martes, 21 de septiembre de 2010

El amor dura por siempre

Hasta la habitación amplia y ventilada del hotel Misiones, enclavado en el centro de la selva, llegaron los ruidos de los animales que despiertan, Aída, en un principio, se sobresaltó con el tucán que estaba en la ventana, pero segundos después se relajó, después de tres semanas en aquél lugar, estaba acostumbrándose a los ruidos propios de la naturaleza semisalvaje de esa zona, sin embargo, lo que la había espantado no era el canto del pájaro, era algo más profundo, un pequeño escalofrío que recorrió su espalda, era…

- ¡Buenos días, dormilona!

La voz de Arturo la distrajo de sus presentimientos, sonrió y se dispuso a recibir a su recién adquirido marido en la cama…

Mientras, en el cuarto de junto, Mariana y Maximiliano dormitaban abrazados, después de hacer el amor según su diaria costumbre, sin embargo, algo perturbaba a uno de ellos…

- ¿Qué tienes, Max?
- Nada, es sólo que estoy preocupado…
- ¿Porqué?
- No sé, tengo un mal presentimiento…
- ¡Bah! De seguro se trata de tus paranoias…

El comentario de su prometida lo asombró, pero Maximiliano volteó y la encontró sonriendo…

- De seguro son tus achaques, querido, tal vez te estás volviendo viejo…

Ambos rieron de buena gana y admiraron el amanecer embelesados…

Más al oriente de aquella construcción de madera, ventilada y sólida al mismo tiempo, por estar hecha con los árboles fuertes de aquella selva, Rita y Salvador contemplaban el paisaje sentados en la terraza, acompañados por un jugo natural…

- ¿Qué te parece, mi amor?
- Está muy bien, guapo, es el mejor lugar al que me has traído… ¿quién dices que te lo recomendó?
- Martín, dice que conoció a Bernoldi en Buenos Aires hace un par de meses, y fue él quien le ofreció venir al hotel…
- ¿Y dices que él lo construyó sólo?
- Pues eso creemos, Max dice que es una jalada, pero Arturo y yo creemos que es para darle misticismo al lugar, sólo Febe se asombra con las leyendas de los habitantes de Misiones, que dicen que Bernoldi brotó de la selva, que los animales son sus esclavos y que ellos le ayudaron con el hotel…

En ese instante, ambos se sobresaltaron por la llegada de un par de pericos que graznaban a todo pulmón exigiendo atención…

Las risas de ambos llegaron hasta el comedor del hotel, donde Martín y Febe desayunaban, él miraba por la ventana como un tapir perdido se metía en el corral de Bernoldi, donde un enorme Alaska le ladró y trató de perseguirlo, pero el ladrido había sido suficiente para el animal, quien se escabulló entre los matorrales…

- ¿En qué piensas, Martín?
- ¿Eh?... pues… en que esto fue un error igual que todo este viaje…
- Deja de quejarte, ya tomamos una decisión… es cosa de decírselo a los demás y ya…

Febe trataba de evitar la mirada de Martín, desde que quisieron arreglar su relación organizando un viaje con sus amigos de toda la vida, todo había ido de mal en peor entre ellos, la noche anterior habían tomado la decisión de divorciarse, pero no querían que los demás se enteraran antes de que llegaran a Montevideo, meta del viaje…

- De todos modos siempre supiste que no iba a funcionar, ¿no?
- Pues…

El razonamiento de Febe fue interrumpido por las bocinas del estéreo de Guillermo Bernoldi, el argentino dueño de aquél lugar, quien, para agasajar a sus ocho invitados mexicanos, todos los días los despertaba con una canción diferente, la de esa mañana decía algo que al menos a seis de sus invitados les parecía muy tierno…

“yo te escucharé, con todo el silencio del planeta
Y miraré tus ojos, como si fueran los últimos de éste país…”

- ¡Buenos y felices días, che!

Bernoldi, alto y robusto, tenía un par de ojos negros enormes, enclavados en aquél rostro delicado, que en los momentos de preocupación o extrañeza alcanzaba matices duros, los chicos lo tenían en alta estima y él los recibía con entusiasmo porque, decía, le recordaban que “el siempre sería joven”… al menos en espíritu.

- ¿Dormiste bien, Memo?
- ¡De maravilla mi niña, de maravilla!, ¡no cabe duda que el sol y el clima tropical le hacen bien a este maltrecho corazón!
- ¿Maltrecho de dónde, querido? ¡Si de seguro lo tienes presto para la primera que pase!

Mariana y Maximiliano acababan de entrar en el comedor, despreocupados por su desaliñada apariencia, Bernoldi los hizo entrar mientras le daba un beso a Mariana en la mejilla y ponía frente a ellos platos con fruta fresca, carne asada, huevos con jamón, panes y leche para todos, mientras decía…

- ¡Ah, pero vos no sabés lo que este maltrecho corazón ha sufrido, niña!
- De seguro eres tu quien deja corazones rotos, guapo…
- Debo advertirte, señorita, que soy susceptible a los halagos…

Mientras los demás ganaban el comedor y empezaban a disputarse los platos, Guillermo fue unos minutos a la parte trasera del predio, so pretexto de ir por más leche, aún reía por los comentarios tan ingeniosos que Mariana y Maximiliano hacían a costa de los demás… e incluso de ellos mismos, cuando se agachaba para vaciar leche en los botes, una brisa, helada y muy fuerte, alcanzó la espalda de Bernoldi, quien miró hacia la selva, callada y quieta en ese momento, y dijo…

- Ya sé, ya sé que no te gusta que sea tan amable con ellos mi vida, pero… ¿cómo esperas que caigan en la trampa?, paciencia, sabemos que se acerca el momento, mi reina, en que podremos cobrarnos lo que nos deben…
- Está bien, Guillermo, pero ya sabes que no me gusta que los trates con tantas liberalidades…
- Lo dices por ese beso, ¿cierto?, la verdad es que me saben, como diría Serrat: “a hierba”
- mmm, aún así…
- Niña, mi niña, ¿qué es un beso comparado con las muestras de amor que nos dimos?
- jajaja, muy bien, prepárate entonces…
- Como siempre, mi vida, sabes que te espero con ansia…

Después de que el viento lo pasó, Guillermo palpó un bulto bajo su saco, su mirada, semioculta por el sombrero de palma, dura y melancólica, acarició el percutor de un arma…

Cuando dejó la bodega donde almacenaba las provisiones, sólo la selva y el viento quedaron en aquél lugar…

Más tarde ese día, mientras Rita y Salvador estaban descansando en una hamaca fuera del hotel, escucharon un pavoroso grito, que sin embargo fue ahogado casi de inmediato, ambos miraban, abrazados y espantados, los matorrales callados, de pronto, un rugido demencial, poderoso, que todo lo llenó con su eco, los hizo correr despavoridos hacia la casa…

- ¡No mames!, ¿qué diablos fue eso?
- No sé, Max, creo que Arturo lo escuchó mejor…
- A mí ni me miren, me estaba bañando y Aída estaba conmigo…
- ¿Y Mariana?
- ¡Aquí!, ¿escucharon eso?
- ¡Sí!, ¿qué chingados fue?
- Pues no me creas, Martincito, pero creo que fue un tigre…
- ¿Un tigre?, ¡no chingues!
- Creo que Mariana tiene razón, Rita y yo escuchamos un grito ahogado y después ese rugido…
- ¿y Febe?, ¿dónde carajos está?

