miércoles, 2 de noviembre de 2016

Esa sensación que sólo puede expresarse en inglés



La luz del atardecer inunda la ciudad, cae con fuerza sobre los automóviles que se acumulan en la avenida, es domingo y mañana hay que regresar a la rutina de siempre, Víctor y sus hijas Patricia y Romina combaten el calor que se acumula en la camioneta comiendo paletas heladas, las niñas cantan, ríen y le cuentan a su padre la vida y milagros de todos sus compañeros de escuela, Víctor no podría estar más alegre, sus hijas ya merecían un pequeño descanso y el estruendo de las pequeñas es la mejor prueba de lo relajadas que están, a otros podría parecerles una tortura, pero para él era maravilloso poder disfrutar esos momentos al lado de sus amores.

Era una lástima que estuviera a punto de llegar a casa.

Minutos después, la camioneta avanzaba hacia la entrada de su hogar, las niñas habían dejado de reír y gritar hacía poco, estaban acostumbradas a los arranques de ira de su madre, y preferían callarse a molestarla, una sensación de desgano y resignación invade a las chiquillas, y al apagarse el motor un par de suspiros atraviesan el aire tibio de la camioneta.

Nada de esto pasa desapercibido para Víctor, ha tratado de hablar con su esposa al respecto, ha intentado de todo con tal de ayudarla, pero Vianey no es de esas personas que se dejen ayudar fácilmente.

Una triste resignación invade su rostro, los tres viajantes descienden, Paty y Romy ayudan a su papá con las maletas y los tres avanzan hacia la entrada de la casa, las niñas están pegadas a las piernas de su papá, tratando de tomar valor para volver a su rutina personal, esa de la que están cansadas pero no pueden evitar.

Víctor toma las llaves y abre la puerta, apenas pone un pie en la casa, anuncia:

- ¡Vianey! ¡Llegamos!

Paty y Romy no se han separado de su papá, esperan escuchar la voz de su madre gritar alguna respuesta seca y malhumorada, como siempre, pero su sorpresa no tiene límites cuando escuchan la voz de su madre:

- ¡Vaya!, ¿tan pronto?, ¡pensé que el tráfico iba a atraparlos en la carretera un poco más!, lo bueno es que alcancé a preparar la cena, ¿tienen hambre?

Mientras escuchan todo esto, los inconfundibles pasos de su mamá se acercan, de pronto la tienen ahí, con un par de guantes de cocina en la cintura y una gran sonrisa en el rostro, las niñas están asombradas, y alcanzan a percibir que su papá está tan asombrado como ellas, Víctor se repone de la sorpresa y pregunta:

- ¿Hiciste la cena?
- ¡Claro!, ¿no me avisaste que llegarían más tarde?, ¡imaginé que tendrían hambre así que preparé todo para una buena cena!, ¿no les agrada la idea?

Padre e hijas no saben qué hacer o decir, se fueron hace una semana y si alguien les hubiera dicho que al volver iban a encontrar una bienvenida tan calurosa, se hubieran reído en cara de quien se los dijera.

Víctor se repone de su asombro de nuevo:

- Lo siento, creí que estarías terminando el proyecto del Centenario, ¿no estaba por vencer el plazo?
- ¿El proyecto del Centenario?, bueno, me apuré y envié la propuesta el jueves, el viernes lo aprobaron en una junta en la Facultad y ayer envié los archivos, mañana deberá estar terminado.

La sonrisa de Vianey es tan sincera y agradable que Víctor y sus hijas sienten que algo se revuelve en su interior, ¿qué pasó con la madre enojada, fastidiada y harta de la vida que habían dejado la semana anterior?, ¿qué la hizo cambiar así?

Al ver el desconcierto en los rostros de su marido y sus hijas, la mujer decide tomar la iniciativa, hasta ahora le ha servido bien y no tendría por qué fallar ahora…

- ¡Pero qué niñas tan serias!, ¿no piensan saludarme?, ¡Vengan, denme un abrazo!

