del Distrito Central, que ha puesto especial atención en el caso debido a que se acercan las elecciones…


El preso más famoso del país camina por un pasillo largo, rodeado de policías, parece extraña tanta seguridad para un solo hombre, semejantes despliegues de fuerza son muy poco comunes para los habitantes de la metrópolis más grande del mundo, de entre los cuales sólo los más viejos recuerdan los tumultuosos años de principios de siglo, cuando los operativos de ese tamaño eran comunes, a pesar de todo, la cantidad de policías era extraña como extraño era el delito cometido por el sujeto que custodiaban…


La sala del tribunal está repleta, los pocos periodistas a los que les ha sido concedido el acceso están en la pared posterior, de entre ellos, los más astutos se han colocado cerca de las ventanas, para poder anunciar el resultado antes que nadie, las cámaras que registran todos los juicios escudriñan a los presentes, especialmente a los padres y parientes de las víctimas, la policía y el Gobierno del Distrito Central no quieren que nadie ejecute al reo antes que ellos lo hagan, los miembros del jurado, tensos, aguardan la entrada del preso, ya no ocupan su lugar a la derecha del estrado, como hasta hace poco, ya que el resultado, esperado y conocido por todos desde que el extraño suceso se hiciera público, se dio el día anterior, esta audiencia, multitudinaria y sobreexpuesta, está dedicada exclusivamente a que el reo conozca la justicia del Juez Peralta…


El Juez aguarda impaciente en su despacho a que su ayudante le indique que el preso está en su lugar, el fiscal y sus ayudantes, dos brillantes defensores de los intereses del pueblo, ocupan ya sus asientos, les ha tomado menos de cuatro semanas convencer al jurado de la total responsabilidad de Maximiliano en los homicidios, el Doctor Salinas, Fiscal General del Distrito Central, sabe que el Juez le impondrá a Del Valle la pena máxima, ayer mismo su jefe, el Gobernador, le ha dado la noticia…


El defensor, el hombre más solo en el Distrito Central, espera que su defendido llegue, Maximiliano no hizo el menor esfuerzo por evadir lo que está a punto de venírsele encima, y el Licenciado Calles no ha podido evitar que los jurados ignoraran por completo sus argumentos, cuando el Doctor Salinas mostró las evidencias, las fotos de los cuerpos, el método frío de Maximiliano, todo estuvo perdido, y el juicio se convirtió en mero trámite…


La puerta se abre en ese instante, y un murmullo de asombro y desaprobación inunda la sala, el Juez Peralta sabe, incluso antes de que su ayudante haga la seña convenida, que Maximiliano ha llegado, se oyen gritos e improperios, gente que amenaza, mujeres que maldicen, Peralta puede adivinar los puños al aire, los rostros encendidos por la rabia, las madres llorosas que maldicen el alma de Maximiliano y le niegan el descanso, los policías hacen lo que pueden para calmar a la multitud que llena la sala, y depositan a Maximiliano en su lugar habitual, junto al Licenciado Calles, que ni siquiera mira al reo, sabe que él no le dirá nada ni le hará el menor comentario…


- Señores, este Juzgado entra en funciones, preside su Señoría, el Juez Baltasar Peralta…


Todos los presentes, excepto el acusado, se ponen de pie para recibir a la justicia, Peralta hace seña de que todos tomen asiento y la multitud lo obedece, él toma su lugar, ajusta sus anteojos y mira la resma de papeles que constituyen el expediente del caso, Peralta sabe qué tiene que hacer, el Gobernador lo ha instruido claramente, sin embargo, él quiere dejar en claro sus razones para coincidir con el titular del ejecutivo del Distrito Central…


- Señor Maximiliano Del Valle Montealegre…


Al escuchar su nombre, Maximiliano se pone de pie, en un esfuerzo que, al menos para Calles, parece heroico…


- Aquí estoy, su Señoría.
- Señor Del Valle, usted ha sido acusado por la Fiscalía del Distrito Central del asesinato de diecinueve mujeres, a las cuales dio muerte a través de este extraño método que usted ha creado, además, se le acusa del brutal homicidio de los agentes Víctor Valencia y Yoko Vera, a los cuales asesinó cuando trataron de arrestarlo, ¿es correcto?
- Así es, su Señoría.
- Asimismo, el Fiscal nos ha mostrado todas las evidencias que la policía pudo recopilar, que indican que usted efectivamente es responsable de esas veintiún muertes, además, nos han probado que usted no tenía ninguna razón para cometer tales homicidios, ¿es cierto?
- Así es, su Señoría.
- También, su defensor, el Licenciado Calles, jugándose lo que bien puede definirse de manera coloquial como su última carta, ha tratado de convencernos de que usted sufría de alucinaciones severas, derivadas de sus profundos conocimientos en medicina, robótica, y el reciente estudio, extensísimo y muy apreciado por sus colegas, que ha hecho sobre la Singularidad Clark, sin embargo, usted, al subir al estrado, ha negado todo lo que los pocos testigos que el señor Calles ha podido conseguir han afirmado, asimismo, ha reconocido su culpabilidad y ha aceptado que no existe ninguna justificación para lo que ha hecho, también nos ha dejado claro, cuando humilló a su propio abogado defensor frente a todos nosotros, que usted no padece ninguna enfermedad mental… ¿estoy en lo correcto?
- Totalmente, su Señoría.


Peralta respiró profundamente, había resumido todo lo ocurrido en el juicio para dejar claro en la memoria de todos las razones y motivos que estaban llevando a los presentes a esa situación, quería incluso minimizar los daños que ese juicio pudiera provocar en la reputación del joven Calles, un excelente abogado…


- Señor Del Valle, me temo que usted no nos ha dejado mayores alterativas, sus conciudadanos del jurado lo han encontrado culpable de veintiún asesinatos con todas las agravantes y, gracias a su discurso final, sin ninguna atenuante, ahora me corresponde a mí, Agustín Peralta, dictar la sentencia conforme a la Ley, ¿entiende lo que le digo?
- Perfectamente, su Señoría, e incluso, si me permite agregar, estoy de acuerdo con todas las tesis planteadas, así como con el análisis que ha hecho del proceso que ha llevado a cabo…
- Muy bien, señor Del Valle, debo decirle, a título personal, que su frialdad y crueldad me dejan asqueado, así como su aparente desprecio hacia la vida humana, y su total falta de respeto por la memoria de sus víctimas, una vez dicho eso, debo dar a conocer la sentencia…


La sala aguarda expectante, el homicida más brutal que ha conocido la capital en lo que va del siglo está a punto de ser condenado, Peralta se cala de nuevo los lentes y extiende frente a sí un papel, sin mayor preámbulo, dice:


- Maximiliano Del Valle Montealegre, un jurado de conciudadanos lo encontró culpable de veintiún homicidios con todas las agravantes, por lo que, de acuerdo a lo que disponen el Código Penal del Distrito Central y las Leyes de la República Mexicana, lo condeno a la pena de muerte por ahorcamiento...


