lunes, 28 de octubre de 2013

Todo lo que puedas desear (Halloween Special)

- ¡Déjame en paz!
- Pero, mi amor…
- ¡Deja de llamarme así! ¡Yo ya no soy tu amor!
- ¡No! ¡No digas eso! ¡Te prometo que puedo cambiar!
- ¿Cambiar, tú? ¿A quién engañas?... ¡Nunca lo harás!
- ¡Es en serio!, yo podría…
- ¡No!, ¡No puedes, ni aunque lo intentes con todas tus fuerzas, otra vez!, ¡Ni aunque tu vida dependiera de ello!
- Pero, mi vida…

El amor de su vida da media vuelta, la toma por el mentón y lentamente, dándole tiempo a cada palabra de herirla, dice:

- ¿Recuerdas que hace muchos años te dije que tu belleza interior y exterior coincidían?
- S-sí…
- Te felicito, ahora, más que nunca, es verdad… todo lo horrendo que hay en tu alma por fin encontró como salir a la superficie.

El joven da media vuelta y deja a la chica que le suplica perdón parada en medio del concurrido centro comercial, todos los que están cerca pretenden ignorarlo, pero la discusión fue bastante violenta como para pasar desapercibida, varias miradas compasivas se posan en ella, muchos otros evitan hacer contacto directo con su mirada, lo cierto es que la palabra lástima, por dura que sea, es la que mejor expresa los sentimientos que inspira la mujer en esos momentos, entonces se da cuenta de lo que dijo el amor de su vida, y el llanto inunda sus ojos…

Han pasado meses desde aquél desagradable evento, Mariana, tal es el nombre de nuestra protagonista, ha caído poco a poco en un agujero negro de depresión y resentimiento que la tiene aislada de todo, pocos la han visto, y aquellos que lo hacen le cuentan al resto del mundo lo preocupados que están por el estado en el que se encuentra; ciertamente, si algo quedaba de su legendaria belleza, la misma que una vez puso de rodillas al engreído y orgulloso hombre que acaba de despreciarla, el descuido y la tristeza interminable han acabado con ella…

¿Alguna vez han vagado por el lado más oscuro de sus propios pensamientos?, bueno, si alguna vez lo intentan, quedarán aterrados por el tipo de cosas que encuentran: ideas, pensamientos, fantasías, cosas que ni siquiera sabían que eran capaces de imaginar, todo embutido dentro de una envoltura podrida y tenebrosa… la de la peor versión de sí mismos que puedan encontrar.


Este tipo de paseos mentales valen la pena si uno tiene alguna razón para volver, pero esa no es opción para aquellos que, como nuestra amiga, han perdido todo interés por la vida; además, como si fuera una maldición de Dios impuesta a los hombres, esas depresiones existenciales son obligadas para todos los que pierden el motor que impulsa sus movimientos, y eso es por lo que ella está pasando…
Casi puedo observarla ahora mismo… deprimida, sollozando, triste más allá de toda comprensión, desesperada, tratando de encontrar algún sentido al mero acto de respirar, suspirando hastiada al no encontrarlo, considerando por enésima vez cuál de todas las formas de morir que ha ideado es la mejor, tal vez arrojarse desde el edificio donde trabaja, o tal vez darse un tiro en la cabeza con el arma que se guarda en casa, quizás una sobredosis con alguna sustancia olvidada y descuidada…pueden imaginarla con un esfuerzo, pensando todo esto mientras escucha música en la laptop, justo cuando acaba de decidir que la vida carece de todo sentido, los sonidos que escucha son interrumpidos por uno de esos clásicos anuncios de Internet, aunque el texto del anuncio lo hace atípico…

“¿Harto de sufrir? ¿Decidió que la vida no tiene sentido? ¿Cansado de ser siempre un perdedor?... ¡Termine con eso ahora!, Solución inmediata, sin costo, ¡Podemos darle todo lo que pueda desear! ¿Cree que su deseo es imposible de cumplir? ¡Para nosotros no hay imposibles! ¡Todo está a nuestro alcance y puede estarlo para usted!”

Podría parecer el típico mensaje de alguna de esas sectas que se hacen llamar iglesias (ya sabes, Cienciología, Pare de Mamar, Católicos o Cristianos) pero la combinación de colores del anuncio llamaba poderosamente la atención… letras rojas sobre fondo negro.

Sin nada que perder realmente, nuestra chica pulsa el link adjunto y se despliega un mensaje:

“Acuda a nuestras oficinas ubicadas en Calle 6 número 51, esquina con Avenida Monte Sinaí, Oficina F, con el Licenciado Olivier Carriere”

La pobre no podía creerlo en un principio, esa dirección estaba a menos de 15 minutos de su casa, ¿Realmente estaría la solución a sus problemas tan cerca? ¿Sería un truco, algún engaño? Y sin embargo… ¿Qué podía perder?

Después de pensarlo unos días y luego de haber planteado todas las dudas que te puedas imaginar (y desecharlas todas con el argumento que ya conocemos) nuestra protagonista se presentó en la dirección que vio en el mensaje, el edificio era viejo, oscuro y algo tenebroso, la chica notó, no sin miedo, que la oficina F ocupaba todo el sexto piso, y que era el único que estaba ocupado.

Tras desechar ese último miedo (pueril, según le parecía, ya que probablemente los demás negocios en el edificio habían quebrado) la chica tocó el timbre que correspondía a la oficina donde se suponía que encontraría la solución a sus problemas…

- ¿Sí?
- Buenas tardes, vengo a ver al Licenciado Olivier Carriere…

Minutos después la mujer salía del elevador en el sexto piso y recibía una impresión que le haría revivir todos los miedos previos, tal vez había sido un error haber ido ahí…

La persona que le había dado acceso al edificio era una mujer joven, muy atractiva, labios delgados, cabello corto, negro y sedoso, nariz pequeña y un poco aguileña… hasta ahí todo bien, pero el color de su piel era pálido, no cadavérico, sino muy blanco, quizás demasiado…

En cuanto la puerta del elevador se abrió, la extrañamente hermosa recepcionista la miró y ahí fue cuando Mariana tuvo un presentimiento, algo tan negro y pavoroso que casi la hace correr y regresar por donde vino, y eso que sabe muy bien qué la espera al volver a casa…

- ¿En qué le puedo ayudar, señorita?

Sus ojos, los ojos de la joven eran profundamente negros, no cafés, no café oscuro, eran negros, pero ni siquiera esto era lo que había espantado a Mariana, en realidad lo aterrador era el vacío que podía intuirse en la mirada de la recepcionista… sin embargo, su voz era extrañamente tranquilizadora.

- Vengo a ver al Licenciado Olivier Carriere…
- ¿Cómo se enteró de nosotros?
- Mediante un aviso en Internet…
- Espere mientras la anuncio, señorita...
- De la Vega, Mariana De la Vega.
- Gracias, siéntese por favor, señorita.

Nuestra deprimida y aprehensiva protagonista toma asiento en un amplio sillón, escucha cómo la recepcionista la anuncia y recibe de inmediato la orden de darle entrada, la voz del otro lado del comunicador, que presumiblemente es la del Licenciado Carriere, se escucha vieja y cansada, ¿cómo un negocio así se anuncia en Internet?, sin pensarlo mucho, Mariana entra en la oficina de Carriere, cuando pasa junto a ella, la recepcionista la toma de la mano, un frío aterrador recorre el cuerpo de la mujer, y la impulsa a clavar una mirada espantada en los negros abismos que tiene en los ojos, la pálida chica sólo dice:

- Pase, señorita, verá como todo queda atrás…

Mariana queda paralizada por la impresión, pareciera que dentro de los ojos de aquella joven hubiera un agujero negro, vacío, imponente y aterrador…

- ¿Señorita De la Vega?

Nuestra heroína se estremece al escuchar la voz, y voltea a ver a Carriere, que es quien acaba de llamarla, cuando voltea nuevamente, la recepcionista está en su sitio frente a la puerta del elevador, ¿Cuándo carajos…?

- Siéntese por favor, permítame presentarme, soy el Licenciado Olivier Carriere.

El hombre es moreno, delgado y pequeño, parece extraordinariamente viejo, cada arruga, cada parte de su rostro transmite la idea de una vejez extrema, pareciera que tiene 90, 100 años de edad, sin embargo, los ojos del anciano brillan con intensidad; por contraste con los de su asistente en la recepción, se ven vivos y llenos de energía, Mariana se siente atrapada por su mirada, al grado de tomar asiento frente a Carriere y decir:

- Pues, vi su anuncio en Internet y…
- ¿Quiere saber si podemos ayudarla?
- Algo así…
- Déjeme explicarle algo, señorita De la Vega, nosotros nos dedicamos desde hace mucho tiempo a ayudar a la gente con sus problemas, esto lo hacemos sólo por el placer de auxiliar a otros, de tender una mano amiga cuando todo lo demás parece haberse derrumbado, ¿Porqué, se preguntará, tenemos ese impulso?, muy sencillo, tratamos de ser la solución, la panacea de todos aquellos que quieren salir de la oscuridad y retornar a la luz… ¿lo entiende?
- Creo que sí…
- Sin embargo, no podemos cumplir con esta noble misión si aquellas personas que queremos ayudar, a las que queremos salvar de su miseria, no saben con certeza que es lo que necesitan…

El anciano se acercó a Mariana, clavó una mirada penetrante en sus ojos, ella, por más que lo intentó, no pudo escapar del hechizo que el brillo de aquella mirada ejercía, Carriere dijo:

- ¿Qué es lo que usted necesita realmente, señorita De la Vega?

La mujer se sintió atravesada por la mirada del viejo, casi podía jurar que esos joviales y extraños ojos podían mirar dentro de su alma, como si pudieran sacar de ese negro pozo de deseos reprimidos y egoísmo disfrazado de bondad que todos llamamos Yo todos los secretos, las ambiciones, las fantasías, todo aquello que incluso estaba vedado a ella misma, ese espectro aterrador de pensamientos que la había atormentado durante semanas; incapaz de soportar la abrumadora sensación, Mariana cerró los ojos y dijo:

- Quiero volver a ser bella, tal cómo era cuando él me conoció…
- ¿Quieres recuperar tu arrogante belleza?
- Sí, quiero volver a sentir el poder, la seguridad, la ambición…
- ¿Quieres que él se vuelva a humillar por poseerte?
- Sí, quiero tenerlo nuevamente a mis pies…
- ¿Quieres volver a ser tú, de nuevo?
- ¡Sí!, ¡Sí!... quiero volver a tener el control… ¡Quiero volver a ser quien siempre he sido!
- ¿Estás segura que no quieres otra cosa, Mariana?