Todos se miraron azorados, nadie había reparado en que Febe no estaba hasta que Martín se los hizo notar, de pronto, cinco voces se volcaron sobre Rita y Salvador…

- ¿Cómo fue el grito?
- ¿Era fuerte?
- ¿Era voz de hombre?
- ¿Tenía timbre agudo?
- ¿Qué?
- ¡Que si era una voz de mujer, pendejo!
- No creo…
- ¿Tú si escuchaste bien?
- Creo que oí lo mismo que Salvador, pero la verdad…
- ¡Carajo!, ¿ni siquiera pueden identificar una voz?
- ¡Claro, échanos la culpa, después de todo, reconocemos sus voces por grito!
- Dejen de discutir, allí está Febe…

Aída señalaba al primer piso, en un balcón, en el que nadie había reparado mientras gritaban, dormía Febe en un sillón, de inmediato Martín y Arturo subieron a despertarla…

- Oigan, ¿Y Bernoldi?
- ¡En la madre!

Justo en ese momento, otro grito sobresaltó a los muchachos, escucharon un par de disparos y una imprecación pronunciada en un muy entendible español:

- ¡Maldito boludo!, ¡Me habés pegado un susto de mierda!

Mientras, todos miraban asombrados a Guillermo, quien acababa de entrar a la propiedad jalando un bulto, todos salieron de la casa, creyendo que Bernoldi traía al tigre, pero de pronto se percataron que era un gaucho de una caballeriza cercana…

- ¡Pibes, no salgan!, este maldito desafortunado me ha dado un susto de muerte, lo he hallado en el camino, mordido por un tigre que ya había escuchado, pero el imbécil me tomó de la pierna y… pues creí que era el tigre…

La sangre manaba de la yugular del gaucho, se veía que el tigre había atacado con saña, los disparos de Bernoldi no habían hecho el menor daño, una esquirla había herido el brazo y otro tiro dio a la pierna, pero nada que hubiera adelantado el desenlace…

Horas después, Guillermo despedía a los hacendados en la puerta de su propiedad, cuando regresó a la casa, dijo para tranquilizar a los chicos…

- Nada se pudo hacer, muchachos, Inzúa, el capataz, cree que el pobre infortunado estaba tratando de cazar al tigre, lo hirió, de modo que es cosa de horas antes de que lo atrapen, disculpen este desaguisado, ¿están todos bien?
- Si, sólo Rita que quedó algo asustada y Febe que tuvo un sueño raro…
- ¿En verdad? ¿Y sobre qué fue el sueño, pibe?
- Nada, un accidente de hace mucho, tuvo una pesadilla y no escuchó al tigre…
- Ya, pero nada que un poco de descanso no pueda arreglar, ¿no?
- Si, es lo mejor, todos estamos muy cansados…

De modo que todos, incluyendo al dueño del hotel, ganaron sus respectivas habitaciones y se entregaron al sueño...

Y éste no fue largo, ya que a medianoche…

- ¡Ahhhh! ¡Noooooo!

Varios tiros sonaron en la oscuridad, Mariana, que fue la única que alcanzó la ventana, vio el fogonazo de la escopeta y después percibió claramente al tigre, que, majestuoso, caminó por el borde del muro de la propiedad, clavando sus intensos ojos en la chica, quien miraba embelesada al animal mientras éste, pausado y tranquilo, se paraba a mitad de la barda, se sentaba y profería un rugido poderoso, intimidador, a Mariana le pareció, por una ilusión óptica, que el tigre movía la cola y se escabullía en las sombras…

- ¿Te cae que viste eso?
- ¿No estarías pasada, reina?
- ¡Cómo eres pendejo!, ¡no, no, no y no! ¡No estaba ni pasada, ni borracha, ni estaba viendo visiones, vi al tigre!
- Yo le creo, señorita…

Todos se estremecieron con la voz de Inzúa, el capataz de los gauchos de Bernoldi, quien entraba junto con el dueño del hotel en la estancia…

- ¿Verdad que hay un tigre?
- Es peor que eso, mi guapa niña, es una tigresa, y al parecer perdió a sus cachorros, parece ser que el gaucho de la tarde no logró tocarle siquiera un pelo, de modo que el que acaba de fallecer se topó de frente con lo inesperado mientras montaba guardia…
- ¡Dios mío!, ¿y saben dónde podrían estar los cachorritos?
- Es pronto para decirlo, pero creemos que se escaparon y se ocultaron en alguna cueva de por aquí, la tigresa está muy agresiva y percibe el olor de los cachorros, pero al parecer perdió el rastro, de seguro se estacionará aquí hasta que alguno de nosotros la libre de su sufrimiento…
- ¿Y mientras lo logran?
- Tendrán que tener mucho cuidado, mi niña, ya que puede atacar en el momento menos pensado…

Después de este episodio todos regresaron a sus habitaciones, pero nadie pudo dormir, Martín y Febe se quedaron conversando, ella estaba aterrada por lo que había estado pasando, pero más por los sueños extraños que la asaltaban justo antes de cada ataque…

- Es como si reviviera cada vez esa maldita noche, Martín…
- mmm, deberías dejar eso por la paz, ¿no ves que fue un miserable accidente?
- Pues no sé, Rita siempre ha dicho que la mirada de… bueno, tú sabes, era de lo peor que ha visto en su vida…
- ¿Pero qué se podía hacer, Febe? Arturo y Salvador no vieron nada y Aída estaba dormida, todos los demás sabemos que fue un accidente…
- No sé, Martín, todo esto me tiene con los pelos de punta…

Mientras eso pasaba, Maximiliano y Mariana permanecían abrazados, temblando a pesar del calor reinante, ella fue la primera en abrir la boca…

- Tengo miedo, Max…
- No te preocupes, reina, y disculpa por decir que estabas pasada…
- No hay problema, yo hubiera dicho lo mismo si tú hubieras visto a la tigresa…
- Ya lo creo- Maximiliano rió sin ganas, Mariana dijo…
- Te amo, te amo mucho, Max, si no salimos vivos de aquí por alguna razón, quiero que sepas que te amo…
- Yo también, pero deja de pensar eso, algo me dice que todo estará bien…

Minutos después, un rugido lejano de la tigresa despertó a Aída, quien apenas estaba conciliando el sueño…

- ¡Arturo!
- Ya, tranquila, niña, todo anda bien, parece que la tigresa anda lejos…
- No, no tiemblo por eso, sigo recordando…
- Deja, deja, sabes que todo fue un accidente, ¿no?, Febe y Martín dicen que así fue y Rita confirmó su historia…
- Si, pero ese pobre tipo…

Mientras, callados, abrazados y aterrados, Salvador y Rita permanecían en la cama sin atreverse siquiera a cambiar de posición:

- Salvador…
- ¿Si?
- ¿Sabes si a los tigres les gusta comer gente?, ¿así nomás por ocio?
- No lo sé, creo que no, ¿porqué?
- No, por nada, es sólo que pienso que esta tigresa se comporta raro, como si quisiera espantarnos, ¿no?...

…mientras Febe observaba la mancha marrón en el asfalto, trataba de recordar qué había pasado, porque su cerebro, como mecanismo de defensa ante lo que acababa de ver, lo estaba bloqueando todo…

Vio el auto negro que llenó de pronto el parabrisas de la camioneta… vio a Martín mientras le quitaba las llaves a Salvador, y se quitaba de encima a Arturo, diciendo que estaba en perfectas condiciones para manejar… se vio a sí misma diciéndose que no había de qué preocuparse, que podían tomar lo que quisieran y aún así llegar a casa bien…vio la luz roja… vio el parabrisas estrellarse… vio a la chica en el suelo…vio el BMW volteado… vio al conductor inconsciente…vio como el chico abrazaba el cuerpo sin vida de su novia, mientras lloraba y gemía y gritaba… esos gritos la acompañaban desde aquél día… porque Martín siempre decía que fue un accidente, porque aquellos dos infelices acababan de cambiarse de carril cuando ellos invadieron un fragmento de su lado de la calle, lo que provocó la volcadura y la ruptura del cuello de la chica, pero la velocidad, que se atribuyó al BMW negro, era en realidad el factor que impidió a la camioneta maniobrar adecuadamente, y quien conducía evadió la cárcel por tecnicismos como ese…

- ¡aaaaah!
- ¿Febe?, ¿qué te pasa?