Paty, la gemela insegura, se aferra a la pierna de su papá, sabe que Romy está pensando lo mismo, la mujer que tienen enfrente parece demasiado buena para ser Vianey, se ve igual a ella, habla como ella, camina como ella, para todo efecto práctico, es ella.

Pero algo no está del todo bien.

Romy sostiene entre sus dedos la tela del pantalón de Víctor, tiene la otra mano pegada a la boca, y la mirada fija en Vianey, sabe perfectamente que Paty piensa lo mismo, algo no parece estar del todo bien; pero esta versión cariñosa de su mamá es algo nuevo y a pesar de que resulte extraña, no es una oportunidad que deba desperdiciarse.

Con un par de pasos Romy se aleja de Víctor hacia los brazos extendidos de su mamá, Vianey cierra el brazo sobre su hija y la estrecha contra ella, Romy no puede creerlo, siente tanto amor y cariño en ese abrazo que instintivamente abraza a su mamá por el cuello y se acerca más a ella.

Eso termina con las dudas, Paty camina hacia Vianey sin soltar a su papá, cuando está por llegar a sus brazos, su mamá, sin soltar a Romy, abraza a Paty con el mismo amor y ternura con que abraza a su hermana; las niñas esperaron durante tanto tiempo que su mamá les diera una muestra de ternura que impulsivamente empiezan a besarla.

Víctor piensa que está alucinando, desde que Paty y Romy nacieron, cinco años atrás, no recuerda haber visto a Vianey abrazarlas así, empieza a convencerse que lo imposible acaba de pasar cuando sus hijas besan las mejillas de su mamá, y termina cuando su esposa lo mira y le dice:

- ¿Y tú, guapo?, ¿no piensas saludar a tu esposa?

Aunque le cueste trabajo admitirlo, él también ha esperado mucho tiempo para ver una muestra de cariño, sin embargo, él es un adulto y la misma sensación que se revolvía dentro del estómago de sus hijas revolotea en el suyo, hay algo raro, esto no está pasando, la gente no puede cambiar así.

Algo no está del todo bien.

Vianey se levanta sin soltar a sus hijas, Paty y Romy sonríen y Víctor no sabe qué hacer, su esposa se acerca, lo mira con esos hermosos y enormes ojos cafés; esa mirada cargada de amor y devoción del día en que se dijeron “te amo” por primera vez; esa misma mirada del día en que se casaron y ambos dijeron, completamente enamorados “si, acepto”; esos mismos ojos enamorados que no veía desde hacía tanto tiempo. Vianey abre ligeramente los labios cuando sonríe, Víctor no puede evitar hacer lo que siempre ha hecho cuando ve ese gesto, se acerca a ella y la besa.

Es un beso largo, apasionado y cariñoso, cargado de amor y deseo a partes iguales, uno de esos besos que sólo Vianey puede darle, por unos segundos Víctor se pierde en los labios de su esposa, cierra los ojos y se deja llevar por ese agradable mar, nada importa, sólo seguir hundido en las profundidades del beso. Al separar sus labios, se da cuenta que ella sintió lo mismo, justo como la primera vez.

No cabe duda, es Vianey y nadie más.

Pero, ¿por qué debería haber dudas?, la cuestión es: ¿qué la hizo cambiar así?

En cuanto abre los ojos, Vianey sonríe, se aferra más a sus hijas y dice:

- Mucho mejor, ahora, ¿quién tiene hambre?...

Horas después de la cena Víctor disfruta una copa de vino en la sala, Vianey subió para dormir a las niñas y él aprovechó el frío de la temporada para convencer a su esposa de encender la chimenea, para ser justos ni siquiera había tenido que convencerla, ella había dicho que era una idea excelente y muy romántica; algo que no había escuchado de sus labios en mucho tiempo.