Ahora es ella la que clava la mirada en Carriere, una ola de pasión, ira, ambición y sed de poder atraviesa los ojos de la mujer, ahora ella le grita al anciano:

- ¡No!, ¡Quiero ver cómo ese imbécil se arrodilla y me pide perdón!, ¡Quiero ver cómo se humilla de nuevo por mí!, ¡Quiero poder controlarlo como solía hacerlo!, ¡Quiero volver a sentirme poderosa!, ¡Todavía siento la necesidad, esa sed, esa hambre dentro de mí!, si para eso necesito recuperar mi belleza… ¡Que así sea!

Carriere se deja caer sobre su silla, sólo se escucha el crujido del cuero, la chica sigue viendo al anciano, su mirada es menos intensa; durante un breve segundo, el viejo pudo vislumbrar las intenciones reales de Mariana, suspira, abre un cajón a la izquierda del escritorio y saca un frasco, la mujer lo interroga con la mirada, y dice con sorna:

- ¿No esperarás que beba eso, o sí anciano?

Carriere gira la silla dándole la espalda a Mariana, sirve agua en un vaso y vuelve a mirar a la chica, abre el frasco y deja caer unas gotas dentro de él, mientras las observa disolverse, dice:

- No, es mi medicina… ¿Te puedo preguntar algo, Mariana?
- Seguro
- ¿Estás cien por ciento segura de lo que quieres?
- Tú lo sabes mejor que nadie, viejo, ¿o me equivoco?
- No, no te equivocas, solamente quería estar seguro…

De pronto, sin que Mariana pueda reaccionar, haciendo gala de una agilidad imposible en un hombre tan viejo como aparenta serlo, Olivier Carriere arroja el contenido del vaso directo a la cara de la mujer, ella cierra los ojos por instinto y grita, se impulsa hacia atrás, tratando de alejarse de aquél anciano, temerosa de que todo sea una trampa y ahora la hagan pagar por su ingenuidad, pierde el equilibrio y cae de espaldas con los ojos cerrados, pierde contacto con la silla y por unos instantes el pánico se apodera de ella, grita, se revuelca, lanza golpes al aire sin atinarle a nada, de pronto escucha gritos a su alrededor y unos brazos la sujetan…

- ¡Mariana! ¡Despierta!

Cuando la mujer abre los ojos no puede salir de su asombro, su hermano la sostiene, ella está tirada en el piso de su cuarto frente a la computadora, según puede ver, acaba de caerse de la silla…

- ¿Ricardo?, no mames, ¿Cómo llegué aquí?
- ¿Llegar? ¿De qué hablas? ¡No has salido en todo el día!
- ¡No te hagas pendejo! ¿No te dije que iba a ver a alguien?
- Sí, en el edificio que está frente al mercado ¡pero eso fue en la mañana!
- ¿Y luego?
- Te encerraste aquí al mediodía, dijiste que tu cita se había cancelado…
- ¿Y entonces que pasó?
- Yo estaba en la sala leyendo cuando escuché el putazo, subí en chinga a ver qué te había pasado y te encontré tirada, gritando y lanzando golpes, dormida…
- ¡No chingues! ¿Cómo iba a estar dormida sentada, pendejo?
- ¿Y cómo quieres que yo sepa? ¡Supongo que tenías una pesadilla, pendeja!

Ricardo siente cómo su hermana aprieta sus brazos, por instinto la sujeta más fuerte, ella respira agitada y pregunta:

- ¿Qué hora es, hermano?
- Las 6 de la tarde ¿Por?
- ¿Estás seguro que no salí para nada?
- ¡Seguro!, ¿A dónde vas a ir si nunca sales, cabrona? ¡A todos nos preocupa tu pinche depresión y todavía te alucinas! ¿Estás bien? ¿Quieres que te lleve al hospital o algo así?
- No, no, solamente tuve una puta pesadilla muy vívida, seguramente todo fue un sueño…

Mariana suelta a su hermano, y él la ayuda a incorporarse, la pobre se ve confundida, Ricardo se preocupa un poco pero ella se recupera pronto…

- Mejor me baño, tal vez eso me ayude a quitarme la impresión…

Ricardo se queda de una pieza, desde que el puto aquél la dejó humillada, su hermana estaba en una depresión fuerte, sin ir más lejos, él podría estar con su novia, pero en realidad estaba vigilando a Mariana, la cabrona se había dejado caer de forma patética, se descuidó como nunca… ¿y ahora quería bañarse?, ¿qué chingados estaría soñando?.

A la mañana siguiente, Mariana se despierta como todos los días, bosteza y se despereza en la cama, durmió profundamente y sin sobresaltos, por primera vez  desde que la abandonaron no estuvo dando vueltas entre las sábanas toda la noche, sale del cuarto y se mete a bañar, acaba de decidir que la pesadilla del día anterior es demasiado, necesita salir más, eso es seguro…

Cualquiera podría decir que es un día normal, pero está a punto de incrustarse en la mente de la familia De la Vega de manera permanente, cuando Mariana sale de la regadera, coloca una toalla alrededor de su cuerpo, envuelve su cabello en otra, desempaña el espejo sobre el lavabo con un pequeño trapo y se mira en él…

- ¡No mames!

El grito despierta a Enrique, su otro hermano, que entra corriendo en el baño y encuentra a su hermana pálida y aterrada, cubriéndose la cara con ambas manos, creyendo que acaba de cometer alguna estupidez, la abraza y grita:

- ¿Qué pasa?, ¿Qué hiciste, Mariana?
- No puede ser, no puede ser…
- ¡Contéstame Mariana!, ¿Qué hiciste, cabrona?

Por toda respuesta, la mujer descubre su rostro y se mira alelada en el espejo, para ese momento, los gritos atrajeron a Ricardo y a su madre, quienes observan la escena, lo que los tiene a todos atónitos, es su rostro… parece que rejuveneció quince años.

Ricardo es el primero en romper el silencio:

- ¿Mariana?
- ¿Sí?
- ¿Qué fue lo que hiciste ayer?
- ¿No dices que no salí?
- Pues… sí… es sólo que… tu rostro está…
- … más joven – tercia Enrique
- ¡Exacto!... parece que hubieras…
- …perdido quince años – completa su madre
- ¡Sí!... ¡Eso!... es… tan…
- ... ¿extraño? – termina Mariana

Todos admiran de nuevo el rostro de la mujer, ella, sin decir palabra, se levanta y camina hasta su cuarto, cerrando la puerta tras de sí, los demás están en shock y bajan como autómatas al comedor, donde preparan un café que se enfriará antes de que alguien se mueva de su lugar…

Apenas cierra la puerta, Mariana voltea a verse en el espejo de cuerpo completo que tiene en su cuarto, siempre ha sido vanidosa, siempre se mira ahí antes de salir, pero hace mucho que no se ha observado como solía hacerlo cuando era joven.

Es increíble, sus ojos, sus mejillas, su nariz, sus labios, toda ella es una versión idéntica a la de ayer, sólo que quince años más joven; un pensamiento cruza la mente de la mujer, instintivamente toca su cuerpo y descubre, no sin un sobresalto, que no sólo su rostro recuperó el tiempo perdido; con un hábil movimiento hace volar la toalla y se mira atentamente en el espejo… Mariana no puede creerlo, sus apetitosas formas juveniles también regresaron, adiós a todos los detalles que la edad había dejado sobre su cuerpo, sus senos, grandes y perfectos, estaban de nuevo arriba, desafiando orgullosos la ley de la gravedad; su cintura es pequeña y estrecha, como hacía años que no lo era; su cadera, otra vez es redonda y atractiva; ladeando la cabeza lo más que puede, la chica descubre que también su saludable y apetitoso trasero está nuevamente donde debe.

Esta mañana, Mariana De la Vega, una mujer que nació 38 años antes, rejuveneció, y parece que de nuevo tiene 20 años.

Ricardo, Enrique y María, su madre, siguen sentados en el comedor, sin saber qué decir, qué hacer o cómo actuar… puedes imaginar fácilmente su dilema, es decir, ¿Qué se hace en un momento casi sobrenatural cómo ese?

Su problema termina en el momento en que la puerta del cuarto de Mariana se abre y se cierra de nuevo, los tres observan la escalera impávidos, ven bajar a la mujer que conocen desde hace décadas convertida en una jovencita, una luz especial pareciera irradiar de su mirada, pasa frente a su azorada familia y dice:

- Creo que necesito aire fresco, nos vemos en la noche…

Mariana avanza en su auto por una de las siempre congestionadas avenidas de la Ciudad en Obra, no sabe qué pensar, ni siquiera mira por el retrovisor por el miedo que le inspira el suceso sobrenatural que acaba de pasarle, es decir, ¿cómo pudo rejuvenecer en una noche?; finalmente reúne valor, la imagen del espejo lo confirma, ahora se ve mucho más joven, lo que ve ahí viene del pasado…

De la época en la que lo conoció.

El pensamiento atraviesa su cabeza sin mucho esfuerzo, es un hecho, más que un recuerdo o una idea, esa imagen, que la mira entre asustada e impactada en el retrovisor, es ella misma, tal como era el día en que Su Amor la conoció…

Sentada frente a una fuente en la Alameda, la verdad cae sobre ella, acaba de recuperar su arrogante belleza, recuperó en una noche lo que le tomó quince años perder, ha vuelto a ser tan bella como lo era cuando Su Bombón se arrastraba por ella, había vuelto a ser quien siempre había sido…

Su deseo, su más profundo y ardiente deseo, se había hecho realidad.

De pronto, como si despertara de un sueño prolongado, la chica desciende a la realidad, un joven tomó asiento junto a ella, viste por completo de negro, pantalón, camisa, saco, zapatos y sombrero, nada desentona, ni siquiera los lentes oscuros que cubren sus ojos, junto a él se sienta una chica muy pálida, ambos le parecen conocidos; más molesta por la interrupción que por la presencia del joven, Mariana se levanta y comienza a alejarse de la pareja, justo cuando da el primer paso, el tipo dice:

- ¿A dónde vas, Mariana?