De inmediato Peralta siente la opresión y asombro que llenan la habitación, ni él ni el Gobernador previeron que el resucitar un método de ejecución tan antiguo y pedestre fuera a provocar ese asombro, a raíz del cual el silencio se adueñó del lugar…


Maximiliano, que se imaginaba que algo así podría pasar, sonríe mientras su lengua realiza movimientos que los testigos describirán como extraños, en medio del silencio de la sala, cierra las mandíbulas y todos los presentes escuchan claramente el sonido de algo que se rompe, todos lo miran impávidos, nadie tiene idea de qué puede haber causado ese sonido en la boca de Maximiliano, porque en esos momentos el estupor no les permite conectarlo con lo que aprendieron en sus clases de Historia, el reo sigue manteniendo la sonrisa mientras empieza a recordar todo por lo que ha pasado…


Muchos años antes de esto, Maximiliano Del Valle era un respetable programador y diseñador de androides, había trabajado durante años en la Corporación Matriz y luego en una de sus Divisiones, la infame Joy Division, él fue uno de los diseñadores que fueron sobornados por Jeremy Cromwell para ocultar todo lo relativo a la Singularidad Clark, el defecto de programación que había creado la Inteligencia Artificial hacía más de 10 años, el entonces joven programador se había retirado del trabajo arduo y se dedicaba a la docencia y la investigación, luego de que la investigación sobre la Joy Division concluyó con su completa exoneración, pudo utilizar el dinero de Cromwell para comprarse una casa, luego de mudarse, Maximiliano se pasaba los días paseando y recorriendo el sur del Distrito Central, esa zona agreste y protegida donde la naturaleza vive en paz con los humanos, y donde se conserva todo lo verde y hermoso que hay en la capital.


Fue durante uno de sus paseos habituales, al pasar cerca de una tienda de comestibles, que Maximiliano se topó (literalmente) con Laura Vidal, una chica alta, de cabello largo y lacio, castaño, enormes ojos azules y una hermosa nariz, ni grande ni pequeña, que hubiera sido la envidia de cualquier emperador romano, los labios, sensuales y delgados, enternecían a quien los miraba de cerca, justo como le pasó a Maximiliano al salir de la tienda…


- ¡Oiga!, ¡Tenga cuidado!, ¿qué no ve por donde va?
- Mil disculpas, señorita, no la vi pasar…
- Es un poco complicado no ver a alguien que está frente a sus ojos, ¿no le parece?


La expresión de molestia que Laura tenía en el rostro fascinó de inmediato a Maximiliano, porque su voz y sus palabras podrían hacer pensar a cualquiera que estaba enojada, pero la mirada de la chica parecía decir otra cosa…


- Me siento muy apenado, quisiera compensarla, señorita…
- Vidal, Laura Vidal, ¿Y usted es?
- Maximiliano Del Valle, para servirle…
- Bueno, encantada de conocerlo, ¿me decía algo acerca de una compensación?
- ¡Ah!, si, como le decía, ¿me permitiría quizás invitarla a tomar una copa?
- No suelo beber…
- ¿Una cena?
- ¿No le parece apresurado…?
- ¿Un café?


Maximiliano sonrió, Laura le correspondió y asintió ligeramente, luciendo todo ese encanto que la hacía tan especial, se pasaron la tarde entera conversando en un café cercano, y con el paso de las semanas la relación se fue volviendo cada vez más íntima, primero fueron novios, después, pasados un par de años, se comprometieron, pero fue en ese momento que algunos aspectos poco claros de la vida de Laura quedaron más que aclarados…


La chica, que era la mujer con la que Maximiliano siempre soñó, tenía defectos como todos los seres humanos, algunos de ellos, pensaba, habían quedado atrás hacía mucho y por lo mismo prefirió ocultárselos a su chico, lo que ella no sabía era que las consecuencias de su superada vida, que ella creía haber podido evitar, estaban por alcanzarla justo en la época más feliz de todas.


Nadia Torres, la Líder de La Organización, que es como se ha llamado el sindicato del crimen del Distrito Central desde que el mundo tiene memoria, había buscado a Lorena Valdés durante más de diez años, la chica, experta apostadora y una de las estafadoras más buscadas de México, había desfalcado a varios de sus centros ilegales de apuestas, llevándose más de cinco millones en efectivo, entre apuestas arregladas, fraudes en ruleta, conteo de cartas y varios engaños más; la temible Viuda Negra, como también la conocían, juró buscar a Lorena hasta encontrarla.


Quiso el destino que la hallaran cuando ya empezaba a perder las esperanzas de encontrarla, justo cuando ella se encontraba atareada preparando su boda con Maximiliano y andaba con la guardia baja, Nadia, que había guardado el rencor durante largos años, no quiso hacer esperar al destino y ordenó que su venganza se ejecutara de inmediato.


Una noche como todas, Maximiliano regresaba de dar una clase magistral sobre programación en una universidad, al llegar no le preocupó no encontrar a Laura, imaginó que tal vez habría ido con alguna de sus amigas a tomar un café o estaría ocupada con los preparativos de la fiesta, fue hasta que escuchó la alarma de la contestadora que empezó a preocuparse un poco, escuchó el mensaje sentado en la sala, con el portafolio todavía en la mano y sin siquiera haberse quitado el saco, luego de que el mensaje terminó, la vida del programador había cambiado para siempre…


El chico, todavía en shock por el dolor, siguió las traumáticas rutas burocráticas para identificar a Laura, fue en la morgue donde se enteró del verdadero nombre de la chica de sus sueños, de las razones detrás de su asesinato y los detalles del mismo, después, con dignidad notable, preparó el funeral del amor de su vida, recibió el cuerpo y dispuso todo para la ceremonia luctuosa, luego de lo cual fue a descansar un poco a casa.


La noche fue aterradora para Maximiliano, ya que el dolor y la tristeza no lo dejaban ni pensar, cuando al fin podía dormir, las pesadillas lo despertaban, en ellas se mezclaba de forma aterradora el contenido de sus revolucionarias teorías, que sostenían que la programación de androides era semejante a la de la mente humana, y de la misma forma que se podía salvar el chip principal de un androide e instalarlo en otro cuerpo, de igual forma algún día sería posible extraer del cerebro humano la información principal para instalarla en un chip y de ahí en un androide, que conservaría la esencia, el alma si se quiere, de la persona.