Martín estaba a un lado de la cama, sobresaltado, tenía un vaso de agua en la mano, pero lo dejó caer luego del grito de la espantada chica, el agua corriendo desde la cómoda hasta el suelo le recordaba perfectamente aquella noche maldita…

- Nada, Martín, acá teniendo pesadillas, ya ves…
- Lo siento, niña, te traía un poco de agua porque sé que te da sed a esta hora…

Por un momento, Febe pensó que a pesar de ser un idiota, Martín la conocía como nadie…

La noche finalmente empezó a desvanecerse, pero los ruidos normales de la selva de Sudamérica tardaron un poco más en aparecer, el cielo amaneció cubierto de espesas nubes que presagiaban una enorme tormenta, como sólo en la selva se puede ver…

Todos fueron bajando a desayunar muy tarde, contrario a su costumbre, Bernoldi no había puesto música para despertar a sus invitados, todo permanecía tan lúgubre que la vida que normalmente animaba ese lugar parecía sólo un sueño…

- Buenos días, Mariana...
- ¿Qué podrían tener de buenos, Martín?
- Perdona, ya sabes, la costumbre…
- Deja, yo que ando con la angustia en el pecho… me cae que jamás había visto algo como esto…
- ¿Y quién sí? Todo esto me parece aterrador, pero por cierto que estos argentinitos no parecen espantados… hablando de eso, ¿dónde chingados está Bernoldi?
- De seguro salió a ver sus huertos, ya sabes que trae todo fresco…
- ¿No sería hora como para que regresara?

En ese momento, Inzúa entró en la cocina, dejó caer el sombrero en la mesa y encendió un cigarro antes de preguntar…

- Pibe, ¿habés visto al patrón?
- No, Inzúa ¿porqué?
- Por nada, pero los muchachos andan preocupados, queremos pedirle al señor Bernoldi que cierre la estancia y nos deje regresar a Buenos Aires por unas semanas, en lo que la cosa de la tigresa se calma…
- No parece mala idea, en cuanto Guillermo se aparezca se lo comentamos…
- Nos harían un gran favor, muchachos, bueno, debo dejarlos porque estamos reforzando la barda norte…
- Pásale, muchacho…

Inzúa sonrió sin ganas, pero agradeció las palabras de Mariana, irse era lo que más deseaban entonces los gauchos, todo ese asunto de los tigres los tenía con los pelos de punta desde que llegaron, pero la falta de trabajo los obligaba a quedarse con Bernoldi, quien por cierto parecía ser inmune al miedo que azotaba a los hombres de las pampas…vivir tres meses así y todavía tener que fingir era demasiado…

Pasaron todavía algunas horas para que Mariana y Maximiliano comenzaran a preguntarse por Bernoldi, los demás estaban demasiado ocupados haciendo las maletas y poniéndose de acuerdo en cómo abordarían el tema de la huída con él, ellos dos, que guardaban un especial afecto por Bernoldi y que tenían poco de conocer a los muchachos, se separaron del grupo y fueron a buscar a Inzúa, a quien encontraron dirigiendo las obras de la ampliación de la barda, cuando le preguntaron por Bernoldi, él les dijo:

- ¿No ha regresado a la estancia? Nos dijo que iba de regreso a decirles que nos largamos en dos horas, pero que primero tenía que pasar al granero, no imagino que lo detiene allí... aunque a veces se pasa horas encerrado, supongo que atrapado por su música mexicana que tanto le gusta…
- ¿Dónde está el granero?
- Al fondo de la propiedad, medio oculto en la maleza del sur de la barda, síganla derecho y no tiene pierde…

Los muchachos siguieron las instrucciones de Inzúa, querían encontrar a Bernoldi y regresar por todos para escapar junto con los gauchos de la hacienda, ¿porqué no les habría dicho que todos pensaban largarse de allí?...

De pronto, mientras Mariana vislumbraba el techo del granero, en efecto medio escondido por la maleza, llegó hasta sus oídos la letra de una canción que creía haber olvidado…

“No me preguntes…
No me preguntes porqué…
No me preguntes porque no lo sé…”

Por un momento la invadió un sentimiento de extrañeza muy incómodo, que hizo que se olvidara por completo de la tigresa y del peligro en el que estaban, cuando volteó a ver a Maximiliano, se dio cuenta de que tenía la misma expresión idiota en la cara, él murmuró:

- ¿El Espacio de Café Tacvba? ¿No es una exquisitez musical para un argentino?
- No sé, tú eres el experto…
- Nada más falta que esa voz que se escucha... ¡No mames!...

Hasta ellos llegaba, clara y sin acento, la voz de Guillermo Bernoldi entonando la canción, que forma parte de un disco rarísimo de Café Tacvba…

- ¿Qué carajo pasa aquí?
- No sé, Marianita, pero tenemos que averiguarlo…

Sigilosamente se acercaron a la puerta del granero, la música sonaba más fuerte aún, de modo que no se percataron que la voz que sonaba al principio había dejado de cantar…

En cuanto Maximiliano abrió la puerta encontró que el granero estaba iluminado por cientos de velas que rodeaban un retrato, el de una chica de cabello corto, café, con grandes ojos del mismo color, y con un rostro angelical, ambos avanzaron hasta esa suerte de altar y se sobresaltaron al escuchar el principio de la siguiente canción del disco…

- ¡Ahhhh!
- Tranquila, esa es Guerra…
- ¡Pues como si fuera la paz, Max, me espantó la pinche cancioncita!
- ¿Porqué te asustas, guapa?

La voz de Bernoldi los tomó desprevenidos, la puerta del granero se cerró y se escuchó como Guillermo corría el cerrojo, la lúgubre luz de las velas, que parecía romántica con la luz exterior, era tenebrosa con la puerta cerrada…

- ¿Bernoldi? ¿Qué haces aquí, niño?
- ¿Yo?, nada… aquí, extrañando a la niña de mis ojos…

El cambio de acento de Bernoldi, de un argentino de cepa a un chilango claramente identificable, le puso la piel de gallina a Max, quien cuando se dio vuelta recibió un aparatoso golpe con una viga de madera, Mariana gritó y corrió hacia la escalera, cuando estaba por llegar al final Bernoldi la jaló, ella alcanzó a subirse al cobertizo, vio como Bernoldi ponía de nuevo la escalera y la alcanzaba, se puso de pie y adoptó posición de combate, pero Bernoldi le dijo…

- Mariana, Marianita, tus clases de kick boxing no sirven contra esto…

Mariana tuvo un momento de duda y pánico… ¿cómo diablos sabía eso?, mientras ella lo miraba asombrado, Guillermo jaló el gatillo del arma que llevaba en la mano derecha, se hizo una pequeña luz y Mariana pudo ver la sonrisa sardónica de Bernoldi, pero en lugar de sentir el dolor de la bala, o el lento correr de su sangre, sintió un pinchazo en la pierna…

- ¿Qué chingados me hiciste?
- Te estoy durmiendo, guapa, tengo cosas importantes que hacer y no quiero que Max y tú salgan heridos…
- ¿Pe-pero quién eres?
- Shh, tranquila, soy solo un pobre enamorado, duerme, mi niña, que cuando despiertes todo habrá pasado…