La mujer voltea y mira al sujeto asombrada, ¿cómo diablos sabe su nombre?

- ¿Cómo no voy a saber tu nombre?, ¿Ya no me reconoces?

¿De qué demonios habla? ¿Reconocerlo de dónde o cuándo?

- De nuestra reunión de ayer, ¿tan pronto lo olvidaste?, pero apuesto a que los efectos no los has olvidado, ¿me equivoco?

¿Qué? ¿Cómo diablos sabe de su sueño?

- ¡Por favor! ¡Es obvio que no estabas soñando!, quizás no me reconozcas ahora, pero a ella sí que la recuerdas, ¿verdad?

¿A quién? ¿A la chica que viene con él?

- Así es, ¿La recuerdas de la recepción, cierto?

Es hasta que la mujer mira a la chica que se da cuenta de lo que está pasando, además, ¿Cómo puede saber ese tipo lo que ella está pensando?

- Eso es sencillo… digamos que ayer, cuando me revelaste la naturaleza de tu petición, se creo cierto vínculo entre nosotros, que me permite saber lo que vas a decir incluso antes de que acabes de formularlo en tu mente…

Hasta ese momento Mariana reúne fuerzas para hablar, y lo hace sólo para preguntar algo estúpido:

- ¿Licenciado Carriere?
- Olivier, si no te molesta, los títulos siempre me han parecido demasiado superficiales como para andarlos presumiendo.
- ¿Cómo diablos…?
- ¿Rejuvenecí?, de la misma forma que tú, ¿Necesitas explicación para aceptar un milagro? …

La mujer no puede creerlo, ¿Quién diablos es…?

- No te tortures pensado en eso, soy lo que soy, nada más…
- ¿Entonces, el sueño…?
- ¿Fue real? ¡Claro que lo fue! ¿De qué otro modo se habría realizado tu deseo más alocado, salvaje e inconfesable? ¿Con cirugía plástica?, ambos sabemos que eso no te habría dado los resultados que yo te proporcioné, ¿no?
- ¿Por…?
- Nada, nada, sólo lo hice porque esa siempre ha sido mi función, darles a todos ustedes, pobres mortales, aquello que está fuera de su alcance…
- ¿Por…?
- ¿…qué?, solamente por convicción, Él cree que ustedes deben tener sólo lo que se merecen y necesitan, Yo digo que deberían tener lo que quieran… es solamente una diferencia de criterios, nada más.
- ¿Y entonces…?
- ¡Para nada! ¿Qué haría yo con tu alma, Mariana? ¿Pedirte algo a cambio? ¡Bah!, mitos inventados por los viejos para disuadir a los jóvenes y los valientes de tomar lo que quieran, límites impuestos por ustedes mismos para darse una falsa idea de orden, rectitud y justicia en este universo caótico, multidimensional y carente de sentido o propósito…
- ¿De modo que…?
- ¿Es gratis? ¡Claro que lo es! ¿Porqué habría de cobrarles los favores?, yo no exijo nada a cambio, así como ustedes no exigen nada a sus amigos (a sus verdaderos amigos) por invitarles una cerveza, o dejarlos dormir en sus casas, o ayudarlos cuando están deprimidos… Él los considera como “su rebaño”, Yo los considero más como compañeros, les tiendo la mano cuando ustedes quieren, y como cualquiera de sus compinches, nada pido a cambio de mi ayuda…
- ¿Y entonces…?
- ¿…el cambio es permanente?
- ¡Cállate cabrón, déjame terminar las frases!
- Lo siento…
- ¿Es permanente?
- Así es, vida eterna, y eternamente joven…
- Pero él…
- Tu Bombón, Tu Amor, como quieras llamarlo, tendrá lo mismo que tú cuando regrese a tu lado para siempre, así les gusta a ustedes que sea, ¿o no?…

Mariana no puede creerlo, por un segundo pasa por su mente la idea de que todo es una pesadilla, antes de que pueda decir nada, Olivier la pellizca en el brazo, ella lo retira, y se da cuenta que no es un sueño, quizás todo se trate de alguna broma macabra…

- ¿Y cómo haría una broma así? ¿Hacerte creer que eres más joven y coludirme con tu familia? ¿Y los espejos son ilusiones ópticas o qué?
- Es verdad…
- Y todavía no te has dado la oportunidad de apreciar verdaderamente lo que acabamos de hacer… ¿Has pensado en ver a tus amigos? ¿A los geeks irredentos que solías despreciar a los 20?
- Oye, no los despreciaba…
- Sea, pero apuesto lo que quieras a que no les prestabas la atención que ahora sí les das, ¿no?; ¡piénsalo!, en tu descenso has ido conociendo personas que nunca creíste llegar a conocer hace quince años…

Mariana se queda pensativa, Olivier toma la iniciativa y se levanta, la chica que siempre lo acompaña lo sigue, le tiende la mano a la jovencita que tiene frente a sí y le dice:

- Piénsalo guapa, inténtalo y si no te convence, podemos arreglar algo distinto… ¿Qué te parece?

La mujer hecha niña estrecha la mano de Olivier sin pensarlo demasiado…

- ¿Cómo te encuentro?
- Sólo llámame, yo siempre acudo cuando mis amigos me llaman.

Llena de dudas, Mariana ve a Olivier y su acompañante alejarse, justo cuando los pierde de vista, suena su teléfono, el nombre “Manuel” aparece en la pantalla, la llama para invitarla a una fiesta esa noche, todos irán, es un gran chance para que puedas salir, llevas demasiado tiempo encerrada…

- Está bien, iré
- ¿En serio?
- Sí, te veo en tu casa ¿a las 8 está bien?
- ¡Claro!

Mariana llega a su casa a las 3 de la mañana, borracha y muy emocionada luego de ser el centro de atención de la fiesta con sus amigos geeks, como los llamó Olivier.

Los rayos del sol entran fuerte por la ventana, Ricardo, rebosando hipocresía, abrió las cortinas de par en par al amanecer, sabe que el sol le va a dar directo en la cara a Mariana a las 11 de la mañana, también sabe que las resacas de su hermana son apocalípticas, desde hace diez años al menos…

Todos esperan ver a la mujer de siempre, maldiciendo su suerte y tomándose la cabeza entre ambas manos mientras pide que nadie grite o haga ruidos fuertes, en lugar de eso, reciben el shock que todos tendríamos si viéramos una imagen de hace 15 años materializada frente a nosotros como si nada, la chica baja las escaleras ágilmente, no tiene los ojos enrojecidos, ni dolor de cabeza, ni siquiera la molesta la música que suena a todo volumen en la sala, viendo que su plan para torturar a Mariana ha fallado, Ricardo desiste y apaga el radio…

- ¡Buenos días a todos!
- ¿Amaneciste bien, hermana?
- Increíblemente sí, además dormí como piedra…
- ¿Y tu amigo?, ¿Él si tiene cruda?
- ¿Cuál amigo?
- No finjas demencia, cabrona – tercia Enrique – el guey que te trajo a las 3 de la mañana…
- ¿Alguien me trajo de vuelta?, ¡Hubiera jurado que venía sola!
- En el estado en que venías, fue mejor que él te trajera… ¿Quién fue?, ¿Manuel, Mario o algún otro de tus fans nerdos?
- ¿Amaneciste de malas, Ricardito?...
- Ya deja de jugar, ¿Se quedó en tu cuarto o qué?, ¿Siquiera recibió algo a cambio de ser tu Conductor Resignado?
- No hay nadie en mi cuarto, pendejo, ¡y a ver si moderas tu tonito, que no me gusta nada!

Mientras Ricardo sube como exhalación hacia el cuarto de su hermana, Enrique se da cuenta que toda la escena, con él sentado frente a un café en la mesa del comedor, Mariana con las manos en la cadera, mirando con desdén a Ricardo y poniendo cara de fastidio, y su hermano tratando de cazar al novio de turno, es idéntica a otras tantas mañanas que vivieron los tres quince años antes.

Ricardo baja la escalera pálido, Enrique toma el pie y hace la pregunta ritual:

- ¿Quién es? ¿Mario? ¿Manuel? ¿El Bombón que creímos fallecido?
- No hay nadie en el cuarto.
- ¿Qué?
- ¡Te dije, pendejo!

Mariana entra en la cocina hecha una fiera, mientras golpea trastes y cacerolas al buscar sus utensilios, Ricardo llega hasta la mesa del comedor y se deja caer en una silla, Enrique nota que lleva algo en la mano y pregunta:

- Ok, no hay nadie en el cuarto… ¿Porqué tanto misterio entonces?

Ricardo deja caer sobre la mesa un anillo de oro, con un rubí incrustado en el centro:

- No hay nadie en el cuarto, pero ella no durmió sola.
- ¿Cómo lo sabes?
- ¿Ayer escuchaste el coche, no? ¿Escuchaste al tipo que la bajó, abrió la puerta, subió las escaleras y entró a su cuarto?
- Claro, todos lo oímos, supongo…
- ¿Lo escuchaste salir?
- No recuerdo…
- ¿Lo escuchaste caminar por el cuarto?
- No…
- Yo sí, y ese cabrón no salió del cuarto de Mariana, de pronto dejé de escuchar sus pasos y supuse que mi hermanita lo habría invitado a la cama, me dormí luego de eso, pero nunca lo escuche salir.
- ¿Eso es todo? ¡Lo soñaste, cabrón, no mames!
- Quizás, pero este anillo… no es suyo.

Alguien desconocido llegó manejando el auto de su hermana, la ayudó a entrar, incluso la recostó en la cama, ellos estaban seguros que Mariana amanecería con alguien, tal como solía hacerlo cuando era joven, sin embargo, en algún momento entre las 3 y las 4 el sujeto, sencillamente, se esfumó…

Ese día, tal cómo solía hacerlo cuando joven, Mariana salió a dar un paseo por su terruño al norte de la Ciudad de los Palacios, ella solía ser toda una princesa por allá, hace más de quince años…

Mientras vaga sin rumbo por la colonia, curioseando como siempre, se topa frente a frente con Su Amor, cualquier observador desinformado podría decir que fue casualidad, sólo que es evidente que el “incidente” fue planeado, el Bombón siempre pasea por ese mercado los sábados, y como puedes imaginar, él está más asombrado que todos los demás con el cambio de Mariana…

- ¡Hola, corazón!
- ¿Mariana?, ¿eres tú?
- ¡Claro, querido! ¿Quién si no?
- No lo sé, te ves mucho más…
- ¿Joven?, ¡no me hagas reír corazón!, ¡me veo igual que siempre, sólo que me he dedicado estos meses a consentirme más de lo normal!…

El Bombón no sale de su asombro, sobre todo porque sabe que lo que acaba de oír es una mentira, no puede reprimir un gesto de desprecio, al percatarse que Mariana seguramente recurrió a un cirujano (uno de los mejores eso sí) para poder recuperar todo el tiempo perdido…

- ¡Que bueno!, me da gusto verte bien, Mariana.
- No seas tan serio corazón, ¿no se te antoja ir a tomar algo?
- Me gustaría, pero voy a ir al cine con Brenda.
- ¿Qué?