Claro que estas teorías eran rebatidas por muchos, ya que consideraban que el avance tecnológico aún no permitía siquiera experimentar con esas quimeras, sin embargo, la Corporación Matriz, a través de la Medical Division, había logrado transferir algunos recuerdos de cerebros vivos a computadoras, Maximiliano sostenía que con la suficiente investigación sus teorías podrían probarse…


La noche siguió cayendo sobre el Distrito Central, mientras estas revolucionarias ideas cruzaban a toda velocidad por la mente del joven programador, al mismo tiempo que las imágenes, construidas por su imaginación debido a los excesivos detalles que le dieron sobre la ejecución de Laura, se mezclaban, chocaban unas con otras, se estrellaban, corrían, tropezaban y echaban a correr de nuevo, toda la tensión acumulada debido a la muerte del amor de su vida y el trabajo de su vida se almacenaban dentro de su cabeza, hasta que de pronto, sin que el chico pudiera evitarlo, algo dentro de su cerebro tronó


Al día siguiente los empleados de la funeraria se deshacían en excusas ante el programador, trataban de evitar que éste viera el cuerpo de Laura, la que casi había sido su esposa, para ahorrarle el shock adicional de ver como algún enfermo había entrado a la funeraria y extraído el cerebro del cadáver de la chica, pero Maximiliano sabía muy bien que el brutal acto no había sido perpetrado por ningún loco, sino por alguien que amaba a Laura tanto, que no estaba dispuesto a dejarla ir tan fácil… él mismo.


Los años que siguieron, Maximiliano dedicó cantidades estratosféricas de dinero a su investigación, había logrado, mediante un complicadísimo procedimiento, mantener con vida el cerebro de Laura, lo había examinado antes de empezar, para revisar que no tuviera ninguna lesión, y comprobó que ni siquiera la descomposición había hecho estragos en el delicadísimo tejido cerebral de la chica, luego reprodujo los experimentos de la Medical Division y consiguió algunas respuestas (en forma de señales eléctricas) del órgano…


Alentado por este éxito, Maximiliano fue tratando de despertar los impulsos del cerebro, logró éxitos parciales sin nada concluyente, entonces empezó a pensar en alguna forma para poder estimular el órgano y así poder transferir su esencia programática a la computadora para de ahí transferirlo a un androide que incluso ya tenía listo en su improvisado laboratorio.


Quizás nada hubiera pasado, Maximiliano habría aceptado su derrota y habría dejado ir a Laura al comprobar su fracaso, de no ser por un pequeño accidente que ocurrió un par de semanas después…


El joven programador reflexionaba acerca de las posibles causas que impedían que el cerebro de Laura funcionara plenamente, analizaba en ese momento el órgano, tratando de encontrar fallas en el tejido, sin percatarse que una diminuta porción del guante quirúrgico que cubría su mano derecha se había rasgado a la altura de su dedo meñique, justo cuando ajustaba un electrodo colocado en el hemisferio derecho del órgano, su piel hizo contacto directo, durante un breve segundo, con el cerebro palpitante de su amada…


Después de eso Maximiliano no recordaba prácticamente nada, había escuchado una estática muy fuerte, como si alguien hubiera conectado un generador eléctrico, sintió un debilitamiento agresivamente rápido y cayó al suelo, justo antes de desmayarse, observó los monitores repletos de señales.


Al despertar, se percató que seguía en el laboratorio, junto a él se apilaban las mediciones de los monitores de la actividad del cerebro de Laura, en ese momento se dio cuenta que en una parte de la gráfica las agujas habían saltado de lado a lado, con sólo echar un vistazo a su reloj, supo que llevaba al menos dos horas inconsciente y que la medición que tenía frente a sus ojos era de la hora en que había caído desmayado, se levantó y constató que su guante derecho estaba rasgado, se dio cuenta en ese momento que la actividad registrada por el cerebro de Laura había sido provocada por el simple acto de tocar directamente el órgano.


Asombrado por su descubrimiento, Maximiliano hizo otra prueba ese mismo día, teóricamente, pensó, el órgano absorbía o utilizaba energía de otro cuerpo vivo para funcionar, la reacción, sin embargo, había sido demasiado pequeña para arrojar los resultados deseados, además, el programador se dio cuenta que el gasto de energía necesario para hacer funcionar el órgano era demasiado grande para que él pudiera proporcionárselo sin sufrir afectaciones a largo plazo.


Durante semanas, el científico no supo como proseguir con su tarea, el cerebro de Laura requería una enorme cantidad de energía para funcionar, energía que tenía que provenir de otro ser vivo, y que no podía ser proporcionada por él sin sufrir daños de algún tipo, ¿cómo proporcionarle la energía que necesitaba y de la que carecía al no tener cuerpo? ¿Cómo resolver ese inconveniente si las fuentes artificiales de energía no provocaban el mismo efecto?


Maximiliano creía estar llegando al final del túnel, creía insoluble el problema, y estaba por desechar todo el proyecto y dejar partir por fin a Laura, hasta que una noche la luz se hizo en su cabeza y pensó: ¿qué pasaría si la energía necesaria fuera proporcionada por otro cuerpo vivo… que no fuera el suyo?


Un par de semanas después, los periódicos de la ciudad daban cuenta, en todos los tonos imaginables, de un hecho que tenía asombrada a la policía y a los delincuentes de todo el Distrito Central, esa mañana, en un terreno baldío cerca del borde de la ciudad, había aparecido el cadáver de Nadia Torres, habían corrido rumores el día anterior de su desaparición o secuestro, las autoridades estaban por dejar que los delincuentes arreglaran sus problemas entre ellos, pero la insistencia del Agente Pedro Pérez, que veía en ese crimen un dejo extraño, logró romper la inercia de sus superiores, que finalmente le encargaron que investigara el asunto…


Ahora eran esos mismos superiores los que acosaban al joven agente, ya que sus indagaciones previas permitían establecer, sin lugar a dudas, que Nadia Torres no había sido ultimada por alguno de sus rivales, ni por delincuentes extranjeros, por primera vez, desde que las crónicas del Distrito Central lo recuerdan, un Jefe de la Organización era abatido por motivos netamente personales... o al menos eso parecía, ya que el estado del cuerpo arrojaba una sombra todavía más siniestra sobre el crimen…


Mientras, en su laboratorio, Maximiliano analizaba los resultados preliminares, luego de los contratiempos que supusieron la oposición inicial del sujeto a creer lo que veía, a entender la explicación, a justificar su utilización y finalmente a tocar el órgano, la prueba había salido a pedir de boca, sin embargo, y pese a que el órgano había consumido toda la energía disponible del sujeto de prueba, sólo cinco por ciento del contenido programático del órgano se había trasferido a la memoria artificial, ni siquiera se podía romper ahora el contacto entre uno y otra, debido a lo delicado del proceso, pero el programador debía encontrar sujetos pronto, ya que se requerirían otras veinte pruebas semejantes para completar el proceso…


Por las calles de la ciudad se corría un rumor, Manuel González, número dos de la Organización y mano derecha de Nadia Torres desde hacía décadas, había asumido el poder al conocerse la muerte de su jefa, los demás miembros del sindicato del crimen no se opusieron, y así, antes de que el sol terminara su recorrido, la recompensa de cien mil pesos ofrecida por el nuevo jefe de la mafia del Distrito Central a quien lograra asesinar al responsable del fallecimiento de la Viuda Negra (que subían a quinientos mil si lo entregaban vivo) eran del dominio público.