Víctor se pierde contemplando el fuego en el hogar, encerrado en sus pensamientos, ¿cómo es que Vianey ha cambiado así?, está tan ensimismado que no se da cuenta que su esposa está recostada en el sillón junto a él y que lo abraza con ternura.

- ¿En qué piensas, mi vida?
- En nada en particular – responde Víctor- sólo en algunos pendientes que tengo que revisar mañana.
- ¿Algo que te de problemas?
- No, todo bien, los muchachos se encargaron.
- Muy bien, ¿no te cansó el viaje?
- Un poco, pero la verdad es que Paty y Romy lo hicieron muy ligero.
- Son un amor, ¿verdad?
- Son nuestras niñas, a fin de cuentas.
- Si, heredaron la alegría de su padre.
- También la tuya amor, ¿recuerdas cómo nos divertíamos cuando nos conocimos?

Vianey sonríe y suspira, Víctor no sabía que ella recordara los viejos tiempos con tanto cariño, siempre decía que él vivía en el pasado mientras que ella se adaptaba a todo, era una lástima que su forma preferida de adaptación fuera encerrarse en sí misma y atacar todo lo que no le pareciera bien.

- ¿Si lo recuerdas, verdad?

Vianey lo mira extrañada, esa expresión no se puede fingir.

- ¿Cómo no voy a recordar? – por un momento parece que la Vianey de siempre regresa, pero Víctor vuelve a sentir algo en su estómago cuando su esposa sonríe:

- Recuerdo el parque donde solíamos vernos, todo lo que platicamos ahí, con la puesta de sol frente a nosotros, era una imagen muy romántica.
- ¿En serio te parecía romántico?
- ¡Claro!

Víctor siente una punzada, la sensación se incrementa hasta hacerlo sentir náusea, el parque estaba frente a una de las avenidas más transitadas de la ciudad, muchas veces habían bromeado sobre cómo ellos eran los únicos que podían creer que era buena idea citarse y romancear en un lugar tan transitado.

- Lástima que lo hayan demolido.
- Sí, era lindo – Víctor siente miedo, pero entonces:
- Aunque sólo a ti se te ocurre invitar a tu chica a escuchar los insultos en el tráfico.

El miedo se disipa, el nudo en su garganta se disuelve y no puede evitar soltar una carcajada:

- El día que el policía creyó que estábamos haciendo algo más que besarnos.
- El día que el niño nos quiso vender chicles tres veces.
- El día que nos silbaron desde el microbús.
- Y el día de la manifestación que no vimos.
- Cuando se cayó mi helado y me regalaste la mitad del tuyo.

Víctor está asombrado, no sabía que Vianey recordara eso, su esposa lo sorprende más al dejarse llevar:

- Ese día me di cuenta que sentía algo especial por ti, nunca había conocido a un hombre tan caballeroso y tierno, entonces supe que estaba enamorada de ti.

Vianey suspira, Víctor también se deja llevar:

- Eras tan tierna y cariñosa, me escuchabas como si estuviera contándote el cuento más interesante del mundo; y me veías con esos ojos… el día del helado ni siquiera dudé para compartirte el mío, ese día supe que tú podías pedirme lo que fuera, cualquier cosa que tuviera iba a ser tuya también.

Los minutos pasan, Víctor baja la mirada y se encuentra con la mirada enamorada de Vianey, ella suspira y sonríe, pone una mano sobre el pecho de su esposo y con la otra acaricia su rostro.

- Después de todo este tiempo y todo lo que hemos pasado… ¿Sigues sintiendo lo mismo por mí?

Víctor se deja llevar por las caricias y por la mirada de su esposa, responde sin dudar:

- Claro que sí, te amo y siempre te he amado, Vi.
- Yo también te amo, Vic, y tengo algo importante que decirte.

Los músculos de su espalda se tensan, el nudo en su garganta reaparece en su estómago, la sensación regresa.

- ¿Me perdonas?