Ahora es Mariana la que no sale de su asombro, es más que obvio que su primer plan acaba de fallar, pero la noticia de que su hombre tenga una cita con Brenda cambia todo el panorama… ¿Cómo puede ser que ese Bombón que tiene frente a ella quiera salir con ese esperpento?, por primera vez en mucho tiempo, la mujer empieza a destilar envidia:

- ¿Con esa tipa?, ¿A dónde van a ir?
- Al cine, ya te dije.
- ¿Y cómo alguien como tú iría…?
- ¿…con Brenda?
- ¡Exacto!, si quieres que sea sincera, ella no te merece, guapo, ¿No preferirías…?
- Ni por todo el oro del mundo, Mariana.
- ¿Qué?, oye, modera tu tono, ni siquiera escuchaste qué iba a proponer…
- ¿Ir contigo en lugar de Brenda?
- Algo así…
- Mira, Mariana, no sé que pretendes con esto, en primera, lo nuestro se acabó; en segunda, con quién voy o no voy al cine es algo que no te importa y en tercera, creo que eres la persona más inapropiada para sugerirme nada; si me disculpas, Brenda me está esperando.

Sin darle tiempo a Mariana de decir nada, el Bombón da media vuelta y se va, ella se queda pasmada, ¿quién se creía ése para tratarla así?, ahora que había recuperado su belleza no iba a dejar que nadie la humillara como él acababa de hacerlo, un huracán de ira se paseaba en su interior, y se desató apenas llegó a su casa…

- ¿Quién se cree esa perra para robarme a mi hombre? ¿Y ése quién se cree para tirarme cómo si fuera una servilleta usada?... ¡Maldito pendejo! ¡Cómo quisiera hacerlo pagar por esto!
- Podemos arreglar algo al respecto, Mariana…

Al borde del infarto, la mujer da media vuelta y descubre a Olivier sentado detrás de ella en su cuarto, dentro de su casa… ¿Cómo había entrado ahí?

- Te dije que si me necesitabas sólo debías llamarme y yo llegaría, además, creo que anoche te quedaste esto, guapa…

Olivier le muestra el anillo de oro que Ricardo había encontrado en la mañana, Mariana casi cae inconsciente, la voz de su nuevo y extravagante amigo se lo impidió:

- ¿Necesitas que haga algo por ti, Mariana?

La chica se dejó caer en la cama, se sentía mareada, enferma, desubicada, la mirada penetrante de Olivier parecía violar toda la intimidad de su mente, justo como la vez en que se conocieron, con un hilo de voz, la mujer dejó escapar de sus labios el deseo que la hizo convocar a su bienhechor…

- Quita a Brenda de mi camino, ese Bombón debe ser mío…
- ¿Segura? ¿No crees que sería mejor intentar otra estrategia?
- No, definitivamente necesito a esa perra fuera de la jugada…
- ¿Porqué?
- ¿Notaste su mirada al mencionarla?, obviamente ella le da algo que yo no… quizás algo que jamás le di, en realidad…
- ¿Estás cien por ciento segura que la quieres fuera? ¿Por qué no tratas de averiguar qué le da Brenda y tratas de ofrecérselo tú también?

El silencio domina el cuarto de la chica, el ambiente se pone pesado, denso, la cabeza de Mariana da vueltas, los ojos de Olivier no se despegan de los suyos, por un segundo considera la propuesta que acaba de escuchar, pero al último, como siempre pasa dentro de todos nosotros, su naturaleza destroza la idea, y es entonces cuando la mujer grita:

- ¡No! ¿Qué no me entendiste? ¡Dije que la quiero fuera de mi camino! ¿Qué tiene esa perra que no tenga yo, imbécil?

Olivier no se inmuta, se coloca el anillo mientras sonríe, le sostiene la mirada a Mariana y sentencia:

- Esa es la palabra definitiva, amiga… no te preocupes, cuando despiertes, tu problema estará resuelto.
- ¿Cuándo despierte? ¡No pienso dormir hasta que eso esté solucionado!

Luego de decir esto, y como fulminada por un somnífero, Mariana cae en la cama, profundamente dormida…

Una pesadilla la devuelve al mundo de los vivos, pega un grito de terror y se da cuenta que está sola en la casa, le basta ver por la ventana para darse cuenta que es noche cerrada, aterrada, mientras piensa que la pesadilla y el sueño previo de su conversación con Olivier fueron demasiado, un nuevo ruido la espanta, en la pantalla de su celular el nombre “Adriana” destella sin cesar…

- ¿Hola?
- ¿Mariana? ¿Estás bien?
- ¡Sí! ¿Qué quieres?
- Sólo te llamaba para saber cómo estás, la verdad no tienes idea de cuánto lo siento…
- ¿Sentir qué? ¿De qué diablos hablas, pendeja?
- ¡De Brenda, por supuesto! Sé que eran amigas en la Universidad, por eso te llamé…
- Fuimos amigas en la Universidad, Adriana, ¿Y qué tiene que ver eso conmigo?
- No mames… ¿No te enteraste, entonces?
- ¿Enterarme de qué, idiota?
- Acaban de matar a Brenda cerca del Periférico…

Mariana queda pasmada, tiene que ser una broma, no puede estar pasando…

- ¿Estás segura?
- Sí, Mario acaba de avisarme ¿Te sientes bien?

La mujer mira impávida al frente, los ojos vacíos y perdidos, tienes que estar bromeando…

- Sí, quiero que vengas ahorita, y quiero que me cuentes todo lo que pasó…

Antes de que pasaran dos horas, Mariana se enteró de cómo los testigos vieron una patrulla esperando en una esquina, cuando el Mini Cooper pasó frente al imponente auto, el policía que conducía activó la sirena y sin acelerar mucho, dio alcance al pequeño deportivo a dos cuadras del Periférico, Brenda esperaba para recibir la multa luego de una muy agradable tarde en el cine, un par de testigos vieron a un sujeto alto y joven, vestido como policía, que bajaba de la patrulla y caminaba libreta en mano hacia la conductora del auto, ella bajó el vidrio y preguntó mientras buscaba su licencia:

- ¿Hice algo malo, oficial?

El sujeto, en vez de contestar, y al ver a la mujer distraída, sacó el arma que colgaba de la funda a su izquierda, le apuntó a la conductora del auto y, cuando ella lo miró, le contestó:

- En realidad no hiciste nada malo, Brenda…

-… y entonces el cabrón le disparó en la cara, la pobre quedó desfigurada, luego de verla caer le disparó al cuello y al pecho, para asegurarse; en lugar de subir a su auto lo recogió una moto que pasaba, conducida por una chica, los policías descubrieron que la tal “patrulla” en realidad era un auto del mismo modelo, completamente negro y equipado con torreta, es decir, no es ninguna patrulla.

Mariana siente la boca seca, tiene la mirada vidriosa y enrojecida; la dirige hacia el frente desde que le contaron los detalles del homicidio de su rival, con la mente en blanco y una sensación de culpabilidad aterradora, todavía escucha a Adriana decir:

- Yo creo que fue algo personal.

La mujer voltea a ver a su amiga, que se asusta con la apariencia demacrada pero bella de Mariana, y dice:

- ¿En serio, Sherlock?

Adriana no toma la ofensa y se ofrece a acompañar a Mariana al funeral, en principio, la mujer cree que no debería ir, después de todo, es de mal gusto acudir al sepelio de aquellos a los que uno ha mandado asesinar… ¿o no?

La mujer se deja arrastrar como por un torbellino y cuando se da cuenta, está entre los deudos del velorio de Brenda, Adriana y Mario conversan calmadamente con uno de los hermanos de la muerta, y Mariana siente que tiene la boca llena de arena, se levanta y sale del velatorio, camina mareada hasta la puerta principal, se sostiene como puede del marco y escupe, mira estúpidamente al piso, asombrada de no ver arena en el suelo, una voz la distrae:

- ¿Tienes lumbre, guapa?

Olivier sostiene un cigarrillo entre los labios, Mariana se apoya en la puerta y saca su encendedor, mientras Olivier fuma, la mirada rencorosa y enrojecida de la mujer se posa sobre él, el tipo la mira sin comprender hasta que la chica hace un esfuerzo para reclamar en un susurro:

- ¿Porqué lo hiciste?
- ¿Qué, matarla?... ¿No es eso lo que querías?
- ¡Dije que la quería fuera de la jugada, no muerta!
- ¿Y cómo esperabas que la “sacara de la jugada”? ¡Ella es muy importante para tu Bombón! ¿Qué querías que hiciera, dejarla en un témpano de hielo a mitad del Ártico?
- ¡No tenías que matarla!
- ¡Claro que tenía que hacerlo! ¿Acaso se te olvidó nuestro acuerdo? Yo dije que cumpliría todos tus deseos… ¿Ahora me vas a decir que no deseaste, en el último segundo, ver muerta a tu rival?

Mariana iba a seguir reclamando, pero tuvo que reconocer, al recordar su última petición a Olivier, que las palabras “quiero verla muerta” pasaron por su cabeza…

- ¡No mames! ¡No era en serio!
- ¿Y cómo quieres que yo sepa? Te dije que cumpliría todo lo que en verdad desearas, no te dije que fuera adivino, además, ¿porqué desaprovechar tamaña oportunidad de ligarte de vuelta al Bombón reclamándome?