El Agente Pérez, que ahora tenía como subordinados a dos agentes expertos en el manejo de los bajos fondos de la capital, Víctor Valencia y Yoko Vera, sabía de la recompensa y que era cuestión de tiempo antes de que Las Reinas fueran tras el pobre diablo que había asesinado a su antigua líder.


Maximiliano salió esa tarde a comprar víveres y distintos productos que hacían falta, sin saber que sobre su cabeza pendía una sentencia de muerte, y sin imaginar siquiera que Adriana Escalona, la número uno de Las Reinas, estaba acechándolo…


La experimentada sicaria decidió atacar cuando Maximiliano ingresaba a su casa, no se dio cuenta que el programador llevaba una bolsa cargada con latas en la mano derecha, cuando trató de sorprenderlo a la entrada de su propia casa, el joven instintivamente la golpeó con la bolsa…


A la mañana siguiente, mientras el Agente Pérez y sus comandantes trataban de encontrar pistas sobre el probable responsable de la muerte de Nadia Torres, llegaron noticias de que un patrullero acababa de encontrar a “La Reina Mayor” que es como se conocía a Adriana en los bajos fondos, muerta en otro baldío a orillas del Distrito Central, la policía había tratado de detenerla durante más de quince años, y ahora el mismo sujeto que había asesinado a Nadia Torres ultimaba a la chica…


Maximiliano estaba complacido, diez por ciento de la información estaba ahora en la memoria artificial, si el ritmo seguía así, su labor sería mucho más sencilla de lo que había parecido el día anterior, consciente de que los actos que acababa de cometer probablemente sólo atraerían más delincuentes a su casa, se preparó a conciencia para evitar posibles eventualidades…


Poco después de las cinco de la tarde, Mina Fernández, sicaria personal de Arturo Kindelán, jefe de los contrabandistas del Distrito Central, trató de entrar a la casa de Maximiliano por la puerta trasera, que daba al sótano donde casualmente el programador tenía su laboratorio, la chica descendió la escalera algo insegura y asustada, ya que la ausencia de señales de que el joven estuviera ahí, aunado al ruido de los aparatos y las luces que éstos emitían la tenían algo alterada, sin embargo, al llegar al pie de la escalera desaparecieron las dudas y una descarga de adrenalina impulsó a Mina a entrar en acción…


No bien dieron las nueve, cuando el equipo del Agente Pérez recibió noticias frescas, ahora se trataba de “La Chiquita”, la mano derecha de Kindelán, el jefe del contrabando, la acababan de encontrar a orillas de la carretera que va al sector sur del Distrito Central, el mismo justiciero misterioso se había encargado de ella…


Poco después de medianoche, el análisis de la memoria artificial estaba completo, la primera fase de transferencia había concluido y Maximiliano estaba asombrado de la rapidez del proceso, quince por ciento de la información necesaria estaba en la memoria, la teoría del programador indicaba que sería capaz de observar imágenes residuales en ella, pero prefirió dejar el escáner de comprobación para cuando la transferencia hubiera superado el veinticinco por ciento…


El estupor se había instalado en la ciudad; en los policías, porque no entendían como el Justiciero (así lo habían bautizado) podía evadir con tanta facilidad los ataques y acabar con algunos de los criminales más peligrosos de la ciudad; y a la Organización, ya que cualquiera que fuera sentenciado por ellos no duraba más de tres días con vida, y hasta ahora nadie había logrado resistir dos asedios de los miembros…


Al día siguiente la policía duplicó la vigilancia, debían encontrar al Justiciero antes que los criminales; y la Organización aumentó la recompensa de cien mil a quinientos mil por el Justiciero muerto, y subieron a un millón si era entregado con vida, contra lo que cabría esperar, los sicarios de los distintos grupos se tomaron las cosas con calma, y ninguno actuó de inmediato…


Poco antes de las ocho de la noche, justo cuando empieza a caer la noche en el Distrito Central, Yolanda Aranda, y Victoria Robles, sicarias de Gustavo Prieto, líder de los ladrones de la ciudad, acechaban la casa de Maximiliano, habían dedicado el día a observar, pero había errado al considerar los resplandores que se distinguían en el sótano como evidencias de que el dueño de la casa soldaba algo, después de esbozar un plan rápido de acción, las chicas entraron en la casa, Victoria iría al sótano mientras Yolanda registraba la casa…


A la medianoche, justo cuando el Agente Pérez recibía un reporte completo sobre las actividades recientes de la Viuda Negra que los informantes habían podido recabar, llegó el aviso de que los cuerpos sin vida de “La Coqueta” y “Peach”, sicarias de Prieto, el ladrón, habían aparecido muertas, un poco más al norte del lugar donde había aparecido “La Chiquita” el día anterior…


- Si este tipo sobrevive otras veinticuatro horas, se habrá ganado el respeto de todos en la ciudad…


La memoria al fin había llegado al veinticinco por ciento, Maximiliano dudaba si ejecutar el escáner de comprobación, ya que si su teoría era correcta, podría vislumbrar en la pantalla recuerdos e imágenes residuales de la memoria de Laura, pero si encendía el escáner y no pasaba nada, sabría de una vez por todas que su experimento había fallado y no podría hacer nada para devolverle a Laura lo que ella le había regalado alguna vez, lleno de dudas, aterrado ante la idea del fracaso, y estremecido ante la idea de un éxito, el joven programador encendió el aparato…


El agente Pérez se tomaba un tiempo en su despacho para analizar evidencias y tratar de encontrar alguna pista, sus subordinados, los agentes Valencia y Vera, le habían informado que luego de que fueran encontrados los cadáveres de las últimas dos víctimas, la Organización y sus miembros habían decidido esperar un poco para planear sus movimientos sobre el Justiciero, justo estaba empezando a sentirse estancado, cuando el teléfono sonó, el agente se dio cuenta que eran ya las tres de la mañana…


- ¿Bueno?
- Agente Pérez, habla Víctor.
- ¿Qué sucede, muchacho?
- Te tengo una mala noticia, un patrullero nos avisó hace una hora que acababa de encontrar otro cuerpo…
- ¿Ahora quién fue, la Princesa o alguna otra sicaria?
- No, esta vez el Justiciero atrapó a dos civiles…


La expresión en el rostro del agente Pérez era la imagen viva del asombro, el Justiciero acababa de deshonrar su apodo…