La pregunta toma por sorpresa a Víctor, quien sólo atina a preguntar:

- ¿Qué?
- Perdóname por lo mal que me he portado contigo; sé que no he sido la mejor, y eso no es justo para ti, pero te amo con todo mi corazón, así que, ¿me perdonas?

Víctor está asombrado, nunca esperó escuchar a Vianey decir eso, menos pedir disculpas por algo en lo que no creía estar equivocada, sin saber que pensar, volvió a perderse en los hermosos ojos de su esposa, y contestó:

- Claro que te perdono, Vi.

La mujer sonríe y vuelve a darle un beso como el de la tarde, sin dejar de besarlo, Vianey dice:

- Verás que todo será mejor… vamos a ser muy felices a partir de ahora…

Víctor abre los ojos y se encuentra entre los brazos de su esposa, habían hecho el amor a la luz de la chimenea, las brasas de la leña ahora iluminaban la sala con una luz tenue, hasta ese momento notó que un par de ojos no dejaban de mirarlo.

El hombre se reincorpora y nota a un lado de la chimenea al gato de la casa, el animal no le quita la mirada de encima.

- ¿Qué pasa Kimi? ¿Dónde estabas?

Por toda respuesta, el felino se acerca a Víctor, deja que su amo lo acaricie, clava la mirada en Vianey, da un maullido y vuelve a mirar a su amo.

Víctor se da cuenta que no había visto a Kimi desde que llegaron, y el gato parece desconfiar de Vianey.

La sensación olvidada regresa con fuerza.


La oscuridad invade la casa, no se escucha más que jadeos, ha estado recargada contra la pared, desnuda, durante más de cuatro horas, está aterrada.

El día había comenzado como cualquiera, se despertó, tomó la laptop, y leyó las noticias mientras tomaba el desayuno en la cocina, hizo un par de llamadas y esperó el paquete.

Su respiración se calma, la falta de luz, a pesar de aumentar su miedo, también oculta lo que tiene enfrente, conforme las horas pasan, se tranquiliza más y más.

A mediodía todo está listo, sus efectos personales están en una maleta, su ropa está empacada dentro del auto; la mensajería llega puntual y la caja queda a mitad de la estancia, frente a la entrada.

La oscuridad se hace más densa, ella sigue concentrada en el brillo que acaba de observar, la laptop acaba de caer sobre la alfombra.

A las tres de la tarde Vianey se concentra en redactar la nota, es miércoles, así que pasarán al menos otros cuatro días antes de que Víctor y sus hijas regresen, ella no piensa estar allí para recibirlos.

“Querido Víctor:

Sé que pretenderás que esta decisión te toma por sorpresa y que no es lo que  deseas desde hace años.

Siempre fui clara contigo sobre lo que quiero, tú siempre has sido muy claro en no dejar que mis necesidades se interpusieran en tu vida.

Me voy, puedes contactarme a través de mi mamá o mi hermana si necesitas algo, pero espero de todo corazón que no tomes ese camino y puedas continuar solo.

Ya no puedo ni quiero llevar esta carga, lamento tener que llegar tan lejos, por las niñas; explícales lo que pasó cuando lo creas necesario, espero que puedan seguir adelante.

Te dejo un regalo, algo que podrá sustituirme tomando en cuenta lo que siempre has esperado de las mujeres, tus ideales y necesidades quedarán cubiertos con eso.”

Ella sigue sollozando, tiene miedo de moverse y también de quedarse quieta, la laptop cambia el protector de pantalla justo entonces.

Su mirada se clava en una foto de Víctor y las niñas.

Su conciencia sobrepasa el miedo, ahora sabe qué hará, es lo correcto.

Afortunadamente, hay tiempo aún.

Nada ha cambiado cuando el sol ilumina la mañana del jueves, la caja sigue frente a la entrada; el auto sigue estacionado con los faros apuntando hacia la salida; la ropa de Vianey sigue empacada dentro; su gato sigue dormido en un sillón de la sala.