Mariana sentía cada vez más pesados los párpados, pero alcanzó a estirar la mano, que Bernoldi tomó con cariño…

- Be-Bernoldi…
- Ese no es mi apellido, princesa…
- ¿Quién e-eres?
- Soy tu salvador, niña…

Finalmente, Mariana cayó dormida, Guillermo la empujó suavemente y ella quedó recostada sobre un almohadón de plumas que dispuso antes de que ellos llegaran, tardó un poco en subir a Maximiliano y recostarlo junto a Mariana, luego de sedarlo y apagar las velas, abandonó el granero…

La noche empezaba a cernirse sobre la selva, el ocaso destilaba sus tonos dorados y anaranjados sobre los árboles, en los pocos espacios despejados del cielo, hacía más de cuarenta minutos que los hombres de Inzúa habían ganado la seguridad del pueblito de Misiones, donde asombrosamente se enteraron que nadie sabía nada de los ataques de la tigresa en la estancia, justo cuando los habitantes habían decidido organizar una expedición para rescatar a Bernoldi y a sus huéspedes, el torrencial aguacero que se estaba anunciando desde la mañana se soltó con toda su furia, era imposible tratar de atrapar una tigresa en esas circunstancias, todos decidieron esperar, con el alma pendiendo de un hilo…

Mientras, en la estancia, los seis huéspedes restantes esperaban aterrados el regreso de Mariana y Maximiliano, de Inzúa, de Bernoldi, que estaban desaparecidos prácticamente desde mediodía, los rayos, los truenos, la tormenta incesante que desataba su violenta furia sobre la selva, tenían a todos al borde de la histeria, Aída y Rita estaban acurrucadas en un sillón, Arturo estaba sentado a un lado, Febe miraba por la ventana hacia el corral de Bernoldi, Salvador se encontraba dibujando figuras imaginarias con los pies, sentado en la barra de la cocina, Martín era el único que miraba hacia la entrada de la estancia, el pánico les impedía a los demás mirar hacia allá, porque hacía más de cuarenta minutos que la tigresa había comenzado a rugir con mayor furia…

- ¡No mames!...

El grito de Martín aterró a todos, Aída creyó sentir que se desmayaba, Arturo creyó que la tigresa se dirigía a la puerta, Salvador se preguntaba si Martín estaría viendo los cadáveres de Max y Mariana, Rita se preguntaba si la puerta resistiría, Febe pensaba que el karma le estaba cobrando…

- ¡Es Bernoldi! ¡Y viene herido!

En efecto, los rugidos aumentaban a la espalda del anfitrión, quien parecía tener una grosera rajada en el vientre, la sangre dejaba un rastro tras de él y ya se veía como los matorrales se sacudían a unos metros…

- ¡Abríme, por el amor de Dios!
- ¡No le abras, Martín!
- ¡No seas pendejo, Salvador! ¿Y lo dejo morir allá afuera, no?
- ¡Tiene razón, la tigresa nos va a matar!
- ¡Pinches cobardes!

Febe y Martín levantaron la tranca de la entrada y corrieron el cerrojo, Bernoldi entró y cayó de inmediato al suelo, gimiendo y retorciéndose por el dolor de la herida, Aída le preguntó:

- ¿Qué pasó, Guillermo?
- ¡La tigresa! ¡Mató a Max y a su amiga, Mariana!
- ¿Qué?
- ¡Y casi acaba conmigo, miren cómo me dejó!

El terror tenía paralizados a todos, menos a Rita, quién preguntó:

- ¿Qué le pasó a tu acento, Guillermo?

Él la miró por un segundo, con una expresión entre aterrorizada y de odio, en ese momento la tigresa rugió y embistió la puerta, los chicos se aterraron y Bernoldi gritó:

- ¡Vamos!, ¡Al piso superior!, ¡tiren el armario que está junto a la escalera, así la tigresa no subirá!

Ellos lo obedecieron, Febe y Rita lloraban, Aída se había desmayado y Arturo y Salvador la cargaron al piso de arriba, Martín trató de levantar a Bernoldi, quien le gritó:

- ¡Déjame! ¡No trates de salvarme, imbécil!

Martín trató de nuevo, pero Guillermo arrojó su mano, así que no tuvo más remedio que dejarlo, la puerta ya empezaba a despostillarse, de pronto, mientras trataban de mover el mueble, una poderosa garra atravesó la puerta y empezó a arrancar pedazos de madera, para cuando lograron tirar el mueble y bloquear la escalera, la tigresa destrozaba los últimos fragmentos de la puerta, Guillermo se había hincado y sostenía los brazos en alto, Salvador dijo:

- Va a matar al pendejo…
- Pendejo tú, asesino…
- ¿Qué?

… Son las doce y media de un sábado cualquiera en la capital de México, la ciudad se mueve junto con sus habitantes, que regresan a sus casas después de alguna fiesta tempranera, seis chicos transitan en una camioneta negra sobre Avenida Universidad, la Chevrolet último modelo atraviesa las calles a ochenta kilómetros por hora, en el asiento de atrás, Aída duerme, tomó demasiado y vomitó antes de subirse al auto, Arturo la abraza y juega con su cabello, Salvador se está quedando dormido, pero trata de mantener una conversación para animar a Rita, la amiga de Aída, que acaba de dejarlo flechado, ella observa cómo van pasando las calles sin la menor precaución y dice…

- Martín, ten cuidado…
- Ya sé, vengo atento, no te preocupes…

Mientras tanto, por el Eje 8 Sur circula un BMW negro, que está por atravesar Avenida Universidad, en él viene Guillermo Benítez y su esposa, Viridiana Martínez, acaban de casarse hace poco, ambos salieron de un concierto, no tomaron ni gota de alcohol, su casa está a media cuadra de Universidad…

- ¡Febe! ¡Está en rojo!

La camioneta se frena, las llantas dejan una estela de humo, el conductor del BMW trata de esquivar la camioneta que acaba de atravesarse, sin embargo su auto es golpeado, pierde el control, se vuelca y da varias vueltas, antes de terminar de cabeza, el golpe, por supuesto, dejó sentir su fuerza sobre la pasajera…

- ¡Noooooo! ¡Viridiana!

El grito saca a Febe de su ensimismamiento, y pensar que Salvador y Arturo estuvieron a punto de evitar que condujera su camioneta nueva…

…- Así es, hijo de puta, yo soy el conductor del BMW…
- No me chingues…
- Claro que los voy a chingar, ¿quieren ver algo asombroso?

Mientras Guillermo decía eso, la tigresa lo rodeaba lentamente, lo olfateaba, lo medía, lo lamía ligeramente y rugía al rozar el cuerpo hincado que tenía frente a sí...

- Te va a morder…
- Eso mismo pensé yo la primera vez…
- ¿Cuál primera vez, psicópata?

… Después de ese largo viaje, de caminar tanto, de llevar tantos días en aquella selva a cuyo clima nunca se acostumbraba, Guillermo pudo por fin descansar a la sombra de aquél árbol, había buscado durante días el lugar donde él y Viridiana habían acampado hacía años, cuando se conocieron, el lugar donde le propuso matrimonio...

- Por fin, amor, el círculo se cerró…

Guillermo se hincó, extendió los brazos y gritó:

- ¡No puedo vivir sin ti!

El grito retumbó por toda la selva, el eco le devolvía un tono macabro de sus propias palabras, pero también creyó percibir un ruido en la maleza, miró extrañado las plantas, que de pronto le dejaron ver unos ojos cafés enormes, a la altura de los suyos, por un momento pensó en utilizar el arma si se trataba de un animal peligroso, pero, si había ido allí a suicidarse… ¿qué mas le daba que se lo comiera un tigre?