La noticia corrió como reguero de pólvora, los cadáveres de dos chicas jóvenes, María Antonieta Ramírez y Lilia Gutiérrez, hijas de familia decente, que habían ido a una fiesta en el centro del Distrito Central, fueron encontradas en un baldío a las afueras de la capital, cerca de una de las salidas del sur de la ciudad, habían sido ultimadas de la misma manera que las criminales…


Maximiliano no podía creerlo, las imágenes habían sido clarísimas, sus teorías eran correctas, la transferencia era posible, y él acababa de ver lo que, suponía, fueron los últimos pensamientos conscientes de Laura: una imagen de su primera cita, vista desde la perspectiva de su chica, en la que se observó a si mismo idealizado, visto a través de la mirada enamorada de una mujer, después de eso, le fue imposible apartar de su mente la idea de que esta importante misión debería completarse de inmediato, más ahora que la memoria estaba al treinta y cinco por ciento…


Al día siguiente, siguiendo órdenes de su jefe, Mariano Matamoros, líder de los contrabandistas de software del Distrito Central, Rita Guerrero y Kenia López, conocidas como la Princesa y la Guerrera, fueron tras el Justiciero, a pesar de creer, muy en el fondo de sus corazones, que aquella misión traía aparejada la muerte segura…


… y el Justiciero no decepcionó, antes de las cinco de la tarde, la aterradora racha asesina del psicópata continuaba, Pérez y Valencia analizaban los reportes sobre los cadáveres de la Princesa y la Guerrera, las sicarias preferidas del corsario mayor, Matamoros, Pérez sentía que el asunto estaba revestido de un toque personal, quizás dado por la forma horrible en que al parecer fallecieron las nueve víctimas, sin embargo, el asesinato de las jóvenes del día anterior no encajaba en esta teoría, además, sus cuerpos habían sido colocados casi con respeto, a diferencia de las criminales de las que el Justiciero había dispuesto, en todo el asunto había un elemento pasional y al mismo tiempo frío que el policía no podía desentrañar…


Mientras, en otro punto de la ciudad, Benito Guerra, líder de los secuestradores del Distrito Central, al enterarse de la muerte de la Princesa y su compañera, a las que siempre había admirado, decidió que la cosa se había convertido en algo personal y encargó a Hilda Solares, alias La Vampira, y a su compañera, Ximena De la Vega, alias La Fresa, que fueran por el Justiciero y se lo trajeran muerto, si lo lograban, aparte del millón de pesos que Manuel González les iba a pagar, él les ponía otro millón de su bolsa…


El agente Pérez dormitaba en su despacho junto a los agentes Valencia y Vera, cuando otro compañero fue a informarles que habían aparecido los cadáveres de la Vampira y la Fresa, sicarias del secuestrador Guerra, ultimadas por el mismo asesino psicópata, el agente dijo:


- Este imbécil no nos deja un minuto de tregua, pareciera que tiene prisa por algo, deberíamos analizar los sitios en los que han aparecido los cadáveres, muchachos…


Maximiliano estaba encantado, el procedimiento había salido de maravilla y los sujetos no dejaban de llegar, de modo que no se había visto forzado a disponer de ejemplares inocentes como hacía un par de días, la memoria había llegado a cincuenta y cinco por ciento, y la segunda fase estaba completa, debía preparar el androide para el momento en que el proceso se terminara…


La Organización no podía tolerar más fracasos, a pesar del miedo que podrían estar sintiendo, los miembros del sindicato criminal sabían que no darían marcha atrás en la venganza contra el tal Justiciero, de modo que esta vez el trabajo se encargó a gente profesional, habían caído demasiados elementos valiosos, y ahora tocaba a Adolfo Eichmann, capo del tráfico de narcóticos y sustancias ilegales del Distrito Central, enviar a sus mejores hombres a terminar el trabajo, esta vez, conociendo lo que estaba en juego, el experimentado criminal decidió ordenar un asalto a casa de Maximiliano, lo conformarían María Nogales, alias Bloody Mary; Susana Darío, alias La Muerte Chiquita; Jesusa Ochoa, alias La Vaquerita; Silvia Palacios, alias La Caníbal y por último la más temible de todas las sicarias del Distrito Central, Raquel Cerezo, alias La Niña Blanca, todas tenían la misión de acabar con el joven psicópata, al precio que fuera…


El ataque que llevaron a cabo es legendario, pasó a la historia del Distrito Central, pero no la que todos conocen, sino la oculta, la oscura, la que nadie cuenta… las cinco expertas trataron de asesinar a Maximiliano, dos de ellas lograron herirlo, Bloody Mary y La Caníbal cayeron en una de las trampas que había en las puertas, La Muerte Chiquita fue puesta fuera de combate por el chico luego de que lograra herirlo en un brazo, La Vaquerita cayó luego de lograr meterle una bala al programador en el estómago, mientras que al final, pero no menos importante, La Niña Blanca fue herida al tratar de colocar una bala entre los ojos del asesino, la cual fue desviada por una placa de metal que estaba instalada en la puerta del laboratorio, lo cual le salvó la vida al eminente programador..


Horas después, mientras Maximiliano era atendido por un médico “privado” y muy discreto, Pérez observaba asombrado los cuerpos de las cinco sicarias principales de Eichmann, el narcotraficante, era increíble suponer que una sola persona hubiera podido contener a las cinco sin salir herido, y sin embargo, no había reportes sobre heridas de bala en ningún hospital del sur, zona donde ahora sabían, vivía el asesino, el programador mientras tanto se felicitaba para sus adentros por haber logrado resistir el ataque y además por haber tolerado el dolor para completar el proceso, ahora la memoria se encontraba al ochenta por ciento…


Los miembros de La Organización, asombrados, habían tenido que acudir a instancias extranjeras para lanzar el que sería su último ataque contra el asesino que había dejado tendidas en el camino a tantas chicas tan valiosas para el grupo criminal, al día siguiente arribaría Francine Declerc, una reconocida asesina a sueldo, si ella no podía con el sujeto, nadie podría con él entonces…


Al día siguiente, cerca de la zona donde habían aparecido los cadáveres de María Antonieta y Lilia, los agentes descubrieron el cuerpo sin vida de Renata Robles, otra víctima inocente de El Justiciero, Víctor Valencia, que había aceptado de mala gana quedar a las órdenes del Agente Pérez, también se había fijado en el detalle de los arreglos que el asesino disponía para sus víctimas inocentes, incluso el perfume le recordaba vagamente a un olor que ya había percibido, cuando Pérez se distrajo, Valencia llamó a su compañera:


- Ven, Yoko…
- ¿Qué pasa, Víctor?
- ¿El perfume que usó el Justiciero con esta chica no se te hace conocido?