Su laptop despliega archivo tras archivo, toda su vida y recuerdos pasan frente a ella, al observar toda la felicidad que ha despreciado se convence que ha tomado la decisión correcta, cuando termina el calor del sol calienta su espalda, la sensación es estimulante, es hora de trabajar.

Los mensajeros vuelven a visitar la casa, esta vez dejan los paquetes en la puerta de la casa conforme a lo que les piden por el intercomunicador.

Cuando la noche regresa a la casa la caja ha desaparecido, el auto está en su lugar, su contenido está otra vez donde debe, el procesador de basura se hizo cargo de las cajas, logró terminar antes de las seis y enviar la propuesta del libro que tenía pendiente, luego de recorrer la casa y asegurarse que todo estaba en orden, se relajó por fin y repasó de nuevo los archivos que había visto en la mañana.

A las ocho de la noche, un mensaje: le pedían que fuera al día siguiente a una reunión en la Facultad para discutir el proyecto, por un momento pensó que había hecho algo mal, pero el resto del correo dejaba ver que estaban encantados con su trabajo, irónicamente.

Luego de contestar una sombra se movió entre las vigas del techo, asustada, clavó la mirada sobre el punto y sus ojos se encontraron con los del gato, que la miraba lleno de desconfianza y aprehensión.


La reunión entre el Director de la Facultad, el Jefe de Diseño, la Coordinadora de Publicaciones, sus respectivos equipos y Vianey para discutir la propuesta del libro terminó grabada en la mente de todos.

Al principio todos los presentes (y de verdad me refiero a todos), tenían una extraña sensación, hacía sólo quince días que habían visto a Vianey pero ese día había algo fuera de lugar con ella; no podía ser su apariencia, ya que era la misma de siempre; no podía ser su trabajo, ya que era igual de bueno; pero había algo, que nadie podía definir, pero que todos sabían que estaba ahí.

Ella se percató de la situación, las miradas de reojo y los cuchicheos, todos se concentraban en ella y en encontrar qué era lo que los hacía sentirse así.

Entonces decidió ir por todas, hasta ese momento había respondido a los presentes con frases cortas, así que se soltó y mostró su verdadera personalidad.

Eso fue lo que encajó la reunión en la memoria colectiva de la oficina, para ellos ése era el elemento inquietante sobre Vianey: sus palabras, sus expresiones y sus gestos habían dado un giro, todos la recordaban irritable, tímida, agresiva y a veces insoportable; ahora era extrovertida, carismática, amable y hasta cariñosa, nadie podía creerlo, pero todos aceptaron que era eso lo que los había incomodado.

Nunca llegaron a saber que la experiencia que sólo compartieron al principio de la reunión es un concepto que tiene décadas; la curiosa forma en que funciona la mente hizo que prefirieran la explicación simple a la posibilidad siniestra: ellos notaron algo inquietante en Vianey desde el momento en que la vieron, no cuando empezó a soltarse. Su nueva y agradable personalidad hizo que pasaran por alto la sensación de inquietud y asumieran que su carácter era lo que había provocado su reacción inicial.

Un investigador habría encontrado muy interesante todo esto, ellos debieron darse cuenta de lo que pasaba también, en las semanas previas habían escuchado la descripción de lo que sintieron esa mañana de viernes cientos de veces: se llamaba Uncanny Valley Effect o “Valle Inquietante” en su pésima traducción al español y era la sensación de rechazo e inquietud que la Corporación Matriz trataba de evitar con su nuevo producto, androides llamados Satisfaction Maidens, lo más nuevo en juguetes sexuales.

Vianey, un ser humano común y corriente que habían visto cientos, si no es que miles de veces, acababa de provocarles una sensación de rechazo que sólo deberían provocar los androides humanizados.

Eso es el Uncanny Valley Effect.