Olivier levanta el brazo y apunta detrás de Mariana, la mujer voltea y ve al Bombón, llorando calladamente mientras fuma un cigarrillo…

- Hola…
- Ah, eres tú.
- Sí, apenas supe de la noticia y quise venir a verte…
- ¿Para qué?
- Oye, quizás terminamos en pleito, pero no puedes culparme por preocuparme por ti
- ¿Y sólo a eso viniste?, ¡Ah, claro! Se me olvidaba que Brenda y tú estaban peleadas, ¿A qué vendrías si no es a fastidiarme?
- ¡Hey, sé que estás molesto, pero eso no te da derecho a tomarla conmigo!

El Bombón da la vuelta y camina hacia la capilla, sabe que Mariana es atea y que no lo seguirá hasta allí, pero para su sorpresa eso es exactamente lo que pasa, el chico se hinca frente a un crucifijo y empieza a rezar, la mujer lo sigue como perrito faldero y se sienta a su lado, luego de descargar su alma, el hombre se siente más calmado, sigue sin estar dispuesto a tolerar las estupideces de la mujer, pero al menos puede escucharla sin deseos de estrangularla…

- ¿Te sientes mejor?
- Algo, excepto que es imposible sentirse mejor cuando alguien que amas muere.
- ¿En serio la amabas? ¿Tan rápido?

El Bombón se toma su tiempo para responder, sigue con la mirada clavada en el crucifijo, buscando consuelo en la imagen de sacrificio que tiene frente a él, Mariana interrumpe su reflexión preguntando…

- ¿De veras crees que sirve de algo lastimarte así?
- ¿Lastimarme cómo, Mariana?
- Pues así, implorando piedad a un ser inexistente…

El Bombón ni siquiera voltea a mirar a la mujer, como siempre, su maldita arrogancia la convierte en un verdadero dolor de cabeza, uno particularmente odioso en este momento…

- ¿Y a ti qué más te da? Yo tengo mis razones para creer, y creo que existe, y que nos escucha cuando pedimos algo… para tu información, no le pido piedad, le agradezco por haberme dado la oportunidad de decirle a Brenda lo mucho que la amo.
- Esas son mamadas, ni tú ni nadie puede decir que él existe… ¿o sí?

Olivier, que se encuentra al fondo, murmura:

- Yo sí.

El Bombón voltea hacia donde escuchó el susurro, pero no ve a nadie, clava la mirada en los ojos de Mariana y con un gran rencor en la voz, le dice:

- Lárgate, Mariana, créeme cuando te digo que tu presencia no me ayuda en nada.
- Sólo quiero estar segura que estarás bien, corazón…
- Cuestión que, para ser sinceros, jamás te interesó.
- Eso es mentira y lo sabes, pero bueno, si quieres quedarte a llorarle a una muerta y a hablar con amigos imaginarios, ese es tu problema, yo salgo a disfrutar un poco la vida, querido.

El Bombón decide que ya tuvo suficiente, mientras la-niña-que-hace-poco-fue-mujer se aleja, él se levanta, da la espalda al crucifijo unos segundos y habla:

- ¿Mariana?
- ¿mmm…?
- ¿De verdad quieres consolarme, miserable egoísta?
- ¡Claro! A pesar de que no me gusta tu tono ni tus moditos, sabes que mi mayor interés es ayudarte, corazón…
- ¿Qué te parece si nos vemos mañana en mi casa, entonces?
- ¿A qué hora?
- A las 10 de la noche, solos, tú y yo.

Mariana no alcanza a ver bien al Bombón debido a que la luz le da a la espalda, cree percibir una sonrisa irónica en sus labios, pero contesta:

- Perfecto, corazón, allá te veo…

Si hubiera esperado unos segundos, la mujer habría visto que su Bombón sí está sonriendo, amargado, sediento de venganza, deseoso de poner a Mariana en su lugar de una vez y para siempre, y ansioso de soltar sobre alguien intrascendente toda la furia que siente; Bombón murmura…

- Sí, allá te veo… por última vez, estúpida.

-... ¿Así que todo salió a pedir de boca, no?
- Efectivamente, querido
- Me parece muy bien, al menos estás logrando lo que quieres Mariana, ¿qué vas a hacer ahora?, la noche es joven, y dudo que quieras quedarte a rendir tus últimos respetos a Brenda, ¿Qué te parece si tomamos algo?, Conozco un buen bar aquí cerca…
- Eso me parece excelente, corazón…

Los rayos del sol acarician el hermoso rostro de Mariana, la noche del día anterior es un completo borrón en su mente, sabe que se emborrachó, pero no tiene idea de qué pasó después, una sombra oscurece la luz del sol, la voz de Ricardo termina de despertarla…

- Nuevamente vino tu invitado misterioso, ¿cierto?
- No me molestes, idiota.
- No lo digo para molestarte, es sólo que anoche todos escuchamos a tu amigo y ciertamente oímos la fiesta particular que tuvieron aquí.
- ¿Qué? ¿Cuál amigo? ¿Cuál fiesta?
- Bueno, fiesta es un término suave, yo utilizaría la palabra orgía tomando en cuenta que te estuvo cogiendo hasta el amanecer, en cuanto a su identidad, lamento decirte que no podemos satisfacer tu curiosidad al respecto, porque de nuevo se esfumó.

Mariana se incorpora en la cama, está desnuda, su cuarto está hecho un desmadre, hay un par de botellas de vodka en el suelo y los condones tirados en la alfombra solamente sirven para hacer público aquello de lo que se acaba de dar cuenta… tuvo sexo con alguien toda la noche, luego de admirar el resultado de su noche de copas, la mujer-que-rejuveneció se deja caer sobre su almohada y dice:

- No mames, ¿Qué chingados pasó?
- Ya te lo dije…
- Ya, ya, no hace falta que lo repitas pendejo, ¿es bastante obvio no?
- ¿Entonces para qué preguntas?
- Es retórico imbécil, no me fastidies…

Ricardo cruza las piernas y sonríe, Mariana se incorpora de nuevo y lo mira, su hermano dice:

- ¿Sabes hace cuanto no hacíamos esto?
- ¿Hacer qué?
- Esto, yo regañándote por despertarnos con tu desmadre en la madrugada, y tú despertando confundida después de una peda… es como de película, ¿no?
- Vete al diablo
- Lo digo en serio… ¡incluso estoy sentado en la misma silla en que me sentaba para regañarte!, hasta recuerdo cómo terminaban nuestras discusiones, conmigo avisándote que mi papá quería hablar contigo…
- Bueno, pero él ya no está aquí para hacer esa parte, ¿no?
- Cierto, hace años que no vive aquí…
- ¿Y? ¿Todo eso fue porque sentiste nostalgia? ¿No te parece que está fuera de lugar?

Ricardo clava la mirada en los ojos de su hermana, de pronto se da cuenta, no sin un sobresalto, que de todo lo que cambió de la noche a la mañana, los ojos de Mariana son lo único que permaneció igual, esa mirada dura, curtida y rencorosa de 38 años lo sigue mirando desde ese rostro que no veía desde hace mucho…

- Diez años, más de diez años que no hacíamos esto, Mariana, y la única razón por la que lo hago ahora es porque la que está fuera de lugar eres tú… la verdad, no sé como lograste verte tan joven, no sé que hiciste, a quien viste o cómo pasó, pero sí sé esto: eres aún peor ahora que hace diez años.
- ¿A sí?... pues te diré algo: Ricardito, chinga a tu madre y deja de molestarme.
- Qué curioso que mencionaras a mamá, Mariana, porque la verdad, está más… ¿cómo decirlo?... extrañada por tu cambio que nosotros, anoche no pudo dormir y sólo dormitó un poco en la madrugada, está aterrada, no es el hecho de las borracheras constantes o los amantes cometas, a eso ya estamos acostumbrados, lo que de verdad la sacó de quicio anoche fue todo, tu nueva apariencia, tu carácter de siempre, tu desmadre de años aunado a tu belleza perdida, el aquelarre que te aventaste… fue demasiado, tuvimos que llevarla con mi tía Aurelia.
- ¡No mames, Ricardo! ¿Para qué mandaste a mi mamá a Querétaro?
- Para que descanse, no tanto de tu desmadre como de ti… ¿y quieres escuchar la mejor parte?, Enrique y yo nos vamos con ella unos días, él se llevó mi maleta y me dejó su coche para alcanzarlos, y justo tengo una hora esperando que despiertes para avisarte…

Mariana no sabe qué decir, no puede creer que de buenas a primeras su familia la abandone así como así, sólo atina a preguntar lo obvio…

- No chinguen, ¿por qué?
- Ya te dije, no es el desmadre, ni el alcoholismo, ni los amantes, ni siquiera el ruido o la noche en vela… eres tú, o lo que sea en que te convertiste hace 48 horas.
- Sigo siendo yo, no seas estúpido.
- ¿En serio? ¿Estás segura de eso?
- ¡Claro que sí pendejo!
- ¿Entonces antes también llorabas a gritos mientras tenías sexo? ¿También dabas alaridos de terror entre los gritos de placer? ¿Tenías orgasmos mezclados con lágrimas?...
- ¿De qué carajo hablas, Ricardo?
- ¿No te causó curiosidad que usara la palabra aquelarre y orgía para describir tu fiesta privada, verdad? ¿Por qué crees que lo hice?
- ¡No tengo idea, cabrón! ¡Si supiera no te estaría preguntando! ¿O sí?

Ricardo mira a su hermana directo a los ojos, es cierto, no tiene la menor idea de lo que pasó anoche, quizás piensa que sólo fue el sexo, o el alcohol, o la música a todo volumen… pero lo que pasó y no los dejó dormir fue algo peor que eso.

- Ok, mejor que lo sepas por mí que por quien sea que te violó anoche… ayer llegaste como a medianoche, yo estaba leyendo, Enrique veía la televisión y mi mamá apenas se había acostado, entraste haciendo un desmadre con alguien más, venías llorando, yo supuse que sería por la noticia de la muerte de Brenda, solamente te escuchamos sollozar, oímos los pasos del tipo que venía contigo, te metió a tu cuarto, y en cuanto escuchamos que se cerraba la puerta nos asomamos, justo escogiste ese momento para poner a Slipknot a todo volumen, a pesar del susto, todavía eso hubiera sido tolerable, lo extraño pasó como a la tercera o cuarta canción… empezaste a cantar… bueno, no precisamente cantar, gritabas la letra de las canciones, se escuchó cómo caían botellas al suelo, justo cuando creímos que habías tocado fondo empezó Left Behind y ahí fue cuando todo se tornó surrealista.
- ¿Qué pasó?