La agente aspiró profundamente y se tomó unos segundos para pensar…


- Es una fragancia cara, no es tan común, ¿crees que está relacionado con ese otro asunto?
- Quizás, pero deberemos hacer nuestra investigación por otro lado, ¿no crees?
- Seguro, Víctor…


Aquella mañana, Maximiliano se despertó de buen humor, el procedimiento estaba a punto de culminar, el androide estaba listo y cargado, la memoria se encontraba al ochenta y cinco por ciento y sólo faltaba que aquellos criminales que había tomado la vida de Laura mandaran a otras tres personas para que todo saliera como lo tenía planeado…


El joven programador terminó su desayuno, bajó un momento al sótano a ver que todo estuviera en orden y luego subió a lavar los trastes, no se percató que las cámaras y detectores de movimiento que surcaban su casa habían sido burlados, una gran cantidad de humo rondaba el lugar, Maximiliano, creyendo que era la niebla que diario bajaba del Ajusco, quiso sentir el agradable frío de la mañana y abrió la puerta, sin que él se percatara, a su lado derecho estaba Francine, la asesina, que hábilmente lazó del cuello al programador y lo jaló hacia la cocina, mientras lo arrastraba, la asesina no se dio cuenta que el joven había tomado un cuchillo de la repisa…


La noche descendía rápidamente sobre el Distrito Central, el agente Pérez estaba al límite, no había descansado, y en la mañana había perdido el rastro de Víctor Valencia y Yoko Vera, sus subordinados, apenas acababa de averiguar que sus colegas habían estado siguiendo pistas sin su conocimiento, seguro de que lo querían sacar de la jugada, ahora que se sentían más cerca del Justiciero que antes, el agente pidió que se activaran los chips de localización de ambos agentes, justo cuando su asistente entraba con el dato al cuartel del agente Pérez, entro una llamada por la línea de emergencia, Pérez puso el altavoz y preguntó:


- ¿Quién habla?
- ¡Agente Pérez, soy la agente Vera!
- ¡Milagro que te reportas!, ¡Víctor y tú están en graves problemas!
- ¡Ya estamos en problemas, imbécil!, ¡El Justiciero atrapó a Víctor y ahora viene por mí!- todos los policías callaron, Pérez sólo atinó a preguntar:
- ¿Dónde están?
- ¡En el sector Sur, no sé la dirección exacta pero con los localizadores lo puedes saber!
- Ok, ya los tenían activados, vamos para allá…
- ¡Apresúrense!


Antes de que la agente colgara, se escucharon fuertes golpes, como de alguien destrozando una puerta o pared de madera, los gritos de la agente Vera subieron a un tono macabro, mientras suplicaba piedad al asesino, quien le arrebató el celular y colgó sin mayor trámite, el agente Pérez fustigó a sus hombres…


- ¿Qué esperan?, ¡Corran, señoritas, que ya no hay tiempo!


Maximiliano se encuentra en su laboratorio, sabe que los bloqueadores de señal que puso impedirán que el agente Pérez llegue antes de dos o tres horas a su casa, a sus pies, el cadáver de Yoko Vera, arriba, en la escalera, el cadáver de Víctor Valencia, en la sala, el cadáver de Francine… había sido un día horrible, pero estaba a punto de culminar muy bien, la transferencia estaba completa, y ahora sólo debía encender al androide para poder hablar de nuevo con Laura…


La experimentada asesina nunca pensó que pudiera ser vencida por alguien como Maximiliano, cuando lo llevaba hacia la sala, viendo como su rostro enrojecía ante la falta de aire, escuchando sus gemidos y admirando su tenacidad para desasirse del abrazo fatal, se le hizo fácil decirle al oído al mítico y todopoderoso asesino que aterrorizó a los miembros de La Organización…


- No sé que diablos te traes entre manos, niño, pero seguro que no valía la pena…


Maximiliano seguía luchando por zafarse del problema en que estaba metido, pataleaba, giraba, trataba con todas sus fuerzas de escaparse, Francine siguió:


- Nunca vas a vencerme, ¿te das cuenta?, no vas a poder escaparte de mis brazos, y tu patética vida va a terminar antes de lo que te imaginas…


Los ojos del programador, inyectados de sangre, se dilataron un poco más, dejó de forcejear y Francine creyó que por fin se daba por vencido… hasta que vio un objeto brillante venir hacia su ojo derecho a toda velocidad, eso fue lo último que pudo ver antes de caer al suelo aterrada, Maximiliano, utilizando las últimas fuerzas que le quedaban, acababa de sacarle el ojo, además de dejarle una fuerte herida en el rostro, la asesina se llevó las manos a la cara, y lo último que vio fue al chico al que segundos antes daba por muerto mientras dirigía un batazo hacia el lado izquierdo de su rostro…


La paz llegó a ella de manera más piadosa, nunca pudo recuperar la conciencia, de modo que durante todo el procedimiento desarrollado por Maximiliano, en el que la electricidad generada por su cuerpo fue consumida para transferir datos del cerebro de Laura a la memoria artificial, Francine no sintió absolutamente nada, los médicos dictaminarían después que la herida del rostro no era fatal, pero el golpe final, donde Maximiliano descargó la ira que llevaba acumulada durante años, le rompió el cráneo a la asesina a sueldo, y había causado graves daños a su cerebro…


Los agentes Valencia y Vera supieron quién era El Justiciero en cuanto vieron la casa a la que Francine había ingresado, la habían vigilado durante meses, cuando la Jefa todavía vivía, de hecho, su último trabajito estaba relacionado con ése sujeto…


Maximiliano trataba de curar sus heridas, las laceraciones en el cuello que le había dejado Francine eran poco profundas, pero bastante dolorosas, de pronto, vio que dos personas acababan de ingresar a la propiedad, tomó el cuchillo con que había ultimado a Francine y se acercó a la escalera que descendía a la planta baja de la casa con el bat en la mano, escuchó como los agentes abrían la puerta y recorrían la casa, hábilmente, el programador lanzó el bat por las escaleras, la puerta que daba al sótano estaba abierta y justo frente a la escalera que subía hasta donde él estaba, el bat cayó dentro de las escaleras del sótano y provocó un gran estruendo abajo, el agente Valencia se acercó a la puerta e hizo señas a la agente Vera, Maximiliano los vio descender hacia el sótano y justo cuando estaban por llegar a su improvisado laboratorio, el chico bajó corriendo las escaleras…


Víctor Valencia estaba por llegar justo al pie de la escalera, él y su compañera observaban impávidos el laboratorio de Maximiliano, no tenían idea de qué diablos se traía entre manos el sujeto, y Víctor sólo alcanzó a decir:


- ¿Eso es lo que creo que es? – su compañera, igual de asombrada, respondió
- Me parece que sí, Víctor… es increíble… ¿qué diablos estará haciendo este imbécil?... ¿este será el cerebro de…?
- Lo más probable, Yoko, no sé en qué diablos está metido, pero suena diabólico, me siento…


Víctor no alcanzó a terminar la frase, ambos escucharon perfectamente la acelerada carrera de Maximiliano por las escaleras, mientras gritaba enfurecido y bajaba, cuchillo en mano, directo hasta donde Víctor estaba, el agente apenas tuvo tiempo de cortar cartucho y gritarle a Yoko:


- ¡Ayúdame!
- ¡Muere!