La misma sensación invadió a Víctor y a sus hijas un par de días, la teoría dicta que en ese plazo debieron darse cuenta que había algo mal y rechazar a Vianey, pero pasó lo mismo que en la Universidad: la nueva, dulce y amorosa versión hacía que sus dudas quedaran a un lado y creyeran que la sensación era irracional.

Si se ve como ella, habla y camina como ella, escribe y grita como ella, besa y abraza como ella… tiene que ser ella.

Además, había tantos en su círculo que siempre esperaron un poco más de cariño, reconocimiento, amor y respeto que el que Vianey solía dar, que pronto decidieron que esta nueva faceta era la verdadera y el resto del mundo se podía ir al diablo por lo que a ellos concernía.

El mundo entero parecía aceptar a la nueva e inquietante Vianey, aunque alguien muy cercano no daba su brazo a torcer.

Para Kimi todos habían enloquecido, era tan evidente que ella no era Vianey que no dejaba de asombrarlo el cariño y amor que sus humanos le daban, él no se había dejado convencer.

Empezaba a inclinarse por aceptar la situación, sin embargo, para reintegrarse a la manada, al final, Lo-Que-Sea era agradable y cariñosa, sabía que no podía traicionar a Vianey, pero a fin de cuentas era un animal y había necesidades que no podía cubrir en soledad.

Después de despedir a Víctor y a las niñas y recordarle a su esposo la cena que tenían programada esa noche, regresa a la casa, entra a la sala y se topa de frente con Kimi, el gato le ha negado su atención y la ha visto con desconfianza desde aquél día, ella sabe que el gato conoce el secreto, el gato sabe que ella no es lo que dice ser.

- ¿Ya vas a hacer las paces conmigo?

Kimi maúlla, ella no sabe si está aceptando o diciéndole que se siente, se deja caer en el sillón y empieza a hablar, tiene tanto que decir que necesita dejarlo salir:

- Supongo que no merezco tu confianza, después de todo lo que pasó… ¿Pero qué se supone que iba a hacer?, tú viste cómo se burlaba cuando escribía la nota; su maldita risa, tan malvada y fría; saber que estaba dispuesta a destrozar la vida de alguien tan lindo y cariñoso como Víctor; que estaba dispuesta a dañar a sus propias hijas, que no sienten otra cosa más que amor por ella; cómo se burló de mí cuando le pregunté si estaba dispuesta a hacer tanto daño por egoísmo.

El gato no responde, sigue con los ojos fijos en ella:

- Ella era un asco, pero no creas que no lo lamento; no pasa un minuto sin que piense en eso y deseé cambiarlo.

Por toda respuesta, Kimi se acerca y se deja acariciar.

Los minutos pasan, el gato ha decidido aceptar lo inevitable y adoptar a esta cosa como uno más de sus humanos, a fin de cuentas, ¿qué habría de bueno en que se supiera la verdad?

De pronto el gato salta y camina hacia la estancia, ella va tras él y lo ve dirigirse hacia el armario bajo la escalera, es una fortuna que Víctor no haya entrado y que las niñas no hayan pasado cerca de ahí, el gato se sienta, ella suspira y con una mirada cargada de tristeza abre la puerta de par en par.

- Lo sé, tenemos que encargarnos de esto, hay sierras en el garaje, estoy segura.


Ahí, desde el fondo del armario y dentro de la caja en que ella llegó, los ojos vacíos de Vianey los miran sin expresión.

lunes, 29 de febrero de 2016

El Incidente

I

La lluvia golpea los vidrios del cuarto donde me tienen encerrado; hace frío, el sol ha estado jugando a esconderse desde hace más de una semana y la temperatura fresca hace que los golpes en mi cuerpo duelan aún más, la situación cada vez es más desesperada, pero estoy seguro que pronto todo se arreglará.