Ricardo guarda silencio un momento, mira a la pared que está a espaldas de Mariana y baja la mirada de inmediato, parece asustado, está pálido y su hermana nota cómo un escalofrío recorre su cuerpo, mira de nuevo a la mujer y dice:

- Supongo que fue en ese momento que empezaron a sexear, porque empezaste a jadear, en lugar de hacer pausas, seguiste coreando a gritos toda la canción, cuando terminó te desplomaste en el suelo, te escuchamos llorar mientras empezaba la siguiente canción, empezaste a gemir, lanzabas gritos de placer… mientras seguías llorando, ahora a gritos, cuatro canciones después los dos se tomaron un respiro, creímos que eso sería todo, pero en menos de dos minutos empezó de nuevo el aquelarre… volviste a gemir, a lanzar gritos de placer, seguías llorando, seguías dando alaridos, como si en lugar de estar cogiendo te estuvieran violando, todo ese ruido mezclado era demencial… el disco terminó y siguió otro, y otro, y otro, y ustedes seguían y seguían, y tus gritos y gemidos continuaban, el clímax llegó como a las 4 de la mañana…
- ¿A esa hora que pasó?
- Es difícil de explicar, volvimos a escuchar los gemidos, el llanto y los alaridos de terror, sólo que esta vez, al terminar tu última faena, gritaste a todo pulmón: “¡Es mi culpa! ¡Todo es mi culpa!” y lanzaste un alarido que nos dejó aterrados, oímos perfectamente cómo caías al suelo como si fueras un costal… y nada más.
- ¿Y el tipo?
- Eso también fue aterrador… no nos movimos hasta el amanecer, esperábamos a que el tipo saliera para reclamarle, mentarle la madre, qué se yo… pero no salía, al salir el sol, Enrique y yo echamos suertes para subir a tu cuarto, yo perdí y entré hace unas horas… estabas sola… ¡completa, y absolutamente sola!
- ¿Qué?, ¡No mames!
- Es en serio, no había nadie aquí… entonces recordé… tu amigo no hizo un solo ruido mientras estuvo en la casa, no lo escuchamos hablar, gemir, gritar… ni siquiera respiró, sólo escuchamos sus pisadas, pero nada más.

El silencio carga el ambiente de tensión, Ricardo está agotado, tiene la mirada perdida en una de las patas de la cama de Mariana, justo cuando ella cree que ha terminado de contar, su hermano remata…

- Incluso todo eso, por aterrador que resulte, podría haber sido tolerable… lo que nos quebró los nervios fue eso…

Ricardo levanta el brazo y señala sin mirar la pared a la espalda de Mariana, la mujer voltea y lo que ve le hiela el corazón…ahí, hecho con algo que parece sangre, hay un dibujo de una muñeca ahorcada, por toda la pared está escrito “la quiero ver muerta” y “por fin será mío”, al pie de la muñeca dice “La sangre es roja/La muerte es azul/Brenda está muerta/Y nunca estuve mejor”

Mariana no sale de su asombro, está tan aterrada como Ricardo, su hermano, que sigue con la mirada clavada en el suelo, termina de hablar:

- Mamá lo vio, cuando le llamé a Enrique para que subiera, eso le destrozó los nervios, y los tres tomamos la decisión de largarnos, no me preguntes porqué, pero a ninguno nos pasó por la cabeza tratar de quedarnos a ayudarte… tal pareciera que estás metida en algo en lo que no sólo no podemos meternos, sino que tenemos la idea que meternos implica que nos pasará algo horrible, a los tres o a uno solo… al final echamos suertes de nuevo, perdí y me quedé a esperar que despertaras, estoy aguantándome las ganas de bajar corriendo la escalera, subir al coche y salir disparado de aquí desde hace más de cuarenta minutos, el sólo ver ese dibujo hace que cualquiera quiera abandonarte a tu suerte, Mariana… por cierto, lo que ves en la pared sí es sangre… ni siquiera me quiero imaginar de dónde la sacaste.
- Pero Ricardo, yo…
- Ya te lo dije, no sé que hiciste, ni quiero saberlo…adiós, Mariana.
- ¡No! ¡Ricardo, no te vayas! ¡No me dejes aquí sola, hermano!

El joven se levanta, baja las escaleras corriendo y llega hasta el coche sin voltear la mirada, tiene la sensación de que si voltea, se convertirá en sal…

Para cuando Ricardo arranca el coche, Mariana trata de salir del cuarto cubierta por la sábana, grita a todo pulmón rogándole a su hermano que no la deje sola consigo misma… de pronto un tirón de la tela la hace trastabillar y caer al suelo, cuando da la vuelta descubre a Olivier sentado en el mismo lugar en que estuvo su hermano, el cabrón vuelve a clavar la mirada en los ojos de Mariana mientras se escucha cómo el auto que maneja Ricardo se aleja velozmente…

- Si quieres puedo castigarlo, preciosa… tú sólo ordénalo, y yo lo haré posible…

Mariana mira aterrada los ojos de Olivier, ese abismo profundo en el que se ha perdido ya un par de veces la llama, la invita a conectarse con lo más profundo de su ser, con lo más despreciable que hay en su alma, por un segundo, la oscuridad de ese abismo sin fondo la atrapa, utilizando todas sus fuerzas, justo antes de que la respuesta cruce por su mente, la mujer logra romper las tinieblas y se tira al suelo, llorando, otro poco más y…

…mientras Ricardo maneja velozmente por una vía rápida, no lejos de ahí, empieza a sentir una especie de tensión eléctrica que rodea el auto, sin aviso, la dirección empieza a dar tirones de un lado a otro, el muchacho se aterra, más cuando el último de esos cambios está a punto de llevarlo contra la parte trasera de un trailer, con todas sus fuerzas jala el volante al lado opuesto y en el último segundo logra controlar el coche y evadir el camión…

-… ¡Te odio!, ¡Te odio con toda mi alma!, ¡Casi matas a Ricardo!
- ¿Yo? –La voz de Olivier se convierte casi en un chillido- ¿Me hablas a ? ¡¿Así me agradeces todo lo que he hecho por ti, sin recibir nada a cambio, Mariana?!

La mujer pega un salto casi felino, sujeta a Olivier del cuello y lo derriba, empieza a estrangularlo con toda su fuerza, en medio del frenesí, empieza a gritar:

- ¡¿Qué es lo que has hecho por mí, bastardo?! ¡¿Devolverme la juventud?! ¿Eliminar a mi rival?, ¿Violarme y hacerme pintar ese maldito horror en mi cuarto? ¿Eso es lo que debería agradecerte?

Con un supremo esfuerzo, Olivier contesta:

- ¿No he cumplido lo que pides? ¿No te ayudé cuando nadie más lo hacía? ¿No fui tu único amigo cuando ya no te quedaba ninguno?... ¡Incluso cumplí tu más profundo deseo! ¿Eso no me hace tu amigo?... Y con respecto a lo de anoche… ¡Tu me pediste que me quedara y me ocupara de ti!... ¡Recuérdalo!... yo no… puedo… hacer nada… que tú… no me pidas…

Mariana se da cuenta que Olivier tiene razón y lentamente afloja la presión sobre el cuello del tipo, él retrocede y trata de recuperar el aliento, ambos se recuperan con lentitud, el joven habla primero:

- Me preocupas tanto, que incluso mientras tratabas de matarme, he limpiado el dibujo que hiciste sobre la pared, recuérdalo, yo siempre puedo escuchar a tu yo verdadero, a ese que todos esconden bajo una pared de falsa amabilidad e hipocresía…ese que dejaste libre anoche, bajo mi cuidado.

La mujer se levanta y entra a su cuarto, en efecto, no hay rastro del aterrador dibujo, con un hilo de voz y sin voltear, Mariana pregunta:

- ¿En serio yo hice eso?
- Me temo que sí –sentencia Olivier- todos ustedes sepultan a su verdadero ser en una tumba llena de flores, de colores y de bondad… aunque en el fondo todos son iguales, y lo que hay dentro de esa tumba decorada sigue pudriéndose hasta el punto en que ustedes, los Grandes Hipócritas, acaban infectados, justo entonces liberan todos los demonios que dejaron en esa cripta, creyendo que podrían evadirlos por siempre, algunos de ustedes, claro, los dejan fuera y aprenden a vivir con ellos, manejándolos como cualquier domador lo haría, a veces pierden el control, pero pueden recuperarlo; otros no dejan salir nada hasta que todo explota y la podredumbre lo infecta todo; huelga decirte que otros se liberan cometiendo actos de violencia y agresión exagerada… creo que tú eres de ese tipo, amiga mía.

La mirada melancólica de Mariana sigue clavada en la pared limpia, sin rastro de sangre, Olivier lo percibe y comenta:

- Pero apuesto a que, después de todo lo que has pasado, no vas a dejar escapar el premio, ¿O sí, Mariana?

La mujer, por primera vez desde que empezó esta locura, sonríe…

Las horas pasan en la casa abandonada y cargada de tensión, Olivier y Mariana limpiaron el cuarto, ella se bañó y se arregló, quedó hermosa, más de lo que recordaba que era, ambos esperan ahora que de la hora señalada para la cita con Bombón, Olivier tiene razón, piensa la mujer… ¿Porqué dejar escapar el premio después de tanto esfuerzo?.

Dan las nueve de la noche, Mariana, sin decir palabra, se pone la chamarra y baja las escaleras, sube a su auto y sale de la casa sin voltear atrás, Olivier se queda a solas, en la casa oscura y siniestra, un hilo de sangre corre desde el armario, la luz de la luna la hace ver negra, el joven sonríe al ver esto, y dice:

- Qué suerte que no preguntó de donde sacó la sangre…

Bombón clava la mirada en la ventana que da a la calle, Mariana no debe tardar, ha llegado la hora para este desconsolado hombre de descargar toda su ira, ha repasado lo que va a suceder una y otra vez en su mente, sabe lo que tiene que decir para herir, esta vez de muerte, el orgullo y la soberbia de la mujer, él, que nunca ha sido bueno en eso, descubrió el poder que tienen las palabras cuando la cortó, jamás imaginó que una simple frase le diera la posibilidad de igualar el marcador y hacer el trabajo del karma, la depresión en la que cayó su ex mujercita luego de la discusión en el centro comercial lo había dejado asombrado, ¿Quién diría que se puede lograr tanto con tan poco? ¿Cobrarse los berrinches, los cortones, las malcriadeces de niña mimada, los engaños y los insultos en menos de lo que toma contarlo?, si hace seis meses le hubieran dicho que podía derrumbar a Mariana a punta de palabras, se hubiera reído de quien lo dijera…

El auto negro se estaciona frente a su puerta, la hora ha llegado, piensa Bombón, de devolver a ese engendro soberbio e insoportable a su creador.