El grito del joven aterró más a Yoko, que observó asombrada como el joven atacaba a Víctor, ambos empezaron a forcejear y ella trató de escapar, al pasar junto a ellos, que seguían peleando, Maximiliano dio media vuelta y le clavó el cuchillo en la pierna, la agente empezó a sangrar profundamente y se arrastró como pudo hasta la planta alta, Víctor, mientras, había aprovechado para apuntarle al chico, que vio a tiempo la maniobra y desvió la mano del agente en el momento en que hacía fuego sobre él, el disparo fue directo hacia los delicados aparatos del laboratorio, por un segundo, los dos hombres detuvieron su forcejeo, el joven rogaba porque la bala no dañara el cerebro de la chica o el chip que dentro de unos minutos contendría su esencia


La bala del agente Valencia atravesó el androide, dañando permanentemente sus sistemas de recarga, sería imposible recargarlo de nuevo y habría que transferir la memoria de Laura a otro androide cuando se acabara la batería de ese, el daño no era muy grave y Maximiliano aprovechó la distracción que el disparo causó para tomar el bat y golpear con él al agente, que perdió la conciencia, despertaría unos quince minutos después, justo cuando el proceso iba a empezar, la paz no llegó al agente Valencia tan rápido, se aterró cuando entendió la explicación que el joven programador le daba, y se dio cuenta que la agonía que se avecinaba era la venganza perfecta para el chico, que gracias a Yoko se había enterado de quiénes habían sido los asesinos de Laura, amén que la agente, que había entrado en pánico cuando Maximiliano la sometió al procedimiento, había confesado todas las corruptelas y negocios llevados a cabo por ella y Víctor, justo antes de iniciar la transferencia, el joven Justiciero le dijo al agente:


- Esto, bien lo sabes, es por Laura, quiso su destino, el tuyo y el de Yoko, que cayeran en las manos equivocadas tratando de quedar bien con esos asesinos, ahora, sin embargo, me dispongo a regalarte algo de redención, puntos de karma, si gustas, servirás ahora a un bien mayor, Víctor, espero que entiendas que esto, fuera de la casualidad y la justicia poética, es estrictamente necesario…


El agente todavía alcanzó a decir:


- ¡Vete al Diablo, psicópata!


Maximiliano, por toda respuesta, encendió la máquina, Víctor escuchó estática, sintió como si un flujo eléctrico pasara a través de él, similar a la sensación que deja el tocar una caja de fusibles por accidente, sólo que al revés, en lugar de sentir la electricidad fluir de sus manos hacia adentro, la sentía fluir de adentro hacia sus dedos, instantes después empezó a sentirse cansado, muy cansado, y muy, muy débil… cerró los ojos un momento, para descansar, y jamás volvió a abrirlos…


El agente Pérez estaba asombrado, había sido la noche más increíble de su vida, tenía los cuerpos de las últimas tres víctimas de El Justiciero, había encontrado el laboratorio y por más que intentaba, no podía entender en qué estaba metido el programador, uno de los forenses había aventurado la idea de la transferencia, pero al analizar al androide descubrieron que el chip estaba dañado, la carcaza de titanio no era tan resistente como las de los androides deportivos, y justo cuando la policía ingresaba al departamento, Pérez había encañonado al chico, que tenía al androide entre sus brazos, al moverse Maximiliano, al agente le dio la impresión que sacaba un arma y disparó, afortunadamente para su investigación falló, pero se dio cuenta que no había un arma, sólo un brazalete de plata, en la mano del joven asesino, la bala de Pérez había dañado para siempre el chip, y nunca se podría saber qué contenía…


El cerebro en el sótano estaba muerto, según los peritos, desde hacía mucho tiempo, el método que Maximiliano había utilizado para asesinar a sus veinte víctimas era muy extraño, y parecía ser que consistía en utilizar la energía eléctrica producida por el cuerpo humano en estado natural para echar a andar los aparatos del sótano, tal vez para cargar el androide, este método provocaba un fallo cardiaco luego de dos horas, al detenerse el corazón debido a la falta de energía del cuerpo para hacerlo funcionar, el joven programador sostenía que había transferido la memoria del cerebro de Laura al chip y que le había podido devolver la vida de alguna forma al instalarla en un androide, pero los peritos negaron que esto fuera siquiera una posibilidad, además, era indemostrable debido a que el cerebro estaba muerto, y el chip inutilizado, era obvio que Maximiliano estaba trastornado y había sido victima de fuertes alucinaciones…

Semanas después de esto, cuando el caso se ventilaba en las cortes y los medios teorizaban sobre el asunto, el Gobernador del Distrito Central, Eduardo González, se reunió con el Presidente de la República, su amigo Miguel Vázquez, el Director General de la Corporación Matriz, Emilio Slim, y el Director de la Medical Division, Arthur Cooper, para analizar el tema…


- Licenciado González, encantado de conocerlo…
- Gracias, igualmente, señor Slim, señor Cooper, Miguel… ¿qué puedo hacer por ustedes?
- Pues verás, Eduardo, la Corporación ha tomado un especial interés en el asunto de Maximiliano Del Valle, parece ser que tienen algunas ideas sobre ello…
- ¿Te refieres a El Justiciero, Miguel?, me parece que pierden el tiempo, señores, nuestros peritos e investigadores no creen que Maximiliano haya tenido éxito en su pretendida transferencia de memoria, sin ir más lejos, Jorge Guardiola, el Director de la Facultad de Robótica de la UNAM, me ha dicho que las especulaciones al respecto son ridículas…
- Licenciado González, mister Cooper, aquí presente, piensa de otra manera…
- ¿Qué? ¿Y qué lo lleva a suponer eso?
- Me temo que no podemos hablar sobre ello, Eduardo… ¿puedo llamarte Eduardo, cierto?... mister Cooper lleva más de diez años dedicado a la investigación de la transferencia de memoria, fue quién realizó los experimentos en que se basó Maximiliano, y está convencido de su éxito…
- Insisto, ¿cómo lo saben?