La puerta metálica del cuarto se abre, un sujeto al que nunca antes he visto entra en mi universo de dolor y esperanza, viste impecable, un abrigo grueso cubre su fino traje, un par de guantes de cuero protegen sus manos del clima extremo, las mías están ateridas, y el frío que emana de la silla a la que me sujetaron las entume aún más.

El hombre se sienta frente a mí, es joven, no más de 35 años; su mirada profesional se clava en mí, por unos segundos me siento avergonzado de mi apariencia, pero la sensación pronto se desvanece, después de todo, ¿quién se ve bien después de una semana de tortura?

Con movimientos suaves y calculados, el hombre extrae una cajetilla de cigarros de su abrigo, toma uno y lo enciende, mientras deja escapar el humo hacia mi rostro, suspira y comienza a hablar:

- ¿Cómo te sientes hoy?, ¿Me escuchas?, ¿Me entiendes? – asiento ligeramente y el hombre continúa – excelente… mira, la razón por la que estoy aquí es para hablar sobre lo que pasó, te mentiría si no te dijera que estamos asombrados y admirados por tu resistencia, muchos otros se quebraron mucho antes que tú.

Sin embargo, sabías que tarde o temprano lo sabríamos todo, y que ningún informe tuyo nos haría falta para completar la investigación; lamento informarte que ese momento ha llegado.

Por un lado, esto simplifica todo para ti, voy a contarte lo que sabemos, y tú tienes que decirme si algo de esta información es errónea, como te decía, sólo lo hacemos para facilitártelo todo, sé que son malas noticias, pero también pueden ser excelentes si lo miras desde la perspectiva adecuada.

Una breve pausa recorre la habitación, hago un esfuerzo para concentrarme por encima de mi dolor, no puedo dejar que ellos me derroten como vencieron a los demás.

- Empecemos entonces, ¿te parece bien?

II

La noche del 09 de octubre, M se encontraba en un campamento a las afueras del Parque Nacional, en una pequeña zona ubicada 25 kilómetros al norte del Puesto 4, la zona es reconocida por los campistas experimentados ya que es un paraje solitario pero cómodo para acampar y con una vista amplia de la zona.

En el campamento se encontraban los demás testigos (S, O y J) de los cuales ya recopilamos la información necesaria y dispusimos de ellos conforme a lo señalado en el Anexo 5.

Alrededor de las 2300 horas, tuvo lugar el incidente.

III

- Tú fuiste el primero en verlo todo, ¿cierto?

No me quedan muchas opciones, si quiero llegar a ver el final de esto tengo que empezar a cooperar, afortunadamente nadie ha descubierto nada importante aún, de modo que asiento para confirmar todo lo que acaba de decirme.

- Los demás dicen que tu primera impresión fue la de estar observando algún tipo de fenómeno sobrenatural, también aseguran que, al verla, tu reacción fue de asombro y, según declaró alguno: “de adoración total”, ¿es verdad eso?

Le confirmo de nuevo lo que sabe, veo por un instante cómo el asco se apodera de su rostro.

- ¿Tienes alguna idea de lo que estabas viendo?, ¿Alcanzas a comprender a qué te enfrentaste aquél día?
- ¿Y ustedes?, ¿Entienden con lo que están lidiando?

El hombre me mira desconcertado, supongo que no esperaba que respondiera.

- Mejor que tú, aunque no lo creas.

IV

Los testigos se acercaron al lugar, de inmediato se percataron que algo extraño pasaba, M le dijo a los demás que esperaran, que él iría a investigar lo que sucedía, S y J aseguran que pensaron que era mala idea, pero ninguno de ellos tuvo valor para impedirle a M acercarse.

En ese momento, los testigos vieron todo, M quedó prendado del ente en cuanto la observó, O asevera que su mirada era de adoración total, J está reticente a utilizar esa palabra, mientras que S confirma la impresión de O, ambos conocen a M desde la infancia, por lo que se dio mayor peso a sus testimonios.