Guillermo sonrió ante esa muestra de humor negro, de pronto la tigresa estaba cerca, lo rondaba y lo olía, él pensaba que estaba a punto de morir, sabía que los tigres muerden la yugular, así que calculaba que le quedaban aproximadamente cinco minutos de vida, la tigresa se acercó, abrió sus fauces luego de rugir y entonces…

Los seis chicos estaban asombrados…

Ninguno podía creer lo que estaba viendo…

La tigresa…

Lamía tiernamente a Guillermo, y se restregaba como gatita contra su rostro…

- Si mi niña, ya está por cerrarse… esta pistola que ven, la guardo desde el día en que se negó a comerme… bueno, ¿cómo podría Viridiana comerme?, siempre me amó…
- No lo creo…
- Y no lo vas a creer ahora, asesina… Viridianaaaa… ya está lista tu cena…

La tigresa rugió con toda la potencia que era capaz de dar, si alguno de ellos hubiera podido fijarse en la música que ahora sí llenaba la estancia, se habría percatado que la ironía de Esta vez llenaba el ambiente…

Salvador apareció en el cuarto de baño, dentro de la tina, la yugular había sido destrozada por unas poderosas garras, el rostro estaba desecho, la tigresa lo había mordido varias veces…

Rita fue mordida en la espalda, simplemente se desangró en el jardín trasero de la estancia…

Arturo fue mordido en la pierna, los dientes de la tigresa le seccionaron la femoral, de modo que la paz llegó a él en pocos minutos…

Aída cayó del primer piso hacia el lobby de la estancia, una poderosa mordida le había destrozado el vientre, las garras de la tigresa la lanzaron con fuerza inusitada, quedando marcadas en los hombros de la chica…

Martín fue mordido en el rostro, la tigresa le quebró los huesos del cráneo como si fueran ramas, la mitad de su rostro estaba rota, sólo su ojo derecho mostraba una expresión aterradora…

Febe yacía en la entrada de la estancia, la tigresa había devorado prácticamente todo el interior del cuerpo de la chica…

El cuerpo del animal fue encontrado a un lado de Febe, una bala de rifle había detenido la furia de la tigresa…

El cadáver de quien en vida fue conocido en esa región como Guillermo Bernoldi yacía bajo un árbol a pocos metros de la entrada del edificio, en su mano derecha había un pequeño y extraño revólver de dos tiros, plateado, y una bala estaba incrustada en la sien del cuerpo…

La policía, alertada por los gauchos, determinó que Bernoldi había llegado a presenciar el final del ataque, luego de quedarse dormido y tener un extraño arranque sicótico en el granero, como lo confirmaban los sobrevivientes de aquella noche, que despertaron ilesos luego de haber llegado allí en busca de Bernoldi, la causa del suicidio fue seguramente la culpa de no haber evitado la desgracia…

Los gatos de La Toscana

En el exclusivo condominio de La Toscana, ubicado al poniente de la ciudad más grande del mundo, el reglamento interno supera incluso a las leyes del país, ya que prohíbe determinantemente que cualquier persona que viva o se encuentre dentro de los terrenos del condominio, maltrate o asesine algún animal, particularmente si se trata de un gato…

El origen de la norma, que asombra incluso a las autoridades de la zona donde se encuentra emplazado en condominio, radica en una historia poco conocida, que fue objeto de burla en los medios de comunicación locales, y por supuesto, de parte de los encargados de investigar el caso…

En aquél condominio, edificado en los terrenos que una vez ocupó la casa de un ex presidente, los fraccionadores construyeron enormes casas, pequeñas y estrechas calles y plazoletas que son muy agradables a la vista, los árboles y la vegetación en general dan una excelente y muy agradable impresión al visitante, alegrando con sus colores incluso las mañanas más tristes, el silencio en general, en lugar de ser opresivo, o insinuar algún tipo de anomalía, es en realidad indicativo de la paz y tranquilidad que reina una vez traspuestas las puertas de hierro sólido, las aves y las mascotas de los habitantes del condominio, producen a ciertas horas un concierto agradable, que rompe por unos momentos el silencio y la uniformidad de la zona.

Aquellos que pudieran descender hasta la esquina sureste de la propiedad, encontrarán la Rúa de los Tulipanes, la entrada se encuentra bordeada por una hermosa construcción que recuerda a un chalet suizo, la cual es habitada por Mademoiselle Marie Tulour, artista plástica, casada con Mister John Phillips, director general de marketing de un banco extranjero, frente a esta propiedad se ubica una casa de diseño extravagante, que conjuga, con gran acierto según dicen, los ángulos rectos y curvos en un diseño bastante atractivo, esta llamativa casa es hogar de la señora Adriana Zanetti, arquitecta, su esposo, el ingeniero Manuel Cardona, y sus dos hijos, Miguel y Nora.

Al lado de ellos está una casa bastante acogedora, con un diseño que recuerda las viejas construcciones inglesas de la campiña, con techo a dos aguas y enormes ventanales, escondida detrás de los árboles, esta casa es habitada por la señora Valeria Bustamante, diseñadora y gran entusiasta de la cultura inglesa, y su esposo, Federico González, abogado, además de sus mascotas, entre las que se cuentan diez hermosos gatos, que suelen ser vistos rondando el patio trasero, acostados sobre la barda tomando el sol, o revolcándose en el pasto, los hijos de la señora Zanetti y el señor Cardona le guardan especial afecto a los mininos de sus vecinos, ya que son animales bastante sociables que suelen acercarse a la menor provocación de quien los llama.

Frente a la casa del señor González y su esposa, se encuentra una casa de tres pisos, distribuida según un diseño moderno, donde las escaleras, las habitaciones y los pisos se encuentran interconectados, la carencia de paredes interiores en la planta baja provoca la admiración de quien observa esta casa, ya que remite a una escultura conceptual, los dueños de la casa, Alfonso Martell y Venus De Souza, son un par de arquitectos reconocidos mundialmente por sus audaces diseños, con ellos viven sus dos hijas, Xica y Giselle, las cuales poseen cuatro hermosos felinos que ronronean en la ventana y suelen rondar la casa de enfrente en busca de compañeros para juguetear entre los árboles.

Los vecinos de estas cuatro casas llevan una relación bastante cordial, los dos matrimonios sin hijos suelen salir por las noches a divertirse, los que tienen mascotas, comparten el mutuo interés en los animales, los que tienen hijos, suelen salir a lugares donde los niños se pueden divertir, y en general todos ellos sienten simpatía por la pequeña comunidad de habitantes de la Rúa de los Tulipanes.

Sin embargo, al fondo de tan apacible calle, bordeando la placita en la cual la Rúa de los Tulipanes retorna sobre sí misma, se encontraba una vieja construcción, que las niñas Martell solían decir, mitad en broma, mitad en serio, que parecía haber estado ahí desde antes de que el condominio existiera, el edificio era sólido, construido en granito, mármol, hierro y demás materiales fuertes, el estilo de la casa recordaba a las construcciones hechas por el régimen del Partido Nacionalsocialista de Alemania, mejor conocido como el Partido Nazi…

En alguna ocasión, mientras platicaban sobre los habitantes de la casa, los señores Martell y Cardona escucharon a Phillips y a González explicarles que el dueño de la casa, Alfred Glock, y su esposa Sophie, guardaban cierta semejanza con Michael Beck y Aida Stüpnagel, un par de miembros de las SS que habían escapado durante la caída del régimen nazi y que jamás había sido localizados, pero, aunque su edad permitía pensar en la posibilidad de que se tratara de las mismas personas, todos dudaban que un par de asesinos como Beck y Stüpnagel pudieran evadir la justicia de esa manera, y mucho menos terminar ahí.