Las horas pasan, da la medianoche en la Ciudad de los Palacios, el rugido de La Inigualable se apaga lentamente, como si estuviera relacionado, el ruido y los susurros cesan en la casa del Bombón, la puerta se abre, y una figura alta, joven, esbelta y muy bien formada sale trastabillando por la puerta, Mariana parece borracha, da pasos inseguros e incluso cae a medio jardín, en lugar de que alguien la ayude, la puerta se cierra tras ella, el sonido retumba en sus oídos con una intensidad que nada tiene que ver con la forma en que se cerró la entrada, siente náuseas, se reincorpora como puede y camina hasta la reja, la abre y al mismo tiempo pierde el paso de nuevo, cae hincada hacia su derecha, sollozando como niña pequeña, las náuseas son insoportables y la hacen vomitar en la banqueta, Olivier se acerca a ella y escucha las primeras palabras que la mujer pronuncia desde que inició su conversación con Bombón…

- El maldito me detesta, Olivier… ¡Ese imbécil me detesta!
- ¿Por qué?
- Dice que nunca tuvo que ver con mi apariencia… era mi manera de ser, la soberbia, el orgullo desmedido, el desprecio, los engaños, las mil veces que lo dejé plantado, el alcoholismo y la falta de madurez… ¡Era yo!, ¡Yo soy la culpable de que se alejara!
- Mariana…
- ¿Quieres saber la mejor parte?, ¿Recuerdas que me preguntaste qué le daba Brenda que yo no le di?... ¿Sabes qué me respondió?... ¡Que ella le daba amor verdadero!... esos dos estaban enamorados antes de que nos peleáramos en el centro comercial… ¡Me dejó por ella!... ¡Y ahora dice que ha perdido al amor de su vida, y que cualquier cosa que mi patético ser pueda ofrecerle es nada comparado con lo que ella le daba!... ¡Es mi fin!

Olivier se recarga en el auto de Mariana, saca un cigarrillo y lo enciende, da una bocanada y deja escapar el humo por su nariz, el lloriqueo patético de la mujer es lo único que se escucha…

- Bueno, amiga, creo que hasta aquí llegamos entonces…

Tal como hiciera horas antes, Mariana da un salto felino sobre Olivier, lo sujeta por los hombros y clava una mirada enloquecida en los ojos del hombre, más que gritar, la mujer empieza a lanzar chillidos desesperados en la cara de su amigo:

- ¿Cómo que hasta aquí llegamos?, ¿Qué te hace pensar que voy a renunciar?
- ¿Qué?, ¡Vamos Mariana!, ¿Qué quieres hacer ahora?
- ¿Qué quiero hacer?, ¡Quiero que me lo entregues ya!
- ¿Qué?, ¿Estás loca?, ¿Entregártelo cómo?
- ¡Oblígalo!, ¡Engáñalo!, ¡Fuérzalo!, ¿Qué se yo?, ¡Tú sólo hazlo!
- ¿Y cómo quieres que lo haga?, ¡Sabes que no puedo obligar a nadie a amar a otra persona!

Mariana hunde las uñas en los brazos de Olivier, y le grita en pleno rostro:

- ¡¿Y quién habló de amor, pendejo?!

Olivier no puede creer lo que escucha, esta vez es ella la que clava la mirada en los ojos del hombre, y esta vez el que siente vértigo y se siente arrastrado por un abismo es él, le basta un segundo para saber lo que Mariana quiere, se toma un momento para analizarlo, por supuesto que está dentro de su poder, el punto es: ¿Ella de verdad quiere eso?

- ¿Estás hablando en serio, Mariana?
- ¡Sí!
- ¿De verdad es eso lo que quieres?
- ¡Sí!
- Recuerda que una vez que te lo dé, no hay marcha atrás…
- ¡Ya lo sé!
- Piénsalo un segundo, por favor… ¿Estás segura?...

La mujer grita con todas sus fuerzas:

- ¡Sí, Sí, Sí!, ¡Sí!, ¡Eso quiero!, ¡Dámelo ya!...

El chillido final de Mariana se prolonga, la arrastra en un tornado de imágenes, un tifón de sensaciones arrasa su interior, de pronto deja de ver a Olivier, ve de nuevo la puerta de la casa, se escucha golpeándola, derribándola como si no fuera nada, después se ve persiguiendo a un aterrado Bombón por toda la casa… ¿De dónde salió ese cuchillo?... lo amarra a la cama, pone la música a todo volumen, así nadie los molestará… ¿Y esos gritos?, ¿Son de placer o de terror?... admira el cuerpo perfecto del Bombón, lo recorre con las manos, lo lame con ternura… ¿Y esas heridas?, ¿Quién lo habrá cortado?... Sexo, sexo, sexo, sexo… ¿Y eso qué es?, ¿De dónde viene esa luz?... más besos, más caricias, más deseo… ¿Y esa mancha roja?... placer, placer, placer… ¿Qué son esas marcas en su espalda?… gemidos, gritos, éxtasis… ¿Alguien llora?... más, más, ¡más!... ¿Qué hora es?... nopuedoparar nopuedoparar noquieroparar... me siento cansada, tan cansada, tan, pero tan cansada…

Otra mañana más cubre con su luz la Ciudad Eterna, los pálidos rayos del día nublado acarician los párpados de Mariana, ella trata de abrir los ojos, la costra de sangre que hay sobre sus pestañas se lo impide, la mujer rejuvenecida se talla con la mano y puede abrirlos, el cuarto del Bombón, tantas veces visitado y anhelado, luce como siempre, salvo por el caos que ahora reina, sin pensar en nada ni recordando nada, la mujer recoge una playera que no es suya del piso, la acerca a su nariz e inhala, absorbiendo toda la esencia y el agradable olor de Bombón, sonríe calmada y satisfecha, se siente tan tranquila y relajada que nadie podría decir que anoche tuvo sexo salvaje con su amor de toda la vida, se pone la playera y camina hacia la ventana, bosteza perezosamente, tiene una mirada beatífica en el rostro, cualquiera que pudiera ver la escena desde afuera quedaría perturbado por la imagen de la chica, joven, bella y etérea, calmada y sonriente… y manchada con la sangre del cadáver que yace en la cama detrás de ella.

Mariana escucha un ruido a su espalda, da la vuelta y ve cómo gira el picaporte, la puerta se abre y entra Olivier, enfundado en un abrigo negro y largo, trae colgando del brazo otro igual, su amigo pasea la vista alrededor del cuarto, parece algo asombrado, luego de sentir lástima por el cuerpo muerto que ella no ha notado, dice:

- ¿Satisfecha?
- mmm… sí corazón, bastante…
- Qué bien, ven, acompáñame Mariana.
- ¿A dónde?, ¿Tan pronto me tengo que alejar de los brazos de mi amado?
- Me temo que sí, a menos que quieras que te atrapen.
- ¿Atraparme?, ¿Quién?
- Shh, ven, déjame ayudarte.

Olivier le pone el abrigo que llevaba en el brazo y la abraza, sale con ella y suben a un Mercedes negro y viejo, el auto arranca y lentamente se aleja, al doblar una esquina, desaparece de la vista del los padres de Bombón, que llegan de sorpresa a visitarlo, Mariana se queda plácidamente dormida en los brazos de Olivier, tiene sueños hermosos, tranquilos, llenos de luz y de color; la reacción normal después de liberar una cantidad de violencia tan brutal.

Las horas pasan y los hermosos sueños de Mariana no se detienen, es sólo cuando el sol termina su carrera sobre la ciudad, que la mujer abre los ojos lentamente, primero le cuesta trabajo ubicarse, creía estar en casa de Bombón, al darse cuenta que está en otro lado, piensa que tal vez su deseo de hacer con su amado lo que quisiera los hizo terminar en algún hotel, la mujer se estira y se da cuenta que no está en un hotel, ni en casa de Bombón, ni en la suya, es más, está en un lugar en el que jamás ha estado, frente a ella hay un enorme escritorio, del otro lado de él está Olivier, dándole la espalda y admirando la vista, no le cuesta trabajo deducir que están en una oficina en el edificio más alto de la ciudad, sin voltear siquiera, el hombre dice:

- ¿Dormiste bien?
- ¿Dónde estamos?
- En otra de mis oficinas
- ¿Y Bombón?
- Mejor no preguntes
- ¿Qué? ¿Por qué?
- No quieres saberlo, punto
- ¿Qué diablos te pasa?
- Nada
- ¿Por qué me trajiste aquí?
- Porque eras presa fácil, cualquiera hubiera podido atraparte
- ¿Atraparme?, ¿De qué chingados hablas?
- De lo que hiciste… de lo que has hecho los últimos días, de la forma en que perdiste el control y de todo lo que desataste desde que fuiste a mi oficina la vez pasada
- ¿Estás loco?, ¿Qué desaté?, ¿A qué te refieres?
- Ya te dije, no quieres saberlo
- ¡Déjate de juegos, imbécil! ¡Me estás hartando!
- No tienes porqué acelerarte, simplemente te digo la verdad
- ¿La verdad acerca de qué?, ¡Dímelo y déjate de estupideces!
- No quieres…

Antes de que Olivier complete la frase, Mariana trepa al escritorio y toma al joven del cuello, lo jala violentamente y le grita en plena cara:

- ¡Dímelo, dímelo, dímelo!, ¡Quiero saber lo que pasó ya!

En lugar de responder, Olivier mueve los ojos hacia la izquierda, Mariana voltea lentamente en esa dirección, y descubre un espejo que la refleja a ella y a Olivier, sólo que lo que ve en ella es, por decir lo menos, perturbador…

Sólo tiene puesta una camiseta blanca y la ropa interior, sus manos están manchadas, sus brazos tienen costras a todo lo largo, en las comisuras de sus labios hay dos hilos resecos que caen hacia su cuello, sobre los ojos tiene grandes manchas… todo es sangre, coagulada y seca, tatuada sobre su piel; en un impulso, suelta a Olivier y se mira, está (estuvo) bañada en sangre.