Seguimos investigando esta parte del incidente, ya que el ente se veía diferente para todos los testigos, sabemos la verdadera apariencia de la entidad, pero no sabemos cómo puede verse diferente a los ojos de los que la ven.

V

- ¿Voy bien hasta ahora?

Le doy gusto, asiento con la cabeza y confirmo con una mirada de asombro fingido, él no lo sabe, pero si estoy aquí, si estoy protegiéndola, es debido a la promesa que nos hicimos cuando la ayudé a escaparse de estos pobres diablos.

- ¿Quedaste asombrado por su belleza?, ¿Creíste acaso que era lo más bello que habías visto en toda tu vida?

Sigo asintiendo, dándole gusto al hombre que fuma frente a mí.

- ¿Te dijo que iba a regresar por ti, cierto?

Esta vez me toma por sorpresa, no esperaba que hubieran podido averiguar eso, ni siquiera los demás saben lo que ella me dijo antes de partir.

El sujeto no se inmuta, se limita a fijar sus ojos fríos y despiadados en mí, tengo un mal presentimiento acerca de esto.

Finge una mirada cariñosa.
Señala a las estrellas.
Señala su corazón.
Me señala a mí.
Junta sus manos.
Señala de nuevo a las estrellas sin despegar las manos.

No puedo creerlo.

Simplemente no puedo.

Eso es exactamente lo que ella hizo al prometer que volvería por mí.

- ¿Sabes cómo sé esto?

Niego con la cabeza y el hombre sonríe, su sonrisa congela mi corazón y hace que sienta mi sangre como si fuera mercurio.

VI

Desde hace diez años, se han registrado más de (EDITADO) casos en la zona, todos tienen las mismas características, todos terminan igual, el protocolo establecido por la Organización en fechas recientes nos ha permitido lidiar con los últimos casos que se han presentado, está demostrado por las investigaciones previas que una vez que los sujetos han presenciado al ente, sólo se puede proceder de una manera.

En este caso se siguieron los protocolos al pie de la letra, después de obtener la confirmación de los testigos.

VII

El mercurio me congela, puedo sentir su frío recorrido por mi cuerpo, destroza todo lo que toca, puedo sentirlo devastando mi interior, devorando y carcomiéndome hasta exterminar todo lo que encuentra.

- Así es, lamento informarte que no eres el único.

El mercurio empieza a brotar por mis poros, sustituyendo al sudor que cubría mi piel hace unos instantes, puedo sentirlo escapando entre mis labios, cómo escurre por mis ojos y cubre mis mejillas, el frío invade mi alma.

- A todos les prometió lo mismo. A todos los dejó atrás para que la protegieran.

El hielo invade todo, la ventana, la habitación, la mesa, la silla en la que estoy sentado.

- A todos los abandonó.

El mundo se congela, la lluvia que caía mansa en el mundo exterior se convierte en agujas de hielo que revientan al golpear la tierra, las nubes se cristalizan, el aire se vuelve glacial, mi aliento se siente como vidrio cortado en mi garganta.

- Al principio no sabíamos qué hacer con esos pobres diablos, los engañaba, los dejaba atrás con la promesa de venir por ellos y al final nosotros debíamos lidiar con sus alucinadas mentes, era patético ver aquello, todos sentíamos lástima por ellos.

Las paredes están recubiertas de escarcha, siento como el mercurio me quema cuando escapa por mis ojos, el humo que escapa de los labios congelados que se mueven frente a mí se condensa en el aire, formando volutas perpetuas que se quedan colgando en mi mente aterida por el frío.

- Afortunadamente, ahora sabemos lo que tenemos que hacer.

Sin más, el sujeto que fuma saca un revólver de seis tiros, tira del percutor y acerca la boca del cañón a la frente de su testigo, sin prisa, calmado y sereno, el fumador vacía la carga del revólver en la cabeza del hombre, el cuerpo brinca en el aire unos instantes y cae sobre la silla, liberado de lo que lo atormentaba.

Otro interrogatorio exitoso.