Sin que nadie lo dijera, ni se pusieran de acuerdo, los Martell y sus vecinos cuidaban mutuamente de sus mascotas, la razón principal era que González y su esposa, que habían llegado a la Rúa antes que los Martell, habían perdido un par de gatos Kimi y Enzo, en las inmediaciones de la casa de los Glock, esa misma noche, cuando se preparaban para buscar a los felinos, Valeria y Federico escucharon los delirantes alaridos de dolor de sus amadas mascotas, poco faltó para que Valeria misma tratara de brincar la barda para poner en su lugar a los Glock, sólo la disuadió su esposo, cuando la hizo percatarse de las trampas puestas en la base de la barda, a pesar de lo mucho que hubieran deseado enfrentar a Glock en ese momento, tuvieron que desistir.

Sin embargo, el asunto no se quedó así, González se encargó de llenar de clavos la puerta del garaje de la casa, lo cual provocó que un hermoso Mercedes-Benz 600 propiedad de Glock, perdiera las cuatro ruedas cuando éste lo sacó para rodarlo un rato, las largas horas que el anciano pasó cambiando las llantas, compensaron de alguna manera la pérdida de los hermosos gatos del matrimonio vecino, sobre todo porque nadie, absolutamente nadie, le prestó ayuda al viejo alemán…

Un par de días después de que los Martell llegaran a la Rúa, y antes de que González y su esposa pudieran advertirles, un pequeño gato, blanco con negro, llamado Silvestre, se perdía de nueva cuenta cerca del muro de la casa Glock, desde donde esa misma noche, las niñas escucharon junto con sus padres, y entre sollozos, los lamentos del pequeño felino, que, como imaginaron, fue asesinado por la pareja de ancianos.

Horas después de esta experiencia, el matrimonio Martell y sus hijas recibieron un nuevo felino, blanco y de ojos azules, hijo del fallecido Kimi, que sus amables vecinos les dieron en compensación, después de consolar a las niñas y dejarles el nuevo regalo, el trato no escrito de protección de las mascotas de ambas casas, quedó sellado con un apretón de manos.

Sin embargo, y antes de que pudieran pensar en cómo evitar que los Glock, tan huraños y cerrados, siguieran torturando animales, los vecinos se dieron cuenta que la pareja asesinaba a todo lo que caía en sus trampas. Esto incluía los gatos y perros desarrapados de la colonia que estaba del otro lado del muro que delimitaba el condominio, e incluso animales que venían de otras partes del mismo conjunto y que tenían la desgracia de pasar por el fondo de la Rúa, por más que trataron, por elaborados que fueran los trucos que usaban, por más que se esforzaron, los doce habitantes de la Rúa de los Tulipanes no pudieron detener a los Glock en sus afanes sádicos y asesinos…

Un par de años después, la comunidad de la Rúa se levantó un mañana con una noticia llamativa, los Martell acababan de contratar a una muchacha, llamada Mariana Caballero, que les ayudaba con los quehaceres de la casa, esta chica venía acompañada de un pequeño niño, moreno, de unos diez años, el cual se quedaba sentado afuera de la casa de los Martell jugando con un pequeño gatito negro…

El niño, sobrino de la señorita Caballero, y poseedor de una mirada de paz bovina y calmada, no platicaba con nadie, ya que, según la chica que lo cuidaba, desde el fallecimiento de sus padres en un accidente, parecía que el chico había quedado mudo, jamás contestaba cuando lo llamaban, y parecía sonreír sólo cuando el minino jugaba con él.

Pronto la pequeña comunidad de la Rúa de los Tulipanes les tomó afecto al niño y su tía, quien comenzó a trabajar en todas las casas de la Rúa, con excepción, claro, de la tétrica casa del fondo, cierta vez, mientras veían pasar el Mercedes 600 de Glock, la señora Tulour y su esposo, acompañados por Cardona y la señora Zanetti escucharon a Glock mientras le comentaba a su esposa, en alemán, sobre: “el pequeño bastardo negro”, que andaba sentado todo el día frente a las distintas casas de la Rúa, acompañado de su asqueroso animalejo, todos pusieron sobre aviso a la chica, puesto que la crueldad de los Glock era un gran riesgo para el niño y el pequeño felino que siempre lo acompañaba.

Un par de días después, mientras una tormenta se desataba sobre la ciudad, el niño pidió asilo en la casa de la familia Cardona, mientras su tía se encontraba en la casa de enfrente con la señora Tulour, pasado un rato, se percató de que su gatito negro había desaparecido, y en cuanto cesó la lluvia, el niño se dio a la búsqueda del minino, un par de horas después, desconsolado, regresó a los brazos de su tía, y ambos dejaron la Rúa de los Tulipanes entre los sollozos del chico.

Horas después de que la chica y su sobrino dejaron la Rúa, González, que estaba armando un auto a escala, percibió claramente una risa demoníaca y demencial que provenía de la calle, inmediatamente después se percató de los maullidos lastimeros y de las maldiciones en alemán que llegaban hasta su casa, la tormenta se desató de nuevo en ese instante, mientras Valeria le gritaba para que la ayudara, ya que una de sus amadas gatitas estaba teniendo a sus crías, González dejó el armado del modelo e incluso olvidó momentáneamente los sonidos que había escuchado…

En la casa de enfrente, Xica Martell se encontraba leyendo mientras su hermana dormitaba en otro sillón, su papá se encontraba en la cocina y su madre dormía, fue Xica quien escuchó primero los maullidos desesperados que venían de la propiedad de Glock, de inmediato despertó a su hermana y ambas corrieron a buscar a sus gatos, a Silvestre lo encontraron dormitando en una de las camas, Marina estaba sobre la lavadora y Kilo se encontraba acostado a los pies de su madre, cuando empezaban a temer lo peor, encontraron a Juan en la biblioteca, durmiendo profundamente, luego de cerciorarse que las puertas estaban cerradas, Xica y Giselle fueron con su padre a contarle lo que pasaba…

En menos de diez minutos, González y su esposa tuvieron que atender tres llamadas, la primera de la señora Zanetti, que quería saber si habían escuchado al gato maullar en casa de los Glock, la segunda era del señor Phillips, quien deseaba saber si sus gatos estaban bien, fue hasta que Alfredo Martell los llamó que Federico recordó lo que había escuchado, pasmados, Valeria y su esposo dejaron a Ariel con sus seis crías, encontraron a Kimi y Felipe dormidos en la biblioteca, en el cuarto de junto estaban Alonso y Patricio los cuales miraban llover ronroneando desde la ventana, en la sala, Valeria encontró a Cosme, y Federico halló a Damon en el piso superior, mientras el felino caminaba por el pasamanos de la escalera, ambos comenzaban a temer lo peor cuando Arwen y Kiara entraron junto con Agustín por la puerta de atrás, después de cerrarles la puerta y asegurar las ventanas, ambos comenzaron a temer algo peor…

Horas después de haber tenido a sus crías, Ariel vio como Federico y Valeria tomaban a uno de los gatitos, el de color negro, y se lo llevaban, contrario a lo que esperaba Federico, la gata maulló sólo una vez, lamió al felino y lamió la mano de Valeria cuando tomó al gatito, después, desviando la mirada de los ojos preocupados de sus dueños, se entregó a lamer a sus cinco crías restantes, Federico dijo:

- Es casi como si supiera para qué lo queremos…

Una semana después, cuando el animalito estuvo lo suficientemente fuerte, Valeria y Federico fueron a la casa de los Martell a preguntarle a Mariana por su sobrino, la chica les dijo que estaba muy deprimido, había tenido que dejarlo en casa bajo el cuidado de una prima, puesto que no dejaba de llorar por su amado gatito negro, los esposos le contaron a Mariana lo ocurrido y le entregaron el gatito negro que acababa de nacer, justo la misma noche que el gato del niño había muerto, ella les agradeció y les dijo que entendía las razones por las que no habían podido detener a los Glock, ella le haría llegar el gatito al niño junto con las explicaciones de Federico y Valeria…

Pasó otra semana más, después de la cual Federico González recibió varias llamadas en su oficina, la primera de su esposa, para comentarle que la señora Zanetti le había contado que Mariana Caballero quería hablar con él, ambas le pidieron a Valeria que las pusiera en contacto con Federico. Minutos después, la propia señora Zanetti llamaba para saber si el abogado podía atender a Mariana, cuando éste le contestó que no había problema, la chica tomó el teléfono sólo para comentarle al señor González que Arturo, su sobrino, quería hablar con él y con su esposa Valeria en cuanto pudiera, él contestó que ese mismo día en la tarde podía ir a la Rúa a hablar con el niño, creyendo que les iba a agradecer por el regalo, se olvidó del misterio que envolvía la cita repentina…

Al llegar a su casa, encontró a su esposa en la sala, platicando animadamente con las señoras De Souza, Tulour y Zanetti, Mariana y Arturo estaban al fondo de la sala, junto a la chimenea, Valeria se levantó para recibir a su esposo y le pidió que se sentara, Mariana se adelantó hasta donde estaba Federico y le dijo en voz baja que su sobrino había vuelto a hablar, también le comentó que el niño poseía un extraordinario talento, y que quería escuchar en propia voz los incidentes ocurridos en la Rúa en la casa de los Glock.

Valeria, Venus y Federico le refirieron al niño todo lo ocurrido, Federico personalmente le pidió disculpas y le dijo que esperaba que el animalito que le había regalado pudiera atenuar la pena de perder a su amado gato, el sabía, de propia experiencia, que la pérdida no podía ser reparada, pero al menos esperaba que sirviera de algo, fue hasta ese momento que él y sus vecinas se dieron cuenta de que los gatos de la casa ronroneaban alrededor de Arturo, quien los acariciaba y les hacía mimos, Ariel en particular, lamía sus manos y se encontraba sentada en su regazo, incluso los cuatro gatos de los Martell maullaban y ronroneaban en la ventana que daba a la Rúa, el niño se levantó de su asiento y caminó hasta Federico, le extendió la mano y le dijo:

- Muchas gracias por el regalo, señor González, sé que su corazón, así como el de sus vecinos, es bueno, puesto que nos ayudan a mí y a mi tía, y este gesto, el de regalarme a uno de sus hermosos gatos, no será olvidado, le garantizo que usted, su esposa y la familia Martell no tendrán de qué preocuparse. En una semana, diez días a lo mucho, los Glock dejarán de torturar animales para siempre, y ustedes podrán dormir tranquilos de nuevo, le doy mi palabra, han sido todos muy amables, hasta luego…

Luego de decir esto, el niño y su tía se fueron, antes de trasponer la puerta de la casa, el niño volteó para decir:

- No lo olvide, una semana, la palabra de Arturo Dzul siempre se cumple.

Asombrados por el lenguaje tan propio del niño, y por el extraño cambio que hizo en su apellido, las vecinas de la Rúa, a quienes se agregaron sus esposos conforme fueron llegando, hablaban animadamente, los cuatro hombres se apartaron unos segundos para intercambiar impresiones, las palabras del niño asombraron a todos, sobre todo en lo referente a los Glock, González les comentó a todos que Caballero, el apellido que Mariana dio a todos, era la traducción de Dzul, la palabra maya que Arturo había pronunciado, todos conversaban en la casa de los Martell, a donde se habían movido luego de un rato de plática, imperceptiblemente, todos los habitantes de la Rúa y los catorce felinos que también habitaban la misma se encontraban en la casa, de pronto, cerca de las once de la noche, los gatos empezaron a mostrar mucha agitación, maullaban, mordisqueaban los dedos de sus dueños, brincaban, corrían y se asomaban por las ventanas, mientras seguían maullando, como si quisieran llamar la atención de todos sobre algo…

De pronto, se desató una furiosa tormenta, inusual en esa época del año, y todos pudieron observar a Arturo Dzul hincado ante la fuente que estaba frente la casa de los Glock, los rayos caían por todas partes, y los truenos estremecían la casa, Valeria dijo que el niño corría peligro, pero los truenos y rayos parecían caer sólo dentro de la propiedad de los Glock y en partes alejadas del condominio, según fuera la dirección del vendaval, los vecinos percibían un murmullo imperceptible, que luego se convertía en un cántico o en una especie de invocación, cerca de dos horas de agitación pasaron de esta manera, hasta que el niño terminó su ritual y, empapado, subió a un taxi que nadie había notado y en el cual lo esperaba su tía…

A la mañana siguiente, todos los vecinos salieron asombrados al ver salir a Alfred Glock lanzando maldiciones en su idioma materno, al parecer, el viejo arrojaba montones de metal fundido en los contenedores de basura de la Rúa, González y Cardona fueron a revisar cuando el anciano se encerró de nuevo en su búnker, y encontraron que Glock había tirado los restos carbonizados de sus macabras trampas, al parecer, todos los rayos que habían caído dentro de su propiedad habían inutilizado las trampas…

Una semana después, los niños hicieron notar a todos que las nubes parecían tomar formas extrañas, sin embargo, nadie les hizo caso y el día transcurrió sin mayores problemas.

Fue hasta que cayó la noche que los habitantes de la Rúa se dieron cuenta de que sus amados felinos no estaban, al salir a buscarlos, vieron algunos animalillos que no conocían, incluso una familia entera de gatos enormes, del tamaño de canes medianos, que bajaba por la entrada de la Rúa, Valeria les comentó a Xica y Venus que ella había visto esos enormes gatos en las calles de la colonia que estaba al otro lado del muro limítrofe del condominio, sin embargo, no encontraron ni rastro de sus mascotas, normalmente se habrían resignado y entregado al llanto, pero todos sabían ahora que los Glock no tenían trampas con las cuales capturar a los felinos, de modo que no se preocuparon tanto…

Poco antes de las diez de la noche, sin que nadie se pudiera enterar después, todos los habitantes de la Rúa fueron atacados por un sueño repentino, Xica y Giselle dejaron sus libros a un lado, Alfonso y Venus dejaron de lado el proyecto arquitectónico que estaban revisando, Marie y John apagaron la televisión, Valeria y Federico dejaron sus modelos a escala y la familia Cardona llegó del cine directamente a sus respectivos cuartos…

Valeria despertó alrededor de las dos de la mañana, jaló del brazo a Federico, que le había dado la espalda, cuando se abrazaron de nuevo, los dos creyeron escuchar gritos desesperados que decían, en perfecto alemán, la expresión nein… Xica y su hermana recordaban vagamente haber escuchado voces que llamaban pidiendo auxilio… Marie y John recordaron después que creyeron escuchar gritos de dolor alrededor de las tres de la mañana… la familia Cardona escuchó, cerca de las cinco de la mañana, un coro de maullidos que los sacó del sueño por unos segundos…

Al día siguiente, un gran movimiento animó la Rúa, todos se habían despertado a las siete y media de la mañana, los autos de Valeria y Federico se toparon con la camioneta de los Cardona, que ganaron la salida de la Rúa antes que ellos, Phillips, ignorando por unos segundos su flema inglesa, metió el frontal de su auto para tapar la salida del coche de Valeria, quien, molesta, hizo sonar el claxon y reclamó la manobra, sin darse cuenta que detrás de ella, los autos de Alfonso Martell y Adriana Zanetti hacían exactamente lo mismo, el movimiento fue interrumpido por la camioneta que conducía Venus De Souza, y que logró colarse delante del auto de su marido, rodeó el auto de Valeria y casi destroza la parte trasera del sedán de González, en medio de la confusión, la enorme camioneta de Marie Tulour salió a un lado del auto de Phillips, poco a poco, los demás autos salieron de la Rúa, la última persona en salir de la Rúa, Adriana, no notó siquiera la gran manada de gatos que rondaba la propiedad de los Glock, ni a los enormes felinos que estaban echados alrededor del muro…

En el transcurso del día, fueron regresando los vecinos de la Rúa, Venus llegó con sus hijas a las tres y media de la tarde, seguida de Valeria y Marie, quienes llegaron a las cuatro, Phillips y la familia Cardona llegaron a las cinco, mientras que los autos de Federico y Alfonso llegaban a la Rúa a las cinco y cuarto.