Es entonces cuando el terror la alcanza por completo, ahora sí no entiende nada, se da cuenta que la fiesta en casa de sus amigos, la primera noche después de su extraña metamorfosis, es un borrón en su cabeza, igual que la borrachera luego del funeral, el dibujo en la pared de su cuarto o lo sucedido la noche anterior, tiene vagos recuerdos de todo, pero nada claro, esto no puede estar pasando…

- Claro que está pasando, te dije que no querías saberlo.

Mariana mira estúpidamente a Olivier, el hombre da la vuelta y vuelve a mirar por la ventana, la chica se baja del escritorio y se arrastra hacia el sillón, se pone el pantalón que encuentra arrumbado ahí y se deja caer desfallecida…

- ¿Qué diablos pasó, Olivier?

El sujeto no contesta, se limita a alzar la mano derecha y señalar a la pared, un televisor empotrado ahí se enciende…

Cuando Olivier, sin dignarse a voltear a ver a Mariana, apaga el televisor minutos después, la chica ya sabe qué es lo que pasó, sabe qué ocurrió en la fiesta de Manuel, sabe qué hizo después del funeral de Brenda, sabe de dónde salió la sangre con la que hizo el macabro dibujo en su cuarto, y sobre todo, sabe qué hizo la noche anterior…

- ¿Muerto?, ¿Bombón está… muerto?
- Me temo que sí
- Pero… yo no… nunca quise…
- En el fondo sólo lo deseabas, ese deseo crudo fue lo que te impulsó a lastimarlo.
- ¿Y los demás?... ¿Mario, Manuel… todos ellos?
- Siempre despreciaste a ese tipo de hombres, ¿no?, hace 20 años, cuando estabas en la universidad… ¿No te burlabas de ellos?
- Pero esto es demasiado… ¿Y Adriana?
- Acéptalo, la detestabas, hace 20 años lo hacías y ahora sigues haciéndolo, en el fondo es igual que con Brenda, te daba envidia lo que ella tenía y tú no, sólo que en el caso de Adriana, era mucho más pasiva…
- No lo entiendo… no entiendo nada…

Olivier mira la noche a través del cristal, la oscuridad de la oficina y la luz exterior hacen que su imagen se refleje macabramente, junta ambas manos frente a su rostro y cruza la pierna, entonces dice:

- Sí que lo entiendes, tú sólo querías de vuelta tu apariencia exterior, si me hubieras pedido algo distinto ellos no habrían pasado por esto, pudiste pedir cualquier cosa, pero tú sólo querías aquello que siempre deseaste…poder recuperar lo que te dio esa soberbia, ese poder ilimitado que sentías al doblegar a los hombres con tu belleza, al controlarlos y manipularlos a tu antojo, querías ser impune a través de tu físico, para dejar salir otra vez todo lo podrido que hay dentro de tu alma…

Los minutos se enlazan en silencio, en la oscuridad de la lúgubre oficina, la mujer trata de asimilar todo lo que pasó, una idea brilla dentro de su cabeza, mientras la madura, pregunta:

- ¿Qué sigue ahora?
- Nada, puedo esconderte todo lo que quieras o liberarte, nuestro acuerdo no ha cambiado, puedo hacer lo que tú me pidas…
- ¿Y esto?, ¿Hay manera de arreglarlo?...

Olivier suspira, cierra los ojos un momento, se percata que la mujer estira el brazo, toma algo de la repisa y empieza a moverse lentamente hacia el escritorio, la niña que fue mujer está pasando por alto el hecho de que las mentes de ambos están conectadas, sabiendo lo que pasará incluso antes de que ella se decida, Olivier se levanta, camina hacia el centro de la oficina, donde Mariana esconde su brazo derecho de la vista del hombre, al llegar a una distancia prudente, se detiene y le dice:

- No, nadie puede deshacer el pasado… Stalin una vez dijo: el pasado pertenece a Dios, pero él no se refería a que Dios pueda cambiarlo, sólo a la potestad que tiene de perdonarte por él… así que, querida amiga, pídele a Él que te perdone por tu pasado, no me pidas a mí que lo cambie…

En un ágil movimiento que sorprende a Olivier, Mariana da dos pasos hacia él mientras coloca el brazo en ángulo recto hacia su pecho, la hoja de la katana que estaba en la repisa entra en su cuerpo, lentamente, la mujer empuja la hoja a través del pecho de su ahora ex amigo, los humanos son tan estúpidos, piensa Olivier, mientras ella le dice al oído:

- ¿Y qué tal si destruyo la fuente?

La hoja afilada de la espada penetra más y más en el pecho del joven, Mariana se da cuenta que trata de separarse, de modo que lo toma del cuello y lo atrae hacia ella, Olivier lleva ambas manos a la espada, tratando de detener el viaje del arma hacia su interior, sólo logra que el arma corte sus dedos, mientras su sangre mancha la alfombra, el hombre sonríe y le dice a Mariana:

- ¿Destruir la fuente?... ¿De qué serviría?... ¿Crees que destruir a quien causó todo podría revertir el resultado?...
- Quizás no, pero nada pierdo con probar, querido.

Mariana siente cómo el mango del arma ha llegado hasta el pecho de Olivier, de un violento empujón lo arroja de espaldas a la pared, mientras tira de la espada con todas sus fuerzas, Olivier cae, un gran charco de sangre se forma a su alrededor de inmediato, la mujer escucha entonces las últimas palabras que oirá de su viejo amigo:

- ¿Qué esperas entonces… para… matarte?

El cuerpo de Olivier se desliza lentamente y cae sobre su lado derecho, la sangre sigue brotando y haciendo un charco más y más grande alrededor de la chica, Mariana cree ver algo en la puerta y grita, es la chica que asiste a Olivier, es raro, nunca supo su nombre, la pálida y tenebrosa mujer mira el cadáver del joven, luego mira inexpresivamente a Mariana, la niña que fue mujer se aterra, el abismo de la mirada de la mujer es aún peor que cuando la vio la primera vez, esa mirada vacía, aterradora y sin fondo la hace gritar desesperada, brinca hacia el escritorio cubriéndose la cara, tratando de escapar a esa mirada que parece salir del mismísimo infierno, mientras la joven asistente mira a la mujer, la cabeza de Mariana se llena de ruidos, de gritos, de quejidos, de llantos amargos, el ruido es tan fuerte que es insoportable, la mujer empieza a gritar:

- ¡Basta!, ¡Déjame!, ¡No te me acerques!, ¡Era necesario que él muriera y lo sabes!, ¡El causó todo esto!

Los gritos alcanzan un éxtasis de horror, Mariana grita con todas sus fuerzas y escucha una voz grave y terrorífica que le dice:

- Te equivocas, si quieres ver al culpable de todo… sólo mírate en un espejo.
- ¡Déjenme en paz!

Asombrosamente, el grito de la mujer pone fin a aquella cacofonía diabólica que acompañaba la mirada de la asistente de Olivier, el cuerpo del joven ya no está, aunque el charco de sangre sí, sobre el escritorio, la pálida luz de la luna ilumina un enorme revólver, Mariana no recuerda haberlo visto ahí…

- ¿Qué esperas?

La voz que proviene del sillón deja a la mujer petrificada del miedo, esa voz… es Bombón.

- ¿Qué esperas, Mariana?
- ¿Qué espero para qué?
- Para escuchar a tu amigo… para matarte.
- ¿Yo?, ¿Matarme?, ¿Para qué?
- Tú misma lo dijiste, para ver si puedes arreglar algo del horror que desataste sobre todos nosotros…
- ¡Pero el responsable ya está muerto!
- ¿Olivier?, ¡No me hagas reír!, Olivier no era más que tu perrito faldero, ¡El hacía todo lo que le ordenabas!
- ¿Y eso qué?, ¡él me manipuló para actuar como actué?
- ¿En serio?, ¿Él te hizo desear la muerte de Brenda?, ¿Él te hizo matarme a cuchilladas?, ¿Él te hizo desangrar a Adriana para lograr tu imagen macabra en la pared?, ¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?...
- Pero yo…
- Pero yo nada, tú eres la única responsable, así que si quieres hacernos justicia (y hablo de verdadera justicia)… mátate, borra de la faz de este mundo tu horrible persona, mejora este planeta removiéndote de la lista de seres vivos, enferma.

La voz se extingue, la imagen también, Mariana mira el suelo con ojos vidriosos, ni rastro de la sangre de Olivier, el revólver sigue ahí, ese sí, muy real…

La mujer acaricia el arma, la toma entre sus manos, juega con ella, lentamente la lleva hacia su sien, mira a través de la ventana y decide que su fin no va a ser tan sencillo y mediocre, si va a despedirse de esta vida, será mejor que lo haga de una forma inolvidable…

A la mañana siguiente, los rayos del sol iluminan toda la ciudad, las nubes han remitido, y el cielo amanece azul y hermoso, para los oficinistas que trabajan en el edificio más grande de todos, el impacto de la mañana soleada luego de las lluvias no es tan agradable, ello debido a que el cadáver de una suicida yace sobre los restos de una camioneta, todos sus huesos están rotos, sus órganos aplastados, su cuerpo, perfecto y bien formado, es ahora un saco lleno de papilla, y el rostro, alguna vez adorable y deseable, es una pulpa llena de moretones, con múltiples fracturas que hacen que la hinchazón deforme la cara hasta hacerla irreconocible, increíblemente la caída no la mató, y agonizó un buen rato sobre los restos del auto que destruyó al caer, nadie en el edificio la reconoce, la oficina desde la que saltó está vacía desde hacía meses, por darle prioridad al caso de la asesina en serie, el detective encargado, que no reconoce en el cuerpo deformado de Mariana a la asesina que todos buscan, archiva todo como suicidio, marca al cadáver como desconocido y sienta las bases de una duradera leyenda respecto a la asesina en serie que nunca pudo ser hallada luego de sus horrendos crímenes, con el tiempo, hasta sus familiares dejan de pensar en ella, aquellos que la conocieron la olvidan, y finalmente, Mariana De la Vega sufre el peor castigo de todos y desaparece de la memoria de la humanidad, al final, la justicia que sus víctimas exigieron se materializa en el castigo supremo… no sólo dejó de ser, sino que incluso dejó de haber sido, y su recuerdo se apaga, sin dejar rastro, como si nunca hubiera existido.

FIN