El señor Slim dirige una mirada incómoda al Presidente, que toma la palabra:


- Entre menos sepas será más sencillo para ti, Eduardo…
- ¿Porqué? ¿Qué será sencillo para mí?
- Sabes perfectamente que se acercan las elecciones, y que nuestro partido aún no ha elegido candidato… sabes también que tu nombre, junto a los de Rodrigo Vargas y Edmundo Morales, se mencionan como posibles candidatos… y también sabes que cualquiera de los tres ganaría cómodamente la elección… he hablado con Rodrigo y con Edmundo, están dispuestos a retirarse de la contienda, apoyarte totalmente y tomar algún puesto en tu gabinete, dejándote vía libre hasta la Presidencia…
- ¡Vaya! ¿Y a qué debo tan valioso regalo, Miguel?... ambos sabemos, también, que soy el mejor posicionado y que no necesito apoyo para ganar, además el éxito que logró Pérez atrapando al Justiciero hizo que en la última encuesta interna y externa me fuera diez puntos arriba…
- También los dos sabemos que tu pasado radical te inhabilitaría para llegar a la Presidencia…
- ¿A qué diablos te refieres?
- Vamos, ya todos lo saben… formaste parte de las Fuerzas Revolucionarias de Liberación, en los treinta… si eso se filtrara, estarías acabado, y me parece que Edmundo ganaría cómodamente la elección…
- ¡Eso no se puede demostrar, Miguel! ¡Es una infamia! ¡Debes estar desesperado para intentar algo tan…!
- Eduardo, no te angusties, el señor Slim y yo estamos dispuestos a protegerte y apoyarte, sé que tu pasado radical quedó atrás y sé que realizarás un excelente papel como mi sucesor… pero el caso es que Cooper ha demostrado que Maximiliano tuvo éxito… ¿qué crees que pasaría si eso se da a conocer?
- No lo sé, probablemente influiría al jurado y no le darían cadena perpetua, como pretendíamos…
- Más que eso, es probable que saliera libre y algún rival de la Corporación trataría de ayudarlo en una investigación…
- ¿Y qué es lo que quieren de mí?
- Es muy sencillo, Eduardo, no quisiéramos recibir reclamaciones futuras sobre la paternidad de estos hallazgos, ¿comprendes?, Cooper tomará ahora el mando de las investigaciones, resguardaremos las máquinas que encontraste en casa de Maximiliano y refinaremos la técnica, Cooper tiene ideas muy interesantes al respecto, además, quisiéramos, si no te molesta, que desalentaras a cualquiera que quisiera intentar algo así de nuevo, tal vez haciendo un ejemplo del joven, para evitar interferencias…


El Gobernador lo medita unos segundos, y pregunta:


- Cooper no va a empezar a matar gente, ¿o sí?
- ¡Oh no!, por favor, no crea que empezaremos a replicar los horrores del joven, sólo queremos retomar sus investigaciones y aplicarlas a personas vivas, nada de muertes, Licenciado…


Eduardo González salió de aquella reunión sabiendo que la Presidencia era suya, sólo debía exigir dureza contra Maximiliano y asegurarse que no saliera vivo de la justicia de Peralta, la Corporación haría el resto desprestigiando al programador, nadie sabría del éxito, pero aún lo molestaba la idea… ¿porqué Cooper pensaba que Maximiliano había tenido éxito?...


Al encender al androide, Maximiliano sintió que le faltaba el aliento, aspiró fuerte, esperando llenar de aire sus pulmones, atento a cualquier señal de éxito, de pronto, los ojos del androide se abrieron y de inmediato se clavaron en él, durante un segundo que pareció un siglo, no hubo comunicación, hasta que la voz del androide, que el joven percibió como idéntica a la de Laura, a pesar de que el timbre era distinto, dijo…


- ¿Max?, ¿Qué haces aquí?... o mejor dicho ¿Qué hago aquí?
- Hola, mi amor… cómo te he extrañado…
- Yo también, Max, pero… ¿Qué has hecho? ¿Cómo…?
- Shhh, no te desgastes, querida, ven, acompáñame a la sala…


Para cuando el agente Pérez logró evadir el bloqueo, la betería del androide estaba a media capacidad, le quedaban otras dos horas de duración, para ese momento, Maximiliano ya le había confesado a Laura lo que había hecho y porqué, ella lo reprendió por tomar tantas vidas para algo que, a final de cuentas, no era igual a la realidad, a estar juntos en cuerpo y alma, Laura admitía que su alma estaba y estaría siempre con Maximiliano, pero su cuerpo ya no, y jamás lo estaría, de modo que, a pesar de estar agradecida por lo que el chico trató de hacer por ella, le pidió que no la transfiriera a otro androide, y que, acabada la energía de ése, destruyera el chip…


Al principio el programador fue reticente a dejar ir el esfuerzo, el Justiciero lo era a dejar la venganza sin recompensa, el chico lo era a dejar ir al amor de su vida… pero al final, la lógica de Laura se acabó imponiendo a Maximiliano, quien pasó las últimas horas de esa vida artificial que insufló a la chica de sus sueños despidiéndose como siempre quiso hacerlo, diciéndole todo lo que había guardado y bailando con ella, algo que nunca había querido hacer por timidez, y que reservaba para el día de su boda, cuando la batería del androide empezó a terminarse, Laura dijo:


- Adiós, mi amor, gracias por lo que hiciste, espero que encuentres la paz y el equilibrio pronto, y recuerda honrar tu promesa…
- Así lo haré, mi amor…
- Recuerda que esto no es un adiós, yo te esperaré…


El chico y el androide que contenía la esencia de su amada se dieron un apasionado beso de despedida, justo cuando ella dormía, el agente Pérez entró en la estancia, Maximiliano fingió sacar un arma con la mano izquierda, y el agente le ayudó a cumplir su promesa al disparar directo a la cabeza del robot, dañando para siempre el chip…


¡Crack!...


… aquí es donde empezó todo, los asombrados asistentes acaban de escuchar la durísima sentencia, y en el silencio sobrecogedor resultante, escucharon un pequeño crujido dentro de la boca de Maximiliano, si alguno de ellos recordara sus clases de Historia, o las películas que vio de niño, recordaría que ese sonido era el mismo que hacían las cápsulas de cianuro que los nazis ingerían para suicidarse, sólo Peralta lo recordaría, por ser aficionado al cine del siglo pasado, trata de dar la alarma, pero la rapidez del veneno es pasmosa, de inmediato Maximiliano se convulsiona, cae de espaldas y sigue temblando en el suelo, Calles trata de asistirlo, los demás se acercan a ver que pasa y algunos gritan pidiendo un médico, pero es inútil, esta táctica suicida olvidada es muy efectiva, y sobre todo, rápida…


Mientras los espasmos de su cuerpo cesan, Maximiliano sonríe, Peralta, que ha llegado hasta el acusado, declararía después que el chico empezó a murmurar algo, pero no logró escucharlo y que la sonrisa que cruzaba su rostro era la misma que tendría alguien al tener una visión extática, como si viera algo increíblemente hermoso, algo tan bello que nadie jamás podría verlo sin llorar,  como el joven hizo antes de exhalar su último aliento, algo tan maravilloso y sublime que logra rivalizar con lo divino, algo largamente esperado, y que produce alegría sin límites al verlo…


…O quizás solo fue la tensión lo que le hizo ver eso en el rostro del joven.