Cerca de las nueve de la noche, mientras leían en la biblioteca, Alfonso y Venus se dieron cuenta que algo raspaba la puerta de atrás, extrañados, abrieron de par en par para encontrarse a sus cuatro gatos, que entraban en la casa como si nunca se hubieran ido, cada uno ganó sus lugares preferidos y se pusieron a dormitar.

Más tarde esa noche, Federico y Valeria se encontraban en su dormitorio, cuando de pronto, como salidos de la nada, Alonso y Felipe se acostaban a sus pies, extrañados, ambos revisaron la casa y encontraron a los otros ocho felinos dormidos, como si nada, en sus rincones preferidos, sin poder explicar que había pasado, se fueron a dormir.

Al día siguiente, tanto Federico como Valeria decidieron llegar tarde a sus despachos, querían descansar un poco antes de salir de casa, al asomarse, Federico se dio cuenta de que las niñas Martell y su madre miraban extrañadas hacia la casa de los Glock, cuando pudo distinguir lo que miraban, una ola de miedo lo inundó…

Una hora después, John, Manuel, Alfonso y Federico se reunían frente a la entrada de la casa de los Glock, lo que las niñas Martell y Venus habían visto, y luego Federico y Valeria corroboraron, fue una mancha de sangre que salía por debajo de la puerta del garaje de Glock, Valeria había corrido a llamar a la policía, y a los demás vecinos, todos decidieron que era mejor que sus hijos no se enteraran de qué había pasado, al menos no hasta confirmar que pasaba detrás de la puerta del garaje.

El auto de Valeria entró en la Rúa, la acompañaba Marie, y eran seguidas de una fila de autos de la Policía Ministerial, quienes venían con un equipo muy completo, dispuestos a investigar lo que estaba ocurriendo…

Con la anuencia de los vecinos, habían solicitado al Juez una orden para ingresar a la casa de los Glock, un par de policías forzaron la puerta de entrada, y el comandante encargado de investigar el caso, así como los forenses, que no pudieron desembarazarse de los vecinos, ingresaron en la casa, a pesar de la costumbre que estos hombres tienen a las cosas aterradoras, no pudieron reprimir su asombro y terror ante lo que se desplegó a sus ojos…

Dentro del lujoso Mercedes negro que había pertenecido a los Glock, yacían un par de cuerpos descarnados, con las ropas hechas jirones y notables signos de lucha en sus posturas, el cuerpo que estaba aferrado al volante resultó ser el de Alfred Glock, tenía las manos crispadas en actitud de defensa, cubriendo el lugar donde estuvieron los ojos, luego del inevitable final, había caído de bruces contra el volante, a su lado, yacía en la misma actitud, el cadáver de su esposa, Sophie Glock, quien había tenido algo de éxito en proteger sus ojos, logrando que lo que fuera que los hubiera roído, respetara sólo su ojo izquierdo, el cual mostraba una expresión aterradora, al parecer, le había servido para observar todo, hasta el final…

Asqueados, los vecinos de la Rúa salieron aterrados y en tropel de la casa, los policías los siguieron, los forenses que ingresaron salieron unos minutos después a informar al comandante, quien no pudo evitar soltar una expresión de asombro:

- ¿Qué? ¿Estás segura de lo que me estás diciendo, Estefanía?
- Absolutamente, comandante Martínez.

Federico fue el primero en escuchar esta exclamación, cuando se acercó a hablar con el comandante Martínez, éste le comentó algo que ninguno de los habitantes que restaban en la Rúa de los Tulipanes iba a olvidar jamás…

- ¿Eso te dijo Martínez?
- Si, parece ser que la forense determinó que los Glock fueron atacados por un gran número de animales que los mordieron, no saben qué tipo de animales fueron, parece ser que culpan a las ratas o a algún lobo perdido, pero descartaron las ratas por ellos…

El dedo de Federico señaló un punto, los ojos de las cuatro parejas se posaron sobre los animalillos que, soberbios y altivos, recordando la pose de su prima la Esfinge, miraban desde la ventana de la casa ubicada a la izquierda, y desde el jardín de la construcción de aire inglés…

Ya más calmados, todos los habitantes de la Rúa se reunieron en la casa de los Tulour, fue idea de Miguel y Nora Cardona, que fue aprobada calurosamente por Xica y Giselle, que los vecinos trataran de comprar el terreno y demolieran la casa de los Glock, Federico, Valeria, Adriana y Venus propusieron que en la próxima asamblea de vecinos, sin entrar en detalles, se tratara el asunto…

Fue así como la Rúa de los Tulipanes cambió su imagen para siempre, resultó, como suponían los vecinos, que los Glock no tenían parientes conocidos, Federico se encargó de avisar a la Embajada de Alemania, donde, después de casi un mes de búsqueda, la informaron que la única familia Glock que había aparecido en los registros era la de un famoso piloto de carreras, quienes además negaron el parentesco con Alfred o Sophie Glock, casi diez años después, un nuevo embajador encontró el expediente de esta investigación, donde venían un par de fotos de los Glock, las envió de regreso a Alemania, donde la Cancillería los hizo llegar, con sus disculpas, al gobierno de Israel…

Por supuesto que ninguno de los vecinos supo de esto, sólo presentaron una propuesta a los demás condóminos, la fama de siniestra que tenía la propiedad provocó que no hubiera más ofertas y los vecinos adquieran el predio, no les tomó mucho derrumbar la casa, deshacerse de todo lo que estaba dentro, y construir un parque en el solar…

Semanas después de inaugurado el parque, ante la insistencia de los medios en burlarse y especular sobre lo ocurrido, los catorce habitantes de la Rúa de los Tulipanes fueron a la asamblea a aclarar lo que había pasado en casa de los Glock, un par de horas después de iniciada la reunión, los vecinos de toda la zona, por unanimidad, aprobaron la norma que prohíbe matar o maltratar animales dentro del condominio, y particularmente, gatos, so pena de ser denunciado a las autoridades y pago de una fortísima multa…

Así que, si ustedes llegan a visitar el condominio, y su famosa Rúa, encontrarán al fondo el Parque Tulipán, donde se encuentra una fuente coronada por el primer monumento que se ha hecho en el mundo a los gatos, la inscripción, si se interesan, claro, está hecha en una placa plateada a los pies del minino, y dice:

“Dedicado a la memoria de los animales asesinados y maltratados por todos los Glock del mundo, agradecemos especialmente al Caballero que nos libró de la amenaza y que permite que nuestros amados animales vivan en paz, esperamos de todo corazón que ningún animal siga sufriendo y que se termine algún día el abuso de estos nobles seres

Atentamente:

Los habitantes de la Rúa de los Tulipanes”